Autor: arbolfest

  • 4:21 PM

    4:21 PM

    En la entrada de hoy abro procesando la gravedad ética del trabajo de las madres buscadoras en Chalco, reflexionando sobre la responsabilidad de escuchar el dolor ajeno y el pacto con el gozo y la vida tras haber sobrevivido al cáncer.

    De ahí paso a la intimidad del encierro doméstico, acumulando kilómetros al caminar por la casa mientras leo Finnegans Wake y Dungeon Crawler Carl, añorando la escenografía del aula y la liminalidad de mis alumnos mientras reconozco la trampa de no haber descansado antes de la maestría.

    Cierro celebrando el regreso al humor y a la reescritura de viejos cuentos lúdicos, rescatando la voz propia frente al «secuestro» de influencias como Bolaño o Cortázar y recordando que los chistes estúpidos son un refugio vital para sobrellevar la existencia.

    I. 🕯️📜 ( ˘─˘)っ🖤

    Esta mañana terminé de ver un video de Eva María Beristain sobre madres (familias) buscadoras. Buscan en Chalco, muy cerca de la laguna. Usan picos para ablandar la tierra y encontrar los huesos; aran, remueven el lodo para que los muertos puedan ser encontrados y descansar. Madres que navegan un ciclo antinatural, terrible.

    Pienso que este tema debe tener sus matices en la capital (los grupos criminales de Tláhuac), a diferencia de estados (Sonora y Guadalajara, y más, muchos más lugares), y que para unificarlo y entender estas diferencias habría que hacer una investigación monumental, trabada por todas partes. Sería revelador, a su vez, encontrar los puntos en común ocultos por el sufrimiento y la muerte. Pobre de la gente que lo intente, y benditos sean. Eso pensaba mientras veía el video. Trabajarlo debe ser sumamente doloroso y cansado, pero también es una oportunidad para quienes tienen cuerpos jóvenes y ganas de entender un poco la oscuridad que rodea a nuestra sociedad.

    Escucho habitualmente de este tema porque suelo trabajar en una universidad jesuita y los temas de humanidades y de derechos suelen orbitar sobre estas dolencias (entre otras cosas). Algunas veces, cuando la vida no está sobre mí, me detengo a escuchar. Aunque hice mi propio compromiso con la vida, el juego y el placer, desde que sobreviví al cáncer, también me comprometo con la vida al escuchar sobre los muertos y la tragedia de los otros. Tiene importancia escuchar, en silencio, mientras te conviertes en el receptor del otro, y abrazas su tristeza.

    Recuerdo que incluso cometí el error, alguna vez, de expresar uno de esos piensos funables —por cuestiones de lenguaje— en una tesina que trataba sobre el tema. En aquel momento me callé, asimilé la corrección y pensé en ello. Todavía lo pienso. Es un tema que sobrellevamos en México, como un animal muerto sobre los hombros, así como durante Calderón sobrellevamos la guerra del narco.

    Esta violencia es una consecuencia de un berrinche que los poderosos empezaron hace décadas.

    II. 🚶‍♂️📚 ( ゚Д゚)🧙‍♂️

    He caminado poco estos días. Menos de la mitad de mis pasos habituales. Como no he tenido trabajo docente, la mayor parte de mi labor ha sido remota y, para caminar, lo hago dentro de mi casa, mientras sostengo un libro en la mano. He caminado muchos kilómetros leyendo Finnegans Wake y Dungeon Crawler Carl. Extraño los pasillos, las caminatas, la coreografía de dar clases, el discurso performático y contarles cosas a los chamacos… perdón, a los jóvenes. Mientras estudiaba psicología me tocó ver cómo el concepto de niñez y juventud está cambiando, las edades parecen extenderse, y sospecho que mis alumnos están en ese espacio liminal entre dejar de ser niños y ser adultos; especialmente los míos, porque le doy clases a primeros semestres.

    Extraño, pues, de algún modo, mi persona docente.

    Estaba pensando abrir un taller de literatura breve enfocada en Bestiarios, pero eventualmente me convencí de que necesitaba el descanso y preferí no hacerlo. Siempre estoy haciendo cosas porque siento que el tiempo es breve y, si al menos no estoy planeando algo —urdiendo como un mago enloquecido encerrado en su laboratorio de artilugios arcanos—, me siento un inútil. Estos meses abracé la idea de ser un desobligado. Regresando del verano, después de todo, empezaré a estudiar una maestría y, aunque me había hecho a la idea de descansar un año y no ser yo el estudiante, eventualmente caí en mi propia trampa y acepté la oportunidad que la vida me puso enfrente.

    III. ✍️💀 ( ゚Д゚)✨

    Hace unos días trabajé unos viejos cuentos que tenía publicados en mi blog. Eran cuentos principalmente lúdicos, desmadrosos. Pueden leerse en la sección de Cuentos; son tres: Cadena de favores, La rata que se inventó mi mamá y Diario de un hombre aburrido que mira una vaca.

    Esta semana empecé a escribir un cuento sobre un personaje que quiere joderse a un caballero esquelético (pun intended) y creo que pude invocar la misma voz que tenía cuando escribí La feria del cerdo (y que comenzó, hace algunos años, con Lotófago). Parte del trabajo es recuperar el humor, porque me gustan mis chistes estúpidos y se necesitan para sobrellevar la vida. Para la maestría, he tratado estos días con la lectura de textos que hablan sobre la voz narrativa, la escritura con intenciones y el separarnos de quienes admiramos (por ejemplo, leer a Bolaño y a Cortázar pienso que es como un secuestro: en mi caso, solamente pensaba en su cadencia, en su ritmo, en sus misterios y revelaciones, y luego los descubres tomando tu manita para escribirse mal, manchados con tu propia voz) y entender la voz propia.

    Sé que cuando escribí los cuentos de La feria del cerdo finalmente pude entender mejor mi propia voz —quizás fue porque la dejé libre, sin pretensiones—, y ello me permitió ver el resultado de años de lectura y de confrontar mis necesidades dentro de la ficción. Sin embargo, aun cuando estoy ahí, en ese proceso de entender mi propia voz, asumirla y seguir con el reto se vuelve difícil. Un reto complicadísimo.

    Sin embargo, estas pequeñas victorias de encontrarse en ese territorio son satisfactorias.

    La bendición del día

    Que cuando la realidad te encare con la sombra y la herida del otro, conserves la templanza para escuchar en silencio y acoger el dolor ajeno, sin romper jamás tu pacto con la vida, el juego y el placer.

    Que en los días de caminata doméstica y pausa obligada encuentres consuelo en tus lecturas, perdonándote el descanso y dándole un respiro al mago enloquecido que insiste en maquinar proyectos a cada instante.

    Y que, finalmente, al sentarte a escribir o crear, logres sacudirte la sombra de tus gigantes, te rías sin culpa de tus propios chistes estúpidos y celebres con gozo la victoria de habitar y defender tu propia voz.

  • 12:52 PM

    12:52 PM

    En la entrada de hoy abro procesando la resaca teórica de las lecturas para la maestría —con el gato Archer durmiendo sobre mi cuello— para defender una literatura basada en la bondad y la comunidad, lejos de la política estéril.

    De ahí me adentro en la última película de Spider-Man, cuestionando la deriva de un Peter Parker que actúa como un Centinela pero rescatando su momento de redención al compartir el heroísmo con Jean Grey a través del recuerdo de la tía May.

    Cierro desmintiendo la culpa por «no estar escribiendo» tras repasar un inventario desbordante de proyectos —entre laberintos generativos, juegos en Twine, Bestiarios y guiones de videojuegos— y recordando que lo único valioso en la era de la IA es afirmarnos como seres humanos.

    I. 📚🐱 ( ゚Д゚)🛋️

    En esta temporada de «Agustín Fest lee cosas para su maestría», me eché un par de libros estos días que invitan al creador —sutilmente (bueno, no tanto)— a reflexionar sobre su papel como lector y como escritor. Uno de los libros va sobre cómo construir la emoción en un texto, y el otro sobre la responsabilidad política y social del escritor. Sobra decir que me duele un poco la cabeza. Más allá de que son lecturas espesas diseñadas para jóvenes con el lóbulo frontal en desarrollo y una de ellas un tanto adoctrinadora (nada más sabroso que un puñado de doctores españoles queriendo adoctrinar a un mexicano sobre cómo pensar y cómo ver el papel de la creación, usando a René de Calle 13 como ejemplo), creo que Archer durmió esta noche sobre mi cabeza o sobre mi cuello, y siento que mi pensamiento va en cámara lenta porque me drogué de sueño como gatófago.

    En fin, como no puedo atrasarme, esta mañana leí un texto de Simone de Beauvoir y otro de Jean Ricardou con visiones opuestas (aunque misteriosamente llegan a puntos en común) sobre lo que es la literatura.

    De unos años para acá he abandonado la idea de perseguir una definición única de lo que debe ser la literatura para mí, sobre todo porque tomar una postura parece empujarte invariablemente a escoger una filiación política, y todos sabemos que la política está desprovista de gozo, de diversión y de placer. Si por los políticos fuera, seríamos una población estéril que sigue ciertos lineamientos y abandona el placer de divertirse, de pensar cosas y de regodearse en el ocio, en lo bello y en lo horrible. Para el político, la población —a veces «el pueblo»— es esa masa sin rostro, sin nombre y sin historia que parece un simple obstáculo para lograr sus fines misteriosos. En mi caso, creo que no hay una postura que me satisfaga; por eso procuro alejarme de esa roña e insisto en ser muy simplista al respecto: en lo social, creo que se trata de ser bondadosos con los otros y hacer comunidad, nada más. Algunas veces esa bondad y esa comunidad pueden empujarnos a tomar acciones y confrontar dilemas (en este país que desaparece gente, cuándo no).

    Creo en ese poder de decisión, y creo en el deber de responsabilizarnos por esas decisiones.

    II. 🕷️🤖 ( ゚Д゚)🧠

    Anoche vi la última película de Spider-Man. Quizás encontrarán spoilers en lo que sigue, entenderé si abandonan la lectura. En un spinoff donde Agustín Fest es un nerdo al que no le gusta que le toquen sus cosas, vi cómo Peter Parker construye un aparato para inhibir cualquier tipo de mutación en su película más reciente. Es decir, se convierte en el primer Centinela y en el primer enemigo de los mutantes, de los freaks, de los weirdos y de los bastardos, como yo.

    Mis vagos recuerdos de aquellos primeros cómics no conciben a este personaje como alguien que crearía una tecnología tan irresponsable, sobre todo para un fin melodramático como el de un hombre que se siente solo —Spidey-INCEL— y no sabe lidiar con sus emociones. Pero qué sé yo. Cada vez estamos más lejos del Spider-Man de Ditko. Paradójicamente, tanto Steve Ditko como Simone de Beauvoir parafrasean a Borges: «un hombre puede ser todos los hombres». Todos los hombres de esta época se asumen miserables, dispuestos a destruir el mundo porque son incapaces de extender sus manos para relacionarse con los otros, con lo desconocido, y su único consuelo es su mundo interior o hablarse los unos a los otros como una panda de furbies.

    Sin embargo, la película tiene un conmovedor momento de redención donde Spidey, una vez que reconoce que es un imbécil, se muestra vulnerable ante Jean Grey y permite que ella entre en su mente. A través de sus recuerdos, Peter le presta a la tía May (Marisa Tomei, una bomba erótica, todo lo que Ditko no habría querido para la tía May, esa dulce abuelita) y sus consejos, quien en esta iteración de Spider-Man es el padre y la madre de nuestro personaje. De alguna manera, Spider-Man le comparte a Jean Grey el conocimiento sagrado, lo que significa ser un héroe, y eso me pareció atinado. Ya lo dijo el editor de Pauline Réage: «Todas las mujeres pueden ser todos los hombres y todas las mujeres». Quizás eso es parte de lo que se está perdiendo en esta época de aislamiento y crecimiento sumamente individual: la posibilidad de confrontar, asumir y sumergirnos en la otredad.

    III. 📚👾 ( ゚Д゚)⚡

    En un capítulo olvidado donde Agustín Fest quiere ser como Terry Pratchett, me puse a pensar en que estoy muy lejos de mi meta de publicar un libro al año, aunque sea en Amazon. Creo, sinceramente, que la meta de publicar libros es cada vez más… vana, o quizás menos importante de lo que uno cree. Si acaso, sí, habrá quienes todavía respeten la tradición y el oficio: un editor que acompañe al escritor y lo guíe de la mano a construir su obra, lo cual me parece envidiable y justo.

    Una nota que salió por ahí dice que la publicación aumentó exponencialmente desde que surgió la inteligencia artificial, y el internet se está poblando cada minuto de estos libros basura que no tienen una revisión rigurosa. Lo único que queda para ser escritor, creo, es presentarse como un ser humano. Quizás sí es necesaria una postura política: al menos esa.

    En fin, para tratar de publicar el libro de este año, estoy organizando mi cabecita para terminar un volumen de cuentos muy parecido a La feria del cerdo. Hay dos cuentos escritos y uno que empecé estos días. Mi alma inquieta, sin embargo, me recuerda que este año trabajó en muchos proyectos y algunos se los debo a la inteligencia artificial, la cual aceleró su estructuración y su publicación en la red: la programación, el código, el diseño. Quizás no debería sentirme culpable por «no escribir» (o bien, debería definir si mi culpabilidad parte de que no tengo un proyecto definido, o que no estoy publciando), porque continuamente estoy escribiendo.

    Este año, como escritor, trabajé lo siguiente:

    • El laberinto de literatura generativa de Dios estalla.
    • La programación de la aventura interactiva de La fiesta perpetua en Twine.
    • El sitio que contiene mis Bestiarios, donde sigo publicando uno cada dos o tres semanas.
    • Dos números de un fanzine que debería retomar porque me gustan esas cosas.
    • Diseñé la narrativa de un videojuego (alrededor de 60 mil palabras) que espero salga para otoño de este año.

    Además, este año voy a entrar a la maestría en Literatura Aplicada.

    Pero de alguna manera siento que no he trabajado lo suficiente, que debería ponerme a hacer más cosas.

    Quizás estoy loco. Ojalá Spider-Man no me ponga un inhibidor. Qué perro miedo.

    La bendición del día

    Que aunque el cuerpo se sienta pesado y el pensamiento marche en cámara lenta por la densidad de la teoría o por el peso afectivo de un gato durmiendo sobre el cuello, nunca te falte la claridad para defender el placer, el ocio y la belleza frente al aburrimiento de los dogmas. Que encuentres en la lectura y en la vida diaria la intuición simple de ejercitar la bondad y tejer comunidad con los otros.

    Que te mantengas a salvo del aislamiento, del cinismo y de la tentación de levantarte como un inquisidor de lo diverso; que conserves la vulnerabilidad necesaria para abrirte a la otredad y compartir la memoria y el mito con quienes caminan a tu lado.

    Y que, finalmente, cuando la voz de la autoexigencia intente convencerte de que no has trabajado lo suficiente, mires a tu alrededor, reconozcas el universo de historias que ya estás creando con tus propias manos y sonrías con la certeza de que tu humanidad es tu mejor obra.

  • 5:42 PM

    5:42 PM

    En la entrada de hoy abro registrando la falsa alarma de una medición de glucosa que sirvió como excusa perfecta para antojarme de una dona de Krispy Kreme. De ahí salto al arte de Magic: The Gathering y la carta Sire of Insanity, hilvanando el terror plástico de Goya con la castración sensorial del Cíclope en el cine de Nolan y la hermosa locura de jugar al topdeck en mi mazo de Henzie. Cierro cruzando los manuales de emoción literaria de la maestría con la teoría del MDA en los videojuegos, celebrando la lectura y el juego como dos artes hermanadas para crear vidas paralelas.

    I. 🩸🍩 ( ゚Д゚)☕

    Después de la comida y de la siesta, desperté con mucha sed. No es la primera vez que me pasa, así que me puse de tarea medirme el azúcar en cuanto ocurriera.

    85: estoy en el umbral de lo saludable, no es para nada un mal número. Pero mi mente insiste: según yo, me hace falta azúcar y ya estaba rozando la hipoglucemia, cuando en realidad solo es mi imaginación inventándose historias con la enfermedad, sobre lo que debe hacerse y cómo debe uno cuidarse. Estoy a solo un par de pasos de convertir este diagnóstico imaginario en la coartada perfecta para ir a comprarme una dona a Krispy Kreme.

    II. 🃏👹 ( ゚Д゚)👁️

    Hay una carta de Magic que me fascina porque su arte es una clara referencia a una de las pinturas más enigmáticas y terribles de Goya: Saturno devorando a sus hijos. Es una criatura que se llama Engendro de la demencia (Sire of Insanity). Es un demonio que sostiene un cuerpo humano y abre la boca como a punto de devorarlo; pero también puede interpretarse como que el demonio sostiene al humano para castigarlo con un encantamiento de locura o bien, abajo del cuerpo hay una especie de caldero mágico y parece que el demonio está bañando a la persona con una infusión espantosa e impura mientras el maligno canta una canción, como comercial de Maestro Limpio.

    Vagamente recuerdo al Cíclope de Nolan. Cuando la criatura devora al soldado, apenas podemos apreciarlo: dejamos lo sangriento en las sombras, en la imaginación del espectador; un contraste muy fuerte contra mi lectura de La Odisea. Ahí, Polifemo devora a los soldados y deja caer sus órganos y sus vísceras, y su cuerpo se mancha de sangre mientras se sacia con un festín de su propia invención. Odiseo, bañado en la sangre de sus hombres, horrorizado se pone a chambear en su cabeza para ver cómo escapa de esa. Ya lo dijeron los críticos de internet: en La Odisea de Nolan faltan muchos placeres y gozos, entre ellos el de la comida. Incluso a Polifemo le son negadas las delicias.

    El Engendro de la demencia es una carta que me gusta mucho porque la usé un rato en mi deck de Zangief y, cuando conseguía castearla, se convertía en una experiencia interesante. El efecto obliga a que todos los jugadores descarten su mano y, si el demonio permanece en el tablero, obliga a que jueguen con la carta que roban en cada turno. En esos juegos me di cuenta de que la carta era un gran equilibrador, el motor de la guerra fría. Al final, la criatura es muy cara de maná y la carta no hace sinergia con muchos de mis decks, pero me gusta muchísimo.

    Supongo que se llama así porque convierte el juego en una locura. Pienso colocarla en mi mazo de Henzie solo porque siento que le hace falta una mascota.

    III. 🎮📜 ( ˘─˘)っ📚

    Esta mañana leí un manual de cómo escribir emociones en un texto literario (Cómo crear emoción en la literatura por Carme Font). No es una lectura que yo hubiera escogido particularmente para mí, pero como estoy a unas semanas de empezar la maestría en Literatura Aplicada, venía incluida en uno de los syllabus como sugerencia para afinar los proyectos que trabajaremos durante estos dos años. Al final no me pareció una mala lectura: creo que es un buen punto de partida para quienes desean entrarle a la creación de historias y buscan entender la importancia de la emoción.

    En el marco del MDA —una manera formal y académica de analizar los videojuegos— a esta parte se le conoce como los componentes estéticos. Son las emociones que deseamos generar en el jugador a través de la estética del juego (diseño, arte, música, narrativa). Las mecánicas y las dinámicas se encargan de lo demás, pero el primer enganche reside en la estética. Cuando el jugador se emociona con aquello que está a punto de jugar, todavía algo que reside en su imaginación, podemos dar por hecho que asumirá un papel que lo llevará de la mano a seguir jugando y así descubrirá la carne del sándwich: el diseño de interacción, las mecánicas y las dinámicas.

    Me gusta pensar que con ello se construyen dos narrativas simultáneas: la persona en el juego, y el juego como parte de su vida. Es muy similar a cómo nos enganchamos con un libro cuando logramos conectar con los personajes y sus vivencias: la narrativa propia del libro y la narrativa de por qué esa obra significa algo para nosotros. La lectura y los videojuegos son, en el fondo, dos formas de arte con la capacidad única de crear vidas paralelas.

    La bendición del día:

    Que ante las pequeñas paranoias del cuerpo y los sustos de la salud, siempre tengas a la mano la sensatez de un buen diagnóstico y, por qué no, la alegría inocente de regalarte un capricho endulzado.

    Que nunca te falte la agudeza para encontrar belleza y provocación en el arte, ya sea en un lienzo de Goya o en una carta de Magic que convierta la mesa en una sabrosa e impredecible guerra fría.

    Que te mantengas a salvo del puritanismo y de las narrativas estériles que le quitan el gozo a la vida y a la comida; que encuentres en tus lecturas y proyectos la disciplina para seguir aprendiendo y afinando tus propias herramientas de creación.

    Y que, finalmente, cada vez que te adentres en un libro o te sientes frente a un tablero, sientas la chispa del asombro encenderse, permitiéndote habitar con pasión tus emociones y construir esas valiosas vidas paralelas que hacen que este mundo valga la pena.

  • 1:54 PM

    1:54 PM

    En la entrada de hoy reflexiono sobre la «persona juego»: esa faceta íntima que habita en nosotros, eufórica en la victoria y vulnerable bajo las reglas, que suele memorizar enciclopedias de mecánicas complejas y revelarnos quiénes somos en realidad.

    Recordando a Huizinga, Borges y Cortázar, dudo sobre la seriedad, y me comprometo a celebrar la vida como una apuesta plena, reconociendo a esa voz juguetona como la aliada silenciosa que me ayudó a sobrellevar la enfermedad y la incertidumbre de la juventud.

    I. 🎲📜 ( ˘─˘)っ🎯

    Vino a mi memoria Huizinga y su Homo Ludens, una lectura fundamental que ya pide relectura. Reflexionaba esta mañana sobre cómo todos albergamos una «persona juego»: esa faceta íntima que experimenta una euforia genuina en la dinámica del juego, pero que también encierra el potencial de volverse ruin cuando está siendo derrotada y el ánimo se amarga. La persona juego es aquella capaz de memorizar, como por arte de magia, enciclopedias enteras de reglas complejas para los entornos que la apasionan. Del mismo modo, al habitar esos territorios de control (pero esa palabra…), suele asumir con ingenuidad que puede trasladar esa misma lógica a parcelas de la vida bastante más complejas.

    Esa misma presencia es la que calcula y asume riesgos cuando la euforia toma las riendas y habita el presente absoluto —un mindfulness desatado y placentero—, o bien la que comprende que la existencia es breve, única, y que la idea de oportunidad es acaso una ficción: continuamos avanzando sencillamente porque no hay alternativa, porque es lo que debe hacerse, porque es lo que el constructo social o ritualístico nos enseñaron. Convendría entablar un mejor diálogo con esa voz interior. Transitamos la vida ensayando múltiples identidades: la profesional, la familiar, la académica o la comunitaria. Sin embargo, examinar nuestro comportamiento en el territorio lúdico nos abre la puerta a intuiciones a las que jamás accederíamos si nos empeñamos en arrinconar esa faceta al mero entretenimiento.

    Es precisamente en el juego donde nos revelamos con mayor facilidad. Al sabernos amparados por un marco de reglas, exponemos nuestras vulnerabilidades con soltura. De esa voz podríamos aprender algunas verdades: por ejemplo, que el juego funciona como una serie de círculos concéntricos y que, al clausurar uno en la sociedad, inmediatamente nos descubrimos habitando el siguiente, y que nos hemos llevado partes de esa persona a la realidad para actuar de modos misteriosos, a veces interesantes.

    He sentido el temblor de mis manos —con la mismísima pulsión de cuando jugaba a las escondidas en la infancia— al verme al borde de la victoria en una partida de cartas. Constatar que ese niño entusiasta sigue vivo en mi interior me resulta fascinante. Entablar una conversación con esa «persona juego» posee un valor infinitamente superior a cualquier amago de vergüenza ante la revelación.

    II. ♟️📜 ( ˘─˘)っ🎲

    Admiro y anhelo vivir como quienes conquistaron la más alta sabiduría: comprender que la existencia es una arquitectura levantada por pura necedad. Hay quienes la conciben como una trama onírica —pienso en Borges, aunque sus geometrías se parezcan sospechosamente a las de un videojuego generado proceduralmente—; otros la reducen a un choque permanente de realidades —los que insisten en hallar política en cada rincón, ew—; unos pocos presumen de haberla domesticado hasta transformarla en rituales; y coincidiendo con el mito de Matrix, Panteón Rococó entona que la vida no es más que una simulación. Por último emergen los más enigmáticos, aquellos que postulan la vida como un juego —Cortázar a la cabeza, a pesar de sus derivas fantásticas—. Si algún día la verdad me es revelada, confío en que ratifique mi sospecha madurada con los años: la única forma auténtica de existencia consiste en apostarse la vida entera en cada jugada.

    En esa línea, pienso en un concepto paradójico que delata una falta de rigor: la categoría de los «juegos serios». Diseños concebidos de manera utilitaria para abordar problemáticas sociales o pedagógicas con pretensiones adoctrinadoras. Pienso que Huizinga lo advirtió: el juego, en su condición de territorio abstracto y paradójico, jamás es serio en sí mismo; son los jugadores quienes le imprimen una seriedad absoluta al experimentarlo. Si tuviéramos la templanza de dialogar con nuestra «persona juego» y reconocer su presencia, comprenderíamos que cualquier espacio lúdico posee el potencial de mostrarnos cómo somos y los alcances de nuestro potencial. Nos revelaría quiénes somos en la arena, quiénes son los otros y cuál es el alcance real de nuestras elecciones. Presenciar eso resultaría fascinante, además de librarnos de algunas etiquetas obtusas.

    III. 🕯️⚔️ ( ゚Д゚)✨

    Apenas estoy reconociendo el valor de la existencia de mi persona juego. Mi persona juego me ayudó a atravesar momentos difíciles, como el cáncer; y aunque esa faceta acabó disminuida por los químicos y las dificultades, definitivamente estaba presente para tomar decisiones y responder a las capas de dolor. Me habría gustado conocerla mejor cuando lo perdimos todo a mis diecinueve años, cuando no sabía qué sería de mí, dónde dormiría en los siguientes meses, si seguiría teniendo trabajo o educación, o si estaba en el camino correcto y definitivo donde estaba formando mi vida.

    Sirva esta entrada como un compromiso para comprender mejor su influencia sobre mi vida y, si nos ponemos de acuerdo, después de los libros y las odiseas, encontrar acompañados, sin confrontaciones, la verdad.

    La bendición del día

    Que en medio de las rutinas y las exigencias del mundo adulto, nunca pierdas el contacto con tu «persona juego» ni sientas vergüenza cuando reaparezca esa emoción infantil que hace temblar las manos ante una buena partida.

    Que encuentres en las reglas de tus espacios apasionados la libertad para mostrarte vulnerable, sin amargarte en la derrota y disfrutando la euforia del tiempo presente.

    Que te mantengas a salvo de las etiquetas solemnes y las falsas doctrinas que intentan arrebatarle lo sagrado al entretenimiento; y que cuando la vida te ponga a prueba en sus pasajes más oscuros, esa fuerza lúdica vuelva a tomarte de la mano para amortiguar el dolor y ayudarte a elegir con valentía.

    Y que, finalmente, tras cruzar tus propias odiseas y cerrar cada uno de los círculos concéntricos de tu historia, camines en paz y en camaradería con tu imaginación para salir a encontrar, juntos y sin tregua, la verdad.

  • 12:05 PM

    12:05 PM

    En la entrada de hoy abro con la necedad de escribir en medio de los estragos pesados de una gripe tardía. De ahí paso al proyecto familiar de configurar una mini PC china con mi madre, donde descubrí que la fabulación que compartimos no es un defecto de comunicación, sino la verdadera raíz de nuestro oficio como contadores de historias.

    Cierro contrastando la prudencia estéril del Odiseo de Nolan con el humor gamberro australiano, la manósfera y la capacidad imaginativa con la que los jóvenes reinventan el placer y el deseo en tiempos enrarecidos.

    I. 🪰📜 ( ˘─˘)っ🤧

    Cosas que vuelven pesado el ánimo y entorpecen los días:

    Ver partir una enfermedad feroz solo para descubrir que ha dejado tras de sí a su hermana menor, una indisposición pequeña pero impertinente. La sucesión interminable de estornudos que interrumpen el pensamiento; la secreción constante que obliga a buscar pañuelos; esa bruma pesada en la cabeza (brain fog) que convierte la mente en un estanque de agua turbia donde las ideas se niegan a salir a la superficie.

    Resulta deprimente comprobar cómo, apenas el cuerpo flaquea en sus funciones más elementales, todo el engranaje del intelecto y la voluntad se desploma con facilidad. La casa parece más ruidosa, la luz de la pantalla lastima los ojos y la jornada se arrastra sin gracia. En medio de tal abatimiento, lo más sensato habría sido abandonar el lapiz y dejarse llevar por la indolencia. Sin embargo, por una terquedad absurda que no sabría explicar, termino sentándome frente a la página en blanco. Trazar apenas un puñado de líneas, registrar la incomodidad del momento y dejar constancia de que se sigue con vida: eso es, al final, lo único que verdaderamente importa.

    II. 💻🏛️ ( ゚Д゚)✨

    Mi madre —la loca— está de visita en la casa por su cumpleaños. Trajo una computadora diminuta que se compró en una tienda china (creo que Alibaba), en línea. Prometí que la veríamos juntos para tratar de configurarla: proyecto familiar. Ella pensaba ponerle Linux. No me parecía mala idea; la computadora que uso para la escuela tiene Ubuntu y es un equipo altamente funcional así como está, pero después de evaluar sus necesidades pensé que era mejor dejarle Windows. La computadora chiquita de mi madre parece un buen equipo, de esos que pueden usarse del diario, o de oficina. En el hogar, creo que podría utilizarse como media center o como un equipo para jugar emuladores retro.

    La otra vez, platicando con ella, descubrí —dolorosamente— uno de esos rasgos que compartimos. Cuando le pregunté de dónde había sacado una conclusión (realmente no importa de qué), construyó una historia como si ella la hubiera vivido. Indagando, eventualmente confesó que lo había visto en un video. Desde que tengo memoria, creo que esa ha sido una de las grandes dificultades que ha tenido para relacionarse con sus hermanos, con su familia.

    Ya estaba en modo hijo aleccionador, diciéndole que esconder información de esa manera o dármela incompleta solamente detenía procesos; pero luego tomé un respiro y, haciendo memoria, me percaté de que yo hago lo mismo porque soy hijo de mi madre. La única diferencia es que yo uso esta habilidad para escribir cosas, principalmente ficción, pero también puedo colocarme en estos espacios y recrearme con cierta facilidad.

    Dejé de regañar a mi mamá porque ella, de alguna manera, me enseñó que también es escritora. Que lo había sido siempre. Y que yo había tomado estas mil vidas de ella.

    Mi madre es Odiseo; a sus ojos yo debo ser un simple Telémaco.

    III. 🎭⚓ ( ˘─˘)っ🔥

    Durante estos días de ligera enfermedad me he dedicado a maratonear la versión australiana de Taskmaster (disponible, completo y gratuito, en YouTube). En contraste con ese humorcito británico, el tono australiano destaca por ser abiertamente escatológico y cachondo, muy emparentado con la picaresca mexicana. Su irreverencia me llevó a cavilar sobre las tensiones del entretenimiento contemporáneo. Recordaba la reciente adaptación de La Odisea por Nolan y las críticas que la señalan como un ejercicio profundamente conservador: nos entregaron a un Odiseo castrado, estéril, incapaz de ejercer la picardía o de bromear sobre cómo Poseidón lo embiste contra el oleaje.

    La propia traductora Emily Wilson observa con agudeza que hasta los banquetes en la cinta de Nolan lucen tristes e inapetentes. Es verdad, la comida es asquerosa, incluso el placer de la comida nos es vetado en su cinta.

    El semestre pasado, expuse cierta inquietud al aula y cuestioné a mis estudiantes sobre si no se percibían a sí mismos más conservadores que las generaciones previas, indagando su postura frente a fenómenos como el de las tradwives. No obstante, la realidad es más compleja: en paralelo, ellos despliegan capas de un erotismo latente y bizarro mediante la cultura furry, el hentai o las relecturas del anime contemporáneo.

    En el extremo opuesto del espectro aparece la sombra de Andrew Tate, tras las rejas pero revelado en chats con el hijo de Trump; el retoño del poder tradicional en complicidad directa con los profetas de la manósfera, cristalizando la deriva de una ultraderecha identitaria.

    Transitamos épocas enrarecidas donde el futuro se percibe a la deriva.

    Solemos asumir que la realidad dará un vuelco dramático, cuando lo cierto es que la existencia tiende a perpetuarse en su inercia cotidiana. Reconozco que tengo una especie de rigidez. Debo confiar, ser un poco más flexible. La juventud actual —si utilizan su imaginación—, posee la facultad de desdoblarse en múltiples avatares para gestionar sus afectos y deseos por vías que se me escapan. Y mientras exista algo de creatividad empeñada en la búsqueda del placer y el deseo, puedo confiar en que el mañana puede ser un lugar más amable.

    La bendición del día

    Que aunque el cuerpo flaquee y la neblina mental amenace con apagar las ganas, mantengas siempre la necedad sagrada de sentarte a escribir (o dibujar, o cantar, o estudiar, o aprender, o jugar) y dejar constancia de que sigues aquí.

    Que en los proyectos sencillos con la familia encuentres el espejo para perdonar los defectos heredados, reconociendo con ternura que hasta las mentiras más pequeñas son, en el fondo, el germen de la ficción que nos salva.

    Que nunca te falte el humor escatológico y cachondo para reírte del puritanismo y de las olas que te sacudan la vida; que te mantengas a salvo del veneno de las cavernas conservadoras de la manósfera y que conserves la flexibilidad suficiente para no juzgar lo que no entiendes.

    Y que, finalmente, donde quiera que encuentres un atisbo de imaginación puesta al servicio del placer, el deseo y la creación, tengas la certeza de que el futuro aún guarda la promesa de ser un lugar mucho mejor.

  • 11:48 AM

    11:48 AM

    En la entrada de hoy recorro el mapa de mis pequeñas certezas: desde la sospecha cómico-existencial de un glitch neurológico provocado por un aguacate, hasta la gratitud agnóstica por el trabajo y el desencanto con las fijaciones de una novela ligera. Cierro desarmando la basura algorítmica de las redes sociales para rescatar el valor del hogar y proponer que la verdadera demora de Odiseo no fue culpa del mar, sino del empacho de información.

    I. 🥑🧠 ( ゚Д゚)🎮

    Después de hacerme el desayuno, dejé el trasto del aguacate en la pileta. Lo descubrí ahí cuando puse mi plato. No sé por qué lo hice, si debía ponerlo en el refri porque aún tenía medio aguacate de buen verde. Cosas como esta luego me hacen pensar que un gusano ya se está comiendo mi cerebro, y que estoy entrando a un declive neurológico importante. O se me ocurre que morí en un accidente de auto, y estos pequeños glitches cerebrales son una manera de decirme que estoy en los últimos dieciséis minutos de mi vida, y que mi cerebro extiende la fantasía de que estoy vivo el mayor tiempo posible.

    No me voy a quejar, aunque quizás debería retomar eso de jugar Tetris diariamente. Mi vida, por lo pronto, es una fantasía agradable. Disfruto mis cartas de Magic y disfruto poder leer otra vez, poder leer mucho. Anoto también que me siento afortunado de haber visto La Odisea este año. Se han cumplido algunos objetivos profesionales, mi vida sentimental está mucho mejor que la de un personaje de Raymond Carver.

    A veces hago un recuento de todos los proyectos que he iniciado y terminado este año y son muchos. Siempre quiero hacer más, pero también vale la pena extender la vida, meterse en algunos problemitas, y descansar.

    II. 🪙⚖️ ( ˘─˘)っ💼

    Ciertos acontecimientos laborales ocurridos la semana pasada me obligaron a reconocer que he tenido buena suerte. Por un instante, la moneda de mi agnosticismo cayó en cruz y me descubrí invocando el sabio refrán popular: «Dios aprieta pero no ahorca, ¡éjele!».

    A partir de ahí, examiné los hechos recientes bajo ese filtro. Audité mis propias acciones y reacciones. Dividí el balance en dos casilleros: «esto me aporta recursos» y «esto me abre oportunidades». Abordado desde lo pragmático, y desde esperanzas moderadas, el diagnóstico resulta amable: todo marcha sobre ruedas. Ya habrá tiempo mañana de retomar el hábito de refunfuñarlo todo, incluyendo el vuelo de los mosquitos.

    III. 📚🐉 ( ಠ_ಠ)📖

    Estoy leyendo el cuarto libro de Jobless Reincarnation. La perversión del personaje principal se me hace un poco chocante. Para este sujeto, su obsesión con las lolis o las pubertas lo guía a través de su mundo fantástico. Y aunque su edad biológica en ese entorno justifica sus desvaríos hormonales, el hecho de que su espíritu sea la reencarnación de un hombre treintón —un hikikomori— hace que el viaje resulte bastante incómodo.

    Esperaba otras cosas del libro: dioses, animales fantásticos, un paseo por escenarios mágicos y exóticos, incursiones en laberintos malditos. Y aunque en la novela a veces hay algo de eso, tienes que tolerar a Rudeus y su constante nerviosismo por rozarle las tetas a su prima.

    Empecé a leerlo porque vi el anime y me pareció un mundo bonito, interesante y equilibrado (a pesar de sus cosas). Ahí me doy cuenta de que la producción animada le hizo un favor monumental al autor.

    IV. 📱⚓ ( 📱•̀_•́)🐉

    Las redes sociales ya me tienen harto con La Odisea de Nolan. Como escribí de ella hace poco, el algoritmo considera que necesito consumir más de la película, que necesita rebosarme de ella para seguir montado en el dragón del engagement. Extraño las otras drogas: la nota roja, el porno, quizás los memes estúpidos. Cosas que me distraen dos o tres minutos del día antes de regresar a pensar en otra cosa. Navegación de baño, navegación de espera antes de regresar a la vida real, a lo tangible.

    No había pensado cómo el algoritmo transforma tus redes sociales en periódicos baratos y revistas sensacionalistas, y cuestionables. Sí entendía la idea de que una red social es un periódico, un carrusel de historias que se generan para mantenerte adentro, pero cada vez les importa menos qué te entregan y cómo te lo entregan.

    [Recuerdo de mi abuela y nuestras esperas eternas en su puesto de zapatos: abre su ejemplar de La Prensa y me cuenta del descuartizador de Tlatelolco, y «mejor no vayamos por ahí, mi niño, no vaya a ser».]

    Hago el esfuerzo por controlar mi tiempo de redes sociales; prefiero ocuparlo en mis libros, en mis juegos íntimos, en pasar el tiempo con los míos, en escribir estas notas y fantasear con los libros que no he escrito. Pero eso solamente es posible porque tengo espacios y lugares. La importancia de amar tu casa y los entornos donde habitas, y abandonas el tiempo.

    Odiseo no quiere regresar a Ítaca porque el algoritmo lo alimenta con el Instagram de su hijo, Telémaco —un chillón de primera—, y también con el flujo de los 108 pretendientes que están en el castillo, comiéndose sus carnes y sus vinos. ¿Y Penélope? Se silenciaron mutuamente: la distancia, la demora del regreso, el mudo entendimiento de que cada uno está haciendo lo que puede hasta que Poseidón les permita verse de nuevo.

    La bendición del día

    Que ante las pequeñas distracciones y despistes, no te asuste el fantasma del declive, sino que lo celebres como la prueba de que estás disfrutando de una fantasía apacible; que siempre tengas a la mano tus cartas, tus libros y la sabiduría suficiente para regalarte el derecho a descansar y meterte en algún problemilla inofensivo (quizá).

    Que cuando la suerte te sonría en el trabajo, no dudes en celebrar los guiños divinos, o predestinados, manteniendo la claridad para dividir tus días entre los recursos que ganas y las oportunidades que construyes.

    Que te mantengas incólume frente a las lecturas incómodas y, sobre todo, del veneno del algoritmo que intenta saturarte con el ruido de los pretendientes y las quejas ajenas.

    Y que, finalmente, encuentres siempre el refugio perfecto en tu casa y en tus espacios íntimos, recordando que silenciar el bullicio del mundo es la mejor manera de guardar la distancia, saborear el tiempo con los tuyos y preparar, a tu propio ritmo, el esperado regreso a casa.

    Nos veremos cuando Poseidón nos lo permita, viajero.

  • 11:26 AM

    11:26 AM

    En la entrada de hoy comparto mis impresiones tras ver La Odisea de Christopher Nolan.

    Entre el recelo inicial por el reparto de Hollywood y el análisis de sus obsesiones visuales, desgloso cómo esta versión comete el pecado de despojar al héroe de su elocuencia y su palabra.

    Al final, me refugio en la intimidad de la página, el único lugar donde el navegante recupera su verdadera voz.

    I. 🏛️🎬 ( 👁️ ʖ 👁️)🍿

    Ayer vi una de las películas que estuve esperando desde que escuché rumores de su existencia: La Odisea, de Christopher Nolan. Tenía curiosidad por saber cuál sería la versión de este cineasta sobre el héroe más grande de la cultura occidental. Grande es decir poco: Odiseo es el héroe arquetípico, el papá de todos los héroes. Telémaco solamente es uno de sus chamaquitos.

    Me costó un poco de trabajo, pero traté de ser lo más limpio posible; por ejemplo, cuando supe que Matt Damon era Odiseo, suspiré y me mordí los labios. Una vez que has leído La Odisea, creas prototipos y escenarios en tu imaginación, diriges tu propia versión. Pones actores, los mejores, los únicos. Cuando se trata de una obra de ese tamaño, se vuelve una gran responsabilidad. Vamos, si el típico nerd enloquece cuando hay un nuevo Han Solo o Boba Fett o lo que sea que se les ocurra… Imagínate escoger a alguien para el papel de Odiseo, el papel de Penélope, el papel de Helena de Troya y Menelao, y Agamenón, y Tiresias.

    II. 🏛️📜 ( 👁️ ʖ 👁️)⏳

    En el caso de La Odisea, no es como que haya reboots o nuevas versiones cada cierto tiempo. Quizás cada diez o quince años sale una versión que apenas algunos ven, producida por algún canal gringo o británico de tele abierta. TikTok consiguió popularizar a Odiseo a través de una animación cantadita planeada por Jorge Rivera-Herrans. Y en estos años se volvió popular una nueva traducción, la de Emily Wilson, donde propone una nueva terminología no solo como un ajuste de estos tiempos, sino también como una discusión a traducciones pasadas que —como Nolan— trataban de apropiarse del texto a través de una perspectiva: la poética y el entorno mismo del traductor (traduttore, traditore).

    La Odisea es un portento, un himno, pero no es un blockbuster para atraer a la gente, como alguna película de superhéroes. Su poética complica su lectura como un libro de estos tiempos y su lectura, aunque yo la considero necesaria, misteriosamente no lo parece porque, cuando alguna persona lee La Odisea, se da cuenta de que todo el tiempo la ha estado leyendo a través de otras obras: un héroe de guerra viaja para regresar a casa; un pirata recorre las islas para encontrar el One Piece; un jedi recorre la galaxia para encontrarse con el holograma hecho carne; un hombre que codicia poderes masculinos y femeninos tiene que someterlos para controlar la especia; una mujer se infiltra en el ejército disfrazada de hombre para salvar a su padre.

    Sin embargo, hay un gran riesgo en que Nolan le ponga una cara fílmica, popular y estridente a Odiseo. De una manera ambiciosa, está apropiándose de la historia del Padre Héroe (claro, es solamente una versión, es un intento; ya nadie puede apropiarse de La Odisea porque nos pertenece a todos). También está la cuestión peliaguda de que Hollywood, desde hace cuarenta años, produce variantes del viaje del héroe —el cual es Odiseo por excelencia—, entonces podría considerarse irónico que, finalmente, Hollywood haya vomitado una versión de versiones: todos los aprendizajes de Odiseo metidos en una lata de sopa.

    III. 🎯⚓ (🎬•̀_•́)🍿

    Notas sobre La Odisea (puede haber spoilers porque Nolan cambia la historia para adaptarse a sus deseos):

    1. Nolan es efectivo para crear amuletos, objetos de poder que resuenan dentro de la obra: la fotografía de Memento, la armadura de Batman, el diario de Joker (sé que es de Heath Ledger, pero el proceso mismo lo empujó a crear este objeto divino que vive fuera de la obra), la peonza de Inception y, en esta ocasión, el arco de Odiseo. De todos los objetos que ha creado, este último es mi preferido.
    2. Nolan y su obsesión por crear un nido de historias, de engaños y de perspectivas. Capas y capas que estamos pelando. No solamente es La Odisea, sino que es el siguiente nivel del director. Pienso lo mismo que algunas personas misteriosas en el internet: creo que faltó la presencia de los dioses. Por esto mismo, Atenea se convierte en un descubrimiento interesante y su revelación es notable.
    3. Yo sí creo que Lupita Nyong’o puede ser Helena de Troya. Anne Hathaway como Penélope estuvo excelente. Cuando le recuerda a su hijo que ella ha estado veinte años en el trono, defendiendo las tradiciones y usando todos los elementos posibles para esperar el retorno del rey, está increíble.
    4. Aprecio la fotografía nocturna de Nolan; es de lo mejor que se ha visto en estos tiempos. Es de notarse que la noche de Troya no se tragó la presencia de Agamenón. Una parte del internet parece celebrar sus vibras de Darth Vader con la armadura oscura que porta. Bueno, quizás merece la pena recordar que Agamenón es… eh, patético. Una vez que Nolan le quita la armadura, esconde su rostro continuamente; eso me pareció genial.
    5. El descubrimiento de Argos como este perro enfermo que apenas puede moverse. No lloré la primera vez que lo vi, pero sí la segunda, cuando no puede contenerse y mueve la cola al ver llegar a su compañero de caza.
    6. Lloré cuando Odiseo «entra a las puertas del inframundo». Uno de los detalles que más me conmueve y emociona de Odiseo es que su viaje lo lleva al Hades. Odiseo habla con los muertos y descubre entre ellos al oráculo Tiresias (y hermafrodita, ojito ahí). Es la primera persona que entra con vida y sale con vida. Odiseo lleva en su carne a los espíritus, el reino de los muertos; verlo en pantalla me desarmó.
    7. El Odiseo de Nolan no solamente carece de los dioses, el aspecto divino, sino también de la palabra. Ni siquiera lo intenta. En el encuentro con Polifemo, cuando sus soldados le sugieren «negociar con la criatura si esta habla», Odiseo responde: «Ya estamos más allá de ese punto». Declaración de principios: Odiseo como recurso fílmico, un títere que navegará por dioramas que nos recuerdan la verdadera Odisea (hermosos y conmovedores, lindas imágenes para acompañar una lectura). Lo cual es tristón y patético, porque al final lo suben a un barco para «dejarse ir», «abandonarse a los designios de Poseidón y pedir su perdón». Pues qué Odiseo tan blandengue: no platica, no seduce, no engaña. Odiseo no solamente es el prototipo del héroe, sino también del antihéroe. Uno de los momentos más placenteros es cuando Odiseo le saca el ojo a Polifemo con una lanza y le grita: «¡Cabrón, mi nombre es Odiseo y soy el chingón de este barrio, y hazle como quieras!». La falta de elocuencia es notable en casi toda la película.
    8. Como el aspecto divino se ha perdido, también se ha perdido esa otra parte que es especialmente hermosa: los lotófagos, la cual debió ser la primera isla, pero la colocan en otro lado y con otras intenciones. Hace unos ajustes ahí —el poderosísimo poder del guion— y nos hace creer que una cosa es otra cosa, y otra cosa es otra cosa, y las cosas que fueron cosas ya no son cosas, sino cosas y otras cosas. Me gustaría sugerir que Inception, de Nolan, es un viaje de lotófagos; lástima que no pudimos verlo acá.
    9. Por último, aunque Odiseo ha perdido la palabra en esta versión, recupera un poco de su voz cuando es atado al mástil y escucha el canto de las sirenas. Es, quizás, una de las escenas más hermosas de esta obra. Matt Damon hace la chamba.

    IV. 🌅⚓ ( ˘─˘)っ✨

    La función termina y queda en el aire una certeza: el cine contemporáneo puede levantar dioramas espectaculares y atraparnos en laberintos de tiempo, pero sigue siendo incapaz de enjaular al mito. El Odiseo de Nolan funciona como un estimulante festín visual —es espectacular cuando Circe convierte a los hombres de Odiseo en cerdos, body horror machín, machín—, un ejercicio ambicioso que peca de solemne al despojar al héroe de su picardía y su palabra. Sin embargo, La Odisea posee una naturaleza indestructible que escapa a las obsesiones de cualquier director.

    Hollywood puede continuar reciclando el viaje del héroe en moldes de consumo masivo, pero creo imposible conquistar a Troya e Ítaca en una pantalla IMAX (aunque casi, casi lo consigue; el castillo de Ítaca me pareció un portento arquitectónico, un viaje de memoria y de tiempo). Odiseo habita, como siempre, en la intimidad de la imaginación, en ese lugar donde personalizamos la religión, las creencias, la ficción y los mitos; ahí es donde el navegante recupera su voz (una que podemos hacer nuestra) para recordarnos por qué, después de miles de años, seguimos perdidos en sus islas y que podemos retrasar, perpetuamente, todos los viajes para regresar a casa.

    La bendición del día

    Que ante los blockbusters ruidosos y las latas de sopa industrial que a veces nos vende la rutina, mantengas siempre intacto el control de tu propio timón y la soberanía de tu imaginación.

    Que nunca te haga falta la elocuencia ni la astucia para plantarte frente a los cíclopes cotidianos y recordarles quién manda en el barrio, negándote rotundamente a ser un títere mudo atrapado en dioramas ajenos.

    Que si te toca descender a tus propios inframundos a dialogar con las sombras, tengas la entereza de salir con vida; y que al volver, siempre te espere un Argos fiel que te reconozca y te mueva la cola.

    Que poseas la fuerza para atarte al mástil cuando las sirenas del autoengaño canten demasiado fuerte y que, finalmente, te concedas el lujo sagrado de perderte en tus propias islas, recordando que siempre se vale retrasar, perpetuamente, el viaje de regreso a casa.

    ¡Nos vemos después del canto de las sirenas, imaginante!