En la entrada de hoy abro registrando la falsa alarma de una medición de glucosa que sirvió como excusa perfecta para antojarme de una dona de Krispy Kreme. De ahí salto al arte de Magic: The Gathering y la carta Sire of Insanity, hilvanando el terror plástico de Goya con la castración sensorial del Cíclope en el cine de Nolan y la hermosa locura de jugar al topdeck en mi mazo de Henzie. Cierro cruzando los manuales de emoción literaria de la maestría con la teoría del MDA en los videojuegos, celebrando la lectura y el juego como dos artes hermanadas para crear vidas paralelas.
I. 🩸🍩 ( ゚Д゚)☕
Después de la comida y de la siesta, desperté con mucha sed. No es la primera vez que me pasa, así que me puse de tarea medirme el azúcar en cuanto ocurriera.
85: estoy en el umbral de lo saludable, no es para nada un mal número. Pero mi mente insiste: según yo, me hace falta azúcar y ya estaba rozando la hipoglucemia, cuando en realidad solo es mi imaginación inventándose historias con la enfermedad, sobre lo que debe hacerse y cómo debe uno cuidarse. Estoy a solo un par de pasos de convertir este diagnóstico imaginario en la coartada perfecta para ir a comprarme una dona a Krispy Kreme.
II. 🃏👹 ( ゚Д゚)👁️
Hay una carta de Magic que me fascina porque su arte es una clara referencia a una de las pinturas más enigmáticas y terribles de Goya: Saturno devorando a sus hijos. Es una criatura que se llama Engendro de la demencia (Sire of Insanity). Es un demonio que sostiene un cuerpo humano y abre la boca como a punto de devorarlo; pero también puede interpretarse como que el demonio sostiene al humano para castigarlo con un encantamiento de locura o bien, abajo del cuerpo hay una especie de caldero mágico y parece que el demonio está bañando a la persona con una infusión espantosa e impura mientras el maligno canta una canción, como comercial de Maestro Limpio.
Vagamente recuerdo al Cíclope de Nolan. Cuando la criatura devora al soldado, apenas podemos apreciarlo: dejamos lo sangriento en las sombras, en la imaginación del espectador; un contraste muy fuerte contra mi lectura de La Odisea. Ahí, Polifemo devora a los soldados y deja caer sus órganos y sus vísceras, y su cuerpo se mancha de sangre mientras se sacia con un festín de su propia invención. Odiseo, bañado en la sangre de sus hombres, horrorizado se pone a chambear en su cabeza para ver cómo escapa de esa. Ya lo dijeron los críticos de internet: en La Odisea de Nolan faltan muchos placeres y gozos, entre ellos el de la comida. Incluso a Polifemo le son negadas las delicias.
El Engendro de la demencia es una carta que me gusta mucho porque la usé un rato en mi deck de Zangief y, cuando conseguía castearla, se convertía en una experiencia interesante. El efecto obliga a que todos los jugadores descarten su mano y, si el demonio permanece en el tablero, obliga a que jueguen con la carta que roban en cada turno. En esos juegos me di cuenta de que la carta era un gran equilibrador, el motor de la guerra fría. Al final, la criatura es muy cara de maná y la carta no hace sinergia con muchos de mis decks, pero me gusta muchísimo.
Supongo que se llama así porque convierte el juego en una locura. Pienso colocarla en mi mazo de Henzie solo porque siento que le hace falta una mascota.
III. 🎮📜 ( ˘─˘)っ📚
Esta mañana leí un manual de cómo escribir emociones en un texto literario (Cómo crear emoción en la literatura por Carme Font). No es una lectura que yo hubiera escogido particularmente para mí, pero como estoy a unas semanas de empezar la maestría en Literatura Aplicada, venía incluida en uno de los syllabus como sugerencia para afinar los proyectos que trabajaremos durante estos dos años. Al final no me pareció una mala lectura: creo que es un buen punto de partida para quienes desean entrarle a la creación de historias y buscan entender la importancia de la emoción.
En el marco del MDA —una manera formal y académica de analizar los videojuegos— a esta parte se le conoce como los componentes estéticos. Son las emociones que deseamos generar en el jugador a través de la estética del juego (diseño, arte, música, narrativa). Las mecánicas y las dinámicas se encargan de lo demás, pero el primer enganche reside en la estética. Cuando el jugador se emociona con aquello que está a punto de jugar, todavía algo que reside en su imaginación, podemos dar por hecho que asumirá un papel que lo llevará de la mano a seguir jugando y así descubrirá la carne del sándwich: el diseño de interacción, las mecánicas y las dinámicas.
Me gusta pensar que con ello se construyen dos narrativas simultáneas: la persona en el juego, y el juego como parte de su vida. Es muy similar a cómo nos enganchamos con un libro cuando logramos conectar con los personajes y sus vivencias: la narrativa propia del libro y la narrativa de por qué esa obra significa algo para nosotros. La lectura y los videojuegos son, en el fondo, dos formas de arte con la capacidad única de crear vidas paralelas.
La bendición del día:
Que ante las pequeñas paranoias del cuerpo y los sustos de la salud, siempre tengas a la mano la sensatez de un buen diagnóstico y, por qué no, la alegría inocente de regalarte un capricho endulzado.
Que nunca te falte la agudeza para encontrar belleza y provocación en el arte, ya sea en un lienzo de Goya o en una carta de Magic que convierta la mesa en una sabrosa e impredecible guerra fría.
Que te mantengas a salvo del puritanismo y de las narrativas estériles que le quitan el gozo a la vida y a la comida; que encuentres en tus lecturas y proyectos la disciplina para seguir aprendiendo y afinando tus propias herramientas de creación.
Y que, finalmente, cada vez que te adentres en un libro o te sientes frente a un tablero, sientas la chispa del asombro encenderse, permitiéndote habitar con pasión tus emociones y construir esas valiosas vidas paralelas que hacen que este mundo valga la pena.
