12:52 PM

En la entrada de hoy abro procesando la resaca teórica de las lecturas para la maestría —con el gato Archer durmiendo sobre mi cuello— para defender una literatura basada en la bondad y la comunidad, lejos de la política estéril.

De ahí me adentro en la última película de Spider-Man, cuestionando la deriva de un Peter Parker que actúa como un Centinela pero rescatando su momento de redención al compartir el heroísmo con Jean Grey a través del recuerdo de la tía May.

Cierro desmintiendo la culpa por «no estar escribiendo» tras repasar un inventario desbordante de proyectos —entre laberintos generativos, juegos en Twine, Bestiarios y guiones de videojuegos— y recordando que lo único valioso en la era de la IA es afirmarnos como seres humanos.

I. 📚🐱 ( ゚Д゚)🛋️

En esta temporada de «Agustín Fest lee cosas para su maestría», me eché un par de libros estos días que invitan al creador —sutilmente (bueno, no tanto)— a reflexionar sobre su papel como lector y como escritor. Uno de los libros va sobre cómo construir la emoción en un texto, y el otro sobre la responsabilidad política y social del escritor. Sobra decir que me duele un poco la cabeza. Más allá de que son lecturas espesas diseñadas para jóvenes con el lóbulo frontal en desarrollo y una de ellas un tanto adoctrinadora (nada más sabroso que un puñado de doctores españoles queriendo adoctrinar a un mexicano sobre cómo pensar y cómo ver el papel de la creación, usando a René de Calle 13 como ejemplo), creo que Archer durmió esta noche sobre mi cabeza o sobre mi cuello, y siento que mi pensamiento va en cámara lenta porque me drogué de sueño como gatófago.

En fin, como no puedo atrasarme, esta mañana leí un texto de Simone de Beauvoir y otro de Jean Ricardou con visiones opuestas (aunque misteriosamente llegan a puntos en común) sobre lo que es la literatura.

De unos años para acá he abandonado la idea de perseguir una definición única de lo que debe ser la literatura para mí, sobre todo porque tomar una postura parece empujarte invariablemente a escoger una filiación política, y todos sabemos que la política está desprovista de gozo, de diversión y de placer. Si por los políticos fuera, seríamos una población estéril que sigue ciertos lineamientos y abandona el placer de divertirse, de pensar cosas y de regodearse en el ocio, en lo bello y en lo horrible. Para el político, la población —a veces «el pueblo»— es esa masa sin rostro, sin nombre y sin historia que parece un simple obstáculo para lograr sus fines misteriosos. En mi caso, creo que no hay una postura que me satisfaga; por eso procuro alejarme de esa roña e insisto en ser muy simplista al respecto: en lo social, creo que se trata de ser bondadosos con los otros y hacer comunidad, nada más. Algunas veces esa bondad y esa comunidad pueden empujarnos a tomar acciones y confrontar dilemas (en este país que desaparece gente, cuándo no).

Creo en ese poder de decisión, y creo en el deber de responsabilizarnos por esas decisiones.

II. 🕷️🤖 ( ゚Д゚)🧠

Anoche vi la última película de Spider-Man. Quizás encontrarán spoilers en lo que sigue, entenderé si abandonan la lectura. En un spinoff donde Agustín Fest es un nerdo al que no le gusta que le toquen sus cosas, vi cómo Peter Parker construye un aparato para inhibir cualquier tipo de mutación en su película más reciente. Es decir, se convierte en el primer Centinela y en el primer enemigo de los mutantes, de los freaks, de los weirdos y de los bastardos, como yo.

Mis vagos recuerdos de aquellos primeros cómics no conciben a este personaje como alguien que crearía una tecnología tan irresponsable, sobre todo para un fin melodramático como el de un hombre que se siente solo —Spidey-INCEL— y no sabe lidiar con sus emociones. Pero qué sé yo. Cada vez estamos más lejos del Spider-Man de Ditko. Paradójicamente, tanto Steve Ditko como Simone de Beauvoir parafrasean a Borges: «un hombre puede ser todos los hombres». Todos los hombres de esta época se asumen miserables, dispuestos a destruir el mundo porque son incapaces de extender sus manos para relacionarse con los otros, con lo desconocido, y su único consuelo es su mundo interior o hablarse los unos a los otros como una panda de furbies.

Sin embargo, la película tiene un conmovedor momento de redención donde Spidey, una vez que reconoce que es un imbécil, se muestra vulnerable ante Jean Grey y permite que ella entre en su mente. A través de sus recuerdos, Peter le presta a la tía May (Marisa Tomei, una bomba erótica, todo lo que Ditko no habría querido para la tía May, esa dulce abuelita) y sus consejos, quien en esta iteración de Spider-Man es el padre y la madre de nuestro personaje. De alguna manera, Spider-Man le comparte a Jean Grey el conocimiento sagrado, lo que significa ser un héroe, y eso me pareció atinado. Ya lo dijo el editor de Pauline Réage: «Todas las mujeres pueden ser todos los hombres y todas las mujeres». Quizás eso es parte de lo que se está perdiendo en esta época de aislamiento y crecimiento sumamente individual: la posibilidad de confrontar, asumir y sumergirnos en la otredad.

III. 📚👾 ( ゚Д゚)⚡

En un capítulo olvidado donde Agustín Fest quiere ser como Terry Pratchett, me puse a pensar en que estoy muy lejos de mi meta de publicar un libro al año, aunque sea en Amazon. Creo, sinceramente, que la meta de publicar libros es cada vez más… vana, o quizás menos importante de lo que uno cree. Si acaso, sí, habrá quienes todavía respeten la tradición y el oficio: un editor que acompañe al escritor y lo guíe de la mano a construir su obra, lo cual me parece envidiable y justo.

Una nota que salió por ahí dice que la publicación aumentó exponencialmente desde que surgió la inteligencia artificial, y el internet se está poblando cada minuto de estos libros basura que no tienen una revisión rigurosa. Lo único que queda para ser escritor, creo, es presentarse como un ser humano. Quizás sí es necesaria una postura política: al menos esa.

En fin, para tratar de publicar el libro de este año, estoy organizando mi cabecita para terminar un volumen de cuentos muy parecido a La feria del cerdo. Hay dos cuentos escritos y uno que empecé estos días. Mi alma inquieta, sin embargo, me recuerda que este año trabajó en muchos proyectos y algunos se los debo a la inteligencia artificial, la cual aceleró su estructuración y su publicación en la red: la programación, el código, el diseño. Quizás no debería sentirme culpable por «no escribir» (o bien, debería definir si mi culpabilidad parte de que no tengo un proyecto definido, o que no estoy publciando), porque continuamente estoy escribiendo.

Este año, como escritor, trabajé lo siguiente:

  • El laberinto de literatura generativa de Dios estalla.
  • La programación de la aventura interactiva de La fiesta perpetua en Twine.
  • El sitio que contiene mis Bestiarios, donde sigo publicando uno cada dos o tres semanas.
  • Dos números de un fanzine que debería retomar porque me gustan esas cosas.
  • Diseñé la narrativa de un videojuego (alrededor de 60 mil palabras) que espero salga para otoño de este año.

Además, este año voy a entrar a la maestría en Literatura Aplicada.

Pero de alguna manera siento que no he trabajado lo suficiente, que debería ponerme a hacer más cosas.

Quizás estoy loco. Ojalá Spider-Man no me ponga un inhibidor. Qué perro miedo.

La bendición del día

Que aunque el cuerpo se sienta pesado y el pensamiento marche en cámara lenta por la densidad de la teoría o por el peso afectivo de un gato durmiendo sobre el cuello, nunca te falte la claridad para defender el placer, el ocio y la belleza frente al aburrimiento de los dogmas. Que encuentres en la lectura y en la vida diaria la intuición simple de ejercitar la bondad y tejer comunidad con los otros.

Que te mantengas a salvo del aislamiento, del cinismo y de la tentación de levantarte como un inquisidor de lo diverso; que conserves la vulnerabilidad necesaria para abrirte a la otredad y compartir la memoria y el mito con quienes caminan a tu lado.

Y que, finalmente, cuando la voz de la autoexigencia intente convencerte de que no has trabajado lo suficiente, mires a tu alrededor, reconozcas el universo de historias que ya estás creando con tus propias manos y sonrías con la certeza de que tu humanidad es tu mejor obra.