1:31 PM

Hoy la memoria nos lleva por cuartos iluminados artificialmente, cruzando puentes infinitos de píxeles hasta llegar a un jardín donde los hombres lobo cazan en silencio.

Una bitácora sobre la horticultura terapéutica, el arte de vagabundear sin destino fijo y los refugios que construimos para sobrevivir la euforia. 🌿🧱🐺 ( ˘-˘) ⛵

  • Hace unos días me enteré de la muerte de Juan Santiso. Jorge mandó un mensaje preguntando si sabía algo al respecto. Nada. Al principio no lograba ubicarlo; su nombre me sonaba como un eco lejano, pero se me escapaba. Luego leí la nota, vi su fotografía, y una familiaridad muy particular me golpeó de pronto al ver esa sonrisa. Jorge añadió el ancla que faltaba: «Era con quien rentábamos la casa en Palenque». Claro, el chispazo fue inmediato. Recordé que Santiso tenía su propio huertito de felicidad verde encerrado en una de las tantas habitaciones de aquella casa. Era un ecosistema milimétrico: había condicionado la temperatura, la luz, los ventiladores; todo conviviendo de forma natural junto a su bodega de arte y su taller de invenciones. A partir de ahí, la memoria empezó a fluir de golpe. Y recordé lo más importante: siempre que hablábamos con él, era imposible parar de reír.
  • Descansa en paz, brother.
  • Leí un texto sobre jardines y bacterias. Resulta que pasar tiempo en un patio, o simplemente rodearte de plantas, te expone a microorganismos que detonan calma y felicidad. Pero el efecto es mucho mayor si te involucras: si cuidas el jardín, si riegas tu pasto, si mantienes a tus plantas. Hacer un pacto silencioso con esas pequeñas vidas y verlas crecer a su propio ritmo te ayuda a reconectar, de maneras muy misteriosas, con el mundo físico. El estudio habla sobre la alegría oculta en el trabajo manual de un huerto personal, y cómo el simple acto de cultivar la tierra termina por ensanchar y mejorar la humanidad total de quien lo posee. ( ˘▽˘)っ♨
  • Todo esto me hace pensar en Japón. Allá, la necesidad de meter un pedazo de verde en cada rincón roza lo sagrado. No importa si caminas por un callejón estrecho de concreto en Tokio o miras un balcón diminuto en Kioto; siempre hay macetas perfectamente alineadas, un bonsái estoico o un jardín miniatura encapsulado en un rincón imposible. Es como si los japoneses hubieran entendido, mucho antes que cualquier estudio científico, que aislarse por completo del verde es dejar que la ciudad te consuma. Muy romántico eso de la jungla de asfalto, hasta que se convierte en ataúd. Al construir esos pequeños pulmones en medio del concreto y hacerse de la responsabilidad de las vidas diminutas, saben que están asegurando su propia cordura.
  • Ayer abrí unos minutos mi mundo de Minecraft. Por un instante, pensé que debería arrancar el proyecto de guardar mis textos ahí adentro; usar el juego como una bóveda secreta. Supongo que debería armar un calendario para esas cosas, trazar un plan mensual o algo así, pero la verdad es que ya cargo con mil proyectos a cuestas. Al final, me sedujo mucho más la idea de continuar la construcción de un puente interminable repleto de árboles gigantes. Un viaducto colosal que cruce océanos y biomas enteros, como aquel que hizo Arturo en el servidor de los profes. Si pudiera elegir, esa sería mi ciudad personal, mi propia nación imaginada: un mundo entero conectado a través de una estructura gigante y brutalista, concebida como un camino inabarcable bordeado de árboles. Sonrío frente a la pantalla. Es una referencia de aquella pregunta vital que alguna vez me ayudó a sobrevivir la euforia.
  • ¿A dónde me llevará ese sendero bordeado de árboles? 🧱 🌳 🌉 🗺️
  • Pienso en Max Mutto, el capitán del barco onírico en aquel cuento de Michael Ende. Mutto, sin saberlo del todo, era poseedor de una libertad que solo otorga el no tener un destino fijo. Al final, jugar a construir un puente interminable en un mundo abierto es adoptar esa misma filosofía. Es desdoblarse en un vagabundo digital. No busco terminar el puente ni llegar a la orilla; solo quiero la excusa para seguir poniendo bloques y plantando árboles, imitando así la revelación de lo grotesco. Somos polvo dentro de la infinidad. Es en ese tránsito, sin final a la vista, donde el mundo realmente existe. ( 🚶‍♂️… )
  • Ahora que lo pienso —y que el dios de las habitaciones infinitas y la diosa de la marihuana me perdonen si me equivoco—, Santiso, de alguna manera, ejercitó su propio camino de horticultura terapéutica. Convirtió esa habitación de Palenque en una biosfera de risas y supervivencia, y de viajes de relajación, y de mundos tranquilos, y de chistines que ocurren justo después de exhalar el humo (dale un tren, ándale, chu-chú). El carnal fue una prueba empírica: cuidó sus pequeñas plantitas de mota y eso, indudablemente, lo hizo más humano. (  ̄ー ̄)y-~~
  • Leo mientras camino; leo mientras contemplo el jardín que construye Sol en casa. Esa es la paradoja del lector: la paz silenciosa del cuerpo contrastada con la violencia absoluta del mundo interno. Estoy leyendo The Wolf’s Hour (La hora del lobo) de Robert McCammon, la historia de un espía que, además, es un hombre lobo en plena Segunda Guerra Mundial. Huelo el pasto mojado en la vida real mientras, en la página, una bestia tritura los brazos y los cráneos de sus víctimas. La sangre, dicen por ahí, sabe al vino rojo de su antigua vida.

La bendición del día: que logres encontrar tu propia biosfera de risas y supervivencia, ya sea cuidando un pedacito de musgo frente a la ventana o apilando bloques en un mapa sin fronteras.

Que la memoria de los que se fueron te pase un carrujo chu-chú de alegría, y que en el jardín que habitas tengas el silencio necesario para que tus monstruos internos puedan correr libres.

🚂🌱✨ (  ̄ー ̄) 🍷

Ojalá nos topemos en el siguiente sendero.

12:18 PM

Hoy despertamos neuronas dormidas para recordar que la tenacidad es nuestro camino y la invisibilidad algorítmica, un regalo absoluto.

Entre máquinas de pinball que se juegan solas, aullidos a la luna y exploradores sin brújula moral, volvemos a teclear buscando la libertad en el espacio divino del caos. 🐺⌨️✨ _〆(゚▽゚*)

  • Escribí un tuit (para mí, todos los textos breves de las redes sociales se llaman tuits): «En la tenacidad he descubierto un camino». Escribir un poco todos los días. Contar cosas. Me puse de tarea tuitear más seguido en las redes sociales —especialmente en las textuales—, con la condición de hacerlo solo cuando esté trabajando en la computadora. [ 🐦✍️ ]
  • El tuit, más allá del estímulo social, me servía para entrenar la escritura de lo breve. Chiquito, más chiquito… así está muy bien. Ándele, así.
  • Estoy despertando neuronas que estaban dormidas por… ya no sé por qué. Ayer, Ali me compartió una cosa que tuiteé hace unos años: «A veces es un poco complicado decirlo, pero igual no sobra: si escojo pasar mi tiempo con alguien, es por algo. Ya tuve cáncer, imagínate; el tiempo para mí es un templo sagrado». ( ˘-˘) ⏳
  • Lo sagrado también es el ocio sin culpa. La suciedad de la ceniza acumulándose, lenta e inevitable, en el patio. La contemplación de un código que por fin funciona para entrelazar una historia. El ronroneo de Archer y Morgana bajo la luz estática de un monitor. Una nota de piano que interrumpe el silencio en un bosque de Hyrule. El silencio cálido de una casa donde alguna vez caminó una basset hound, gorda y orgullosa, y un poco apestosa. Y, al final de todo, permitirse desaparecer: dormir veinte años como Rip van Winkle, en uno de esos planetas remotos donde las noches duran veintiún años porque… sí, todos sabemos por qué. 📜 🐈 🌋 ☕
  • Una de las premisas para la escritura del blog —y para la tuiteada— es que, no importa lo que hagas o lo que digas, nadie te está viendo. Ya no. Cada vez eres menos importante; tu relevancia nunca llegará a ningún lado a no ser que desembolses dinero. Y por lo mismo, eres libre de escribir lo que quieras. Hace tiempo que los algoritmos se encargan de esconderte, a menos que pagues para ser visto.
  • Si no pagas para ser visto, pero misteriosamente lo eres, es porque seguro te la pasas escribiendo de cosas lamentables: fútbol, política, moda. Claro, si esos temas son importantes para ti, está muy bien. Es vital no quedarse callados, por ejemplo, cuando hablamos de cerdos fascistas, o cuando el pueblo sigue desenterrando cuerpos mientras el gobierno, felizmente, sube los impuestos, disminuye el periodo educativo y prepara la ciudad para la afluencia de extranjeros por un evento de lo más anodino y desgraciado (ノಠ益ಠ)ノ彡┻━┻. En un peldaño más bajo de la escala de los lamentos, puedes colgarte del entretenimiento viral en curso. O hablar mal de la inteligencia artificial, el tema inagotable. Quizás yo mismo caería en eso si escribiera sobre algo que, en años de internet, ocurrió hace tres siglos: Sydney Sweeney y su vestuario therian / furro (medio tibio, sí, pero todos supimos hacia dónde iba) para la tercera temporada de Euphoria.
  • Tengo ganas de ser un habitante de 1970 y poner un anuncio en el periódico: «Entrenador busca perros; tengamos una jauría, aullemos juntos a la luna, seamos todos una manada». Pongamos un rock and roll sabroso o un blues para adornar el espacio. La casa del sol naciente. Allá, en la granja o en las minas que hace tiempo no se ocupan para ese propósito, alguien prende una fogata y habla de que algún día seremos verdaderamente libres, mientras otro señala una nave espacial que se oculta detrás de la silueta de los árboles. En una cabaña, un grupo de personas juega con los flippers, anclan su libertad al escándalo que hace el juego y, sin darse cuenta, están casi tocando las manos de dios. 🐺 🌕 🌲
  • [ 🛸🌲 ]
  • Y hablando de los setenta, comencé a leer un libro sobre la historia de los videojuegos; estoy aprendiendo cosas muy interesantes sobre el pinball. Por otro lado, acabé el primer volumen de Las mil y una noches. Burton es un canalla adorable, un maldito viejo cerdo colonialista y encantador. Farmer, en su serie de ciencia ficción, lo presenta como un eterno navegante del mundo abierto: el explorador que descubre los misterios. En otros lados leí que era un embustero con la suficiente labia para hacernos creer cualquier historia. Burton vivía la vida real como si fuera un avatar sin límites morales, saciando únicamente su infinita curiosidad exploratoria. El mundo abierto perfecto está en la imaginación de los que nos escuchan; solo necesitamos las palabras adecuadas para abrir esas puertas y empujar la exploración.
  • Para el gobierno —siempre tan propenso a exagerar—, el pinball no era más que un pasatiempo de criminales y apostadores. Sin embargo, leí una cita que explicaba cómo a los jugadores les encantaba cuando la máquina parecía «controlarse a sí misma». Es la fascinación absoluta por rendirse ante el destino y perder las riendas. Estos espacios lúdicos nos someten a fuerzas que nos rebasan: los patrones ocultos, la suerte, el caos. Y es precisamente en esa pérdida de control donde el juego, tal como apuntaba Huizinga, nos permite rozar lo divino. 👁️ 🎲 🌌 🏛️

La bendición del día: que tu tiempo siga siendo un templo sagrado y encuentres la libertad exacta en los espacios que no puedes controlar. Que el algoritmo te ignore lo suficiente para que seas brutalmente honesto en tus lamentos y celebraciones.

Y que si el mundo, con sus cerdos y sus prisas, pesa demasiado, logres apagar la maldita máquina y encuentres el sueño irreal, casi definitivo, como lo hizo Rip van Winkle, bajo un cielo de noches largas, larguísimas.

Nos vemos en el próximo mapa.

⏳🌌🏛️ ( ˘-˘)zZ

8:11 AM

Todo comienza con una nota suspendida en el aire. Antes de que el día se vuelva rutina y los mapas se desplieguen, existe este espacio de duda donde los sueños y las segundas vidas se cruzan. Es una anticipación silenciosa, el rastro de un deseo que busca su ancla en lo cotidiano. Algo se está cocinando entre el ruido y el silencio. 🌫️🧭

  • Desperté escuchando Sound and Vision de David Bowie. Qué pedo. Por qué todo lo que hace es tan hermoso. ⚡🏙️🌀
  • Me siento habitando una novela gótica o victoriana; últimamente mi mente gira en torno a los sueños y a cómo inducir ese estado umbral para prolongar un deseo. Tras aquel éxito fortuito de hace semanas, solo han seguido noches de fracaso. O tal vez me engañé con la ilusión de haber soñado lo que buscaba. Me despierto frustrado: «esto no es lo que quería». O, llanamente, el recuerdo se me escapa. Quizás el deseo se cumple cada noche, pero mi memoria me traiciona al despertar. [ 🕸️ ]
  • Como parte de mis deberes, estoy jugando un juego de mundo abierto. Es viejito, pero encantador; todavía conserva una base respetable de usuarios. Jugarlo me hizo recordar mis días en World of Warcraft y evaluar si debería probar, finalmente, Final Fantasy XIV. Recuerditos de Festuerto, mi guerrero tanque, no muerto, quien a veces solo se conectaba para aullarle melancólico a la luna. Ojalá tuviera tiempo suficiente para habitar plenamente estas segundas vidas.
  • Ese es el encanto del mundo abierto: cielos de matices irreales y nubes imposibles que terminan por volverse parte del paisaje cotidiano. Es la pulsión por la exploración; por descubrir qué se oculta tras una montaña o en el fondo de una cueva inaccesible. Y, finalmente, el misterio de las criaturas: ¿de qué color vendrán pintados los próximos goblins?, ¿por qué esos montículos de piedra llevan sus nombres escritos en un rojo carmesí? 👹 🗿 🔴 ⚔️
  • Platicando con Ali, me preguntó por qué no he escrito un libro de GTA. Yo también me lo pregunto. Me gustaría dedicar un buen rato a escribir un volumen de ensayos sobre el mundo abierto y cómo desdoblamos nuestra vida en ellos. Empecé a hacer una lista mental: GTA Vice City, San Andreas, GTA 4, GTA 5, Red Dead Redemption, Cyberpunk 2077, Sleeping Dogs, Saints Row III y IV. Y Minecraft, el rey de reyes. También me gustaría incluir mundos fantásticos como Skyrim y Breath of the Wild. Pero luego pensé: tendría que jugarlos de nuevo para tenerlos frescos, para escribir mientras los paseo. ¿Un libro de crónicas? ¿Un libro de viajes? ¿Un diario enfocado en la construcción del personaje? ¿Autoficción?
  • Me pregunto si el libro debería ser una crónica de afectos: un mapa para entender las emociones que detonan estos espacios. El pilar estético aquí es la exploración; cuando me siento un explorador, opero bajo una lógica de libertad y curiosidad persistentes que potencia el aprendizaje. Sin embargo, aparece el desdoblamiento: el momento en que Agustín se retira para dejar paso al personaje. Este nuevo yo no tiene límites: criminal, forajido o choom. El dilema surge entonces: al tener permiso para todo, ¿qué queda de nuestra inocencia? ¿Dónde termina el explorador puro y dónde empieza el hombre de juego que habita el caos? (`w´)爻(O.O)
  • ¿Puede ser Minecraft considerado un museo de la libertad? 🕊️ 🔓 🍃 🌌
  • Una cosa que pienso a menudo es que me dejaron ir al Museo de Antropología con mis compañeros cuando estaba en secundaria 🚇🏛️🎒, ᕕ( ᐛ )ᕗ. Nos subimos al metro; fuimos libres durante unas horas. Con lo inseguro que es México hoy, me da terror pensar en los chamacos que viajan solos en el transporte público, en las calles rotas de la ciudad. Más allá del temor de señoro, de vez en cuando, logro asir ese sentimiento de libertad que sentí cuando era un chamaquito: una sensación específica de los jóvenes que no tienen reglas y que no tienen permitido pensar en las consecuencias. Es un sentimiento breve, pero placentero. Esa misma vibra me la da algunos juegos de mundo abierto, como Breath of the Wild y su nota de piano repentina. Me pregunto si hay maneras de anclar estas sensaciones en otros actos. Quizás sí: asir el recuerdo justo al tomar el café o al escuchar una canción específica. Anclar la sensación en los espacios rutinarios. Es muy fácil entrenar la nostalgia y la melancolía, pero ¿qué tal si fuera posible hacerlo también con la libertad?

La bendición de hoy: que la nota de piano repentina de tu propio Breath of the Wild suene justo cuando más lo necesites. Que logres asir esa libertad de chamaquito —la de quien no conoce reglas ni consecuencias— y logres anclarla con éxito en el aroma de tu primer café. Que tus sueños, aunque se resistan a ser recordados, te dejen siempre un rastro de curiosidad en el cuerpo. Y que, mientras exploras cuevas inaccesibles o decides qué bloques poner en tu propio museo, nunca olvides que tienes permitido desdoblarte cuantas veces sea necesario para encontrar tu hogar.

Nos vemos en el próximo mapa.

☕🏹🎹 ᕕ( ᐛ )ᕗ

8:55 AM

Enfrentarse a lo que escribimos hace una o dos décadas es como mirar un espejo deformante; ahí están nuestras viejas obsesiones, los adjetivos ferruginosos y la soberbia de sentirnos eternos.

Hoy, mientras el Popocatépetl nos regala su polvo gris y Archer me guía por la casa como el Johnny Carter de Cortázar, me senté a limpiar los nidos de Los cuervos.

Es una labor de rescate extraña: recortar las palabras que antes me daban orgullo para dejar que hable el narrador que soy hoy. En un mundo donde incluso las grandes bibliotecas de internet se caen y desaparecen, he convertido el acto de rescatar la propia voz en uno de aceptación y abandono.

  • I know it’s coming, there’s gonna be violence… 🎵
  • Archer, el gato de ojos claros, se pone frente a mí y maúlla. Me sorprende; creo que está llamándome. Cuando volteo a mirarlo ya ha desaparecido, dejando atrás una nube de ceniza del Popo como caricatura vieja de la Warner Brothers. Sube las escaleras rápidamente y, mientras yo intento alcanzarlo con una lentitud pasmosa, él maúlla muy emocionado. Brinca, tiembla. ¿Está jugando a que lee mis pasos? ¿Sabe mi futuro y está guiándome por la casa? ¿O simplemente estamos jugando a El perseguidor de Cortázar? Cuando subo el último escalón, rasca el piso, hace un par de piruetas, me mira, maúlla por tercera vez, se levanta rapidito y desaparece en la habitación. «Eres un niño maravilloso», pienso, y no puedo evitar sentirme conmovido, atrapado por mi propia trampa de melancolía. Cuando llego a la cama, me siento y el gato sube conmigo; se restriega contra mí, exige algunas caricias. «No tienes por qué dejar esta casa nunca —le digo—; no te preocupes, si así lo quieres, este será siempre tu hogar». Morgana nos mira desde una sana distancia. Señoro chocho y sentimentaloide. 🌋🐱💨 (ノ ̄ω ̄)ノ
  • Un día de descanso y me siento renovado. 👴 🧸 ❤️
  • Ayer me hice un poco de tiempo para editar uno de mis libros: Panteón de plumas negras. El plan es reeditarlo, devolverle las partes para adultos y las groserías bien mexicanas, y publicar una versión digital. Se llamará Los cuervos, como se titulaba al principio. Mientras exploraba esta novela de cuentos, me redescubrí a la distancia: es un volumen escrito a lo largo de varias décadas, donde cada fragmento es una postal de lo que me apasionaba entonces: los videojuegos, libros como La historia interminable, Borges, Cortázar o El cuervo de Ted Hughes. Aunque me cuesta trabajo —y a veces siento un pellizquito—, empecé a simplificar algunos párrafos. 🐦‍⬛ ✂️ 🤏 🕹️
  • He cambiado. Escribo muy diferente.
  • Lo mismo me pasó editando La fiesta perpetua durante estas últimas semanas. Encontré construcciones que ya no haría hoy en día, a estas alturas. En ese entonces, leía compulsivamente 2666 de Bolaño; me volaba la cabeza cada línea y quería tragarme todo ese vocabulario: los fárragos, los sucintos, los airados, los ferruginosos. Probablemente también estaba leyendo a Proust. Leerlo es uno de los grandes caminos —quizás uno de los pocos verdaderos— que te muestran la vida como lo que es: un sueño. Imagino constantemente a Proust, tirado en cama, escribiendo su fantasía, sus propias Mil y una noches, mientras su narrador consumía la vida del autor e inventaba su propia mitología. Recuerdo bien mis tiempos y obsesiones de lectura porque, gracias a la beca del FONCA, me compré los siete tomos de En busca del tiempo perdido (que se quedaron sin abrir, ya que terminé leyendo una versión de Kindle de la Universidad de Adelaide, cuando aún tenían sus ebooks disponibles).
  • ¿Duele simplificar? ¿Duele editar lo que ya escribí? No (allá arriba dije que solo duele un pellizquito). La escritura es un proceso de aceptación. Lo que estaba hecho, en estos tiempos, puede reescribirse mil veces. Si vives en el mundo digital, la corrección es una constante. Es cierto: una vez que algo entra a internet ya no puede ser borrado, pero también, una vez que habita ahí, puede transformarse, reescribirse cientos de veces y convertirse en otra cosa; la germinación de una bestia lírica totalmente distinta. ¿Estoy matando al Agustín que vivía en ese entonces? Bueno, quizás. La verdad es que uno muere y resucita todos los días. La memoria es un sueño de vidas pasadas; existe el presente, y el presente tiene ganas de podar al pasado.
  • ¿Por qué hago estas preguntas? Como vivo el mundo actual con una inteligencia artificial siempre presente, al preguntarle sobre mi texto y qué otra cosita podría añadir, se puso un poco melodramática: «Habla de cómo duele simplificar, habla de cómo te estás asesinando a ti mismo». Nos acercamos peligrosamente al tono que usan cientos de escritores melodramáticos que venden sus novelas en Alfaguara. «Joder —dice Pérez-Reverte—, que yo ya solo leo novelas policiacas».
  • Acabo de buscar la biblioteca digital de la Universidad de Adelaida. Ya no existe; antes estaba abierta para todos. Marvin me confirmó el dato: hace unos años clausuraron su portal de libros digitales gratuitos. Es una pena 🏛️💾❌. Y sin embargo, gracias a ellos desperté de un sueño, sigo escuchando la sonata de Vinteuil, miré de frente a los dioses del tiempo y acepté mi propia mortalidad antes de que se hiciera real. Comprendí el verdadero significado de los celos y el extrañamiento; gracias a su catálogo, en fin, leí la última gran fantasía.

La bendición del día: que tus gatos sigan siendo los porteros mágicos que custodian tu casa, que la ceniza del Popo no opaque la claridad de tu pantalla y que, aunque las grandes bibliotecas del mundo sigan cayéndose, tu propia balsa de rescatista literario flote siempre con el viento a favor. 🏛️ 🕸️ 🎻 👾 🌌

☆:.。.o(≧▽≦)o.。.:☆

Nos vemos mañana.

9:28 AM

Contengo multitudes y, al parecer, todas están atrapadas en un sueño de tres puertas metálicas. Mayo llegó sin derribar mi biblioteca de curiosidades, pero trayendo consigo esa melancolía por lo que no existe y el vértigo de los nuevos comienzos.

Entre el “happy punk” de mis recuerdos y el algoritmo capital de Instagram, trato de caminar despacio, como el hombre que baila en la película de Flanagan, entendiendo que mi verdadera felicidad no está en la visibilidad pagada, sino en el rescate silencioso de las historias que aún me quedan por contar.

  • Soñé con los edificios de ladrillo rojo de mi antigua unidad. Subí un par de pisos y, para salir, tuve que atravesar tres puertas metálicas; un mecanismo engorroso que no permitía echar el seguro desde fuera a menos que alguien permaneciera en el interior. Era una estructura laberíntica, propia de un calabozo de RPG. Como se nos hacía tarde para tomar un Uber y el viaje era largo, resolví el acertijo de la única forma posible: dejando las puertas abiertas.
  • Después de eso, desperté.
  • Me quedé un rato pensando en ello. En todas las puertas de mi vieja unidad colgaban letreros: «Mantenga la puerta cerrada». El robo de inmuebles y los paracaidistas eran amenazas comunes; si alguien se enteraba de que un departamento estaba vacío, cualquier cosa podía pasar. Dejar las puertas abiertas, por tanto, era una temeridad. Me pregunté: ¿a qué venía ese mecanismo de las tres puertas?, ¿cómo podíamos estar seguros de salir del edificio sin poner en peligro la propiedad ajena? Quizás existía un genio maravilloso, un mecanismo automático o un portero invisible que se ocupaba de cerrarlo todo a nuestras espaldas.
  • También soñé con una antigua compañera, L. En el sueño estaba comprometida y lo platicábamos por videollamada; ella parecía menos alegre de lo esperado, pero no indagué: fingí estar contento por ella y seguimos las reglas del juego social. Fue entonces cuando me fijé en mí mismo y noté que no tenía cuarenta años. Aunque mis responsabilidades se sentían tan ligeras como las de un niño, concluí que andaba por los treinta. Al final, solo era un sueño; desperté conmovido por una escena que no era real. Esta clase de sueños solo sirven para marcar la melancolía por lo que ya no existe —o lo que nunca fue—. 🕒🌀 ( ◡‿◡ *)
  • Se dice que los sueños «resetean» nuestra edad para rescatar una lógica que ya no conocemos. A los treinta, mi lógica era la de la inmortalidad. No entiendo por qué necesité esa versión de mí para enfrentar el compromiso de L, pero me deja pensando: ¿operaba bajo reglas distintas? ¿Cuáles? Me gusta más la idea de la escritura como el eje de todo: a los veinte escribía sin descanso, igual que ahora a los cuarenta. Ese es el plan definitivo: escribir siempre, envejecer entre palabras.
  • Hace unos meses empecé mi más reciente novela (la ÚLTIMA novela), pero ha dejado de gustarme. Haré una relectura para salvar los materiales que funcionen y empezaré de nuevo. Me debato con el deseo de escribir sobre mundos fantásticos y maravillosos, pero también sobre realidades terroríficas y siniestras. Lo quiero todo, pero el tiempo escasea. Esta mañana, mientras bebía mi café, me advertía a mí mismo: «Vas a empezar la maestría y no tendrás tiempo para jugar, escribir ni leer». Antes de que eso ocurra, debo terminar de rescatar La fiesta perpetua y preparar la edición en HTML y ePub de Los cuervos. He descubierto que mi felicidad actual reside, precisamente, en estos pequeños proyectos de rescate. 🖋️💀
  • Ayer vi La vida de Chuck (The Life of Chuck), basada en un relato de Stephen King. Es un retelling clásico sobre el oráculo que contempla su propia muerte, con elementos sobrenaturales sutiles y encantadores. Sol me comentaba su sorpresa ante la desaparición de Marte; y aunque la escena donde las estrellas se apagan puede resultar perturbadora, yo me perdí en la belleza de su fotografía nocturna: un auténtico deleite. En el fondo resuena la voz amable y profética de Walt Whitman: «Contengo multitudes». Me fascinó ver a los actores fetiche de Mike Flanagan y descubrir la historia de un hombre que baila. La relación del muchacho con su abuela me conmovió profundamente, así como reconocer la voz de Nick Offerman en la narración. Es una película para gozarse cuando uno decide, simplemente, caminar despacio.
  • He contratado el mes de prueba de Instagram Plus por pura curiosidad. No es solo un ejercicio onanista, sino que empuja tu presencia hacia la vida de amigos, conocidos y seguidores. Quizás sea un placebo, pero mis historias ganaron visibilidad y las conversaciones empezaron a fluir: el algoritmo capital en su máxima expresión. Hubo más votos en las encuestas que puse de prueba, un éxito numérico que me genera sentimientos encontrados. Ahora también existen los «super likes» para saturar de corazones las historias ajenas; una intensidad sobrada que, probablemente, sirve para forzar el algoritmo hacia quienes admiramos. Vivimos tiempos raros y oscuros. Post-it: «Suscríbete a mi vida, por favor». (-‸ლ)
  • Mi biblioteca de curiosidades ya cambió de mes. Como es un sitio que construí mediante vibe coding, no estaba del todo seguro de qué pasaría al llegar mayo, pero el sistema resistió. Esta biblioteca es mi antídoto contra las redes sociales: un espacio de resguardo donde las ideas permanecen y no se extravían en el ruido. Pueden visitarla aquí: (https://biblios.agustinfest.com). Mientras tanto, continúo con la lectura de Las mil y una noches. He ido guardando algunas citas en este refugio; Sir Richard Burton me parece un traductor fascinante, especialmente por su destreza al abordar los encuentros eróticos y las tentaciones. 🌙📜 ( ͡° ͜ʖ ͡°)

La bendición del día: que tus multitudes nunca se pongan de acuerdo para que siempre tengas algo nuevo que escribir; que cuando las estrellas decidan apagarse, te encuentren bailando con un café en la mano, y que el oráculo de tu propia vida siempre te hable con la voz amable de quien ya se perdonó el pasado.

┐( ̄∀ ̄)┌ 📱

Nos vemos mañana.

8:37 AM

Yepa, yepa, yepa de Silverio.

Y arriba, vamos a escribir aunque sea un chirris.

  • Invención de un recuerdo: Geppetto, en la animación de Disney, toma un pedazo de cuero (un cinturón grueso) y empieza a frotar un cuchillo contra la piel. Le pregunto a mi mamá qué es eso y ella responde, casual: «un afilador de cuchillos». Geppetto afila su herramienta muy sonriente, mirando a la lejanía con esa calma vacía de los constructos de inteligencia artificial. 🪵🪓🎨 ( •̀ . •́ )
  • Arqueología doméstica: ¿Por qué no tenemos un afilador de cuero si parece ser un básico del hogar? Quizás ya no lo son, o quizás nunca lo fueron; quedaron relegados a Jason, a Michael Myers, a los padres abusivos y alcohólicos. 🔪🏚️🩸💢💥📏
  • O ya solo persisten para dar unas buenas nalgadas ( ͡° ͜ʖ ͡°). Diversión doméstica, familiar.
  • El pasado salvaje: Los objetos de antes eran burdos y pesados. Parecían tener una doble vida, una vida de paz, una vida estática, y una explosión de violencia. En Job, de Joseph Roth, leo cómo Mendel Singer utiliza su cinturón de cuero para castigar a los niños; le da placer perseguirlos y soltar los cintarazos que terminan en los muebles, en las paredes o en las nalgas. El afilador, ese objeto de cuero gordito y pesado, servía para amenazar al otro. En el pasado, cualquier herramienta común podía ser un arma con un poco de imaginación. Excepto mi iPhone; ese se rompe.
  • He descubierto que el objeto tiene un nombre técnico: el asentador de cuero. Dudo que en el día a día lo llamen así. Lo usan en barberías de especialidad para «alinear» el filo; exige una paciencia y un ritmo que solo viejos de ojos claros, amables y caricaturescos —como Geppetto— han sabido cultivar. Es, precisamente, la clase de paciencia que se necesita cuando se tienen hijos psicópatas como Pinocho.
  • La germinación de un conocimiento inútil: Mi madre probablemente veía estos asentadores con frecuencia; ella crece, llega la película de Disney, y el hijo mira a Pinocho en los ochenta. El hijo descubre un objeto que, cuarenta años después, ya no existirá en ninguna casa.
  • ¿Efecto Mandela? 🌀🧠(⊙_◎)
  • ¿Cuáles son los conocimientos inútiles de hoy? Amenazan con que la IA volverá obsoletas muchas cosas, pero nosotros hemos sido testigos, desde hace unas décadas, de la crueldad del tiempo. Ayer eran los CDs, luego los DVDs; algunos necios compraron Blu-rays mientras miraban como la obsolescencia le pegaba durísimo a los medios físicos. Hace unos días pensaba en cómo atesoraba mi música en discos duros para no perderla jamás; hoy vivo complacido en el algoritmo de YouTube Music. Ya no tengo tiempo para imaginar mis propios modos musicales; prefiero que la máquina decida por mí.
  • Mis alumnos me dicen que el género se llama pop-punk. Los antiguos de mi cuadra le llamábamos happy punk. Hasta la nostalgia tiene que ser reetiquetada para seguir siendo vigente. Quién diría.

La bendición del día: que el filo de tu memoria nunca necesite un asentador de cuero para distinguir lo que viviste de lo que inventaste.

┐(‘~` )┌

Nos vemos mañana.

7:37 PM

Suena una canción de liberación en algún lugar…

mientras yo me derrito de calor, desparramado en cama.

  • Esta mañana, recibí una llamada del primer jefazo (el segundo jefazo estaba como lobo en el bosque buscando su corbata), ya que el Griego no estaba muy dispuesto a hablar conmigo. Entrecerré los ojos. Platicamos un rato. Más reescritura sobre la historia del juego. Pero qué está pasando, nadie entiende. “Yo tampoco”, digo, según yo… todo está en su lugar. No me sorprende: es el final del juego, comprendo que debe ser perfecto. “Entiende una cosa, si el Griego no está contento con tu trabajo, no tenemos por qué mantenerte adentro”; (pienso: “ya sobreviví al cáncer”); en voz alta: “Lo entiendo perfectamente. Yo tampoco querría estar adentro. He escrito 20-30 páginas diarias, solo cuando era joven. Nunca en mi perra vida”. Llamada con el griego: “Perdón, mano, es cierto que uso IA para darle el formato y revisar mis traducciones de mexican spanish sombrero dude a un inglés sofisticado, neutro, gamer’s english; el uso es breve, pero a veces cosas se cuelan.” Griego: “Gracias por ser sincero”. A la orden jefe, qué demonios está pasando y por qué no queda. Una plática de un ratillo. Pregunto sobre los datos que tengo. “Ah, perdón, es que actualizamos los lugares…”, ¿de verdad? ¿Entonces estoy usando información vieja para escribir sus perras misiones? Sí, sí estoy. Ya veo. Ajá. “Griego, no quiero ser impertinente, pero si estoy usando información vieja para trabajar… no es culpa de ChatGPT, soy yo el que está alucinando durísimo”. Se ríe, se disculpa, “es que lo dijimos en una junta y creí que ya estaba claro, que todos tenían la información”. “Soy como un perro viejo y ciego que está pegándole a la misma puerta. Obviamente nunca voy a entrar si estoy pensando que puedo usar estos elementos”. Cuatro horas de trabajo esta mañana; tallereo intenso, refinando y tragándome lo malo, recuperando lo bueno. Mando el documento. “Perfect. Much better. We can work with this”. Of course you can, porque no es una pendejada que estaba soñando como si estuviera drogado con peyote. “Sure. I apologize again, I should have asked about this from the very start”.
  • 🐺👔, 🚫📉, ( ¬_¬)
  • Ya sobreviví al cáncer es mi súper poder. Es un mantra que me recuerda mi lugar en esta tierra, la brevedad del tiempo. La vida breve de Onetti, una vez más. No me voy a poner mal cuando las cosas no pasan, o cuando la vida no es el triunfo luminoso que debe compartirse en redes sociales. Aunque he sobrevivido otras cosas: un atropellamiento, un asalto a mano armada, una vesícula casi a reventar; quizás es el proceso del cáncer, más de un año de incertidumbres, químicos y escuchar las tristezas de los otros.
  • Recuerdo la tristeza y la ansiedad de las personas cuando nos encontrábamos en una sala de espera. Recuerdo los rostros de andar en el valle de sombras, los caminos empedrados de lo incierto, el verdadero dolor. (´-ω-` )
  • Después del rush, veo que compartió la finalización del proyecto narrativo en el servidor del equipo. Quedan cosas, pero nadie avanzaba porque faltaba mi narrativa. Puse un emoji con un pastelito de cumpleaños para celebrar que ya ocurrió. No sé si mañana seguiré contando historias de videojuegos pero, por lo pronto, he conseguido contar una historia. 🧁✨ ( ˘⌣˘)♡

La bendición del día: que el diosito de las versiones finales te libre de alucinar sobre ciudades demolidas, y que el pastelito de hoy te sepa a la gloria de quien, por fin, ha terminado de contar su historia.

ᕙ(⇀‸↼‶)ᕗ

Nos vemos mañana.