Hay días en que la mente busca convertirse en un territorio de ensayo, un espacio seguro para medir nuestras propias fuerzas y ensayar la identidad.
La bitácora de hoy es una deriva silenciosa y nocturna; un viaje que comienza en la psicología de los mundos de rol, se pierde en la inmensidad de un cosmos digital sin mapas y se atreve a sintonizar la música extraña de un lenguaje laberíntico, para terminar asomándose, sin parpadear, al abismo de nuestras transgresiones más profundas.
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- Me puse a leer un libro sobre cómo utilizar los juegos de rol como una herramienta para la psicoterapia. Lo escribe un tal Daniel Hand: mi tocayo de segundo nombre y dueño, además, de un apellido de cuatro letras. Aunque tengo la licenciatura en Psicología, sigo sin saber si algún día me sentaré a dar terapia; en realidad, leo este tipo de cosas porque me fascina aprender de los procesos y las experiencias de otros. Hand plantea que los RPG son útiles porque nos obligan a inventar personajes, creando una simulación que nos permite explorar y experimentar sin riesgos. Con el tiempo, terminamos tomando prestados rasgos de esos personajes para integrarlos a nuestra vida cotidiana. Al final, si nuestra ficción es valiente, nosotros también podemos serlo. El libro rescata una frase preciosa: «Nunca es tarde para ser niños». 🧠 🎲 🎭 📖
- Tras cerrar el libro, me entraron unas ganas tremendas de jugar un videojuego que me permita una exploración absoluta, sin límites. De inmediato recordé mis viejos días en No Man’s Sky. Pensé en ponerme el reto de visitar la mayor cantidad de planetas posible, olvidándome por completo de levantar bases o acumular recursos para dedicarme, única y exclusivamente, a la deriva. Quizás vaya siendo hora de regresar; ya lo tengo instalado y el ícono sigue ahí, esperando a que le dé play. Debería borrarlo todo, iniciar una nueva partida y dedicarme a explorar todo el día y toda la noche (una pequeña, acaso inútil, referencia a Juan García Ponce). (  ̄ー ̄) 🚀
- Me gusta pensar en el juego como una especie de laboratorio para ensayar nuestra propia persona. ¿Qué es lo que realmente deseamos descubrir de nosotros mismos a través de una identidad digital? Minecraft, por ejemplo, siempre me hace sentir como un explorador puro, alguien obsesionado con saber qué hay exactamente detrás de ese sendero bordeado de árboles. En ese mundo soy un Robinson Crusoe habitando sus propias islas. Santo cielo, Jesús bendito, santas regresiones infantiles… acabo de recordar aquellas caricaturas de Robinson Crusoe: el personaje escribía sus diarios de exploración resignado, acaso, a la idea de que jamás regresaría a la civilización, pero hallando maravillas en el camino. Qué tremenda angustia me daba de niño pensar que, si él llegaba a morir ahí solo, nadie nunca descubriría su cuerpo ni sus diarios.
- Un libro abierto cuando todos en la casa han conciliado el sueño. El sonido lejano del viento que agita los árboles. El brillo azul de una pantalla que ilumina el rostro en la penumbra, mientras se inicia una travesía hacia un cielo que ningún hombre ha pisado antes. La noche es profunda, un explorador enciende su partida de No Man’s Sky. Entregarse por completo al desvelo con el único propósito de descubrir planetas remotos, registrar animales de formas caprichosas y contemplar luces que parecen imposibles. Quedarse dormido a esas horas es una ofensa; lo verdaderamente conmovedor es ver cómo la luz de una estrella digital se refleja en la habitación, justo antes de que el cielo real comience a aclarar.
- Hace unos días empecé el Finnegans Wake y, para obligarme a avanzar, decidí unirme a un grupo de lectura. Prometí ponerme al corriente pronto, aunque me llevan una ventaja de unas cuarenta páginas. Uno de los integrantes sugirió que nos apoyáramos en el audiolibro, y caí en la cuenta de que tiene toda la razón: la lectura en voz alta te permite navegar la verdadera intención de Joyce, operando como una sutil reinvención de las emociones a través del sonido. Justo voy en un fragmento donde el eje central es el acto de «mostrar algo». This is. This is. This is. Al escucharlo, es imposible no imaginar a un personaje adentrándose en las salas de un museo, o al maestro de ceremonias de un vodevil decadente narrándonos, desde el escenario, la historia de su teatro extraño. ( ˘-˘) 📚
- En mi lectura de The Wolf’s Hour, Michael opera ahora como agente secreto, interpretando a un aristócrata alemán con todo y plantío de tulipanes, infiltrado en una reunión de nazis de alto rango. El espectáculo circundante es de un grotesco absoluto: bailarinas judías obligadas a danzar sobre vidrio roto, gitanas amarradas a camas de tortura y un actor que encarna a Churchill mientras una joven fanática nazi lo castiga a latigazos. La monstruosidad nazi en toda su extensión. Es fascinante cómo la ficción nos permite explorar la dimensión de lo grotesco para lograr la identificación con los otros mediante las emociones más primarias. La lectura se convierte en un ejercicio para percibir y construir, con sutileza y lentitud, la suavidad de un animal, mientras desentrañamos los odios, los límites y las transgresiones humanas. Al final, no sé nada. Solo pienso. 🐺 🏰 🎭 🪞
La bendición del día: que nunca te falte la audacia para habitar ficciones valientes ni el desvelo oportuno para descubrir luces imposibles en la madrugada.
Que encuentres siempre el ritmo exacto para navegar el sinsentido del mundo, y que, cuando te toque asomarte a lo grotesco de la historia, la lectura te conceda la sutileza, la lentitud y la suave templanza de un animal para comprender los límites sin perder el rumbo.
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Nos leemos en el próximo ensayo de la conciencia.

