Hoy la bitácora es un salto constante entre mundos. Un domingo que transita por el caos indescifrable de Joyce y el laberinto de Pavić, para luego refugiarse en la construcción de espejos digitales dentro de Minecraft.
Hice un viaje en el tiempo al verano del 99 provocado por la frustración de quemar un disco, una crítica a la hermosa jaula de cristal del diseño moderno en Final Fantasy VII, y, sobre todo, un manifiesto vital: la escritura y la vida vistas desde el espacio juego, donde las constelaciones narrativas siempre abren caminos ocultos que se alejan de las tragedias y nos revelan misterios maravillosos.
📖🎮💿✨ _〆( ̄ー ̄ )
- Leí unas seis páginas del Finnegans Wake. Tuiteé: «(ni leí tanto del Finnegans, como seis páginas, y todo es humptydumpty, el sonido de alguien que está penetrando sabe qué cosa, los rayos de verano; solito se entiende ese señor)». Después pasé al Diccionario jázaro y he leído unas cuarenta páginas: un pequeño milagro de historias, un juego que parece haber nacido del ocio. Me ha parecido increíblemente bueno, pero quizás es porque estoy enamorado de su estructura. No pude evitarlo: por alguna razón, imaginaba a Borges leyendo este libro (ignoro si lo hizo, supongo que no, por la fecha de publicación). Admito que ambas lecturas pueden considerarse insufribles, muy especialmente para un domingo. 📖 🤯 🧩 🏺
- Transito una vez más a la noción de que la escritura es juego. La lectura también lo es. La vida misma, el sueño del mundo. Somos animales lúdicos.
- Esta mañana regresé un rato a Minecraft. Construí la primera fase de mi puente apuntando hacia el este, de donde sale el sol. A base de bloques de musgo y polvo de hueso, logré extender los jardines con facilidad. Sembré abedules y cerezos que ahora conviven con los clásicos robles y abetos, además de plantar y fertilizar algunas azaleas porque me encantan sus hojas floreadas. Al inicio del puente armé una pequeña biblioteca con estantes y aseguré el camino con lámparas de cobre; una medida urgente porque, al final del trayecto, empezaron a brotar zombis, esqueletos y arañas gigantes. Después hice algo peculiar: fabriqué libros editables y me dediqué a copiar algunas de mis entradas en ellos, creando un espejo digital de este mismo diario. No es nada muy formal, solo un pasatiempo, el testimonio pixelado de mi vida paralela. Mi plan es seguir tendiendo el puente hacia el este, levantar una pequeña base con su establo y, eventualmente, construir refugios para dormir que marquen exactamente el final de una caminata de un día entero.
- Dejo un registro de mi conciencia dentro de un mundo de bloques, a salvo de los zombis. Se trata de la construcción de una ruina digital que, en el fondo, no deja de ser un juego de escritura, un intrincado mundo de espejos. Hace un momento, la inteligencia artificial me preguntó qué se siente hacer algo así. Y la verdad es que no es algo que se sienta. Tampoco guardo una profunda reflexión filosófica sobre todo este proceso; simplemente lo hago y ya. No todo lo que hacemos tiene que estar justificado por una incesante búsqueda de sentido y, paradójicamente, todo lo que hacemos nos ayuda a encontrarlo. 🤷♂️ 🚶♂️ ✨
- Me encuentro atrapado en el pueblo de Aerith, en el nuevo Final Fantasy VII. Es un barrio de escasos recursos, con casas de techos de plafón, pero tremendamente vivaracho. La gente está afuera, jugando y platicando; los rumores sobre el mercenario que hace favores corren de boca en boca. Hay pobreza, sí, pero también está lleno de hierbas y enredaderas por todas partes. Hay muchísimo verde para ser un pueblo pobre, y en ningún momento se siente como un lugar peligroso. De pronto me asalta un flashback del juego original: ahí uno podía simplemente salir del pueblo y matar bestias a placer. Acá, en cambio, tengo que atenerme a los dictados de las misiones si quiero pelearme con algo. No tengo idea de cómo entrenar a mis monos, ni cómo subir los puntos de mis armas o mis materias. El juego moderno no me da la opción de perder el tiempo con el grinding; me vuelve un prisionero perpetuo del pueblo y de sus designios narrativos. Es un hermoso parque temático donde vivo la experiencia renovada del clásico, con gráficos de punta, actores de voz y una historia significativamente ampliada. Es una película donde puedo moverme, un libro donde puedo actuar, pero me está prohibido abandonar los bordes o traspasar los límites de este mundo. Ahorita voy en la parte de los niños, que resultaron ser unos granujas muy agradables. Uno de ellos, metidísimo en su papel de empleado de Disney, está disfrazado de Mog. Ya me invitaron a formar parte de su gremio y me dan acceso a su escondite para hacer el minijuego de destruir cajas. Aun así, mientras rompo cajas, sigo pensando que lo que realmente quiero es abandonar su mundo y recorrerlo a mis anchas. Cuánto añoro esos tiempos en los que, para emocionarte de verdad con un RPG, lo único que necesitabas ver era la inmensidad del mapa del mundo.
- Hoy grabé tres discos de música. Saqué mi quemador, uno que compré cuando recién me mudé a Puebla, busqué entre mis discos a ver si todavía tenía vírgenes (gg) y bajé algunas listas de música. [ 💿🔄 ] Cometí el error de quemarlos en m4a. El reproductor del auto solo acepta mp3. Así que tuve que buscar más discos, bajar un programa que facilitara la conversión del m4a al mp3 y hacer el procedimiento otra vez. Una tarde del 2026 se convirtió en el verano de 1999, cuando quemaba discos para escucharlos en mi discman y llenar de música aquel largo trayecto hacia la universidad. ( ˘-˘) 🎧
- Programe un helecho caótico con ayuda de la IA, pueden verlo acá.
- He decidido escribir mi última novela, aunque ya abandoné el primer borrador porque el tono no me convencía: resultaba medio trágico y el protagonista no era más que una víctima. Hay unas escenas eróticas ahí que me gustaron muchísimo, pero creo que las reservaré para otro lado. Lo que realmente busco es que esta novela final me sirva de puerta de entrada al espacio juego. Quiero que funcione como un homenaje absoluto a mis obsesiones; no solo a lo que me ayuda a sobrellevar los días, sino a las ficciones que, en su momento, me ayudaron a sobrevivir. Eso explicaría la aparente locura de mis lecturas recientes: Las mil y una noches, el Diccionario jázaro, el Finnegans Wake, La gran historia de los videojuegos, los manuales de rol de DCC y hasta esa novela australiana de isekai. Esta tarde me sorprendí pensando en incorporar la estructura del tarot, para luego llegar a la conclusión de que primero necesito armar un esqueleto, trazar una constelación que guíe la forma de esta novela; exactamente como lo hizo Joyce. [ 🃏🌌 ]
- Tal vez mañana lo haga.
La bendición del día: que nunca te falte la paciencia para convertir formatos ni el polvo de hueso para hacer florecer tus jardines digitales.
Que encuentres siempre la forma de saltarte los designios que intentan encerrarte para que puedas recorrer el mapa del mundo a tus anchas y que, al sentarte a trazar esa última novela, las cartas del tarot te guíen hacia ese glorioso espacio de juego que, al final del día, cuando no ayuda a encontrar nuestro propósito, nos ayuda a sobrellevar el camino hacia la finalidad.
🏰🃏🌅✨ (🙏˘ᵕ˘)
Nos leemos en el próximo punto de guardado.

