11:26 AM

En la entrada de hoy comparto mis impresiones tras ver La Odisea de Christopher Nolan.

Entre el recelo inicial por el reparto de Hollywood y el análisis de sus obsesiones visuales, desgloso cómo esta versión comete el pecado de despojar al héroe de su elocuencia y su palabra.

Al final, me refugio en la intimidad de la página, el único lugar donde el navegante recupera su verdadera voz.

I. 🏛️🎬 ( 👁️ ʖ 👁️)🍿

Ayer vi una de las películas que estuve esperando desde que escuché rumores de su existencia: La Odisea, de Christopher Nolan. Tenía curiosidad por saber cuál sería la versión de este cineasta sobre el héroe más grande de la cultura occidental. Grande es decir poco: Odiseo es el héroe arquetípico, el papá de todos los héroes. Telémaco solamente es uno de sus chamaquitos.

Me costó un poco de trabajo, pero traté de ser lo más limpio posible; por ejemplo, cuando supe que Matt Damon era Odiseo, suspiré y me mordí los labios. Una vez que has leído La Odisea, creas prototipos y escenarios en tu imaginación, diriges tu propia versión. Pones actores, los mejores, los únicos. Cuando se trata de una obra de ese tamaño, se vuelve una gran responsabilidad. Vamos, si el típico nerd enloquece cuando hay un nuevo Han Solo o Boba Fett o lo que sea que se les ocurra… Imagínate escoger a alguien para el papel de Odiseo, el papel de Penélope, el papel de Helena de Troya y Menelao, y Agamenón, y Tiresias.

II. 🏛️📜 ( 👁️ ʖ 👁️)⏳

En el caso de La Odisea, no es como que haya reboots o nuevas versiones cada cierto tiempo. Quizás cada diez o quince años sale una versión que apenas algunos ven, producida por algún canal gringo o británico de tele abierta. TikTok consiguió popularizar a Odiseo a través de una animación cantadita planeada por Jorge Rivera-Herrans. Y en estos años se volvió popular una nueva traducción, la de Emily Wilson, donde propone una nueva terminología no solo como un ajuste de estos tiempos, sino también como una discusión a traducciones pasadas que —como Nolan— trataban de apropiarse del texto a través de una perspectiva: la poética y el entorno mismo del traductor (traduttore, traditore).

La Odisea es un portento, un himno, pero no es un blockbuster para atraer a la gente, como alguna película de superhéroes. Su poética complica su lectura como un libro de estos tiempos y su lectura, aunque yo la considero necesaria, misteriosamente no lo parece porque, cuando alguna persona lee La Odisea, se da cuenta de que todo el tiempo la ha estado leyendo a través de otras obras: un héroe de guerra viaja para regresar a casa; un pirata recorre las islas para encontrar el One Piece; un jedi recorre la galaxia para encontrarse con el holograma hecho carne; un hombre que codicia poderes masculinos y femeninos tiene que someterlos para controlar la especia; una mujer se infiltra en el ejército disfrazada de hombre para salvar a su padre.

Sin embargo, hay un gran riesgo en que Nolan le ponga una cara fílmica, popular y estridente a Odiseo. De una manera ambiciosa, está apropiándose de la historia del Padre Héroe (claro, es solamente una versión, es un intento; ya nadie puede apropiarse de La Odisea porque nos pertenece a todos). También está la cuestión peliaguda de que Hollywood, desde hace cuarenta años, produce variantes del viaje del héroe —el cual es Odiseo por excelencia—, entonces podría considerarse irónico que, finalmente, Hollywood haya vomitado una versión de versiones: todos los aprendizajes de Odiseo metidos en una lata de sopa.

III. 🎯⚓ (🎬•̀_•́)🍿

Notas sobre La Odisea (puede haber spoilers porque Nolan cambia la historia para adaptarse a sus deseos):

  1. Nolan es efectivo para crear amuletos, objetos de poder que resuenan dentro de la obra: la fotografía de Memento, la armadura de Batman, el diario de Joker (sé que es de Heath Ledger, pero el proceso mismo lo empujó a crear este objeto divino que vive fuera de la obra), la peonza de Inception y, en esta ocasión, el arco de Odiseo. De todos los objetos que ha creado, este último es mi preferido.
  2. Nolan y su obsesión por crear un nido de historias, de engaños y de perspectivas. Capas y capas que estamos pelando. No solamente es La Odisea, sino que es el siguiente nivel del director. Pienso lo mismo que algunas personas misteriosas en el internet: creo que faltó la presencia de los dioses. Por esto mismo, Atenea se convierte en un descubrimiento interesante y su revelación es notable.
  3. Yo sí creo que Lupita Nyong’o puede ser Helena de Troya. Anne Hathaway como Penélope estuvo excelente. Cuando le recuerda a su hijo que ella ha estado veinte años en el trono, defendiendo las tradiciones y usando todos los elementos posibles para esperar el retorno del rey, está increíble.
  4. Aprecio la fotografía nocturna de Nolan; es de lo mejor que se ha visto en estos tiempos. Es de notarse que la noche de Troya no se tragó la presencia de Agamenón. Una parte del internet parece celebrar sus vibras de Darth Vader con la armadura oscura que porta. Bueno, quizás merece la pena recordar que Agamenón es… eh, patético. Una vez que Nolan le quita la armadura, esconde su rostro continuamente; eso me pareció genial.
  5. El descubrimiento de Argos como este perro enfermo que apenas puede moverse. No lloré la primera vez que lo vi, pero sí la segunda, cuando no puede contenerse y mueve la cola al ver llegar a su compañero de caza.
  6. Lloré cuando Odiseo «entra a las puertas del inframundo». Uno de los detalles que más me conmueve y emociona de Odiseo es que su viaje lo lleva al Hades. Odiseo habla con los muertos y descubre entre ellos al oráculo Tiresias (y hermafrodita, ojito ahí). Es la primera persona que entra con vida y sale con vida. Odiseo lleva en su carne a los espíritus, el reino de los muertos; verlo en pantalla me desarmó.
  7. El Odiseo de Nolan no solamente carece de los dioses, el aspecto divino, sino también de la palabra. Ni siquiera lo intenta. En el encuentro con Polifemo, cuando sus soldados le sugieren «negociar con la criatura si esta habla», Odiseo responde: «Ya estamos más allá de ese punto». Declaración de principios: Odiseo como recurso fílmico, un títere que navegará por dioramas que nos recuerdan la verdadera Odisea (hermosos y conmovedores, lindas imágenes para acompañar una lectura). Lo cual es tristón y patético, porque al final lo suben a un barco para «dejarse ir», «abandonarse a los designios de Poseidón y pedir su perdón». Pues qué Odiseo tan blandengue: no platica, no seduce, no engaña. Odiseo no solamente es el prototipo del héroe, sino también del antihéroe. Uno de los momentos más placenteros es cuando Odiseo le saca el ojo a Polifemo con una lanza y le grita: «¡Cabrón, mi nombre es Odiseo y soy el chingón de este barrio, y hazle como quieras!». La falta de elocuencia es notable en casi toda la película.
  8. Como el aspecto divino se ha perdido, también se ha perdido esa otra parte que es especialmente hermosa: los lotófagos, la cual debió ser la primera isla, pero la colocan en otro lado y con otras intenciones. Hace unos ajustes ahí —el poderosísimo poder del guion— y nos hace creer que una cosa es otra cosa, y otra cosa es otra cosa, y las cosas que fueron cosas ya no son cosas, sino cosas y otras cosas. Me gustaría sugerir que Inception, de Nolan, es un viaje de lotófagos; lástima que no pudimos verlo acá.
  9. Por último, aunque Odiseo ha perdido la palabra en esta versión, recupera un poco de su voz cuando es atado al mástil y escucha el canto de las sirenas. Es, quizás, una de las escenas más hermosas de esta obra. Matt Damon hace la chamba.

IV. 🌅⚓ ( ˘─˘)っ✨

La función termina y queda en el aire una certeza: el cine contemporáneo puede levantar dioramas espectaculares y atraparnos en laberintos de tiempo, pero sigue siendo incapaz de enjaular al mito. El Odiseo de Nolan funciona como un estimulante festín visual —es espectacular cuando Circe convierte a los hombres de Odiseo en cerdos, body horror machín, machín—, un ejercicio ambicioso que peca de solemne al despojar al héroe de su picardía y su palabra. Sin embargo, La Odisea posee una naturaleza indestructible que escapa a las obsesiones de cualquier director.

Hollywood puede continuar reciclando el viaje del héroe en moldes de consumo masivo, pero creo imposible conquistar a Troya e Ítaca en una pantalla IMAX (aunque casi, casi lo consigue; el castillo de Ítaca me pareció un portento arquitectónico, un viaje de memoria y de tiempo). Odiseo habita, como siempre, en la intimidad de la imaginación, en ese lugar donde personalizamos la religión, las creencias, la ficción y los mitos; ahí es donde el navegante recupera su voz (una que podemos hacer nuestra) para recordarnos por qué, después de miles de años, seguimos perdidos en sus islas y que podemos retrasar, perpetuamente, todos los viajes para regresar a casa.

La bendición del día

Que ante los blockbusters ruidosos y las latas de sopa industrial que a veces nos vende la rutina, mantengas siempre intacto el control de tu propio timón y la soberanía de tu imaginación.

Que nunca te haga falta la elocuencia ni la astucia para plantarte frente a los cíclopes cotidianos y recordarles quién manda en el barrio, negándote rotundamente a ser un títere mudo atrapado en dioramas ajenos.

Que si te toca descender a tus propios inframundos a dialogar con las sombras, tengas la entereza de salir con vida; y que al volver, siempre te espere un Argos fiel que te reconozca y te mueva la cola.

Que poseas la fuerza para atarte al mástil cuando las sirenas del autoengaño canten demasiado fuerte y que, finalmente, te concedas el lujo sagrado de perderte en tus propias islas, recordando que siempre se vale retrasar, perpetuamente, el viaje de regreso a casa.

¡Nos vemos después del canto de las sirenas, imaginante!