1:26 PM

En la entrada de hoy transito entre la metafísica cotidiana, el absurdo burocrático y la indignación social.

Empiezo saboteando una pregunta automatizada de WordPress para rescatar el entrañable anhelo vegetal de mi abuela y declarar mi postura ante la única vida que nos toca jugar.

Después, me acomodo como un fifiriche casual frente al lento viacrucis de la salud pública, y cierro con una disección frontal sobre la miseria espiritual y la soberbia de un viejo poder corrupto que se niega a la irrelevancia.

I. 🦉🌳 ( ゚Д゚)🍃

WordPress preguntó en el dashboard: «Si fueras un animal por una semana, ¿qué animal te gustaría ser?». Primero me puse chistoso: «Bro, sería un güey, jaja. Una vaca pastando. Jaja. Ya soy bien animalito, bro, jaja». Supongo que alguien se tomará la pregunta en serio: «Carnal, quiero ser un águila real y sobrevolar las alturas como el chingón de mis dominios». En este instante, tomándose la pregunta desde otra perspectiva, una más slice of life, unos pajaritos cantan afuera de mi ventana y pienso: «Me gustaría ser como ellos». Pero el bro que escogió ser el águila real ya estaría aterrizando rapazmente para destruirme o algo así.

Si pensara en alguno de mis cuentos, quizás me gustaría ser un caracol o una tortuga: una piedra biológica de pensamiento lento y continuo, los animales que navegan los ríos temporales.

Mi abuela, cuando era su chiquillo, alguna vez escuchó mi pregunta extraña: «¿Te gustaría revivir como un animal?». Ella me dijo: «Me gustaría ser un perro o… —se corrigió casi al instante—, mejor me gustaría ser un árbol». «Pero abuela —pensé—, ¿qué pasa si el perrito te hace pipí encima?». Me contuve por obvias razones. Lo que sí le dije fue: «Oye, pero un árbol no es un animal», y ella respondió: «No me importa, no quiero caminar, buscar alimento, tener problemas. Solo quiero ser un árbol, estar plantada y crecer, sin pensar en nada más».

A veces, cuando estoy deprimido, pienso que ella tiene razón, aunque estoy cada día más seguro de que la resurrección no existe y que solamente tenemos una oportunidad, una vida; lo mejor que podemos hacer es jugársela hasta el final de los días. Jugar y divertirse, crear juegos y entornos de amor para los nuestros. Estás apostando la vida por lo que más quieras, y eso que quieres es algo íntimo, algo oculto, algo que solamente tú sabes y nadie más.

Kafka me ha enseñado que no me gustaría ser un escarabajo o una cucaracha. Creo que no me gustaría ser una rata, pero no lo descarto del todo; y aunque amo los tlacuaches, tengo la impresión de que Dios no me permitiría ser uno, y que me falta dignidad y valentía. Quizás la pregunta está verdaderamente dirigida a furros y therianes. Ellos se ponen su traje, asumen su persona y ya, viven otra vida. Fácil.

II. 🏥💊 ( ゚Д゚)⏳

Una mañana de unidad médica familiar para recoger mi receta. Me formé y me di cuenta de que estaban enviando a la gente a coordinación para cambiarla. Van dos veces que falta alguno de los medicamentos; ya me esperaba una tercera. Adelante de mí, un viejo poco paciente, cuando tuvo la noticia de que faltaba algo, soltó un: «No es novedad, nunca hay medicinas». Uno de esos discursos que siguen flotando en el aire, post-COVID. El señor, un poco impaciente, recogió las pastillas que sí le dieron y se fue.

Entregué la mía y me dieron el mensaje de rigor: «Le tienen que cambiar toda su receta, vaya a coordinación». Yo le mandé un mensaje a mi esposa para que buscara estacionamiento. Fui a la oficina de coordinación; una doctora me dijo: «Vamos a tardar, ¿eh?, porque son muchas». Señaló un bonche de papeles, decidí creerle y le dije: «Sin problemas».

Me recargué en un pilar porque todos los asientos estaban ocupados y puse mi mejor mentalidad de fifiriche casual, en espera de alguna galanura. En eso se me fue toda la mañana. Cuando me dieron mi receta, noté que no había cambiado nada; solo me dieron algunos compuestos por separado, por alguna extraña razón.

III. 🎯🚗 ( 💥•́__•̀)🏢

Hace poco detuvieron al tirador de la Atlixcáyotl, un hombre llamado Rafael Z. Aparentemente, era un hombre que le disparaba a los autos desde una posición alta, conveniente, como lo hacen los francotiradores que prontamente alcanzan el complejo divino. Según tengo entendido, no mató a nadie; nomás espantó a quien fuera pasando, según sus antojos y deseos. Es un hombre de origen español que, durante el gobierno priista de Marín, obtuvo contratos millonarios de farmacéuticos. Tiene su propia gasolinera en algún lugar.

Su familia, según dicen las redes —aunque me gustaría creer que exageran—, abrió un Change.org para que firmes y ratifiques el prestigio del señor. Está chistoso, al final, que estén primero preocupados por su expresión social que por otra cosa, como su sociopatía, por ejemplo. Medio vi el video de su captura y disparó a los agentes que estaban a cargo de detenerlo. Por fortuna, nuevamente, no mató a nadie.

Yo lo que pienso es que odia a México y odia a los mexicanos profundamente. Pienso que es un hombre desagradable, de esos que cuando tienen poder no dejan de usarlo y no dejan de expresarlo. Y ahora que es un hombre viejo al que nadie hace caso, lo mejor que pudo hacer fue conseguir un arma y dispararle a los autos desde una posición de poder y de prestigio, desde las alturas, desde aquello que perdió hace tiempo. Ese es el nivel de su pobreza espiritual e intelectual, no se hable de su nivel moral, y no quiero imaginar lo que significa ser su empleado, o ser su hijo, o ser algo que esté en sus periferias.

Ojalá reciba lo que merece, con eso concluyo, y me olvidaré de su nombre, y su existencia, porque no merece más.

La bendición del día

Que cuando el peso de los días te abrume, poseas la sabiduría vegetal de tu abuela para anhelar la quietud de un árbol que solo crece sin pensar en problemas, pero que recuperes de inmediato la lucidez para recordar que esta es nuestra única oportunidad y que vale la pena jugársela toda, todititita y todototota entera, construyendo entornos de amor y juego para los tuyos.

Que ante los laberintos de las salas de espera, el desabasto y los trámites absurdos de la vida, nunca te falte la ligereza y el porte para recargarte contra un pilar de concreto y encender tu cigarrito imaginario, para convertir el tiempo muerto en humo.

Y que, finalmente, te mantengas siempre a salvo y a una distancia saludable de la periferia de aquellos personajes que, carcomidos por su propia ruina, solo saben relacionarse con el mundo a través del desprecio, los delirios y la violencia.

¡Anda tranquilo, la Atlicáyoxtl está libre de tiradores!