Esta entrega es un recorrido íntimo por las arquitecturas de la ausencia, disparado por la mítica figura de Sam Neill como un padre construido con piezas de Lego.
El texto camina a través de la nostalgia analógica de los engranes y estilógrafos olvidados en las madrugadas de la juventud.
Finalmente, se cruza con las místicas sincronías de La historia interminable y Manifest para aterrizar en la neurosis elegante de Archer, el gato cuyas piruetas actúan como el bálsamo perfecto para sanar el pasado.
I. 🦖🌌 (🎬•́__•̀)🌾
Desperté con la noticia de que Sam Neill está muerto. El doctor sardónico de Jurassic Park. Navegante espacial y detective de la locura; mago supremo, almirante o capitán de un submarino, no estoy muy seguro. Como fui un chico sin padre, no me era difícil buscar en Hollywood un prototipo de lo que me gustaría que fuera mi padre. Como dice el viaje del héroe: los huérfanos son los héroes predilectos porque en ellos podemos construir a nuestra familia ideal; nuestras mitologías internas son como una arquitectura de Lego, tan versátiles e imaginativas cómo queramos hacerlas con los referentes que ya tenemos.
Por hoy, solamente por hoy, diré que Sam Neill es mi padre.
Buenas noches, Sam. Quizás lo que más recuerdo de tus actuaciones son tus ojos espesos e intensos. Lo que recuerdo, en segundo lugar, es tu sonrisa de hartazgo y cómo esta construcción de tu rostro llevaba a una cadencia muy particular en tus diálogos. Espero que estés montando unos raptores en las praderas de un cielo oscurecido por un dios primordial.
II. 🚬👨👦 ( ゚Д゚)💨
Como este día trata de daddy issues, anoche leí un diálogo que me conmovió en un cuento de Carver. Un chico habla con su padre antes de dormir; está profundamente agitado porque vio a su padre pelearse a golpes con otro señor para defenderlo a él. Eso lo emociona mucho porque lo mira, por primera vez, desde otra perspectiva: una ajena, salvaje y sin filtros. Dice el niño:
“¿Papá? Pensarás que estoy mal de la cabeza, pero me gustaría haberte conocido cuando eras pequeño. O sea, cuando tenías más o menos mi edad. No sé cómo decirlo, pero eso me hace sentirme un poco solo. Es como… como si te echara ya de menos si ahora me pongo a pensarlo. Una idea de locos, ¿no te parece? Bueno, déjame la puerta abierta, por favor.”
Carver empieza este cuento con el hombre tratando de dejar el cigarrillo. Es un maestro.
III. 📐☕ ⚙️(_ _ )zZ
Este fin de semana dormí muy mal porque me levanté a trabajar tempranísimo. Tocó evento especial del juego por su aniversario. No fue difícil, digamos, pero tenía que estar atento. Tres litros de café para mantenerme despierto y, luego del evento, dormí intermitentemente como un oso al que le quebraron la hibernación. Recuerdo cuando era un chaval y mi única preocupación de madrugada eran las láminas de dibujo técnico. El trabajo que no había hecho en la semana se acumulaba en dos, tres, cuatro o seis láminas. Según mis cuentas, quería hacer todas un miércoles en la madrugada, una tras otra; muy irresponsable. Encendía el televisor y prefería mirar películas del cine de oro o la repetición de telenovelas viejas. Me decía a mí mismo: “en quince minutos termino una y luego ya va la que sigue”. La misma mentira, cuando sabía perfectamente que cada lámina podía tomarme 45 minutos o más de una hora, dependiendo de la tinta y de si no la regaba con mi estilógrafo. Sí, las hacía, pero mal e incompletas; sacrificaba entregas.
Décadas después, pienso que tengo esta habilidad mediocre que no tengo idea de cómo expresar o utilizar, porque al final pasé muchas horas en eso. No tengo un restirador, no tengo estilógrafos, tampoco tengo papel albanene, ni pienso en figuras isométricas y cómo colocarlas en los espacios. Todavía conservo las escuadras, pero ¿de qué me sirven? Muchos años cargué con mi portaláminas, que eventualmente se quedó atrás en alguna mudanza. Sabía hacer engranes —era uno de mis ejercicios preferidos—, pero temo que ya lo olvidé. Tengo navajas para limpiar el papel y un montón de lápices que rara vez utilizo, pero eso es todo. Hoy pienso que debería honrar esa parte de mi vida. Quién sabe si lo haré aunque, en otro tono, puede que de algún modo ya lo esté haciendo. Escribir de ello es una manera de no olvidarlo.
IV. 🃏📚 ✨( ˘▽˘)っ📖
WordPress pregunta cuál ha sido el libro que he leído más veces. Creo que La historia interminable, el cual habré leído más de seis o siete veces. Curiosamente, justo este domingo terminé de ver una serie llamada Manifest. En sus últimos capítulos mencionan La historia interminable como uno de los libros esenciales de algunos personajes. La serie conecta los arquetipos del tarot y otras simbologías, así como parece hacerlo La historia interminable con la cantidad de personajes y entornos que maneja. Me pareció curioso que me recordaran mi libro preferido («nada es casualidad, todo está conectado», dicen ominosa y jocosamente los personajes de Manifest). Anotaré esto en mi diario de papel. Quizás deba prestar atención al clima, a las casualidades, a las pequeñas cosas que pasan.
V. 🐈🐾 (ↀДↀ)✨
Archer, algunas veces, se acerca para restregarse contra mis piernas. No sé por qué, pero hace un saltito, como si tratara de alcanzar algo por encima de él. Luego se gira sobre su eje, se restriega y hace uno o dos saltitos más. Maúlla chiquito, un poco coqueto. Alcanzo a tocarle la cabecita, pero rápidamente se aleja porque no me necesita. Me cuesta aprender que son los gatos quienes controlan la intensidad, la intención y el desarrollo de las caricias. Con ese acto, parece un gatito de circo con un acto bien entrenado. Me pregunto si es un condicionamiento de sus otras vidas.
Tiene otras rutinas igual de encantadoras, como cuando se tira a la mitad de la nada, da vueltas en el piso y maúlla él solo. Te acercas para acariciarle la pancita porque has notado que hay un gato a la mitad de todo, santo cielo, alguien debe acariciarlo y, cuando estás a uno o dos pasitos, él se levanta rápidamente y se va; maúlla travieso, como si dijera: «Hey, pequeño imbécil, ¿no dijiste que no te ibas a enamorar de mí?». Y yo me río porque siempre caigo en su trampa. Y le digo: «Don Piruetas, ¿a dónde vas, don Piruetas?». Pero él ya ha desaparecido, como este espíritu blanco que aceptó nuestra casa y ha curado, con su neurosis gatuna y elegante, la partida de Nico.
La bendición del día
Que cuando el mundo exterior te recuerde las ausencias, poseas la magia interna para edificar tu propia mitología de refugio con los retazos perfectos de la ficción y el celuloide.
Que tengas la ternura para dejar la puerta abierta a los recuerdos, reconciliándote con el chaval que fuiste y honrando cada hora invertida en tus antiguos trazos, aunque hoy tus escuadras y tus líneas isométricas descansen en el desuso.
Que afines la mirada para notar las pequeñas cosas, el clima y esas hermosas casualidades que se empeñan en recordarte que todo está conectado en tu diario de papel.
Y que, sobre todo, caigas siempre desarmado ante el juego de las rutinas de tu hogar, permitiendo que la elegante neurosis de un «Don Piruetas» llene los espacios vacíos y cure de golpe los fantasmas del ayer.
Nos vemos pronto.
