Autor: arbolfest

  • 1:26 PM

    1:26 PM

    En la entrada de hoy transito entre la metafísica cotidiana, el absurdo burocrático y la indignación social.

    Empiezo saboteando una pregunta automatizada de WordPress para rescatar el entrañable anhelo vegetal de mi abuela y declarar mi postura ante la única vida que nos toca jugar.

    Después, me acomodo como un fifiriche casual frente al lento viacrucis de la salud pública, y cierro con una disección frontal sobre la miseria espiritual y la soberbia de un viejo poder corrupto que se niega a la irrelevancia.

    I. 🦉🌳 ( ゚Д゚)🍃

    WordPress preguntó en el dashboard: «Si fueras un animal por una semana, ¿qué animal te gustaría ser?». Primero me puse chistoso: «Bro, sería un güey, jaja. Una vaca pastando. Jaja. Ya soy bien animalito, bro, jaja». Supongo que alguien se tomará la pregunta en serio: «Carnal, quiero ser un águila real y sobrevolar las alturas como el chingón de mis dominios». En este instante, tomándose la pregunta desde otra perspectiva, una más slice of life, unos pajaritos cantan afuera de mi ventana y pienso: «Me gustaría ser como ellos». Pero el bro que escogió ser el águila real ya estaría aterrizando rapazmente para destruirme o algo así.

    Si pensara en alguno de mis cuentos, quizás me gustaría ser un caracol o una tortuga: una piedra biológica de pensamiento lento y continuo, los animales que navegan los ríos temporales.

    Mi abuela, cuando era su chiquillo, alguna vez escuchó mi pregunta extraña: «¿Te gustaría revivir como un animal?». Ella me dijo: «Me gustaría ser un perro o… —se corrigió casi al instante—, mejor me gustaría ser un árbol». «Pero abuela —pensé—, ¿qué pasa si el perrito te hace pipí encima?». Me contuve por obvias razones. Lo que sí le dije fue: «Oye, pero un árbol no es un animal», y ella respondió: «No me importa, no quiero caminar, buscar alimento, tener problemas. Solo quiero ser un árbol, estar plantada y crecer, sin pensar en nada más».

    A veces, cuando estoy deprimido, pienso que ella tiene razón, aunque estoy cada día más seguro de que la resurrección no existe y que solamente tenemos una oportunidad, una vida; lo mejor que podemos hacer es jugársela hasta el final de los días. Jugar y divertirse, crear juegos y entornos de amor para los nuestros. Estás apostando la vida por lo que más quieras, y eso que quieres es algo íntimo, algo oculto, algo que solamente tú sabes y nadie más.

    Kafka me ha enseñado que no me gustaría ser un escarabajo o una cucaracha. Creo que no me gustaría ser una rata, pero no lo descarto del todo; y aunque amo los tlacuaches, tengo la impresión de que Dios no me permitiría ser uno, y que me falta dignidad y valentía. Quizás la pregunta está verdaderamente dirigida a furros y therianes. Ellos se ponen su traje, asumen su persona y ya, viven otra vida. Fácil.

    II. 🏥💊 ( ゚Д゚)⏳

    Una mañana de unidad médica familiar para recoger mi receta. Me formé y me di cuenta de que estaban enviando a la gente a coordinación para cambiarla. Van dos veces que falta alguno de los medicamentos; ya me esperaba una tercera. Adelante de mí, un viejo poco paciente, cuando tuvo la noticia de que faltaba algo, soltó un: «No es novedad, nunca hay medicinas». Uno de esos discursos que siguen flotando en el aire, post-COVID. El señor, un poco impaciente, recogió las pastillas que sí le dieron y se fue.

    Entregué la mía y me dieron el mensaje de rigor: «Le tienen que cambiar toda su receta, vaya a coordinación». Yo le mandé un mensaje a mi esposa para que buscara estacionamiento. Fui a la oficina de coordinación; una doctora me dijo: «Vamos a tardar, ¿eh?, porque son muchas». Señaló un bonche de papeles, decidí creerle y le dije: «Sin problemas».

    Me recargué en un pilar porque todos los asientos estaban ocupados y puse mi mejor mentalidad de fifiriche casual, en espera de alguna galanura. En eso se me fue toda la mañana. Cuando me dieron mi receta, noté que no había cambiado nada; solo me dieron algunos compuestos por separado, por alguna extraña razón.

    III. 🎯🚗 ( 💥•́__•̀)🏢

    Hace poco detuvieron al tirador de la Atlixcáyotl, un hombre llamado Rafael Z. Aparentemente, era un hombre que le disparaba a los autos desde una posición alta, conveniente, como lo hacen los francotiradores que prontamente alcanzan el complejo divino. Según tengo entendido, no mató a nadie; nomás espantó a quien fuera pasando, según sus antojos y deseos. Es un hombre de origen español que, durante el gobierno priista de Marín, obtuvo contratos millonarios de farmacéuticos. Tiene su propia gasolinera en algún lugar.

    Su familia, según dicen las redes —aunque me gustaría creer que exageran—, abrió un Change.org para que firmes y ratifiques el prestigio del señor. Está chistoso, al final, que estén primero preocupados por su expresión social que por otra cosa, como su sociopatía, por ejemplo. Medio vi el video de su captura y disparó a los agentes que estaban a cargo de detenerlo. Por fortuna, nuevamente, no mató a nadie.

    Yo lo que pienso es que odia a México y odia a los mexicanos profundamente. Pienso que es un hombre desagradable, de esos que cuando tienen poder no dejan de usarlo y no dejan de expresarlo. Y ahora que es un hombre viejo al que nadie hace caso, lo mejor que pudo hacer fue conseguir un arma y dispararle a los autos desde una posición de poder y de prestigio, desde las alturas, desde aquello que perdió hace tiempo. Ese es el nivel de su pobreza espiritual e intelectual, no se hable de su nivel moral, y no quiero imaginar lo que significa ser su empleado, o ser su hijo, o ser algo que esté en sus periferias.

    Ojalá reciba lo que merece, con eso concluyo, y me olvidaré de su nombre, y su existencia, porque no merece más.

    La bendición del día

    Que cuando el peso de los días te abrume, poseas la sabiduría vegetal de tu abuela para anhelar la quietud de un árbol que solo crece sin pensar en problemas, pero que recuperes de inmediato la lucidez para recordar que esta es nuestra única oportunidad y que vale la pena jugársela toda, todititita y todototota entera, construyendo entornos de amor y juego para los tuyos.

    Que ante los laberintos de las salas de espera, el desabasto y los trámites absurdos de la vida, nunca te falte la ligereza y el porte para recargarte contra un pilar de concreto y encender tu cigarrito imaginario, para convertir el tiempo muerto en humo.

    Y que, finalmente, te mantengas siempre a salvo y a una distancia saludable de la periferia de aquellos personajes que, carcomidos por su propia ruina, solo saben relacionarse con el mundo a través del desprecio, los delirios y la violencia.

    ¡Anda tranquilo, la Atlicáyoxtl está libre de tiradores!

  • 9:41 AM

    9:41 AM

    Esta entrega es una crónica irreverente y —espero— lúcida que arranca con el pánico de las etiquetas juveniles en el aula y termina refugiándose en el cinismo ilustrado de Carlos Monsiváis.

    Entre un repaso al declive narrativo del cine imperial y la trinchera analógica que blinda dieciocho años de matrimonio frente al algoritmo, escribo un pequeño manifiesto a favor de la intimidad y (probablemente) el derecho al placer inútil de las ficciones.

    I. 🏫💥 (🎬•́__•̀)⏰

    Ya que pasaron unos años del evento, recuerdo que alguna vez, mientras revisaba trabajos en equipo, una alumna se acercó y me preguntó de forma estridente: «Profe, ¿y alguna vez usted dejó de ser fuckboi?». Sonaron las alarmas; alguien aventó una granada. Los alumnos alzaron la vista, se miraron entre ellos y luego me voltearon a ver. Lenguaje de chavos, tema escabroso, sirenas antibombas a todo lo que dan, ¡escóndete! Pero la reconocía como una de esas chamacas que tienen los filtros disminuidos, así que no le tomé mucha importancia en ese momento.

    Al instante, tuve una respuesta mental: «Quizás debería preguntarle a mi esposa si he dejado de serlo». Otra respuesta que no pasó el filtro de cerebro a boca: «¿Eh? ¿Quién te habló del jovenazo Agustín Fest, fuckboi profesional?». En ese momento, seguramente respondí algo neutral, como de señorcitos, un murmullo de: «Nombre, para nada, a ver… primero, qué es eso de fuckboi, explícame», pero no lo recuerdo, porque la pregunta me agarró por sorpresa y a estas alturas la respuesta fue cualquier cosa.

    Años después sigo pensando en ello.

    Fue la misma clase donde otra alumna me dijo: «Usted tiene cara de omega». Y yo, por dentro, me acaricié la cara y me dije: «No quiero saber qué chingados es un omega». Aunque me daba una buena idea; después de todo siempre estoy navegando en internet, estudiando nuevas narrativas porque soy curioso, y estoy loco. Pero también estoy en mis cuarenta y tantos, me duelen las rodillas, mi cuerpo se sostiene milagrosamente. Tengo suerte si soy un gamma (jaja), o un epsilon. Prefiero dejar el lenguaje de los chavos como lo que es: algo ajeno, lejano, quizás intocable.

    Dudo ser un omega y, definitivamente, no podría ser un fuckboi. Pero ¿qué es eso, además de lo obvio? Porque seguramente tiene sus matices, sus grandes posibilidades, sus variantes alternativas. ¿Alguna vez lo fui? Bueno, si acaso soy un viejo puerco y sincero, creo que siempre lo he sido. Es decir, viejo puerco del nivel: sigo a Sydney Sweeney e Izzy Brooks en Instagram. Nunca abro X porque me distrae su porno dirigido a mi segmento. Aunque tampoco soy viejo; me faltan unos añitos para esa denominación.

    Soy un preoldboi.

    II. 💍🤫 (🕶️¬‿¬)🍯

    Hace unos días, una de mis alumnas más chidas preguntó: «¿Por qué nunca veo fotos tuyas de Sol en tu Instagram?». Por otra parte, para echarle gasolina al fuego, nunca llevo mi anillo de casado (se perdió en uno de mis viajes, al segundo año de casados). El oldboi es bien fuckboi, está disponible, ¡éjele!

    Hace unos días cumplimos dieciocho años de casados. Hablar de nuestra historia es complejo —llena de emoción y complicidades—, pero con la agresividad que tienen las redes sociales y sus algoritmos de estos tiempos, prefiero no revelar algunos misterios. Me guardo algo para mí. Tampoco tengo fotos actuales con mis amigos o mis colegas; no muchas, digo. Sin embargo, creo que escribo de Sol todo el tiempo, muy seguido, de cómo su presencia en mi vida ha iluminado algunas oscuridades. La presencia de Sol está en la ficción que he escrito y he publicado, y también está en este espacio donde puedo hablar de lo que vivo y que no está matizado por el engagement y el flujo de la información. Curiosamente, leyendo se puede saber más de mí que en cualquier otra parte. Aquí escribo de algunos enojos, algunas carencias, fantasías y ficciones. Este templo contiene un nicho muy particular, uno de los santitos que están en una esquina es patrono de la vida normal de una pareja casada y sus efectos.

    Nunca he querido convertir mi vida íntima en un show de Instagram. Brevemente, cuando fuimos novios y existía algo llamado Big-Blogger (una suerte de Instagram durante los dosmiles), publicábamos muchas fotos juntos y luego era un tema de aguantar a los haters y los comentarios ojetes. No es algo que me gustaría que se repitiera bajo ninguna circunstancia, aunque actualmente soy nadie para los algoritmos. Este es un espacio para celebrar nuestros dieciocho años de casados. Aquí seguimos, a pesar de que el marido ha hecho todo lo posible para tener enfermedades mortales, crónicas, degenerativas, perversas, y de que es un maldito fuckboi.

    III. 🦸🏼‍♀️🚀 (🎥•̀_•́)🍿

    Vi Supergirl. Creo que es una película con problemas de ritmo. Me cuesta trabajo asimilar la idea de que Supergirl es una aventurera espacial porque no fueron los cómics que yo leí, o el personaje que yo tenía registrado, pero aparentemente es una iteración muy popular de estos tiempos; válido. La actriz, Milly Alcock, me parece fabulosa; tiene registros chidos, encantadores. La vi en la primera temporada de los dragones de Game of Thrones (solamente la primera, intenté seguirla pero me aburrió) y me pareció una buena actriz. La otra chamaquita (Eve Ridley) también actúa muy bien y Jason Momoa como Lobo me pareció… eh, no sé, gordo y huevón. Soy yo actuando como Lobo.

    Se nota la influencia de Gunn: los superhéroes como los nuevos líderes en el género de las operetas espaciales. Intenta algo en el departamento de música pero no me pareció efectivo (como sí lo fue en Guardians of the Galaxy o Suicide Squad). En conclusión, me pareció una película convencional de superhéroes, cumplidora de estándares. Estuvo bien verla en el cine, pero mejor la hubiera visto en streaming. Esto es lo que se está perdiendo en estos tiempos y de lo que nos advierten algunos cineastas: el ritmo narrativo, la maestría de cámaras e iluminación, la vista de cómo llevamos una película a una pantalla de cine para engullir al espectador y transportarlo a otra parte. Supergirl no lo consigue, quizás apenas. Aunque tiene estos problemas, tampoco entiendo por qué tanto odio en redes sociales.

    Sol me comentó que había una expresión migrante por ahí. Chica blanca, de ojos azules, interpreta un papel de migración a través de las dificultades de adaptarse; el lenguaje, por ejemplo. Muy similar al clásico argumento de que Superman —el übermensch— es primero migrante que otra cosa. Yo solo pude pensar que los gringos tienen estas historias, pero en capas superficiales, porque no han hecho nada por ellos, o por el mundo. Trump sigue en la presidencia.

    Sabrá Dios si estas exigencias a la ficción son justas. Hace poco leí una cita de Borges sobre la utilidad de la poesía. Parafraseando, Borges responde: «¿Para qué sirvo yo? ¿Para qué sirven los cafés de la mañana?». Buscar la utilidad en la ficción es mezquino y desolador. Creo que Borges respondería lo suyo con una sonrisa. Somos una broma, quizás, la búsqueda es no tomarnos demasiado en serio cuando nos veamos en el espejo.

    IV. 📚🇲🇽 ( ̄. ̄)🥃

    Terminé el libro de Carver y he comenzado un libro de ensayos sobre escritores mexicanos de Carlos Monsiváis. Me voy a tatuar en el brazo: leer me gusta mucho. Dice Carlos Monsiváis en Los rituales del caos:

    Convénzanse, uno no triunfa, uno nace en el triunfo y allí se consolida; quien en estos años quiere triunfar, será siempre un fracasado. El triunfo es cada vez más herencia genética: destreza en las finanzas, la política, el cultivo de las relaciones. Es ridículo andar por la calle musitando consejas y máximas («el éxito es una convicción íntima»); ésas son andaderas mentales, puras pendejadas.

    Salud por eso, Carlitos. Perdón, don Monsiváis. Mientras lo leo, caigo en cuenta que murió en el 2010 y que se salvó de la pandemia. Me quedaron ganas de escuchar sus pensamientos sobre este evento transformador y devastador para muchos.

    La bendición del día

    Que en este ecosistema devorado por las métricas del engagement y la urgencia de los escaparates digitales, mantengas intacta la soberanía de tus rodillas cuarentonas y la gloriosa autocrítica de ser un digno preoldboi.

    Que la presencia de tu propio sol continúe iluminando cada una de tus zonas oscuras, permaneciendo a resguardo de las dinámicas agresivas del internet, porque los secretos mejor guardados no se revelan en una galería de fotos.

    Que cuando el mundo moderno intente medirte bajo la vara de la productividad, tengas siempre a la mano la elegancia borgeana para recordar que la ficción, la poesía y los cafés de la mañana no necesitan tener una utilidad práctica para justificar su existencia.

    Y que, finalmente, frente a las andaderas mentales del éxito corporativo y las máximas baratas del optimismo, te cobije la lucidez implacable de don Monsiváis para brindar con el cinismo de un viejo puerco y sincero por las ficciones que verdaderamente nos salvan la vida.

    Que el día de mañana nos encontremos en un planeta de súper héroes y villanos retirados.

  • 10:54 AM

    10:54 AM

    Esta entrega es un recorrido íntimo por las arquitecturas de la ausencia, disparado por la mítica figura de Sam Neill como un padre construido con piezas de Lego.

    El texto camina a través de la nostalgia analógica de los engranes y estilógrafos olvidados en las madrugadas de la juventud.

    Finalmente, se cruza con las místicas sincronías de La historia interminable y Manifest para aterrizar en la neurosis elegante de Archer, el gato cuyas piruetas actúan como el bálsamo perfecto para sanar el pasado.

    I. 🦖🌌 (🎬•́__•̀)🌾

    Desperté con la noticia de que Sam Neill está muerto. El doctor sardónico de Jurassic Park. Navegante espacial y detective de la locura; mago supremo, almirante o capitán de un submarino, no estoy muy seguro. Como fui un chico sin padre, no me era difícil buscar en Hollywood un prototipo de lo que me gustaría que fuera mi padre. Como dice el viaje del héroe: los huérfanos son los héroes predilectos porque en ellos podemos construir a nuestra familia ideal; nuestras mitologías internas son como una arquitectura de Lego, tan versátiles e imaginativas cómo queramos hacerlas con los referentes que ya tenemos.

    Por hoy, solamente por hoy, diré que Sam Neill es mi padre.

    Buenas noches, Sam. Quizás lo que más recuerdo de tus actuaciones son tus ojos espesos e intensos. Lo que recuerdo, en segundo lugar, es tu sonrisa de hartazgo y cómo esta construcción de tu rostro llevaba a una cadencia muy particular en tus diálogos. Espero que estés montando unos raptores en las praderas de un cielo oscurecido por un dios primordial.

    II. 🚬👨‍👦 ( ゚Д゚)💨

    Como este día trata de daddy issues, anoche leí un diálogo que me conmovió en un cuento de Carver. Un chico habla con su padre antes de dormir; está profundamente agitado porque vio a su padre pelearse a golpes con otro señor para defenderlo a él. Eso lo emociona mucho porque lo mira, por primera vez, desde otra perspectiva: una ajena, salvaje y sin filtros. Dice el niño:

    “¿Papá? Pensarás que estoy mal de la cabeza, pero me gustaría haberte conocido cuando eras pequeño. O sea, cuando tenías más o menos mi edad. No sé cómo decirlo, pero eso me hace sentirme un poco solo. Es como… como si te echara ya de menos si ahora me pongo a pensarlo. Una idea de locos, ¿no te parece? Bueno, déjame la puerta abierta, por favor.”

    Carver empieza este cuento con el hombre tratando de dejar el cigarrillo. Es un maestro.

    III. 📐☕ ⚙️(_ _ )zZ

    Este fin de semana dormí muy mal porque me levanté a trabajar tempranísimo. Tocó evento especial del juego por su aniversario. No fue difícil, digamos, pero tenía que estar atento. Tres litros de café para mantenerme despierto y, luego del evento, dormí intermitentemente como un oso al que le quebraron la hibernación. Recuerdo cuando era un chaval y mi única preocupación de madrugada eran las láminas de dibujo técnico. El trabajo que no había hecho en la semana se acumulaba en dos, tres, cuatro o seis láminas. Según mis cuentas, quería hacer todas un miércoles en la madrugada, una tras otra; muy irresponsable. Encendía el televisor y prefería mirar películas del cine de oro o la repetición de telenovelas viejas. Me decía a mí mismo: “en quince minutos termino una y luego ya va la que sigue”. La misma mentira, cuando sabía perfectamente que cada lámina podía tomarme 45 minutos o más de una hora, dependiendo de la tinta y de si no la regaba con mi estilógrafo. Sí, las hacía, pero mal e incompletas; sacrificaba entregas.

    Décadas después, pienso que tengo esta habilidad mediocre que no tengo idea de cómo expresar o utilizar, porque al final pasé muchas horas en eso. No tengo un restirador, no tengo estilógrafos, tampoco tengo papel albanene, ni pienso en figuras isométricas y cómo colocarlas en los espacios. Todavía conservo las escuadras, pero ¿de qué me sirven? Muchos años cargué con mi portaláminas, que eventualmente se quedó atrás en alguna mudanza. Sabía hacer engranes —era uno de mis ejercicios preferidos—, pero temo que ya lo olvidé. Tengo navajas para limpiar el papel y un montón de lápices que rara vez utilizo, pero eso es todo. Hoy pienso que debería honrar esa parte de mi vida. Quién sabe si lo haré aunque, en otro tono, puede que de algún modo ya lo esté haciendo. Escribir de ello es una manera de no olvidarlo.

    IV. 🃏📚 ✨( ˘▽˘)っ📖

    WordPress pregunta cuál ha sido el libro que he leído más veces. Creo que La historia interminable, el cual habré leído más de seis o siete veces. Curiosamente, justo este domingo terminé de ver una serie llamada Manifest. En sus últimos capítulos mencionan La historia interminable como uno de los libros esenciales de algunos personajes. La serie conecta los arquetipos del tarot y otras simbologías, así como parece hacerlo La historia interminable con la cantidad de personajes y entornos que maneja. Me pareció curioso que me recordaran mi libro preferido («nada es casualidad, todo está conectado», dicen ominosa y jocosamente los personajes de Manifest). Anotaré esto en mi diario de papel. Quizás deba prestar atención al clima, a las casualidades, a las pequeñas cosas que pasan.

    V. 🐈🐾 (ↀДↀ)✨

    Archer, algunas veces, se acerca para restregarse contra mis piernas. No sé por qué, pero hace un saltito, como si tratara de alcanzar algo por encima de él. Luego se gira sobre su eje, se restriega y hace uno o dos saltitos más. Maúlla chiquito, un poco coqueto. Alcanzo a tocarle la cabecita, pero rápidamente se aleja porque no me necesita. Me cuesta aprender que son los gatos quienes controlan la intensidad, la intención y el desarrollo de las caricias. Con ese acto, parece un gatito de circo con un acto bien entrenado. Me pregunto si es un condicionamiento de sus otras vidas.

    Tiene otras rutinas igual de encantadoras, como cuando se tira a la mitad de la nada, da vueltas en el piso y maúlla él solo. Te acercas para acariciarle la pancita porque has notado que hay un gato a la mitad de todo, santo cielo, alguien debe acariciarlo y, cuando estás a uno o dos pasitos, él se levanta rápidamente y se va; maúlla travieso, como si dijera: «Hey, pequeño imbécil, ¿no dijiste que no te ibas a enamorar de mí?». Y yo me río porque siempre caigo en su trampa. Y le digo: «Don Piruetas, ¿a dónde vas, don Piruetas?». Pero él ya ha desaparecido, como este espíritu blanco que aceptó nuestra casa y ha curado, con su neurosis gatuna y elegante, la partida de Nico.

    La bendición del día

    Que cuando el mundo exterior te recuerde las ausencias, poseas la magia interna para edificar tu propia mitología de refugio con los retazos perfectos de la ficción y el celuloide.

    Que tengas la ternura para dejar la puerta abierta a los recuerdos, reconciliándote con el chaval que fuiste y honrando cada hora invertida en tus antiguos trazos, aunque hoy tus escuadras y tus líneas isométricas descansen en el desuso.

    Que afines la mirada para notar las pequeñas cosas, el clima y esas hermosas casualidades que se empeñan en recordarte que todo está conectado en tu diario de papel.

    Y que, sobre todo, caigas siempre desarmado ante el juego de las rutinas de tu hogar, permitiendo que la elegante neurosis de un «Don Piruetas» llene los espacios vacíos y cure de golpe los fantasmas del ayer.

    Nos vemos pronto.

  • 10:56 AM

    10:56 AM

    Esta entrega es una caminata fragmentaria que arranca con la nostalgia cósmica por Nico y termina desarmando la paranoia del Panóptico digital a través de nuestras vidas secretas.

    Desde las lecturas de tarot de madrugada hasta los saltos intergalácticos en No Man’s Sky, exploro cómo el verdadero juego de la existencia ocurre siempre fuera del alcance de los algoritmos.

    Una bitácora que encuentra en la narrativa interna de Carver el refugio perfecto para sabotear el insomnio y abrazar la libertad analógica.

    I. 🐶🌌 (🐾•́__•̀)

    Facebook probablemente lo sabe, pero aun así me muestra fotos de Nico para recordarme su ausencia y provocarme el bajón de extrañar a mi vieja gorda y orejona. Ayer me notificó de una pequeñísima sesión de fotos: Nico estaba sentada sobre el reposapiés, mirando hacia arriba, como si estuviera siguiendo el vuelo de un fantasma o de una mosca. De vez en cuando hacía eso; yo creo que me tomaba el pelo. Sin embargo, me gusta creer (como me gusta creer tantas cosas) que Nico miraba espíritus a partir de la segunda mitad de su vida, o que era capaz de contemplar los rastros cósmicos de la galaxia.

    II. 💬💄 ( ͡° ͜ʖ ͡°)📱

    Me agregó una de esas muchachas falsas en Facebook. Sorprendentemente, la plática es muy orgánica; no parece una inteligencia artificial. Dijo que trabaja en una farmacia y que vende contenido hot. Entonces le pedí que me enseñara el catálogo, como si esto fuera Avon. Treinta fotos y diez videos por 400 pesos; nada caro, según ella. Durante la pandemia —porque en la pandemia todos enloquecimos— me suscribí a un par de cuentas de OnlyFans. Básicamente lo hice por morbo. No fue una gran experiencia, no aprendí nada de ello y tampoco me dio grandes placeres. Lo hice con el afán de entender la tecnología, de aprender quién la usa. El escritor debe meterse en todos lados (guiño, guiño). Pero, hablando en serio, me pregunto quién encuentra una verdadera satisfacción en estos sitios.

    ¿Qué te empuja a seguir adelante? La conversación, la curiosidad. Eso sí puede ser un hermoso engaño de plenitud: es como leer una promesa, la promesa de una gran historia. Te suscribes porque crees que encontrarás grandes cosas y resulta que nada se compara a tu imaginación ni a tus deseos. Cuesta trabajo entender que esa decepción existe, y las emociones que vienen con ella pueden ser imparables. No me creo del todo exento de percibir una satisfacción en este tipo de transacciones. Para cada uno de nosotros existe un juego cuyo diseño puede revelarnos el propósito de nuestra vida. Figúrate eso: encontrar la plenitud en el juego y que el juego te guíe al gran propósito. Creo en esa posibilidad; creer en ello me hace sumamente feliz.

    III. 🚀🌌 (っ·ω·)っ🪐`

    En No Man’s Sky, estoy haciendo el recorrido de sistemas solares para llegar al centro de la galaxia. Es un proceso un tanto rutinario y cómodo, pero también tedioso. Funciona un poco como fumarse un cigarrillo para pensar las cosas, sentir el dolor en los pulmones y decirse: «mañana lo voy a dejar», mientras cada nuevo escenario te inyecta un shot de dopamina. Hay sorpresas tras los saltos espaciales: el color de la galaxia, el tipo de estación espacial (no solo hay una estructura por raza, sino que a veces no hay estación, o está abandonada, o tomada por piratas), qué raza predomina, la combinación de colores, si el overseer será cúbico o esférico, o si podré vender los artilugios que compré en el sistema anterior por una ganancia más allá del 15%. El objetivo es visitar cada uno de los 16 tipos de galaxias que existen y tener una base en cada una de ellas. La estética del Gran Viaje.

    Una vez más, soy Max Muto en un viaje infinito.

    IV. 🏛️🪞 ( •_•)📱(•_• )

    En el libro de Mèlich, leo sobre el Panóptico y la idea de sentirnos vigilados. La universidad donde doy clases también tiene remanentes de esta arquitectura. Los edificios espejo permiten que veamos a todas partes y que estemos al tanto de todos. Está padre porque saludas a medio mundo, pero también medio mundo te mira pasar y escoge ignorarte (o, si eres paranoico, toma nota de lo que estás haciendo, pillín). Las escuelas no solo son espacios de enseñanza, sino también de construcción social, de sometimiento y de interacción con el poder invisible; el poder que imaginamos que los dioses ocultos tienen sobre nosotros. Las redes sociales amplifican la ilusión de que nos están observando y de que deberíamos tener cuidado con la revelación de nuestros deseos o nuestros gustos.

    A mí, francamente, todo eso me da lo mismo; la experiencia me ha enseñado que no soy tan importante como me imagino y que nadie habla de mí tanto como esos cuchicheos fantasmagóricos de mi cabeza. Reducir la existencia de una persona a sus likes o sus gustitos, a sus momentos irregulares de dopamina que le proporcionan las redes sociales, también es una cárcel: la prisión donde imaginamos que pasan cosas, que están hablando de nosotros y que se están tomando decisiones misteriosas sobre nuestra existencia. Una paranoia sostenida, regulada por fórmulas y suposiciones. Los algoritmos cuentan con nuestra superficialidad, pero hay detalles que no pueden ver. Por ejemplo, la sonrisa que viene de observar cómo juegan mis gatos, las caminatas que hago con el libro abierto, los juegos de Magic que tengo con mis amigos, las conversaciones que tengo con Sol o con mis alumnos, y que me revelan grandes cosas sobre su existencia. Ningún algoritmo es tan grande como eso.

    Los algoritmos no saben que tengo dos diarios que escribo a mano, donde también desarrollo mis ficciones y algunas mentiras, y que estoy jugando al explorador espacial en No Man’s Sky. Dentro de mí, tengo mil vidas secretas que se están desarrollando, y lo único que resta es compartir esa libertad, invitar a mis amigos y a mis amados a que tengan las suyas, y seguir escribiendo estas pequeñas cosas como un delirio de liberación. Abandonar las redes sociales está bien, pero creo que basta con ignorarlas y no pasa nada. Lo importante es conservar un espacio íntimo, privado, a pesar del ruido externo, del entorno abismal y tecnocrático al que nos están empujando.

    V. 🃏🔮 (っಠ‿ಠ)っ🎴

    Anoche me pidieron ayuda para entender una lectura de tarot. Accedí porque mi cerebro estaba sobreestimulado con la cafeína y no podía dormir. Estaba pensando en Henzie y en cómo mejorar a Henzie; me gusta mucho ese estúpido deck de Commander. Me levanté, fui a mi computadora, compré unas cartas de Magic en Hareruya que algún día llegarán y empecé a platicar con el consultante.

    As de bastos (inverso), as de espadas y reina de oros (inversa). En mi experiencia, los ases son cartas poderosísimas. No creo que tenga sentido ver el significado inverso; si acaso, es una ilusión de pérdida de energía, o de poder, o una disminución imaginaria de fuerzas, pero no se ha ido. No tiene caso espantar a nadie con los ases volteados. Hay que confiar en el as y sus propiedades fálicas de vato blanco y poderoso.

    El as del fuego (bastos) y el as del viento (espadas) pueden llevarse terrible o muy bien. El viento alimenta el fuego, o bien el fuego no levanta chido por culpa del viento; todo depende de la perspectiva. Son poderes eróticos, creativos y estratégicos que se están gestando para conseguir un fin; contrastes de poderes que deben manejarse de algún modo. No vi nada mal la lectura; si acaso, la reina inversa podría significar el cansancio de estar siempre arriba, como conejito drogado, disfrutando de la vida y sus regalos.

    Le compré una tierra Ziatora y un ignoble a Henzie. Espero que eso termine de amachinar su producción de maná. Solo me falta el troll que viene en la expansión de El Hobbit. Quiero que ese deck me dure para siempre; quiero que me entierren con él.

    VI. 📚🥃 (╯▰˘◡˘▰)╯📖

    Como no podía dormir, continué mi lectura de Carver. Leí dos cuentos: Jerry y Molly y Sam y Póngase usted en mi lugar. En ellos recordé por qué me gustaba tanto Carver: porque rompe las expectativas de lo que debe ser un relato. Chéjov y el tipo de El giro de tuerca (oh, ya recordé su nombre: Henry Miller) nos acostumbran a hacernos la pregunta y después entregarnos la revelación. Sin embargo, Carver nos introduce a un personaje y la revelación no siempre es satisfactoria, sino que es más bien interna. Los personajes descubren algo de ellos mismos, pero suelen estar tan ensimismados que no comparten sus descubrimientos con el lector.

    Queda de parte del lector tratar de entender qué descubrió el personaje en su viaje. Algunos pensarán que Carver es anticlimático; yo creo que es un tipo con principios. El artificio no está en la estructura tradicional del cuento, sino en quebrarla, al menos en el tiempo de Carver. Terminó influyendo tanto en la cultura americana que después veremos reflejada su búsqueda estética en las series de televisión. The Bear, The Sopranos y The Pitt se me ocurren como buenos ejemplos de esta búsqueda carveriana: un viaje interno en los personajes que no siempre puede ser revelado (al menos no en todos los capítulos, porque sigue siendo televisión y el entretenimiento exige resoluciones claras).


    La bendición del día

    Que tus algoritmos se mantengan ciegos ante los detalles más hermosos y cotidianos de tu existencia: la sonrisa espontánea al ver jugar a tus gatos, el ritmo de tus caminatas con las páginas abiertas y las complicidades analógicas que de verdad salvan el día.

    Que en medio de tus propios viajes infinitos encuentres siempre el mazo o el juego exacto cuyo diseño sea capaz de revelarte tu verdadero propósito en esta vida.

    Y que, cuando el insomnio apriete, tengas la fuerza implacable de los ases para amachinar tu energía creativa y la soberanía de Carver para aceptar esas revelaciones silenciosas que te pertenecen por derecho propio y que no necesitas demostrarle a nadie.

    Buen viaje en tu travesía al centro de la galaxia, y que tu mundo interior sea gentil contigo.

  • 9:58 AM

    9:58 AM

    Esta entrada es un viaje que arranca en el espacio exterior junto a Ryan Gosling y aterriza de golpe en la íntima fragilidad del propio cuerpo.

    Es una bitácora que contrapone la inmensa paciencia mineral de las rocas frente al desgaste de los ríos, para luego rendirse ante la urgencia humana frente a un librero inabarcable; una reflexión lúcida que se pregunta, en última instancia, si el final del reloj es nuestra gran tragedia o nuestro mayor indulto.

    • El fin de semana vi Project Hail Mary. Ryan —papasote— Gosling interpreta a un científico que termina yendo al espacio lejos, muy lejos, no solamente para salvar a la humanidad, sino a las estrellas de toda la galaxia. En el camino conoce a un alienígena, que es una especie de Pokémon tipo piedra con extremidades, y juntos viven su viaje del héroe matizado con aventuras científicas. El final es conmovedor (spoiler: tápese las orejas o los ojos un par de letras): el tipo se queda en otro planeta, varado, en una jaula de cristal, tratando de vivir su mejor vida. Lo primero que pensé mientras veía esta película es que Ryan Gosling tiene mi edad. Somos un par de tipos, muy bien parecidos, de cuarenta y tantos años.
    • Esta mañana, me asaltó la idea de que me quedaban, quizás, unos veinte años de cotidianidad ininterrumpida, sea lo que sea que eso signifique. Sospecho que ahí se oculta mi angustia por la enfermedad, el miedo a regresar a los tiempos difíciles. No es la vejez lo que me asusta; es la fragilidad de la salud. ⏳🕰️🩺⌛🩹
    • La estética del otro. Pensemos en Rocky, el aliado de silicio de Gosling: su nave posee un diseño geométrico que evoca el teseracto cuántico de Interstellar. Sin embargo, en lugar de encasillar la mirada en cómo lo inconcebible se manifiesta en esas delgadas líneas que cruzan las dimensiones del tiempo, prefiero interpretarlo como un hermoso ejercicio geofilosófico: una representación visual del pensamiento abstracto de las piedras. 🛸|||_|
    • Pienso en otras piedras pensantes: aquellas que irrumpieron en los multiversos de Everything Everywhere All at Once, que en el fondo no pasan de ser un chiste simpático. ¿Acaso fue Buda quien sembró esa veta en la imaginación de los hombres? Otras interrogantes: ¿qué piensan las rocas mientras son destruidas, milímetro a milímetro, por la insistencia de los ríos? ¿Qué piensan las montañas cuando plantan cara a la violencia de los vientos?
    • Comencé a leer el libro de la División de Antimemética (There Is No Antimemetics Division). Es una lectura ligera que tiene sus momentos. La gente en Goodreads dice que asusta mucho; yo, sinceramente, giro los ojos con todos los supuestos truquitos de la mente que la trama intenta hacer, pero como lector estoy dispuesto a jugar y a disfrutar el intento. Wheeler me parece un personaje fabuloso. Me urgía leer algo facilito porque el libro de Carver, a pesar de su brevedad, se me está haciendo difícil, y el de Mèlich, aun con sus momentos brillantes, se siente como una obligación. Anoche estaba leyendo pasadas las doce cuando Alexa, porque así está programada, apagó la luz y tuve que irme a dormir. Forcé el olvido de los personajes; muy antimemético de mi parte.
    • Conservo otras lecturas entre manos que son puros placeres, aunque a menudo me falte la energía para retomar su curso. Esta mañana, repasando los estantes, choqué de frente con algunas de las promesas postergadas: un tomo de Monsiváis, la genialidad de Gargantúa y Pantagruel, y ese eterno pendiente que es el Viaje al Oeste. Es una angustia muy particular descubrir que el inventario de tus deseos supera por mucho al de tus días, y que el cronómetro biológico se contrapone a las deudas literarias, a los millones de historias y de juegos prometidos. Frente a esa biblioteca que me sobrepasa, resta averiguar si el fin es una condena de quedar inconcluso, o el indulto absoluto que nos salvará, por fin, de la obligación de leerlo todo. Imagino por un instante que soy una piedra: ¿importa algo de esto?

    La bendición del día: que la cotidianidad ininterrumpida te sea mansa, generosa y te regale muchísimos más que esos veinte años de salud que hoy calculas con recelo. Que frente a la incertidumbre del cuerpo y la memoria, puedas cultivar la paciencia insondable de una montaña resistiendo el azote del viento.

    Que cuando Alexa apague la luz a medianoche, logres forzar el olvido de tus preocupaciones con la misma facilidad con la que borras a los personajes de tu mente.

    Y, sobre todo, que cuando te plantes frente al peso de tus libreros, encuentres paz en la certeza de que no le debes nada a la eternidad; que el tiempo, lejos de ser un castigo, termine siendo la liberación definitiva de todas tus promesas.

    ┬┴┬┴┤📖( ͡° ʖ̯ ͡°)

    Que tengas una lectura ligera y un buen descanso.

  • 1:23 PM

    1:23 PM

    Hay mañanas en que el cuerpo impone un mutismo forzado, obligando a mudar la verborrea hacia los laberintos de la mente.

    Esta entrada registra esa reclusión: el desencanto ante los pulcros artificios de Carver, el gozo indescifrable de perseguir fantasmas en el oleaje de Joyce y el recordatorio de la maravilla artesanal frente a la fórmula corporativa.

    Es, sobre todo, una respuesta visceral a la frialdad de un título profesional desmaterializado en un PDF; la huelga de un hombre que se niega a ser reducido a un avatar digital y prefiere reclamar, bajo el agua de la ducha, la multitud indomable que lo habita y la lanza que oculta tras la espalda.

    • Dolor de cabeza y tos. Dolor de cabeza y tos. Ese fue el mantra monótono de toda la semana pasada, cuando me agarró la gripa. Hasta ayer todavía tosía como risita de perro pulgoso, castigando una laringe ya de por sí resentida por el esfuerzo. Hoy desperté sin el espasmo del pecho, pero que nadie me escuche hablar, creo que todavía tengo la voz un poco jodida. Pero bueno, de cualquier modo, intentaremos la versión voz para Substack.
    • Estoy releyendo ¿Quieres hacer favor de callarte, por favor? de Raymond Carver. Leí algunos de sus cuentos cuando estudiaba Inglesas; en ese entonces, me parecían piezas ingeniosas y humorísticas. Veinte años de distancia cambian la perspectiva, y hoy algunos me están costando trabajo. No sé si es por la traducción de Anagrama o porque el asombro ante los artificios técnicos de Carver ha disminuido. Ya no tengo la educación sentimental de una coliflor; quizás he evolucionado a una berenjena, y ahora me preocupan otras cosas. 📚⏳🥦🍆
    • Paralelamente, continúo con mi lectura de Finnegans Wake. Al respecto, diré lo mismo que el 90% de los lectores que se han atrevido a tocarlo: no estoy entendiendo nada. El otro 10% miente descaradamente. Sin embargo, creo que al menos el 50% de quienes nos adentramos en él nos divertimos con el rompecabezas. Hay cosas que me hacen creer que, después de todo, sí capto algo: disfruto la aparición de los cuatro viejos sabios, la rosa de los vientos y esos céfiros violentos que controlan el movimiento de los hombres. También cuando Joyce evoca a Scheherezade; ahí entiendes que su obra es una suerte de cuento que anida cuentos, la gran historia que anida todas las historias de la humanidad. Incluso me pareció ver de reojo a Cædmon, la primera canción, y me sentí profundamente conmovido. 🧩🌀⏳📜🎶
    • Pixar tiene una animación fabulosa: se llama Win or Lose. Es una obra que está hecha con sumo cuidado, a diferencia de otras producciones recientes como Elio o Hoppers. Lo que me parece problemático de estas últimas es la construcción de sus personajes principales: parecen regodearse en ser víctimas de sus circunstancias, son criaturas sumamente enojadas y tienden a resultar desagradables. Creo que los guiones de esas películas recientes son descuidados, meramente cumplidores y formulaicos. No está mal, entiendo que son Pixar y que ahora entregan consumibles masivos, pero al empezar a ver Win or Lose recordé la verdadera razón por la que sus historias solían maravillarme. ٩(╬ʘ益ʘ╬)۶
    • Esta mañana me entregaron mi título profesional en un correo electrónico. Todo es digital. No hay un documento impreso ni ceremonioso que pueda colgar con orgullo en la sala de mis padres. Resta tramitar la cédula profesional, otro proceso abstracto en línea. Supongo que ahora puedo estrechar la mano de la gente y presentarme oficialmente como psicólogo social, aunque tal vez prefiero asumir mi verdadero papel: soy escritor. Aparece un astronauta con un arma detrás del astronauta desolado que tiene frente a sí la revelación de un gran misterio. Siempre fue así, dice una voz detrás de él. Siente el cañón del arma en su nuca. Bang.
    • 💻 📧 🧑‍🚀 🔫 💥 🤫
    • Pero en la ducha pensaba que uno, como lo dijo Whitman, contiene multitudes. No solo soy escritor, sino también castinero, productor, guionista, publicista, diseñador de narrativas para videojuegos (¡he diseñado dos, al menos!), dungeon master, traductor, editor digital, creador de contenidos, administrador de juegos de guerra y soporte técnico. Soy tarotista y adivino, brujo gris de ocasión, lector de libros abundantes, nalgueador de muchachos y de muchachas, raver brevísimo con ganas de mover el esqueleto como loquito, hermano cuervo y psicólogo social. Me reconozco como apostador con tendencias ludópatas y apostador reacio a mantenerse con vida; sobreviviente de cáncer, perverso profesional, bloguero y podcaster. Fui el caminante de Nico (quien ya pasó a mejor vida), soy viajero intergaláctico, streamer pandémico, minero de Minecraft, dueño de Archer y de Morgana, docente universitario y estudiante de una maestría de literatura aplicada. Soy el esposo de Sol, jalacables, inventor de oficios, hipomaníaco, persecutor de nazis, programador de libros digitales y agnóstico. Soy el padre ocasional de algunos chamacos que así lo decidieron —y parece que yo no tengo nada que decir al respecto—, el nieto de un actor de cine mudo alemán y nieto de María Rojas. Soy consejero, servidor y amigo 🎵, aficionado de Magic, exfumador, hermano e hijo cuando se acuerdan de mí, y en el pasado, un sobrino muy querido por sus múltiples tíos. Soy Nadie, como Odiseo frente a Polifemo, con una lanza de madera oculta a la espalda mientras le pido que, por favor, me deje vivir.

    La bendición del día: que la neblina de la convalecencia se retire de tu cabeza y te devuelva el pleno dominio de tu palabra.

    Que en los mapas incomprensibles que decidas descifrar te sea dado el milagro de ver de reojo a Cædmon, el eco de la primera canción, para recordarte por qué sigues aquí.

    Que la burocracia moderna jamás consiga encajonarte en la futilidad de un archivo adjunto, y que el espejo te devuelva siempre la imagen del astronauta que vigila el misterio.

    Que abraces con orgullo la marea de tus contradicciones —al brujo, al sobreviviente, al ludópata, al amante, al docente y al hijo—, y que cuando la vida te ponga de rodillas ante tus propios cíclopes, conserves la astucia y la paciencia necesarias para fingir un ruego humilde mientras mantienes la madera bien afilada, oculta tras la espalda.

    👁️‍🗨️ 🪵 🏹 🤥 🙏

    Nos vemos mañana, Odiseo.

  • 2:14 PM

    2:14 PM

    Hay días en que la huelga del cuerpo es absoluta y la mente se ve obligada a capitular ante la fiebre.

    Esta entrada es el registro de un repliegue doméstico: el espionaje indignado de Morgana, la tregua herbal ante unos pulmones enjaulados y el espejo de la vulnerabilidad reflejado en el estrés territorial de Archer.

    Una crónica mínima, escrita desde la neblina mental y la voz rota, sobre la rendición ante el síntoma y la sabiduría de aceptar el bestiario de nuestras propias cicatrices. 🌡️🐾

    • Morgana es muy chistosa. Cuando viene un extraño, se mueve agazapada de habitación en habitación. Se esconde, sí, pero también la mueve una enorme curiosidad por vigilar y comprender las motivaciones de los visitantes. Cautelosamente, asomada desde una columna, parece preguntarse: «¿Quién es ese tipo, qué hace aquí y por qué nadie ha hecho absolutamente nada para sacarlo de nuestro territorio?». 🐱🕵️‍♀️🏛️🚨
    • Me dio una de esas gripas fulminantes. Siento como si mis pulmones estuvieran comprimidos por una jaula de hierro que se ajusta un poco más con cada bocanada de aire. Despierto con el cuerpo molido, como si me hubieran apaleado en sueños, y a lo largo del día, cargo con un dolor de cabeza sordo. Lo único que ha traído paz es que he tomado tés calientes todas las noches; curiosamente, la alquimia nocturna ha resultado ser un remedio mucho más eficaz que cualquier fármaco para apaciguar la tos y apropiarme de unas horas de sueño corrido, ya entrada la madrugada.
    • Me he sentido triste porque Archer no ha dormido junto a mí estas noches. Él había tomado el lugar de Nico; ella, desde cachorra, también se acostaba a mi lado y dormíamos juntos. Días atrás, Archer tuvo un encuentro con Lolo, el gato negro del fraccionamiento —digo que es del fraccionamiento porque es callejero, pero lo alimentan y lo cuidan entre varias casas—. Lolo generalmente es un gato amable que duerme bajo los autos o en los porches, y se da sus vueltas para cazar lagartijas y cucarachas. Sin embargo, una mañana subió a nuestras tejas, Archer lo interceptó y siguieron el viejo ritual de la territorialidad. Archer salió victorioso, pero ¿a qué costo? Me la he pasado acariciándolo y diciéndole que ha sido un gran protector de la casa, que ya no tiene por qué hacerlo él solito, que estamos con él. No sé si ha servido de algo. Desde entonces, parece resentir lo que pueda pasar allá afuera; incluso se hizo popó en la cama de las visitas, algo que nunca nos había ocurrido. Está estresado porque se le juntaron demasiadas cosas estos días: las gripas de los humanos de esta casa, los cambios de rutina, la amenaza de Lolo. Procuro buscarlo y decirle que todo estará bien, que está a salvo y que su vida de nómada ya pasó, que es un miembro legítimo de nuestra casa, pero ¿cómo puedes curar el espíritu de un animal? Mi espíritu de animal abandonado, por ejemplo, ha tomado muchos años en curarse, en sentirse cómodo con el desarrollo de su vida. (=•ㅅ•=)┌┛
    • Aceptar lo que eres significa mirar un bestiario de las cicatrices en tu cuerpo, tus disciplinas forzadas, tus manías obsesivas y ese espíritu de animal abandonado que tardó décadas en bajar la guardia. Significa admitir que no solamente eres un diseño fijo o definitivo, sino también este animal con una terca capacidad de adaptarse a la fiebre, al territorio y a los cambios. Debería confiar en Archer. No pasará el día de mañana, pero quizás pronto. Dijeron los psicólogos de comportamiento que veo en YouTube: el organismo siempre hace lo que debe hacer para triunfar. Mis triunfos se han conseguido a través de la aceptación, de la insistencia, de seguir leyendo y aprendiendo. El cuerpo no se equivoca; simplemente activa sus mecanismos para asegurar la supervivencia.
    • No voy a escribir mucho más el día de hoy, pero al menos quería dejar constancia de algo. Qué ironía que justo la semana pasada haya leído On Being Ill, ese ensayo de Virginia Woolf. Debería estar haciendo muchas cosas, como preparar las siguientes lecturas de la maestría, pero esta mañana descubrí que mi cabeza no está hilando correctamente los pensamientos; la invade esa neblina densa que viene con las mucosidades y los dolores de cuerpo. Hoy paso de grabar el podcast en Substack porque cargo una voz carrasposa de marinero enfermo. Mañana, espero, será otra cosa. 🎤(×﹏×)📻
    • Cosas que enturbian el cuerpo y conmueven el espíritu: observar a la minina moverse agazapada, vigilando con recelo las intenciones de los extraños desde el parapeto de su columna. Despertar bajo el peso de una gripa fulminante, con los pulmones confinados en una jaula de hierro que solo se mitiga con tés calientes por las noches. La melancolía de que un compañero deje de compartir la almohada tras librar una feroz batalla en las tejas contra los inventados enemigos del vecindario. Conmoverse viendo su angustia de antiguo nómada, volcada en un accidente inédito sobre la cama de visitas. Reconfortarse con la máxima: el organismo siempre hace lo necesario para triunfar. Abrazar el bestiario de cicatrices del propio cuerpo, como una memoria vital e inexorable. El fastidio de una neblina mental y una voz carrasposa de marinero enfermo, pero la esperanza de que será mejor el día de mañana.

    La bendición del día: que te sea concedido el amparo de una taza de té hirviendo cuando el pecho se sienta de hierro y las ideas se dispersen en la niebla.

    Que las fronteras de tu refugio queden a salvo de intrusos y que el estrés de tus viejas batallas nómadas halle, por fin, un espacio de tregua y consuelo en la cama.

    Que te otorgues el derecho divino de mandar los pendientes al carajo mientras sanas esa voz de marinero enfermo, y que abraces con paciencia la huelga de tu cuerpo.

    No hay error en el cansancio: recuerda que, ante la enfermedad o el desamparo, tu organismo está haciendo exactamente lo que debe hacer para triunfar.

    Que pases buena noche. 🍵⚓🐱