Autor: arbolfest

  • 5:42 PM

    5:42 PM

    En la entrada de hoy abro registrando la falsa alarma de una medición de glucosa que sirvió como excusa perfecta para antojarme de una dona de Krispy Kreme. De ahí salto al arte de Magic: The Gathering y la carta Sire of Insanity, hilvanando el terror plástico de Goya con la castración sensorial del Cíclope en el cine de Nolan y la hermosa locura de jugar al topdeck en mi mazo de Henzie. Cierro cruzando los manuales de emoción literaria de la maestría con la teoría del MDA en los videojuegos, celebrando la lectura y el juego como dos artes hermanadas para crear vidas paralelas.

    I. 🩸🍩 ( ゚Д゚)☕

    Después de la comida y de la siesta, desperté con mucha sed. No es la primera vez que me pasa, así que me puse de tarea medirme el azúcar en cuanto ocurriera.

    85: estoy en el umbral de lo saludable, no es para nada un mal número. Pero mi mente insiste: según yo, me hace falta azúcar y ya estaba rozando la hipoglucemia, cuando en realidad solo es mi imaginación inventándose historias con la enfermedad, sobre lo que debe hacerse y cómo debe uno cuidarse. Estoy a solo un par de pasos de convertir este diagnóstico imaginario en la coartada perfecta para ir a comprarme una dona a Krispy Kreme.

    II. 🃏👹 ( ゚Д゚)👁️

    Hay una carta de Magic que me fascina porque su arte es una clara referencia a una de las pinturas más enigmáticas y terribles de Goya: Saturno devorando a sus hijos. Es una criatura que se llama Engendro de la demencia (Sire of Insanity). Es un demonio que sostiene un cuerpo humano y abre la boca como a punto de devorarlo; pero también puede interpretarse como que el demonio sostiene al humano para castigarlo con un encantamiento de locura o bien, abajo del cuerpo hay una especie de caldero mágico y parece que el demonio está bañando a la persona con una infusión espantosa e impura mientras el maligno canta una canción, como comercial de Maestro Limpio.

    Vagamente recuerdo al Cíclope de Nolan. Cuando la criatura devora al soldado, apenas podemos apreciarlo: dejamos lo sangriento en las sombras, en la imaginación del espectador; un contraste muy fuerte contra mi lectura de La Odisea. Ahí, Polifemo devora a los soldados y deja caer sus órganos y sus vísceras, y su cuerpo se mancha de sangre mientras se sacia con un festín de su propia invención. Odiseo, bañado en la sangre de sus hombres, horrorizado se pone a chambear en su cabeza para ver cómo escapa de esa. Ya lo dijeron los críticos de internet: en La Odisea de Nolan faltan muchos placeres y gozos, entre ellos el de la comida. Incluso a Polifemo le son negadas las delicias.

    El Engendro de la demencia es una carta que me gusta mucho porque la usé un rato en mi deck de Zangief y, cuando conseguía castearla, se convertía en una experiencia interesante. El efecto obliga a que todos los jugadores descarten su mano y, si el demonio permanece en el tablero, obliga a que jueguen con la carta que roban en cada turno. En esos juegos me di cuenta de que la carta era un gran equilibrador, el motor de la guerra fría. Al final, la criatura es muy cara de maná y la carta no hace sinergia con muchos de mis decks, pero me gusta muchísimo.

    Supongo que se llama así porque convierte el juego en una locura. Pienso colocarla en mi mazo de Henzie solo porque siento que le hace falta una mascota.

    III. 🎮📜 ( ˘─˘)っ📚

    Esta mañana leí un manual de cómo escribir emociones en un texto literario (Cómo crear emoción en la literatura por Carme Font). No es una lectura que yo hubiera escogido particularmente para mí, pero como estoy a unas semanas de empezar la maestría en Literatura Aplicada, venía incluida en uno de los syllabus como sugerencia para afinar los proyectos que trabajaremos durante estos dos años. Al final no me pareció una mala lectura: creo que es un buen punto de partida para quienes desean entrarle a la creación de historias y buscan entender la importancia de la emoción.

    En el marco del MDA —una manera formal y académica de analizar los videojuegos— a esta parte se le conoce como los componentes estéticos. Son las emociones que deseamos generar en el jugador a través de la estética del juego (diseño, arte, música, narrativa). Las mecánicas y las dinámicas se encargan de lo demás, pero el primer enganche reside en la estética. Cuando el jugador se emociona con aquello que está a punto de jugar, todavía algo que reside en su imaginación, podemos dar por hecho que asumirá un papel que lo llevará de la mano a seguir jugando y así descubrirá la carne del sándwich: el diseño de interacción, las mecánicas y las dinámicas.

    Me gusta pensar que con ello se construyen dos narrativas simultáneas: la persona en el juego, y el juego como parte de su vida. Es muy similar a cómo nos enganchamos con un libro cuando logramos conectar con los personajes y sus vivencias: la narrativa propia del libro y la narrativa de por qué esa obra significa algo para nosotros. La lectura y los videojuegos son, en el fondo, dos formas de arte con la capacidad única de crear vidas paralelas.

    La bendición del día:

    Que ante las pequeñas paranoias del cuerpo y los sustos de la salud, siempre tengas a la mano la sensatez de un buen diagnóstico y, por qué no, la alegría inocente de regalarte un capricho endulzado.

    Que nunca te falte la agudeza para encontrar belleza y provocación en el arte, ya sea en un lienzo de Goya o en una carta de Magic que convierta la mesa en una sabrosa e impredecible guerra fría.

    Que te mantengas a salvo del puritanismo y de las narrativas estériles que le quitan el gozo a la vida y a la comida; que encuentres en tus lecturas y proyectos la disciplina para seguir aprendiendo y afinando tus propias herramientas de creación.

    Y que, finalmente, cada vez que te adentres en un libro o te sientes frente a un tablero, sientas la chispa del asombro encenderse, permitiéndote habitar con pasión tus emociones y construir esas valiosas vidas paralelas que hacen que este mundo valga la pena.

  • 1:54 PM

    1:54 PM

    En la entrada de hoy reflexiono sobre la «persona juego»: esa faceta íntima que habita en nosotros, eufórica en la victoria y vulnerable bajo las reglas, que suele memorizar enciclopedias de mecánicas complejas y revelarnos quiénes somos en realidad.

    Recordando a Huizinga, Borges y Cortázar, dudo sobre la seriedad, y me comprometo a celebrar la vida como una apuesta plena, reconociendo a esa voz juguetona como la aliada silenciosa que me ayudó a sobrellevar la enfermedad y la incertidumbre de la juventud.

    I. 🎲📜 ( ˘─˘)っ🎯

    Vino a mi memoria Huizinga y su Homo Ludens, una lectura fundamental que ya pide relectura. Reflexionaba esta mañana sobre cómo todos albergamos una «persona juego»: esa faceta íntima que experimenta una euforia genuina en la dinámica del juego, pero que también encierra el potencial de volverse ruin cuando está siendo derrotada y el ánimo se amarga. La persona juego es aquella capaz de memorizar, como por arte de magia, enciclopedias enteras de reglas complejas para los entornos que la apasionan. Del mismo modo, al habitar esos territorios de control (pero esa palabra…), suele asumir con ingenuidad que puede trasladar esa misma lógica a parcelas de la vida bastante más complejas.

    Esa misma presencia es la que calcula y asume riesgos cuando la euforia toma las riendas y habita el presente absoluto —un mindfulness desatado y placentero—, o bien la que comprende que la existencia es breve, única, y que la idea de oportunidad es acaso una ficción: continuamos avanzando sencillamente porque no hay alternativa, porque es lo que debe hacerse, porque es lo que el constructo social o ritualístico nos enseñaron. Convendría entablar un mejor diálogo con esa voz interior. Transitamos la vida ensayando múltiples identidades: la profesional, la familiar, la académica o la comunitaria. Sin embargo, examinar nuestro comportamiento en el territorio lúdico nos abre la puerta a intuiciones a las que jamás accederíamos si nos empeñamos en arrinconar esa faceta al mero entretenimiento.

    Es precisamente en el juego donde nos revelamos con mayor facilidad. Al sabernos amparados por un marco de reglas, exponemos nuestras vulnerabilidades con soltura. De esa voz podríamos aprender algunas verdades: por ejemplo, que el juego funciona como una serie de círculos concéntricos y que, al clausurar uno en la sociedad, inmediatamente nos descubrimos habitando el siguiente, y que nos hemos llevado partes de esa persona a la realidad para actuar de modos misteriosos, a veces interesantes.

    He sentido el temblor de mis manos —con la mismísima pulsión de cuando jugaba a las escondidas en la infancia— al verme al borde de la victoria en una partida de cartas. Constatar que ese niño entusiasta sigue vivo en mi interior me resulta fascinante. Entablar una conversación con esa «persona juego» posee un valor infinitamente superior a cualquier amago de vergüenza ante la revelación.

    II. ♟️📜 ( ˘─˘)っ🎲

    Admiro y anhelo vivir como quienes conquistaron la más alta sabiduría: comprender que la existencia es una arquitectura levantada por pura necedad. Hay quienes la conciben como una trama onírica —pienso en Borges, aunque sus geometrías se parezcan sospechosamente a las de un videojuego generado proceduralmente—; otros la reducen a un choque permanente de realidades —los que insisten en hallar política en cada rincón, ew—; unos pocos presumen de haberla domesticado hasta transformarla en rituales; y coincidiendo con el mito de Matrix, Panteón Rococó entona que la vida no es más que una simulación. Por último emergen los más enigmáticos, aquellos que postulan la vida como un juego —Cortázar a la cabeza, a pesar de sus derivas fantásticas—. Si algún día la verdad me es revelada, confío en que ratifique mi sospecha madurada con los años: la única forma auténtica de existencia consiste en apostarse la vida entera en cada jugada.

    En esa línea, pienso en un concepto paradójico que delata una falta de rigor: la categoría de los «juegos serios». Diseños concebidos de manera utilitaria para abordar problemáticas sociales o pedagógicas con pretensiones adoctrinadoras. Pienso que Huizinga lo advirtió: el juego, en su condición de territorio abstracto y paradójico, jamás es serio en sí mismo; son los jugadores quienes le imprimen una seriedad absoluta al experimentarlo. Si tuviéramos la templanza de dialogar con nuestra «persona juego» y reconocer su presencia, comprenderíamos que cualquier espacio lúdico posee el potencial de mostrarnos cómo somos y los alcances de nuestro potencial. Nos revelaría quiénes somos en la arena, quiénes son los otros y cuál es el alcance real de nuestras elecciones. Presenciar eso resultaría fascinante, además de librarnos de algunas etiquetas obtusas.

    III. 🕯️⚔️ ( ゚Д゚)✨

    Apenas estoy reconociendo el valor de la existencia de mi persona juego. Mi persona juego me ayudó a atravesar momentos difíciles, como el cáncer; y aunque esa faceta acabó disminuida por los químicos y las dificultades, definitivamente estaba presente para tomar decisiones y responder a las capas de dolor. Me habría gustado conocerla mejor cuando lo perdimos todo a mis diecinueve años, cuando no sabía qué sería de mí, dónde dormiría en los siguientes meses, si seguiría teniendo trabajo o educación, o si estaba en el camino correcto y definitivo donde estaba formando mi vida.

    Sirva esta entrada como un compromiso para comprender mejor su influencia sobre mi vida y, si nos ponemos de acuerdo, después de los libros y las odiseas, encontrar acompañados, sin confrontaciones, la verdad.

    La bendición del día

    Que en medio de las rutinas y las exigencias del mundo adulto, nunca pierdas el contacto con tu «persona juego» ni sientas vergüenza cuando reaparezca esa emoción infantil que hace temblar las manos ante una buena partida.

    Que encuentres en las reglas de tus espacios apasionados la libertad para mostrarte vulnerable, sin amargarte en la derrota y disfrutando la euforia del tiempo presente.

    Que te mantengas a salvo de las etiquetas solemnes y las falsas doctrinas que intentan arrebatarle lo sagrado al entretenimiento; y que cuando la vida te ponga a prueba en sus pasajes más oscuros, esa fuerza lúdica vuelva a tomarte de la mano para amortiguar el dolor y ayudarte a elegir con valentía.

    Y que, finalmente, tras cruzar tus propias odiseas y cerrar cada uno de los círculos concéntricos de tu historia, camines en paz y en camaradería con tu imaginación para salir a encontrar, juntos y sin tregua, la verdad.

  • 12:05 PM

    12:05 PM

    En la entrada de hoy abro con la necedad de escribir en medio de los estragos pesados de una gripe tardía. De ahí paso al proyecto familiar de configurar una mini PC china con mi madre, donde descubrí que la fabulación que compartimos no es un defecto de comunicación, sino la verdadera raíz de nuestro oficio como contadores de historias.

    Cierro contrastando la prudencia estéril del Odiseo de Nolan con el humor gamberro australiano, la manósfera y la capacidad imaginativa con la que los jóvenes reinventan el placer y el deseo en tiempos enrarecidos.

    I. 🪰📜 ( ˘─˘)っ🤧

    Cosas que vuelven pesado el ánimo y entorpecen los días:

    Ver partir una enfermedad feroz solo para descubrir que ha dejado tras de sí a su hermana menor, una indisposición pequeña pero impertinente. La sucesión interminable de estornudos que interrumpen el pensamiento; la secreción constante que obliga a buscar pañuelos; esa bruma pesada en la cabeza (brain fog) que convierte la mente en un estanque de agua turbia donde las ideas se niegan a salir a la superficie.

    Resulta deprimente comprobar cómo, apenas el cuerpo flaquea en sus funciones más elementales, todo el engranaje del intelecto y la voluntad se desploma con facilidad. La casa parece más ruidosa, la luz de la pantalla lastima los ojos y la jornada se arrastra sin gracia. En medio de tal abatimiento, lo más sensato habría sido abandonar el lapiz y dejarse llevar por la indolencia. Sin embargo, por una terquedad absurda que no sabría explicar, termino sentándome frente a la página en blanco. Trazar apenas un puñado de líneas, registrar la incomodidad del momento y dejar constancia de que se sigue con vida: eso es, al final, lo único que verdaderamente importa.

    II. 💻🏛️ ( ゚Д゚)✨

    Mi madre —la loca— está de visita en la casa por su cumpleaños. Trajo una computadora diminuta que se compró en una tienda china (creo que Alibaba), en línea. Prometí que la veríamos juntos para tratar de configurarla: proyecto familiar. Ella pensaba ponerle Linux. No me parecía mala idea; la computadora que uso para la escuela tiene Ubuntu y es un equipo altamente funcional así como está, pero después de evaluar sus necesidades pensé que era mejor dejarle Windows. La computadora chiquita de mi madre parece un buen equipo, de esos que pueden usarse del diario, o de oficina. En el hogar, creo que podría utilizarse como media center o como un equipo para jugar emuladores retro.

    La otra vez, platicando con ella, descubrí —dolorosamente— uno de esos rasgos que compartimos. Cuando le pregunté de dónde había sacado una conclusión (realmente no importa de qué), construyó una historia como si ella la hubiera vivido. Indagando, eventualmente confesó que lo había visto en un video. Desde que tengo memoria, creo que esa ha sido una de las grandes dificultades que ha tenido para relacionarse con sus hermanos, con su familia.

    Ya estaba en modo hijo aleccionador, diciéndole que esconder información de esa manera o dármela incompleta solamente detenía procesos; pero luego tomé un respiro y, haciendo memoria, me percaté de que yo hago lo mismo porque soy hijo de mi madre. La única diferencia es que yo uso esta habilidad para escribir cosas, principalmente ficción, pero también puedo colocarme en estos espacios y recrearme con cierta facilidad.

    Dejé de regañar a mi mamá porque ella, de alguna manera, me enseñó que también es escritora. Que lo había sido siempre. Y que yo había tomado estas mil vidas de ella.

    Mi madre es Odiseo; a sus ojos yo debo ser un simple Telémaco.

    III. 🎭⚓ ( ˘─˘)っ🔥

    Durante estos días de ligera enfermedad me he dedicado a maratonear la versión australiana de Taskmaster (disponible, completo y gratuito, en YouTube). En contraste con ese humorcito británico, el tono australiano destaca por ser abiertamente escatológico y cachondo, muy emparentado con la picaresca mexicana. Su irreverencia me llevó a cavilar sobre las tensiones del entretenimiento contemporáneo. Recordaba la reciente adaptación de La Odisea por Nolan y las críticas que la señalan como un ejercicio profundamente conservador: nos entregaron a un Odiseo castrado, estéril, incapaz de ejercer la picardía o de bromear sobre cómo Poseidón lo embiste contra el oleaje.

    La propia traductora Emily Wilson observa con agudeza que hasta los banquetes en la cinta de Nolan lucen tristes e inapetentes. Es verdad, la comida es asquerosa, incluso el placer de la comida nos es vetado en su cinta.

    El semestre pasado, expuse cierta inquietud al aula y cuestioné a mis estudiantes sobre si no se percibían a sí mismos más conservadores que las generaciones previas, indagando su postura frente a fenómenos como el de las tradwives. No obstante, la realidad es más compleja: en paralelo, ellos despliegan capas de un erotismo latente y bizarro mediante la cultura furry, el hentai o las relecturas del anime contemporáneo.

    En el extremo opuesto del espectro aparece la sombra de Andrew Tate, tras las rejas pero revelado en chats con el hijo de Trump; el retoño del poder tradicional en complicidad directa con los profetas de la manósfera, cristalizando la deriva de una ultraderecha identitaria.

    Transitamos épocas enrarecidas donde el futuro se percibe a la deriva.

    Solemos asumir que la realidad dará un vuelco dramático, cuando lo cierto es que la existencia tiende a perpetuarse en su inercia cotidiana. Reconozco que tengo una especie de rigidez. Debo confiar, ser un poco más flexible. La juventud actual —si utilizan su imaginación—, posee la facultad de desdoblarse en múltiples avatares para gestionar sus afectos y deseos por vías que se me escapan. Y mientras exista algo de creatividad empeñada en la búsqueda del placer y el deseo, puedo confiar en que el mañana puede ser un lugar más amable.

    La bendición del día

    Que aunque el cuerpo flaquee y la neblina mental amenace con apagar las ganas, mantengas siempre la necedad sagrada de sentarte a escribir (o dibujar, o cantar, o estudiar, o aprender, o jugar) y dejar constancia de que sigues aquí.

    Que en los proyectos sencillos con la familia encuentres el espejo para perdonar los defectos heredados, reconociendo con ternura que hasta las mentiras más pequeñas son, en el fondo, el germen de la ficción que nos salva.

    Que nunca te falte el humor escatológico y cachondo para reírte del puritanismo y de las olas que te sacudan la vida; que te mantengas a salvo del veneno de las cavernas conservadoras de la manósfera y que conserves la flexibilidad suficiente para no juzgar lo que no entiendes.

    Y que, finalmente, donde quiera que encuentres un atisbo de imaginación puesta al servicio del placer, el deseo y la creación, tengas la certeza de que el futuro aún guarda la promesa de ser un lugar mucho mejor.

  • 11:48 AM

    11:48 AM

    En la entrada de hoy recorro el mapa de mis pequeñas certezas: desde la sospecha cómico-existencial de un glitch neurológico provocado por un aguacate, hasta la gratitud agnóstica por el trabajo y el desencanto con las fijaciones de una novela ligera. Cierro desarmando la basura algorítmica de las redes sociales para rescatar el valor del hogar y proponer que la verdadera demora de Odiseo no fue culpa del mar, sino del empacho de información.

    I. 🥑🧠 ( ゚Д゚)🎮

    Después de hacerme el desayuno, dejé el trasto del aguacate en la pileta. Lo descubrí ahí cuando puse mi plato. No sé por qué lo hice, si debía ponerlo en el refri porque aún tenía medio aguacate de buen verde. Cosas como esta luego me hacen pensar que un gusano ya se está comiendo mi cerebro, y que estoy entrando a un declive neurológico importante. O se me ocurre que morí en un accidente de auto, y estos pequeños glitches cerebrales son una manera de decirme que estoy en los últimos dieciséis minutos de mi vida, y que mi cerebro extiende la fantasía de que estoy vivo el mayor tiempo posible.

    No me voy a quejar, aunque quizás debería retomar eso de jugar Tetris diariamente. Mi vida, por lo pronto, es una fantasía agradable. Disfruto mis cartas de Magic y disfruto poder leer otra vez, poder leer mucho. Anoto también que me siento afortunado de haber visto La Odisea este año. Se han cumplido algunos objetivos profesionales, mi vida sentimental está mucho mejor que la de un personaje de Raymond Carver.

    A veces hago un recuento de todos los proyectos que he iniciado y terminado este año y son muchos. Siempre quiero hacer más, pero también vale la pena extender la vida, meterse en algunos problemitas, y descansar.

    II. 🪙⚖️ ( ˘─˘)っ💼

    Ciertos acontecimientos laborales ocurridos la semana pasada me obligaron a reconocer que he tenido buena suerte. Por un instante, la moneda de mi agnosticismo cayó en cruz y me descubrí invocando el sabio refrán popular: «Dios aprieta pero no ahorca, ¡éjele!».

    A partir de ahí, examiné los hechos recientes bajo ese filtro. Audité mis propias acciones y reacciones. Dividí el balance en dos casilleros: «esto me aporta recursos» y «esto me abre oportunidades». Abordado desde lo pragmático, y desde esperanzas moderadas, el diagnóstico resulta amable: todo marcha sobre ruedas. Ya habrá tiempo mañana de retomar el hábito de refunfuñarlo todo, incluyendo el vuelo de los mosquitos.

    III. 📚🐉 ( ಠ_ಠ)📖

    Estoy leyendo el cuarto libro de Jobless Reincarnation. La perversión del personaje principal se me hace un poco chocante. Para este sujeto, su obsesión con las lolis o las pubertas lo guía a través de su mundo fantástico. Y aunque su edad biológica en ese entorno justifica sus desvaríos hormonales, el hecho de que su espíritu sea la reencarnación de un hombre treintón —un hikikomori— hace que el viaje resulte bastante incómodo.

    Esperaba otras cosas del libro: dioses, animales fantásticos, un paseo por escenarios mágicos y exóticos, incursiones en laberintos malditos. Y aunque en la novela a veces hay algo de eso, tienes que tolerar a Rudeus y su constante nerviosismo por rozarle las tetas a su prima.

    Empecé a leerlo porque vi el anime y me pareció un mundo bonito, interesante y equilibrado (a pesar de sus cosas). Ahí me doy cuenta de que la producción animada le hizo un favor monumental al autor.

    IV. 📱⚓ ( 📱•̀_•́)🐉

    Las redes sociales ya me tienen harto con La Odisea de Nolan. Como escribí de ella hace poco, el algoritmo considera que necesito consumir más de la película, que necesita rebosarme de ella para seguir montado en el dragón del engagement. Extraño las otras drogas: la nota roja, el porno, quizás los memes estúpidos. Cosas que me distraen dos o tres minutos del día antes de regresar a pensar en otra cosa. Navegación de baño, navegación de espera antes de regresar a la vida real, a lo tangible.

    No había pensado cómo el algoritmo transforma tus redes sociales en periódicos baratos y revistas sensacionalistas, y cuestionables. Sí entendía la idea de que una red social es un periódico, un carrusel de historias que se generan para mantenerte adentro, pero cada vez les importa menos qué te entregan y cómo te lo entregan.

    [Recuerdo de mi abuela y nuestras esperas eternas en su puesto de zapatos: abre su ejemplar de La Prensa y me cuenta del descuartizador de Tlatelolco, y «mejor no vayamos por ahí, mi niño, no vaya a ser».]

    Hago el esfuerzo por controlar mi tiempo de redes sociales; prefiero ocuparlo en mis libros, en mis juegos íntimos, en pasar el tiempo con los míos, en escribir estas notas y fantasear con los libros que no he escrito. Pero eso solamente es posible porque tengo espacios y lugares. La importancia de amar tu casa y los entornos donde habitas, y abandonas el tiempo.

    Odiseo no quiere regresar a Ítaca porque el algoritmo lo alimenta con el Instagram de su hijo, Telémaco —un chillón de primera—, y también con el flujo de los 108 pretendientes que están en el castillo, comiéndose sus carnes y sus vinos. ¿Y Penélope? Se silenciaron mutuamente: la distancia, la demora del regreso, el mudo entendimiento de que cada uno está haciendo lo que puede hasta que Poseidón les permita verse de nuevo.

    La bendición del día

    Que ante las pequeñas distracciones y despistes, no te asuste el fantasma del declive, sino que lo celebres como la prueba de que estás disfrutando de una fantasía apacible; que siempre tengas a la mano tus cartas, tus libros y la sabiduría suficiente para regalarte el derecho a descansar y meterte en algún problemilla inofensivo (quizá).

    Que cuando la suerte te sonría en el trabajo, no dudes en celebrar los guiños divinos, o predestinados, manteniendo la claridad para dividir tus días entre los recursos que ganas y las oportunidades que construyes.

    Que te mantengas incólume frente a las lecturas incómodas y, sobre todo, del veneno del algoritmo que intenta saturarte con el ruido de los pretendientes y las quejas ajenas.

    Y que, finalmente, encuentres siempre el refugio perfecto en tu casa y en tus espacios íntimos, recordando que silenciar el bullicio del mundo es la mejor manera de guardar la distancia, saborear el tiempo con los tuyos y preparar, a tu propio ritmo, el esperado regreso a casa.

    Nos veremos cuando Poseidón nos lo permita, viajero.

  • 11:26 AM

    11:26 AM

    En la entrada de hoy comparto mis impresiones tras ver La Odisea de Christopher Nolan.

    Entre el recelo inicial por el reparto de Hollywood y el análisis de sus obsesiones visuales, desgloso cómo esta versión comete el pecado de despojar al héroe de su elocuencia y su palabra.

    Al final, me refugio en la intimidad de la página, el único lugar donde el navegante recupera su verdadera voz.

    I. 🏛️🎬 ( 👁️ ʖ 👁️)🍿

    Ayer vi una de las películas que estuve esperando desde que escuché rumores de su existencia: La Odisea, de Christopher Nolan. Tenía curiosidad por saber cuál sería la versión de este cineasta sobre el héroe más grande de la cultura occidental. Grande es decir poco: Odiseo es el héroe arquetípico, el papá de todos los héroes. Telémaco solamente es uno de sus chamaquitos.

    Me costó un poco de trabajo, pero traté de ser lo más limpio posible; por ejemplo, cuando supe que Matt Damon era Odiseo, suspiré y me mordí los labios. Una vez que has leído La Odisea, creas prototipos y escenarios en tu imaginación, diriges tu propia versión. Pones actores, los mejores, los únicos. Cuando se trata de una obra de ese tamaño, se vuelve una gran responsabilidad. Vamos, si el típico nerd enloquece cuando hay un nuevo Han Solo o Boba Fett o lo que sea que se les ocurra… Imagínate escoger a alguien para el papel de Odiseo, el papel de Penélope, el papel de Helena de Troya y Menelao, y Agamenón, y Tiresias.

    II. 🏛️📜 ( 👁️ ʖ 👁️)⏳

    En el caso de La Odisea, no es como que haya reboots o nuevas versiones cada cierto tiempo. Quizás cada diez o quince años sale una versión que apenas algunos ven, producida por algún canal gringo o británico de tele abierta. TikTok consiguió popularizar a Odiseo a través de una animación cantadita planeada por Jorge Rivera-Herrans. Y en estos años se volvió popular una nueva traducción, la de Emily Wilson, donde propone una nueva terminología no solo como un ajuste de estos tiempos, sino también como una discusión a traducciones pasadas que —como Nolan— trataban de apropiarse del texto a través de una perspectiva: la poética y el entorno mismo del traductor (traduttore, traditore).

    La Odisea es un portento, un himno, pero no es un blockbuster para atraer a la gente, como alguna película de superhéroes. Su poética complica su lectura como un libro de estos tiempos y su lectura, aunque yo la considero necesaria, misteriosamente no lo parece porque, cuando alguna persona lee La Odisea, se da cuenta de que todo el tiempo la ha estado leyendo a través de otras obras: un héroe de guerra viaja para regresar a casa; un pirata recorre las islas para encontrar el One Piece; un jedi recorre la galaxia para encontrarse con el holograma hecho carne; un hombre que codicia poderes masculinos y femeninos tiene que someterlos para controlar la especia; una mujer se infiltra en el ejército disfrazada de hombre para salvar a su padre.

    Sin embargo, hay un gran riesgo en que Nolan le ponga una cara fílmica, popular y estridente a Odiseo. De una manera ambiciosa, está apropiándose de la historia del Padre Héroe (claro, es solamente una versión, es un intento; ya nadie puede apropiarse de La Odisea porque nos pertenece a todos). También está la cuestión peliaguda de que Hollywood, desde hace cuarenta años, produce variantes del viaje del héroe —el cual es Odiseo por excelencia—, entonces podría considerarse irónico que, finalmente, Hollywood haya vomitado una versión de versiones: todos los aprendizajes de Odiseo metidos en una lata de sopa.

    III. 🎯⚓ (🎬•̀_•́)🍿

    Notas sobre La Odisea (puede haber spoilers porque Nolan cambia la historia para adaptarse a sus deseos):

    1. Nolan es efectivo para crear amuletos, objetos de poder que resuenan dentro de la obra: la fotografía de Memento, la armadura de Batman, el diario de Joker (sé que es de Heath Ledger, pero el proceso mismo lo empujó a crear este objeto divino que vive fuera de la obra), la peonza de Inception y, en esta ocasión, el arco de Odiseo. De todos los objetos que ha creado, este último es mi preferido.
    2. Nolan y su obsesión por crear un nido de historias, de engaños y de perspectivas. Capas y capas que estamos pelando. No solamente es La Odisea, sino que es el siguiente nivel del director. Pienso lo mismo que algunas personas misteriosas en el internet: creo que faltó la presencia de los dioses. Por esto mismo, Atenea se convierte en un descubrimiento interesante y su revelación es notable.
    3. Yo sí creo que Lupita Nyong’o puede ser Helena de Troya. Anne Hathaway como Penélope estuvo excelente. Cuando le recuerda a su hijo que ella ha estado veinte años en el trono, defendiendo las tradiciones y usando todos los elementos posibles para esperar el retorno del rey, está increíble.
    4. Aprecio la fotografía nocturna de Nolan; es de lo mejor que se ha visto en estos tiempos. Es de notarse que la noche de Troya no se tragó la presencia de Agamenón. Una parte del internet parece celebrar sus vibras de Darth Vader con la armadura oscura que porta. Bueno, quizás merece la pena recordar que Agamenón es… eh, patético. Una vez que Nolan le quita la armadura, esconde su rostro continuamente; eso me pareció genial.
    5. El descubrimiento de Argos como este perro enfermo que apenas puede moverse. No lloré la primera vez que lo vi, pero sí la segunda, cuando no puede contenerse y mueve la cola al ver llegar a su compañero de caza.
    6. Lloré cuando Odiseo «entra a las puertas del inframundo». Uno de los detalles que más me conmueve y emociona de Odiseo es que su viaje lo lleva al Hades. Odiseo habla con los muertos y descubre entre ellos al oráculo Tiresias (y hermafrodita, ojito ahí). Es la primera persona que entra con vida y sale con vida. Odiseo lleva en su carne a los espíritus, el reino de los muertos; verlo en pantalla me desarmó.
    7. El Odiseo de Nolan no solamente carece de los dioses, el aspecto divino, sino también de la palabra. Ni siquiera lo intenta. En el encuentro con Polifemo, cuando sus soldados le sugieren «negociar con la criatura si esta habla», Odiseo responde: «Ya estamos más allá de ese punto». Declaración de principios: Odiseo como recurso fílmico, un títere que navegará por dioramas que nos recuerdan la verdadera Odisea (hermosos y conmovedores, lindas imágenes para acompañar una lectura). Lo cual es tristón y patético, porque al final lo suben a un barco para «dejarse ir», «abandonarse a los designios de Poseidón y pedir su perdón». Pues qué Odiseo tan blandengue: no platica, no seduce, no engaña. Odiseo no solamente es el prototipo del héroe, sino también del antihéroe. Uno de los momentos más placenteros es cuando Odiseo le saca el ojo a Polifemo con una lanza y le grita: «¡Cabrón, mi nombre es Odiseo y soy el chingón de este barrio, y hazle como quieras!». La falta de elocuencia es notable en casi toda la película.
    8. Como el aspecto divino se ha perdido, también se ha perdido esa otra parte que es especialmente hermosa: los lotófagos, la cual debió ser la primera isla, pero la colocan en otro lado y con otras intenciones. Hace unos ajustes ahí —el poderosísimo poder del guion— y nos hace creer que una cosa es otra cosa, y otra cosa es otra cosa, y las cosas que fueron cosas ya no son cosas, sino cosas y otras cosas. Me gustaría sugerir que Inception, de Nolan, es un viaje de lotófagos; lástima que no pudimos verlo acá.
    9. Por último, aunque Odiseo ha perdido la palabra en esta versión, recupera un poco de su voz cuando es atado al mástil y escucha el canto de las sirenas. Es, quizás, una de las escenas más hermosas de esta obra. Matt Damon hace la chamba.

    IV. 🌅⚓ ( ˘─˘)っ✨

    La función termina y queda en el aire una certeza: el cine contemporáneo puede levantar dioramas espectaculares y atraparnos en laberintos de tiempo, pero sigue siendo incapaz de enjaular al mito. El Odiseo de Nolan funciona como un estimulante festín visual —es espectacular cuando Circe convierte a los hombres de Odiseo en cerdos, body horror machín, machín—, un ejercicio ambicioso que peca de solemne al despojar al héroe de su picardía y su palabra. Sin embargo, La Odisea posee una naturaleza indestructible que escapa a las obsesiones de cualquier director.

    Hollywood puede continuar reciclando el viaje del héroe en moldes de consumo masivo, pero creo imposible conquistar a Troya e Ítaca en una pantalla IMAX (aunque casi, casi lo consigue; el castillo de Ítaca me pareció un portento arquitectónico, un viaje de memoria y de tiempo). Odiseo habita, como siempre, en la intimidad de la imaginación, en ese lugar donde personalizamos la religión, las creencias, la ficción y los mitos; ahí es donde el navegante recupera su voz (una que podemos hacer nuestra) para recordarnos por qué, después de miles de años, seguimos perdidos en sus islas y que podemos retrasar, perpetuamente, todos los viajes para regresar a casa.

    La bendición del día

    Que ante los blockbusters ruidosos y las latas de sopa industrial que a veces nos vende la rutina, mantengas siempre intacto el control de tu propio timón y la soberanía de tu imaginación.

    Que nunca te haga falta la elocuencia ni la astucia para plantarte frente a los cíclopes cotidianos y recordarles quién manda en el barrio, negándote rotundamente a ser un títere mudo atrapado en dioramas ajenos.

    Que si te toca descender a tus propios inframundos a dialogar con las sombras, tengas la entereza de salir con vida; y que al volver, siempre te espere un Argos fiel que te reconozca y te mueva la cola.

    Que poseas la fuerza para atarte al mástil cuando las sirenas del autoengaño canten demasiado fuerte y que, finalmente, te concedas el lujo sagrado de perderte en tus propias islas, recordando que siempre se vale retrasar, perpetuamente, el viaje de regreso a casa.

    ¡Nos vemos después del canto de las sirenas, imaginante!

  • 1:26 PM

    1:26 PM

    En la entrada de hoy transito entre la metafísica cotidiana, el absurdo burocrático y la indignación social.

    Empiezo saboteando una pregunta automatizada de WordPress para rescatar el entrañable anhelo vegetal de mi abuela y declarar mi postura ante la única vida que nos toca jugar.

    Después, me acomodo como un fifiriche casual frente al lento viacrucis de la salud pública, y cierro con una disección frontal sobre la miseria espiritual y la soberbia de un viejo poder corrupto que se niega a la irrelevancia.

    I. 🦉🌳 ( ゚Д゚)🍃

    WordPress preguntó en el dashboard: «Si fueras un animal por una semana, ¿qué animal te gustaría ser?». Primero me puse chistoso: «Bro, sería un güey, jaja. Una vaca pastando. Jaja. Ya soy bien animalito, bro, jaja». Supongo que alguien se tomará la pregunta en serio: «Carnal, quiero ser un águila real y sobrevolar las alturas como el chingón de mis dominios». En este instante, tomándose la pregunta desde otra perspectiva, una más slice of life, unos pajaritos cantan afuera de mi ventana y pienso: «Me gustaría ser como ellos». Pero el bro que escogió ser el águila real ya estaría aterrizando rapazmente para destruirme o algo así.

    Si pensara en alguno de mis cuentos, quizás me gustaría ser un caracol o una tortuga: una piedra biológica de pensamiento lento y continuo, los animales que navegan los ríos temporales.

    Mi abuela, cuando era su chiquillo, alguna vez escuchó mi pregunta extraña: «¿Te gustaría revivir como un animal?». Ella me dijo: «Me gustaría ser un perro o… —se corrigió casi al instante—, mejor me gustaría ser un árbol». «Pero abuela —pensé—, ¿qué pasa si el perrito te hace pipí encima?». Me contuve por obvias razones. Lo que sí le dije fue: «Oye, pero un árbol no es un animal», y ella respondió: «No me importa, no quiero caminar, buscar alimento, tener problemas. Solo quiero ser un árbol, estar plantada y crecer, sin pensar en nada más».

    A veces, cuando estoy deprimido, pienso que ella tiene razón, aunque estoy cada día más seguro de que la resurrección no existe y que solamente tenemos una oportunidad, una vida; lo mejor que podemos hacer es jugársela hasta el final de los días. Jugar y divertirse, crear juegos y entornos de amor para los nuestros. Estás apostando la vida por lo que más quieras, y eso que quieres es algo íntimo, algo oculto, algo que solamente tú sabes y nadie más.

    Kafka me ha enseñado que no me gustaría ser un escarabajo o una cucaracha. Creo que no me gustaría ser una rata, pero no lo descarto del todo; y aunque amo los tlacuaches, tengo la impresión de que Dios no me permitiría ser uno, y que me falta dignidad y valentía. Quizás la pregunta está verdaderamente dirigida a furros y therianes. Ellos se ponen su traje, asumen su persona y ya, viven otra vida. Fácil.

    II. 🏥💊 ( ゚Д゚)⏳

    Una mañana de unidad médica familiar para recoger mi receta. Me formé y me di cuenta de que estaban enviando a la gente a coordinación para cambiarla. Van dos veces que falta alguno de los medicamentos; ya me esperaba una tercera. Adelante de mí, un viejo poco paciente, cuando tuvo la noticia de que faltaba algo, soltó un: «No es novedad, nunca hay medicinas». Uno de esos discursos que siguen flotando en el aire, post-COVID. El señor, un poco impaciente, recogió las pastillas que sí le dieron y se fue.

    Entregué la mía y me dieron el mensaje de rigor: «Le tienen que cambiar toda su receta, vaya a coordinación». Yo le mandé un mensaje a mi esposa para que buscara estacionamiento. Fui a la oficina de coordinación; una doctora me dijo: «Vamos a tardar, ¿eh?, porque son muchas». Señaló un bonche de papeles, decidí creerle y le dije: «Sin problemas».

    Me recargué en un pilar porque todos los asientos estaban ocupados y puse mi mejor mentalidad de fifiriche casual, en espera de alguna galanura. En eso se me fue toda la mañana. Cuando me dieron mi receta, noté que no había cambiado nada; solo me dieron algunos compuestos por separado, por alguna extraña razón.

    III. 🎯🚗 ( 💥•́__•̀)🏢

    Hace poco detuvieron al tirador de la Atlixcáyotl, un hombre llamado Rafael Z. Aparentemente, era un hombre que le disparaba a los autos desde una posición alta, conveniente, como lo hacen los francotiradores que prontamente alcanzan el complejo divino. Según tengo entendido, no mató a nadie; nomás espantó a quien fuera pasando, según sus antojos y deseos. Es un hombre de origen español que, durante el gobierno priista de Marín, obtuvo contratos millonarios de farmacéuticos. Tiene su propia gasolinera en algún lugar.

    Su familia, según dicen las redes —aunque me gustaría creer que exageran—, abrió un Change.org para que firmes y ratifiques el prestigio del señor. Está chistoso, al final, que estén primero preocupados por su expresión social que por otra cosa, como su sociopatía, por ejemplo. Medio vi el video de su captura y disparó a los agentes que estaban a cargo de detenerlo. Por fortuna, nuevamente, no mató a nadie.

    Yo lo que pienso es que odia a México y odia a los mexicanos profundamente. Pienso que es un hombre desagradable, de esos que cuando tienen poder no dejan de usarlo y no dejan de expresarlo. Y ahora que es un hombre viejo al que nadie hace caso, lo mejor que pudo hacer fue conseguir un arma y dispararle a los autos desde una posición de poder y de prestigio, desde las alturas, desde aquello que perdió hace tiempo. Ese es el nivel de su pobreza espiritual e intelectual, no se hable de su nivel moral, y no quiero imaginar lo que significa ser su empleado, o ser su hijo, o ser algo que esté en sus periferias.

    Ojalá reciba lo que merece, con eso concluyo, y me olvidaré de su nombre, y su existencia, porque no merece más.

    La bendición del día

    Que cuando el peso de los días te abrume, poseas la sabiduría vegetal de tu abuela para anhelar la quietud de un árbol que solo crece sin pensar en problemas, pero que recuperes de inmediato la lucidez para recordar que esta es nuestra única oportunidad y que vale la pena jugársela toda, todititita y todototota entera, construyendo entornos de amor y juego para los tuyos.

    Que ante los laberintos de las salas de espera, el desabasto y los trámites absurdos de la vida, nunca te falte la ligereza y el porte para recargarte contra un pilar de concreto y encender tu cigarrito imaginario, para convertir el tiempo muerto en humo.

    Y que, finalmente, te mantengas siempre a salvo y a una distancia saludable de la periferia de aquellos personajes que, carcomidos por su propia ruina, solo saben relacionarse con el mundo a través del desprecio, los delirios y la violencia.

    ¡Anda tranquilo, la Atlicáyoxtl está libre de tiradores!

  • 9:41 AM

    9:41 AM

    Esta entrega es una crónica irreverente y —espero— lúcida que arranca con el pánico de las etiquetas juveniles en el aula y termina refugiándose en el cinismo ilustrado de Carlos Monsiváis.

    Entre un repaso al declive narrativo del cine imperial y la trinchera analógica que blinda dieciocho años de matrimonio frente al algoritmo, escribo un pequeño manifiesto a favor de la intimidad y (probablemente) el derecho al placer inútil de las ficciones.

    I. 🏫💥 (🎬•́__•̀)⏰

    Ya que pasaron unos años del evento, recuerdo que alguna vez, mientras revisaba trabajos en equipo, una alumna se acercó y me preguntó de forma estridente: «Profe, ¿y alguna vez usted dejó de ser fuckboi?». Sonaron las alarmas; alguien aventó una granada. Los alumnos alzaron la vista, se miraron entre ellos y luego me voltearon a ver. Lenguaje de chavos, tema escabroso, sirenas antibombas a todo lo que dan, ¡escóndete! Pero la reconocía como una de esas chamacas que tienen los filtros disminuidos, así que no le tomé mucha importancia en ese momento.

    Al instante, tuve una respuesta mental: «Quizás debería preguntarle a mi esposa si he dejado de serlo». Otra respuesta que no pasó el filtro de cerebro a boca: «¿Eh? ¿Quién te habló del jovenazo Agustín Fest, fuckboi profesional?». En ese momento, seguramente respondí algo neutral, como de señorcitos, un murmullo de: «Nombre, para nada, a ver… primero, qué es eso de fuckboi, explícame», pero no lo recuerdo, porque la pregunta me agarró por sorpresa y a estas alturas la respuesta fue cualquier cosa.

    Años después sigo pensando en ello.

    Fue la misma clase donde otra alumna me dijo: «Usted tiene cara de omega». Y yo, por dentro, me acaricié la cara y me dije: «No quiero saber qué chingados es un omega». Aunque me daba una buena idea; después de todo siempre estoy navegando en internet, estudiando nuevas narrativas porque soy curioso, y estoy loco. Pero también estoy en mis cuarenta y tantos, me duelen las rodillas, mi cuerpo se sostiene milagrosamente. Tengo suerte si soy un gamma (jaja), o un epsilon. Prefiero dejar el lenguaje de los chavos como lo que es: algo ajeno, lejano, quizás intocable.

    Dudo ser un omega y, definitivamente, no podría ser un fuckboi. Pero ¿qué es eso, además de lo obvio? Porque seguramente tiene sus matices, sus grandes posibilidades, sus variantes alternativas. ¿Alguna vez lo fui? Bueno, si acaso soy un viejo puerco y sincero, creo que siempre lo he sido. Es decir, viejo puerco del nivel: sigo a Sydney Sweeney e Izzy Brooks en Instagram. Nunca abro X porque me distrae su porno dirigido a mi segmento. Aunque tampoco soy viejo; me faltan unos añitos para esa denominación.

    Soy un preoldboi.

    II. 💍🤫 (🕶️¬‿¬)🍯

    Hace unos días, una de mis alumnas más chidas preguntó: «¿Por qué nunca veo fotos tuyas de Sol en tu Instagram?». Por otra parte, para echarle gasolina al fuego, nunca llevo mi anillo de casado (se perdió en uno de mis viajes, al segundo año de casados). El oldboi es bien fuckboi, está disponible, ¡éjele!

    Hace unos días cumplimos dieciocho años de casados. Hablar de nuestra historia es complejo —llena de emoción y complicidades—, pero con la agresividad que tienen las redes sociales y sus algoritmos de estos tiempos, prefiero no revelar algunos misterios. Me guardo algo para mí. Tampoco tengo fotos actuales con mis amigos o mis colegas; no muchas, digo. Sin embargo, creo que escribo de Sol todo el tiempo, muy seguido, de cómo su presencia en mi vida ha iluminado algunas oscuridades. La presencia de Sol está en la ficción que he escrito y he publicado, y también está en este espacio donde puedo hablar de lo que vivo y que no está matizado por el engagement y el flujo de la información. Curiosamente, leyendo se puede saber más de mí que en cualquier otra parte. Aquí escribo de algunos enojos, algunas carencias, fantasías y ficciones. Este templo contiene un nicho muy particular, uno de los santitos que están en una esquina es patrono de la vida normal de una pareja casada y sus efectos.

    Nunca he querido convertir mi vida íntima en un show de Instagram. Brevemente, cuando fuimos novios y existía algo llamado Big-Blogger (una suerte de Instagram durante los dosmiles), publicábamos muchas fotos juntos y luego era un tema de aguantar a los haters y los comentarios ojetes. No es algo que me gustaría que se repitiera bajo ninguna circunstancia, aunque actualmente soy nadie para los algoritmos. Este es un espacio para celebrar nuestros dieciocho años de casados. Aquí seguimos, a pesar de que el marido ha hecho todo lo posible para tener enfermedades mortales, crónicas, degenerativas, perversas, y de que es un maldito fuckboi.

    III. 🦸🏼‍♀️🚀 (🎥•̀_•́)🍿

    Vi Supergirl. Creo que es una película con problemas de ritmo. Me cuesta trabajo asimilar la idea de que Supergirl es una aventurera espacial porque no fueron los cómics que yo leí, o el personaje que yo tenía registrado, pero aparentemente es una iteración muy popular de estos tiempos; válido. La actriz, Milly Alcock, me parece fabulosa; tiene registros chidos, encantadores. La vi en la primera temporada de los dragones de Game of Thrones (solamente la primera, intenté seguirla pero me aburrió) y me pareció una buena actriz. La otra chamaquita (Eve Ridley) también actúa muy bien y Jason Momoa como Lobo me pareció… eh, no sé, gordo y huevón. Soy yo actuando como Lobo.

    Se nota la influencia de Gunn: los superhéroes como los nuevos líderes en el género de las operetas espaciales. Intenta algo en el departamento de música pero no me pareció efectivo (como sí lo fue en Guardians of the Galaxy o Suicide Squad). En conclusión, me pareció una película convencional de superhéroes, cumplidora de estándares. Estuvo bien verla en el cine, pero mejor la hubiera visto en streaming. Esto es lo que se está perdiendo en estos tiempos y de lo que nos advierten algunos cineastas: el ritmo narrativo, la maestría de cámaras e iluminación, la vista de cómo llevamos una película a una pantalla de cine para engullir al espectador y transportarlo a otra parte. Supergirl no lo consigue, quizás apenas. Aunque tiene estos problemas, tampoco entiendo por qué tanto odio en redes sociales.

    Sol me comentó que había una expresión migrante por ahí. Chica blanca, de ojos azules, interpreta un papel de migración a través de las dificultades de adaptarse; el lenguaje, por ejemplo. Muy similar al clásico argumento de que Superman —el übermensch— es primero migrante que otra cosa. Yo solo pude pensar que los gringos tienen estas historias, pero en capas superficiales, porque no han hecho nada por ellos, o por el mundo. Trump sigue en la presidencia.

    Sabrá Dios si estas exigencias a la ficción son justas. Hace poco leí una cita de Borges sobre la utilidad de la poesía. Parafraseando, Borges responde: «¿Para qué sirvo yo? ¿Para qué sirven los cafés de la mañana?». Buscar la utilidad en la ficción es mezquino y desolador. Creo que Borges respondería lo suyo con una sonrisa. Somos una broma, quizás, la búsqueda es no tomarnos demasiado en serio cuando nos veamos en el espejo.

    IV. 📚🇲🇽 ( ̄. ̄)🥃

    Terminé el libro de Carver y he comenzado un libro de ensayos sobre escritores mexicanos de Carlos Monsiváis. Me voy a tatuar en el brazo: leer me gusta mucho. Dice Carlos Monsiváis en Los rituales del caos:

    Convénzanse, uno no triunfa, uno nace en el triunfo y allí se consolida; quien en estos años quiere triunfar, será siempre un fracasado. El triunfo es cada vez más herencia genética: destreza en las finanzas, la política, el cultivo de las relaciones. Es ridículo andar por la calle musitando consejas y máximas («el éxito es una convicción íntima»); ésas son andaderas mentales, puras pendejadas.

    Salud por eso, Carlitos. Perdón, don Monsiváis. Mientras lo leo, caigo en cuenta que murió en el 2010 y que se salvó de la pandemia. Me quedaron ganas de escuchar sus pensamientos sobre este evento transformador y devastador para muchos.

    La bendición del día

    Que en este ecosistema devorado por las métricas del engagement y la urgencia de los escaparates digitales, mantengas intacta la soberanía de tus rodillas cuarentonas y la gloriosa autocrítica de ser un digno preoldboi.

    Que la presencia de tu propio sol continúe iluminando cada una de tus zonas oscuras, permaneciendo a resguardo de las dinámicas agresivas del internet, porque los secretos mejor guardados no se revelan en una galería de fotos.

    Que cuando el mundo moderno intente medirte bajo la vara de la productividad, tengas siempre a la mano la elegancia borgeana para recordar que la ficción, la poesía y los cafés de la mañana no necesitan tener una utilidad práctica para justificar su existencia.

    Y que, finalmente, frente a las andaderas mentales del éxito corporativo y las máximas baratas del optimismo, te cobije la lucidez implacable de don Monsiváis para brindar con el cinismo de un viejo puerco y sincero por las ficciones que verdaderamente nos salvan la vida.

    Que el día de mañana nos encontremos en un planeta de súper héroes y villanos retirados.