Hay días en que la huelga del cuerpo es absoluta y la mente se ve obligada a capitular ante la fiebre.
Esta entrada es el registro de un repliegue doméstico: el espionaje indignado de Morgana, la tregua herbal ante unos pulmones enjaulados y el espejo de la vulnerabilidad reflejado en el estrés territorial de Archer.
Una crónica mínima, escrita desde la neblina mental y la voz rota, sobre la rendición ante el síntoma y la sabiduría de aceptar el bestiario de nuestras propias cicatrices. 🌡️🐾
- Morgana es muy chistosa. Cuando viene un extraño, se mueve agazapada de habitación en habitación. Se esconde, sí, pero también la mueve una enorme curiosidad por vigilar y comprender las motivaciones de los visitantes. Cautelosamente, asomada desde una columna, parece preguntarse: «¿Quién es ese tipo, qué hace aquí y por qué nadie ha hecho absolutamente nada para sacarlo de nuestro territorio?». 🐱🕵️♀️🏛️🚨
- Me dio una de esas gripas fulminantes. Siento como si mis pulmones estuvieran comprimidos por una jaula de hierro que se ajusta un poco más con cada bocanada de aire. Despierto con el cuerpo molido, como si me hubieran apaleado en sueños, y a lo largo del día, cargo con un dolor de cabeza sordo. Lo único que ha traído paz es que he tomado tés calientes todas las noches; curiosamente, la alquimia nocturna ha resultado ser un remedio mucho más eficaz que cualquier fármaco para apaciguar la tos y apropiarme de unas horas de sueño corrido, ya entrada la madrugada.
- Me he sentido triste porque Archer no ha dormido junto a mí estas noches. Él había tomado el lugar de Nico; ella, desde cachorra, también se acostaba a mi lado y dormíamos juntos. Días atrás, Archer tuvo un encuentro con Lolo, el gato negro del fraccionamiento —digo que es del fraccionamiento porque es callejero, pero lo alimentan y lo cuidan entre varias casas—. Lolo generalmente es un gato amable que duerme bajo los autos o en los porches, y se da sus vueltas para cazar lagartijas y cucarachas. Sin embargo, una mañana subió a nuestras tejas, Archer lo interceptó y siguieron el viejo ritual de la territorialidad. Archer salió victorioso, pero ¿a qué costo? Me la he pasado acariciándolo y diciéndole que ha sido un gran protector de la casa, que ya no tiene por qué hacerlo él solito, que estamos con él. No sé si ha servido de algo. Desde entonces, parece resentir lo que pueda pasar allá afuera; incluso se hizo popó en la cama de las visitas, algo que nunca nos había ocurrido. Está estresado porque se le juntaron demasiadas cosas estos días: las gripas de los humanos de esta casa, los cambios de rutina, la amenaza de Lolo. Procuro buscarlo y decirle que todo estará bien, que está a salvo y que su vida de nómada ya pasó, que es un miembro legítimo de nuestra casa, pero ¿cómo puedes curar el espíritu de un animal? Mi espíritu de animal abandonado, por ejemplo, ha tomado muchos años en curarse, en sentirse cómodo con el desarrollo de su vida. (=•ㅅ•=)┌┛
- Aceptar lo que eres significa mirar un bestiario de las cicatrices en tu cuerpo, tus disciplinas forzadas, tus manías obsesivas y ese espíritu de animal abandonado que tardó décadas en bajar la guardia. Significa admitir que no solamente eres un diseño fijo o definitivo, sino también este animal con una terca capacidad de adaptarse a la fiebre, al territorio y a los cambios. Debería confiar en Archer. No pasará el día de mañana, pero quizás pronto. Dijeron los psicólogos de comportamiento que veo en YouTube: el organismo siempre hace lo que debe hacer para triunfar. Mis triunfos se han conseguido a través de la aceptación, de la insistencia, de seguir leyendo y aprendiendo. El cuerpo no se equivoca; simplemente activa sus mecanismos para asegurar la supervivencia.
- No voy a escribir mucho más el día de hoy, pero al menos quería dejar constancia de algo. Qué ironía que justo la semana pasada haya leído On Being Ill, ese ensayo de Virginia Woolf. Debería estar haciendo muchas cosas, como preparar las siguientes lecturas de la maestría, pero esta mañana descubrí que mi cabeza no está hilando correctamente los pensamientos; la invade esa neblina densa que viene con las mucosidades y los dolores de cuerpo. Hoy paso de grabar el podcast en Substack porque cargo una voz carrasposa de marinero enfermo. Mañana, espero, será otra cosa. 🎤(×﹏×)📻
- Cosas que enturbian el cuerpo y conmueven el espíritu: observar a la minina moverse agazapada, vigilando con recelo las intenciones de los extraños desde el parapeto de su columna. Despertar bajo el peso de una gripa fulminante, con los pulmones confinados en una jaula de hierro que solo se mitiga con tés calientes por las noches. La melancolía de que un compañero deje de compartir la almohada tras librar una feroz batalla en las tejas contra los inventados enemigos del vecindario. Conmoverse viendo su angustia de antiguo nómada, volcada en un accidente inédito sobre la cama de visitas. Reconfortarse con la máxima: el organismo siempre hace lo necesario para triunfar. Abrazar el bestiario de cicatrices del propio cuerpo, como una memoria vital e inexorable. El fastidio de una neblina mental y una voz carrasposa de marinero enfermo, pero la esperanza de que será mejor el día de mañana.
La bendición del día: que te sea concedido el amparo de una taza de té hirviendo cuando el pecho se sienta de hierro y las ideas se dispersen en la niebla.
Que las fronteras de tu refugio queden a salvo de intrusos y que el estrés de tus viejas batallas nómadas halle, por fin, un espacio de tregua y consuelo en la cama.
Que te otorgues el derecho divino de mandar los pendientes al carajo mientras sanas esa voz de marinero enfermo, y que abraces con paciencia la huelga de tu cuerpo.
No hay error en el cansancio: recuerda que, ante la enfermedad o el desamparo, tu organismo está haciendo exactamente lo que debe hacer para triunfar.
Que pases buena noche. 🍵⚓🐱
