Autor: arbolfest

  • 10:54 AM

    10:54 AM

    Esta entrega es un recorrido íntimo por las arquitecturas de la ausencia, disparado por la mítica figura de Sam Neill como un padre construido con piezas de Lego.

    El texto camina a través de la nostalgia analógica de los engranes y estilógrafos olvidados en las madrugadas de la juventud.

    Finalmente, se cruza con las místicas sincronías de La historia interminable y Manifest para aterrizar en la neurosis elegante de Archer, el gato cuyas piruetas actúan como el bálsamo perfecto para sanar el pasado.

    I. 🦖🌌 (🎬•́__•̀)🌾

    Desperté con la noticia de que Sam Neill está muerto. El doctor sardónico de Jurassic Park. Navegante espacial y detective de la locura; mago supremo, almirante o capitán de un submarino, no estoy muy seguro. Como fui un chico sin padre, no me era difícil buscar en Hollywood un prototipo de lo que me gustaría que fuera mi padre. Como dice el viaje del héroe: los huérfanos son los héroes predilectos porque en ellos podemos construir a nuestra familia ideal; nuestras mitologías internas son como una arquitectura de Lego, tan versátiles e imaginativas cómo queramos hacerlas con los referentes que ya tenemos.

    Por hoy, solamente por hoy, diré que Sam Neill es mi padre.

    Buenas noches, Sam. Quizás lo que más recuerdo de tus actuaciones son tus ojos espesos e intensos. Lo que recuerdo, en segundo lugar, es tu sonrisa de hartazgo y cómo esta construcción de tu rostro llevaba a una cadencia muy particular en tus diálogos. Espero que estés montando unos raptores en las praderas de un cielo oscurecido por un dios primordial.

    II. 🚬👨‍👦 ( ゚Д゚)💨

    Como este día trata de daddy issues, anoche leí un diálogo que me conmovió en un cuento de Carver. Un chico habla con su padre antes de dormir; está profundamente agitado porque vio a su padre pelearse a golpes con otro señor para defenderlo a él. Eso lo emociona mucho porque lo mira, por primera vez, desde otra perspectiva: una ajena, salvaje y sin filtros. Dice el niño:

    “¿Papá? Pensarás que estoy mal de la cabeza, pero me gustaría haberte conocido cuando eras pequeño. O sea, cuando tenías más o menos mi edad. No sé cómo decirlo, pero eso me hace sentirme un poco solo. Es como… como si te echara ya de menos si ahora me pongo a pensarlo. Una idea de locos, ¿no te parece? Bueno, déjame la puerta abierta, por favor.”

    Carver empieza este cuento con el hombre tratando de dejar el cigarrillo. Es un maestro.

    III. 📐☕ ⚙️(_ _ )zZ

    Este fin de semana dormí muy mal porque me levanté a trabajar tempranísimo. Tocó evento especial del juego por su aniversario. No fue difícil, digamos, pero tenía que estar atento. Tres litros de café para mantenerme despierto y, luego del evento, dormí intermitentemente como un oso al que le quebraron la hibernación. Recuerdo cuando era un chaval y mi única preocupación de madrugada eran las láminas de dibujo técnico. El trabajo que no había hecho en la semana se acumulaba en dos, tres, cuatro o seis láminas. Según mis cuentas, quería hacer todas un miércoles en la madrugada, una tras otra; muy irresponsable. Encendía el televisor y prefería mirar películas del cine de oro o la repetición de telenovelas viejas. Me decía a mí mismo: “en quince minutos termino una y luego ya va la que sigue”. La misma mentira, cuando sabía perfectamente que cada lámina podía tomarme 45 minutos o más de una hora, dependiendo de la tinta y de si no la regaba con mi estilógrafo. Sí, las hacía, pero mal e incompletas; sacrificaba entregas.

    Décadas después, pienso que tengo esta habilidad mediocre que no tengo idea de cómo expresar o utilizar, porque al final pasé muchas horas en eso. No tengo un restirador, no tengo estilógrafos, tampoco tengo papel albanene, ni pienso en figuras isométricas y cómo colocarlas en los espacios. Todavía conservo las escuadras, pero ¿de qué me sirven? Muchos años cargué con mi portaláminas, que eventualmente se quedó atrás en alguna mudanza. Sabía hacer engranes —era uno de mis ejercicios preferidos—, pero temo que ya lo olvidé. Tengo navajas para limpiar el papel y un montón de lápices que rara vez utilizo, pero eso es todo. Hoy pienso que debería honrar esa parte de mi vida. Quién sabe si lo haré aunque, en otro tono, puede que de algún modo ya lo esté haciendo. Escribir de ello es una manera de no olvidarlo.

    IV. 🃏📚 ✨( ˘▽˘)っ📖

    WordPress pregunta cuál ha sido el libro que he leído más veces. Creo que La historia interminable, el cual habré leído más de seis o siete veces. Curiosamente, justo este domingo terminé de ver una serie llamada Manifest. En sus últimos capítulos mencionan La historia interminable como uno de los libros esenciales de algunos personajes. La serie conecta los arquetipos del tarot y otras simbologías, así como parece hacerlo La historia interminable con la cantidad de personajes y entornos que maneja. Me pareció curioso que me recordaran mi libro preferido («nada es casualidad, todo está conectado», dicen ominosa y jocosamente los personajes de Manifest). Anotaré esto en mi diario de papel. Quizás deba prestar atención al clima, a las casualidades, a las pequeñas cosas que pasan.

    V. 🐈🐾 (ↀДↀ)✨

    Archer, algunas veces, se acerca para restregarse contra mis piernas. No sé por qué, pero hace un saltito, como si tratara de alcanzar algo por encima de él. Luego se gira sobre su eje, se restriega y hace uno o dos saltitos más. Maúlla chiquito, un poco coqueto. Alcanzo a tocarle la cabecita, pero rápidamente se aleja porque no me necesita. Me cuesta aprender que son los gatos quienes controlan la intensidad, la intención y el desarrollo de las caricias. Con ese acto, parece un gatito de circo con un acto bien entrenado. Me pregunto si es un condicionamiento de sus otras vidas.

    Tiene otras rutinas igual de encantadoras, como cuando se tira a la mitad de la nada, da vueltas en el piso y maúlla él solo. Te acercas para acariciarle la pancita porque has notado que hay un gato a la mitad de todo, santo cielo, alguien debe acariciarlo y, cuando estás a uno o dos pasitos, él se levanta rápidamente y se va; maúlla travieso, como si dijera: «Hey, pequeño imbécil, ¿no dijiste que no te ibas a enamorar de mí?». Y yo me río porque siempre caigo en su trampa. Y le digo: «Don Piruetas, ¿a dónde vas, don Piruetas?». Pero él ya ha desaparecido, como este espíritu blanco que aceptó nuestra casa y ha curado, con su neurosis gatuna y elegante, la partida de Nico.

    La bendición del día

    Que cuando el mundo exterior te recuerde las ausencias, poseas la magia interna para edificar tu propia mitología de refugio con los retazos perfectos de la ficción y el celuloide.

    Que tengas la ternura para dejar la puerta abierta a los recuerdos, reconciliándote con el chaval que fuiste y honrando cada hora invertida en tus antiguos trazos, aunque hoy tus escuadras y tus líneas isométricas descansen en el desuso.

    Que afines la mirada para notar las pequeñas cosas, el clima y esas hermosas casualidades que se empeñan en recordarte que todo está conectado en tu diario de papel.

    Y que, sobre todo, caigas siempre desarmado ante el juego de las rutinas de tu hogar, permitiendo que la elegante neurosis de un «Don Piruetas» llene los espacios vacíos y cure de golpe los fantasmas del ayer.

    Nos vemos pronto.

  • 10:56 AM

    10:56 AM

    Esta entrega es una caminata fragmentaria que arranca con la nostalgia cósmica por Nico y termina desarmando la paranoia del Panóptico digital a través de nuestras vidas secretas.

    Desde las lecturas de tarot de madrugada hasta los saltos intergalácticos en No Man’s Sky, exploro cómo el verdadero juego de la existencia ocurre siempre fuera del alcance de los algoritmos.

    Una bitácora que encuentra en la narrativa interna de Carver el refugio perfecto para sabotear el insomnio y abrazar la libertad analógica.

    I. 🐶🌌 (🐾•́__•̀)

    Facebook probablemente lo sabe, pero aun así me muestra fotos de Nico para recordarme su ausencia y provocarme el bajón de extrañar a mi vieja gorda y orejona. Ayer me notificó de una pequeñísima sesión de fotos: Nico estaba sentada sobre el reposapiés, mirando hacia arriba, como si estuviera siguiendo el vuelo de un fantasma o de una mosca. De vez en cuando hacía eso; yo creo que me tomaba el pelo. Sin embargo, me gusta creer (como me gusta creer tantas cosas) que Nico miraba espíritus a partir de la segunda mitad de su vida, o que era capaz de contemplar los rastros cósmicos de la galaxia.

    II. 💬💄 ( ͡° ͜ʖ ͡°)📱

    Me agregó una de esas muchachas falsas en Facebook. Sorprendentemente, la plática es muy orgánica; no parece una inteligencia artificial. Dijo que trabaja en una farmacia y que vende contenido hot. Entonces le pedí que me enseñara el catálogo, como si esto fuera Avon. Treinta fotos y diez videos por 400 pesos; nada caro, según ella. Durante la pandemia —porque en la pandemia todos enloquecimos— me suscribí a un par de cuentas de OnlyFans. Básicamente lo hice por morbo. No fue una gran experiencia, no aprendí nada de ello y tampoco me dio grandes placeres. Lo hice con el afán de entender la tecnología, de aprender quién la usa. El escritor debe meterse en todos lados (guiño, guiño). Pero, hablando en serio, me pregunto quién encuentra una verdadera satisfacción en estos sitios.

    ¿Qué te empuja a seguir adelante? La conversación, la curiosidad. Eso sí puede ser un hermoso engaño de plenitud: es como leer una promesa, la promesa de una gran historia. Te suscribes porque crees que encontrarás grandes cosas y resulta que nada se compara a tu imaginación ni a tus deseos. Cuesta trabajo entender que esa decepción existe, y las emociones que vienen con ella pueden ser imparables. No me creo del todo exento de percibir una satisfacción en este tipo de transacciones. Para cada uno de nosotros existe un juego cuyo diseño puede revelarnos el propósito de nuestra vida. Figúrate eso: encontrar la plenitud en el juego y que el juego te guíe al gran propósito. Creo en esa posibilidad; creer en ello me hace sumamente feliz.

    III. 🚀🌌 (っ·ω·)っ🪐`

    En No Man’s Sky, estoy haciendo el recorrido de sistemas solares para llegar al centro de la galaxia. Es un proceso un tanto rutinario y cómodo, pero también tedioso. Funciona un poco como fumarse un cigarrillo para pensar las cosas, sentir el dolor en los pulmones y decirse: «mañana lo voy a dejar», mientras cada nuevo escenario te inyecta un shot de dopamina. Hay sorpresas tras los saltos espaciales: el color de la galaxia, el tipo de estación espacial (no solo hay una estructura por raza, sino que a veces no hay estación, o está abandonada, o tomada por piratas), qué raza predomina, la combinación de colores, si el overseer será cúbico o esférico, o si podré vender los artilugios que compré en el sistema anterior por una ganancia más allá del 15%. El objetivo es visitar cada uno de los 16 tipos de galaxias que existen y tener una base en cada una de ellas. La estética del Gran Viaje.

    Una vez más, soy Max Muto en un viaje infinito.

    IV. 🏛️🪞 ( •_•)📱(•_• )

    En el libro de Mèlich, leo sobre el Panóptico y la idea de sentirnos vigilados. La universidad donde doy clases también tiene remanentes de esta arquitectura. Los edificios espejo permiten que veamos a todas partes y que estemos al tanto de todos. Está padre porque saludas a medio mundo, pero también medio mundo te mira pasar y escoge ignorarte (o, si eres paranoico, toma nota de lo que estás haciendo, pillín). Las escuelas no solo son espacios de enseñanza, sino también de construcción social, de sometimiento y de interacción con el poder invisible; el poder que imaginamos que los dioses ocultos tienen sobre nosotros. Las redes sociales amplifican la ilusión de que nos están observando y de que deberíamos tener cuidado con la revelación de nuestros deseos o nuestros gustos.

    A mí, francamente, todo eso me da lo mismo; la experiencia me ha enseñado que no soy tan importante como me imagino y que nadie habla de mí tanto como esos cuchicheos fantasmagóricos de mi cabeza. Reducir la existencia de una persona a sus likes o sus gustitos, a sus momentos irregulares de dopamina que le proporcionan las redes sociales, también es una cárcel: la prisión donde imaginamos que pasan cosas, que están hablando de nosotros y que se están tomando decisiones misteriosas sobre nuestra existencia. Una paranoia sostenida, regulada por fórmulas y suposiciones. Los algoritmos cuentan con nuestra superficialidad, pero hay detalles que no pueden ver. Por ejemplo, la sonrisa que viene de observar cómo juegan mis gatos, las caminatas que hago con el libro abierto, los juegos de Magic que tengo con mis amigos, las conversaciones que tengo con Sol o con mis alumnos, y que me revelan grandes cosas sobre su existencia. Ningún algoritmo es tan grande como eso.

    Los algoritmos no saben que tengo dos diarios que escribo a mano, donde también desarrollo mis ficciones y algunas mentiras, y que estoy jugando al explorador espacial en No Man’s Sky. Dentro de mí, tengo mil vidas secretas que se están desarrollando, y lo único que resta es compartir esa libertad, invitar a mis amigos y a mis amados a que tengan las suyas, y seguir escribiendo estas pequeñas cosas como un delirio de liberación. Abandonar las redes sociales está bien, pero creo que basta con ignorarlas y no pasa nada. Lo importante es conservar un espacio íntimo, privado, a pesar del ruido externo, del entorno abismal y tecnocrático al que nos están empujando.

    V. 🃏🔮 (っಠ‿ಠ)っ🎴

    Anoche me pidieron ayuda para entender una lectura de tarot. Accedí porque mi cerebro estaba sobreestimulado con la cafeína y no podía dormir. Estaba pensando en Henzie y en cómo mejorar a Henzie; me gusta mucho ese estúpido deck de Commander. Me levanté, fui a mi computadora, compré unas cartas de Magic en Hareruya que algún día llegarán y empecé a platicar con el consultante.

    As de bastos (inverso), as de espadas y reina de oros (inversa). En mi experiencia, los ases son cartas poderosísimas. No creo que tenga sentido ver el significado inverso; si acaso, es una ilusión de pérdida de energía, o de poder, o una disminución imaginaria de fuerzas, pero no se ha ido. No tiene caso espantar a nadie con los ases volteados. Hay que confiar en el as y sus propiedades fálicas de vato blanco y poderoso.

    El as del fuego (bastos) y el as del viento (espadas) pueden llevarse terrible o muy bien. El viento alimenta el fuego, o bien el fuego no levanta chido por culpa del viento; todo depende de la perspectiva. Son poderes eróticos, creativos y estratégicos que se están gestando para conseguir un fin; contrastes de poderes que deben manejarse de algún modo. No vi nada mal la lectura; si acaso, la reina inversa podría significar el cansancio de estar siempre arriba, como conejito drogado, disfrutando de la vida y sus regalos.

    Le compré una tierra Ziatora y un ignoble a Henzie. Espero que eso termine de amachinar su producción de maná. Solo me falta el troll que viene en la expansión de El Hobbit. Quiero que ese deck me dure para siempre; quiero que me entierren con él.

    VI. 📚🥃 (╯▰˘◡˘▰)╯📖

    Como no podía dormir, continué mi lectura de Carver. Leí dos cuentos: Jerry y Molly y Sam y Póngase usted en mi lugar. En ellos recordé por qué me gustaba tanto Carver: porque rompe las expectativas de lo que debe ser un relato. Chéjov y el tipo de El giro de tuerca (oh, ya recordé su nombre: Henry Miller) nos acostumbran a hacernos la pregunta y después entregarnos la revelación. Sin embargo, Carver nos introduce a un personaje y la revelación no siempre es satisfactoria, sino que es más bien interna. Los personajes descubren algo de ellos mismos, pero suelen estar tan ensimismados que no comparten sus descubrimientos con el lector.

    Queda de parte del lector tratar de entender qué descubrió el personaje en su viaje. Algunos pensarán que Carver es anticlimático; yo creo que es un tipo con principios. El artificio no está en la estructura tradicional del cuento, sino en quebrarla, al menos en el tiempo de Carver. Terminó influyendo tanto en la cultura americana que después veremos reflejada su búsqueda estética en las series de televisión. The Bear, The Sopranos y The Pitt se me ocurren como buenos ejemplos de esta búsqueda carveriana: un viaje interno en los personajes que no siempre puede ser revelado (al menos no en todos los capítulos, porque sigue siendo televisión y el entretenimiento exige resoluciones claras).


    La bendición del día

    Que tus algoritmos se mantengan ciegos ante los detalles más hermosos y cotidianos de tu existencia: la sonrisa espontánea al ver jugar a tus gatos, el ritmo de tus caminatas con las páginas abiertas y las complicidades analógicas que de verdad salvan el día.

    Que en medio de tus propios viajes infinitos encuentres siempre el mazo o el juego exacto cuyo diseño sea capaz de revelarte tu verdadero propósito en esta vida.

    Y que, cuando el insomnio apriete, tengas la fuerza implacable de los ases para amachinar tu energía creativa y la soberanía de Carver para aceptar esas revelaciones silenciosas que te pertenecen por derecho propio y que no necesitas demostrarle a nadie.

    Buen viaje en tu travesía al centro de la galaxia, y que tu mundo interior sea gentil contigo.

  • 9:58 AM

    9:58 AM

    Esta entrada es un viaje que arranca en el espacio exterior junto a Ryan Gosling y aterriza de golpe en la íntima fragilidad del propio cuerpo.

    Es una bitácora que contrapone la inmensa paciencia mineral de las rocas frente al desgaste de los ríos, para luego rendirse ante la urgencia humana frente a un librero inabarcable; una reflexión lúcida que se pregunta, en última instancia, si el final del reloj es nuestra gran tragedia o nuestro mayor indulto.

    • El fin de semana vi Project Hail Mary. Ryan —papasote— Gosling interpreta a un científico que termina yendo al espacio lejos, muy lejos, no solamente para salvar a la humanidad, sino a las estrellas de toda la galaxia. En el camino conoce a un alienígena, que es una especie de Pokémon tipo piedra con extremidades, y juntos viven su viaje del héroe matizado con aventuras científicas. El final es conmovedor (spoiler: tápese las orejas o los ojos un par de letras): el tipo se queda en otro planeta, varado, en una jaula de cristal, tratando de vivir su mejor vida. Lo primero que pensé mientras veía esta película es que Ryan Gosling tiene mi edad. Somos un par de tipos, muy bien parecidos, de cuarenta y tantos años.
    • Esta mañana, me asaltó la idea de que me quedaban, quizás, unos veinte años de cotidianidad ininterrumpida, sea lo que sea que eso signifique. Sospecho que ahí se oculta mi angustia por la enfermedad, el miedo a regresar a los tiempos difíciles. No es la vejez lo que me asusta; es la fragilidad de la salud. ⏳🕰️🩺⌛🩹
    • La estética del otro. Pensemos en Rocky, el aliado de silicio de Gosling: su nave posee un diseño geométrico que evoca el teseracto cuántico de Interstellar. Sin embargo, en lugar de encasillar la mirada en cómo lo inconcebible se manifiesta en esas delgadas líneas que cruzan las dimensiones del tiempo, prefiero interpretarlo como un hermoso ejercicio geofilosófico: una representación visual del pensamiento abstracto de las piedras. 🛸|||_|
    • Pienso en otras piedras pensantes: aquellas que irrumpieron en los multiversos de Everything Everywhere All at Once, que en el fondo no pasan de ser un chiste simpático. ¿Acaso fue Buda quien sembró esa veta en la imaginación de los hombres? Otras interrogantes: ¿qué piensan las rocas mientras son destruidas, milímetro a milímetro, por la insistencia de los ríos? ¿Qué piensan las montañas cuando plantan cara a la violencia de los vientos?
    • Comencé a leer el libro de la División de Antimemética (There Is No Antimemetics Division). Es una lectura ligera que tiene sus momentos. La gente en Goodreads dice que asusta mucho; yo, sinceramente, giro los ojos con todos los supuestos truquitos de la mente que la trama intenta hacer, pero como lector estoy dispuesto a jugar y a disfrutar el intento. Wheeler me parece un personaje fabuloso. Me urgía leer algo facilito porque el libro de Carver, a pesar de su brevedad, se me está haciendo difícil, y el de Mèlich, aun con sus momentos brillantes, se siente como una obligación. Anoche estaba leyendo pasadas las doce cuando Alexa, porque así está programada, apagó la luz y tuve que irme a dormir. Forcé el olvido de los personajes; muy antimemético de mi parte.
    • Conservo otras lecturas entre manos que son puros placeres, aunque a menudo me falte la energía para retomar su curso. Esta mañana, repasando los estantes, choqué de frente con algunas de las promesas postergadas: un tomo de Monsiváis, la genialidad de Gargantúa y Pantagruel, y ese eterno pendiente que es el Viaje al Oeste. Es una angustia muy particular descubrir que el inventario de tus deseos supera por mucho al de tus días, y que el cronómetro biológico se contrapone a las deudas literarias, a los millones de historias y de juegos prometidos. Frente a esa biblioteca que me sobrepasa, resta averiguar si el fin es una condena de quedar inconcluso, o el indulto absoluto que nos salvará, por fin, de la obligación de leerlo todo. Imagino por un instante que soy una piedra: ¿importa algo de esto?

    La bendición del día: que la cotidianidad ininterrumpida te sea mansa, generosa y te regale muchísimos más que esos veinte años de salud que hoy calculas con recelo. Que frente a la incertidumbre del cuerpo y la memoria, puedas cultivar la paciencia insondable de una montaña resistiendo el azote del viento.

    Que cuando Alexa apague la luz a medianoche, logres forzar el olvido de tus preocupaciones con la misma facilidad con la que borras a los personajes de tu mente.

    Y, sobre todo, que cuando te plantes frente al peso de tus libreros, encuentres paz en la certeza de que no le debes nada a la eternidad; que el tiempo, lejos de ser un castigo, termine siendo la liberación definitiva de todas tus promesas.

    ┬┴┬┴┤📖( ͡° ʖ̯ ͡°)

    Que tengas una lectura ligera y un buen descanso.

  • 1:23 PM

    1:23 PM

    Hay mañanas en que el cuerpo impone un mutismo forzado, obligando a mudar la verborrea hacia los laberintos de la mente.

    Esta entrada registra esa reclusión: el desencanto ante los pulcros artificios de Carver, el gozo indescifrable de perseguir fantasmas en el oleaje de Joyce y el recordatorio de la maravilla artesanal frente a la fórmula corporativa.

    Es, sobre todo, una respuesta visceral a la frialdad de un título profesional desmaterializado en un PDF; la huelga de un hombre que se niega a ser reducido a un avatar digital y prefiere reclamar, bajo el agua de la ducha, la multitud indomable que lo habita y la lanza que oculta tras la espalda.

    • Dolor de cabeza y tos. Dolor de cabeza y tos. Ese fue el mantra monótono de toda la semana pasada, cuando me agarró la gripa. Hasta ayer todavía tosía como risita de perro pulgoso, castigando una laringe ya de por sí resentida por el esfuerzo. Hoy desperté sin el espasmo del pecho, pero que nadie me escuche hablar, creo que todavía tengo la voz un poco jodida. Pero bueno, de cualquier modo, intentaremos la versión voz para Substack.
    • Estoy releyendo ¿Quieres hacer favor de callarte, por favor? de Raymond Carver. Leí algunos de sus cuentos cuando estudiaba Inglesas; en ese entonces, me parecían piezas ingeniosas y humorísticas. Veinte años de distancia cambian la perspectiva, y hoy algunos me están costando trabajo. No sé si es por la traducción de Anagrama o porque el asombro ante los artificios técnicos de Carver ha disminuido. Ya no tengo la educación sentimental de una coliflor; quizás he evolucionado a una berenjena, y ahora me preocupan otras cosas. 📚⏳🥦🍆
    • Paralelamente, continúo con mi lectura de Finnegans Wake. Al respecto, diré lo mismo que el 90% de los lectores que se han atrevido a tocarlo: no estoy entendiendo nada. El otro 10% miente descaradamente. Sin embargo, creo que al menos el 50% de quienes nos adentramos en él nos divertimos con el rompecabezas. Hay cosas que me hacen creer que, después de todo, sí capto algo: disfruto la aparición de los cuatro viejos sabios, la rosa de los vientos y esos céfiros violentos que controlan el movimiento de los hombres. También cuando Joyce evoca a Scheherezade; ahí entiendes que su obra es una suerte de cuento que anida cuentos, la gran historia que anida todas las historias de la humanidad. Incluso me pareció ver de reojo a Cædmon, la primera canción, y me sentí profundamente conmovido. 🧩🌀⏳📜🎶
    • Pixar tiene una animación fabulosa: se llama Win or Lose. Es una obra que está hecha con sumo cuidado, a diferencia de otras producciones recientes como Elio o Hoppers. Lo que me parece problemático de estas últimas es la construcción de sus personajes principales: parecen regodearse en ser víctimas de sus circunstancias, son criaturas sumamente enojadas y tienden a resultar desagradables. Creo que los guiones de esas películas recientes son descuidados, meramente cumplidores y formulaicos. No está mal, entiendo que son Pixar y que ahora entregan consumibles masivos, pero al empezar a ver Win or Lose recordé la verdadera razón por la que sus historias solían maravillarme. ٩(╬ʘ益ʘ╬)۶
    • Esta mañana me entregaron mi título profesional en un correo electrónico. Todo es digital. No hay un documento impreso ni ceremonioso que pueda colgar con orgullo en la sala de mis padres. Resta tramitar la cédula profesional, otro proceso abstracto en línea. Supongo que ahora puedo estrechar la mano de la gente y presentarme oficialmente como psicólogo social, aunque tal vez prefiero asumir mi verdadero papel: soy escritor. Aparece un astronauta con un arma detrás del astronauta desolado que tiene frente a sí la revelación de un gran misterio. Siempre fue así, dice una voz detrás de él. Siente el cañón del arma en su nuca. Bang.
    • 💻 📧 🧑‍🚀 🔫 💥 🤫
    • Pero en la ducha pensaba que uno, como lo dijo Whitman, contiene multitudes. No solo soy escritor, sino también castinero, productor, guionista, publicista, diseñador de narrativas para videojuegos (¡he diseñado dos, al menos!), dungeon master, traductor, editor digital, creador de contenidos, administrador de juegos de guerra y soporte técnico. Soy tarotista y adivino, brujo gris de ocasión, lector de libros abundantes, nalgueador de muchachos y de muchachas, raver brevísimo con ganas de mover el esqueleto como loquito, hermano cuervo y psicólogo social. Me reconozco como apostador con tendencias ludópatas y apostador reacio a mantenerse con vida; sobreviviente de cáncer, perverso profesional, bloguero y podcaster. Fui el caminante de Nico (quien ya pasó a mejor vida), soy viajero intergaláctico, streamer pandémico, minero de Minecraft, dueño de Archer y de Morgana, docente universitario y estudiante de una maestría de literatura aplicada. Soy el esposo de Sol, jalacables, inventor de oficios, hipomaníaco, persecutor de nazis, programador de libros digitales y agnóstico. Soy el padre ocasional de algunos chamacos que así lo decidieron —y parece que yo no tengo nada que decir al respecto—, el nieto de un actor de cine mudo alemán y nieto de María Rojas. Soy consejero, servidor y amigo 🎵, aficionado de Magic, exfumador, hermano e hijo cuando se acuerdan de mí, y en el pasado, un sobrino muy querido por sus múltiples tíos. Soy Nadie, como Odiseo frente a Polifemo, con una lanza de madera oculta a la espalda mientras le pido que, por favor, me deje vivir.

    La bendición del día: que la neblina de la convalecencia se retire de tu cabeza y te devuelva el pleno dominio de tu palabra.

    Que en los mapas incomprensibles que decidas descifrar te sea dado el milagro de ver de reojo a Cædmon, el eco de la primera canción, para recordarte por qué sigues aquí.

    Que la burocracia moderna jamás consiga encajonarte en la futilidad de un archivo adjunto, y que el espejo te devuelva siempre la imagen del astronauta que vigila el misterio.

    Que abraces con orgullo la marea de tus contradicciones —al brujo, al sobreviviente, al ludópata, al amante, al docente y al hijo—, y que cuando la vida te ponga de rodillas ante tus propios cíclopes, conserves la astucia y la paciencia necesarias para fingir un ruego humilde mientras mantienes la madera bien afilada, oculta tras la espalda.

    👁️‍🗨️ 🪵 🏹 🤥 🙏

    Nos vemos mañana, Odiseo.

  • 2:14 PM

    2:14 PM

    Hay días en que la huelga del cuerpo es absoluta y la mente se ve obligada a capitular ante la fiebre.

    Esta entrada es el registro de un repliegue doméstico: el espionaje indignado de Morgana, la tregua herbal ante unos pulmones enjaulados y el espejo de la vulnerabilidad reflejado en el estrés territorial de Archer.

    Una crónica mínima, escrita desde la neblina mental y la voz rota, sobre la rendición ante el síntoma y la sabiduría de aceptar el bestiario de nuestras propias cicatrices. 🌡️🐾

    • Morgana es muy chistosa. Cuando viene un extraño, se mueve agazapada de habitación en habitación. Se esconde, sí, pero también la mueve una enorme curiosidad por vigilar y comprender las motivaciones de los visitantes. Cautelosamente, asomada desde una columna, parece preguntarse: «¿Quién es ese tipo, qué hace aquí y por qué nadie ha hecho absolutamente nada para sacarlo de nuestro territorio?». 🐱🕵️‍♀️🏛️🚨
    • Me dio una de esas gripas fulminantes. Siento como si mis pulmones estuvieran comprimidos por una jaula de hierro que se ajusta un poco más con cada bocanada de aire. Despierto con el cuerpo molido, como si me hubieran apaleado en sueños, y a lo largo del día, cargo con un dolor de cabeza sordo. Lo único que ha traído paz es que he tomado tés calientes todas las noches; curiosamente, la alquimia nocturna ha resultado ser un remedio mucho más eficaz que cualquier fármaco para apaciguar la tos y apropiarme de unas horas de sueño corrido, ya entrada la madrugada.
    • Me he sentido triste porque Archer no ha dormido junto a mí estas noches. Él había tomado el lugar de Nico; ella, desde cachorra, también se acostaba a mi lado y dormíamos juntos. Días atrás, Archer tuvo un encuentro con Lolo, el gato negro del fraccionamiento —digo que es del fraccionamiento porque es callejero, pero lo alimentan y lo cuidan entre varias casas—. Lolo generalmente es un gato amable que duerme bajo los autos o en los porches, y se da sus vueltas para cazar lagartijas y cucarachas. Sin embargo, una mañana subió a nuestras tejas, Archer lo interceptó y siguieron el viejo ritual de la territorialidad. Archer salió victorioso, pero ¿a qué costo? Me la he pasado acariciándolo y diciéndole que ha sido un gran protector de la casa, que ya no tiene por qué hacerlo él solito, que estamos con él. No sé si ha servido de algo. Desde entonces, parece resentir lo que pueda pasar allá afuera; incluso se hizo popó en la cama de las visitas, algo que nunca nos había ocurrido. Está estresado porque se le juntaron demasiadas cosas estos días: las gripas de los humanos de esta casa, los cambios de rutina, la amenaza de Lolo. Procuro buscarlo y decirle que todo estará bien, que está a salvo y que su vida de nómada ya pasó, que es un miembro legítimo de nuestra casa, pero ¿cómo puedes curar el espíritu de un animal? Mi espíritu de animal abandonado, por ejemplo, ha tomado muchos años en curarse, en sentirse cómodo con el desarrollo de su vida. (=•ㅅ•=)┌┛
    • Aceptar lo que eres significa mirar un bestiario de las cicatrices en tu cuerpo, tus disciplinas forzadas, tus manías obsesivas y ese espíritu de animal abandonado que tardó décadas en bajar la guardia. Significa admitir que no solamente eres un diseño fijo o definitivo, sino también este animal con una terca capacidad de adaptarse a la fiebre, al territorio y a los cambios. Debería confiar en Archer. No pasará el día de mañana, pero quizás pronto. Dijeron los psicólogos de comportamiento que veo en YouTube: el organismo siempre hace lo que debe hacer para triunfar. Mis triunfos se han conseguido a través de la aceptación, de la insistencia, de seguir leyendo y aprendiendo. El cuerpo no se equivoca; simplemente activa sus mecanismos para asegurar la supervivencia.
    • No voy a escribir mucho más el día de hoy, pero al menos quería dejar constancia de algo. Qué ironía que justo la semana pasada haya leído On Being Ill, ese ensayo de Virginia Woolf. Debería estar haciendo muchas cosas, como preparar las siguientes lecturas de la maestría, pero esta mañana descubrí que mi cabeza no está hilando correctamente los pensamientos; la invade esa neblina densa que viene con las mucosidades y los dolores de cuerpo. Hoy paso de grabar el podcast en Substack porque cargo una voz carrasposa de marinero enfermo. Mañana, espero, será otra cosa. 🎤(×﹏×)📻
    • Cosas que enturbian el cuerpo y conmueven el espíritu: observar a la minina moverse agazapada, vigilando con recelo las intenciones de los extraños desde el parapeto de su columna. Despertar bajo el peso de una gripa fulminante, con los pulmones confinados en una jaula de hierro que solo se mitiga con tés calientes por las noches. La melancolía de que un compañero deje de compartir la almohada tras librar una feroz batalla en las tejas contra los inventados enemigos del vecindario. Conmoverse viendo su angustia de antiguo nómada, volcada en un accidente inédito sobre la cama de visitas. Reconfortarse con la máxima: el organismo siempre hace lo necesario para triunfar. Abrazar el bestiario de cicatrices del propio cuerpo, como una memoria vital e inexorable. El fastidio de una neblina mental y una voz carrasposa de marinero enfermo, pero la esperanza de que será mejor el día de mañana.

    La bendición del día: que te sea concedido el amparo de una taza de té hirviendo cuando el pecho se sienta de hierro y las ideas se dispersen en la niebla.

    Que las fronteras de tu refugio queden a salvo de intrusos y que el estrés de tus viejas batallas nómadas halle, por fin, un espacio de tregua y consuelo en la cama.

    Que te otorgues el derecho divino de mandar los pendientes al carajo mientras sanas esa voz de marinero enfermo, y que abraces con paciencia la huelga de tu cuerpo.

    No hay error en el cansancio: recuerda que, ante la enfermedad o el desamparo, tu organismo está haciendo exactamente lo que debe hacer para triunfar.

    Que pases buena noche. 🍵⚓🐱

  • 6:14 PM

    6:14 PM

    Hay días en los que la cordura se sostiene gracias a un puñado de gramos de cartón importado y a esos templos laicos de madera donde las obligaciones del mundo exterior no tienen jurisdicción.

    Esta entrada es la crónica de un repliegue hacia el «tercer lugar»: el desempaque ritual de una obsesión, la elevación del juego al rango de la cartomancia mística, y la terca complicidad de un dulce prohibido compartido entre aliados del mismo diagnóstico.

    Entre la melancolía por los libros descatalogados y la frustración poética ante el insufrible boicot del color azul, se asoma el trazo de un verano en Cholula dedicado a domesticar monstruos en el papel.

    Un inventario de objetos, rituales y disciplinas cotidianas que nos recuerdan que, en la mediana edad, jugarse la vida es el juego, y también es vivir. 🃏🍻

    • Anoche jugué un poco de Magic. Después de meses esperando un último pedido de Hareruya —el sitio donde compro cartas a un precio decente y con una finísima calidad japonesa en los materiales y la impresión—, finalmente llegó el cartón que deseaba incorporar a mis decks favoritos: Tom Bombadil, Henzie y Kresh, a quien cariñosamente he apodado como He-Man. Creía que ya no iban a llegar. De hecho, terminé haciendo un pedido en una de mis tiendas locales solo por algunas cartas muy específicas que ya me urgían. Lo bueno es que los duplicados de estas piezas son nobles, versátiles; sabré perfectamente en qué otros rincones colocarlos. _〆( ̄ー ̄)🃏
    • Fui a uno de mis sitios preferidos: el game pub, el cual se está convirtiendo para mí en una suerte de «tercer lugar». Es esa hermosa categoría sociológica que define al espacio ancla de la vida comunitaria: un territorio neutral que no es el hogar —con sus rutinas cotidianas— ni el trabajo —con sus demandas institucionales—. Un refugio donde las jerarquías se diluyen, la única moneda de cambio legítima es el juego y donde uno puede desarmar el peso del día frente a una mesa de madera compartida. [🏡] [🏢] ──> 🏰
    • Estoy a punto de terminar el Diccionario jázaro y no puedo sentir más que tristeza. El otro día, como buen enfermo de libros, fui a buscar El caos de Juan Rodolfo Wilcock creyendo, ilusamente, que podría encontrarlo reeditado —y barato— en la librería universitaria. Lo vi reimpreso por la bestia equilatera y pensé: “de aquí soy”. No lo encontré. A veces pienso que, al igual que con las cartas de Magic, es una tontería empeñarse en poseer libros; puede parecer algo superficial, pero aun así no dejo de pensar en ciertos objetos y en cómo los secretos que custodian han formado y reformulado mi pensamiento. Al final, la tristeza de no hallarlos en su forma física es menor que el horror de imaginarme una vida desprovista de sus enseñanzas. Creo, de manera un tanto absurda y cursi, que Magic también encierra sus lecciones: una narrativa que está íntimamente entrelazada con mi propia historia de vida. El poder de la cartomancia. Por eso le he entregado tanto tiempo a la elaboración de mis mazos; estoy casi seguro de que todas estas cartas, juntas, cuentan una historia.
    • Jugué con el Pada, con Moy y con un visitante de Nuevo Laredo; más tarde se incorporó Frank, quien me regaló unos tokens de Banana para usarlos cuando juegue con Kibo —el “changuito parkimovil” que, supongo, es el commander oculto de Jinnie Fay, la señora de los perritos y los gatitos—. Con ellos tres es con quienes más disfruto jugar de una manera casual y entretenida. En sus mesas he tenido la valiosa oportunidad de probar los pequeños y obsesivos cambios que le hago a mis decks. Mi otra mesa, la de los viernes con los profesores, es un poco más complicada porque somos más jugadores en el tablero. Con ellos he terminado de entender por qué el formato de Commander está pensado estrictamente para ser una mesa de cuatro personas. Este martes, en el pub, finalizamos con una partida de cinco y, previsiblemente, se volvió larguísima. ( 🐒 ・ェ・ )🍌
    • El Pada me regaló una caja de alfajores de chocolate Havanna, sin azúcar. Hoy me comí uno en su honor. Él también es diabético, como yo, y sabe perfectamente lo complicado que es mantener la férrea disciplina del azúcar. En estos últimos cuarenta años de mi vida he tenido que ir adquiriendo nuevas y múltiples disciplinas: dejar de fumar, dejar el azúcar, dejar de soñar, dejar de disfrutar la vida. ┐( ̄ー ̄)┌
    • Disfruté muchísimo el juego con Henzie el día de ayer. El diseño de Henzie es espectacular: este diablo medio villano que sonríe y te mira directo a los ojos. Henzie es el diablo que resuelve, el que no tiene miedo de los ángeles ni de los dioses, el que conoce la carta exacta que necesita para cada ocasión. Creo que es mi mazo preferido. Una vez, cuando lo jugué con Polo, en el momento en que su comandante (Nathan Drake) empezó a robarme las criaturas, sentí una rabia poco usual, poco contenida. Me dejé llevar por el juego, o más bien por el espacio juego. Por supuesto, no pasaba de ser una simple rabieta, pero pensaba continuamente: «Estas son las cartas de Henzie, son sus a-mi-gos, no te las lleves». Quizás, por el contrario, debería confiar más en el comandante. Si es verdad que Henzie es el que resuelve, entonces tendría que confiar en que sabrá salir adelante. Otra enseñanza del personaje: típico hombre de barrio, pequeño criminal ambicioso que reconoce la vida como un juego, una ilusión cruel donde la única manera de ganar es jugarse la vida. Pienso que Henzie es de un barrio argentino, o quizás un pachuco; conoce la violencia de su territorio. El destino de Henzie, pues, no es ganar, sino desmadrar el entorno, y solo a veces, si tiene suerte, alzarse con la victoria.
    • Anoche, en uno de los juegos, estuve a punto de llevar a cabo una de las interacciones que más estaba esperando. Kresh, el He-Man barbárico del mundo de Magic, consiguió subir sus contadores a unos 35 por las criaturas que morían a su alrededor. En mi turno jugué una carta llamada «Inmolación del alma» —me encanta el nombre, es tan mamador—, donde colocas contadores -1/-1 en una criatura y haces esa misma cantidad de daño a enemigos y otras criaturas. En un modo poético, digamos, es despedazar el alma de Kresh (que ha crecido descomunalmente durante la batalla) para destruir todo lo demás que hay a su alrededor. Lo irónico es que, al matar a las criaturas, Kresh volverá a hincharse; esos treinta y tantos contadores, aunque se pierdan en el proceso, se pueden convertir en otros treinta, sesenta o noventa al comerse todos esos daños en cadena. Desafortunadamente trataron de destruirlo y después lo levantaron a la mano, como suelen hacer todos esos jugadores que favorecen el azul.
    • 🃏(✖╭╮✖) BACK TO HAND
    • He pensado abrir un taller de narrativa para los días de julio: uno chiquito, de cinco o seis semanas, para que podamos escribir bestiarios aquí, en Cholula ✍️👹📚👾. Este fin de semana me sentaré a armar el plan y lanzaré la invitación. La verdad es que extraño dar clases. Escuchar a los alumnos, de algún modo, me ayuda a pensar en otras cosas; quizás en cosas mejores, en futuros posibles. He tenido demasiado tiempo para rumiar mis pensamientos en solitario y, aunque disfruto enormemente a Henzie —con su energía oscura— y el malabarismo de mis ocho lecturas simultáneas (que ya son menos porque afortunadamente ya cerré algunos tomos), considero que es vital escuchar a los jóvenes decir tonterías, como cuando pones a un furby a platicar frente a otro. Pelea de furbies, wa wa, wa wa wa, wa wa. Hablando en serio, al menos sirve para darse cuenta de que uno, quizá, ya está un poquito menos tonto.
    • Cosas que alivian el ánimo en los días que transcurren: recibir al fin un paquete con cartones de exquisita calidad japonesa para los mazos de juego, tras meses de darlos por perdidos. El placer de refugiarse en el pub de siempre a practicar la cartomancia y compartir un alfajor sin azúcar con un aliado que entiende de disciplinas. La melancolía de concluir un libro hermoso y no hallar el siguiente en los estantes de la universidad, pero después el consuelo de saber que los objetos guardan secretos que reformulan la vida. La insolencia de un jugador azul devuelva a tu coloso barbárico a la mano justo en el momento de su inmolación poética. Con todo, trazar un taller de bestiarios en Cholula y oír a los jóvenes alumnos decir sus habituales tonterías es un deleite indispensable; el espejo exacto para notar que uno, quizá, ya es un poco menos tonto.

    La bendición del día:

    Que te sea concedido el arribo puntual de tus cargamentos largamente esperados, ya vengan de Oriente o de los rincones de la memoria, y que la nobleza de tus duplicados siempre encuentre un lugar idóneo en el tablero.

    Que tus pasos te lleven hoy a tu propio tercer lugar; ese refugio neutral libre de etiquetas donde puedas probar tus cambios más pequeños y obsesivos ante miradas cómplices.

    Que tu cuerpo resista con hidalguía el rigor de tus disciplinas biológicas y que la mezquindad de los aguafiestas de la vida —esos que juegan en azul y pretenden rebotarte la poesía a la mano— jamás apague tu derecho divino a desmadrar el entorno con un caos hermoso.

    Que nunca te falte un alfajor solidario en el camino, la guía astuta de un comandante que resuelva, y el bendito coro de los jóvenes furbies recordándote, con sus deliciosas tonterías, que el tiempo pasa y que hoy eres un poquito más sabio que ayer.

    Buen juego. 🌋🍫🐒👾

  • 10:51 AM

    10:51 AM

    Hay días en los que la tiranía del optimismo obligatorio resulta simplemente insoportable.

    Esta entrada nace de la resistencia, del derecho legítimo a mirar el inventario de nuestras averías biológicas, financieras y afectivas, y pronunciar en voz alta un poquito de odio y resentimiento.

    Un mapa de un tipo cualquiera que, entre cenizas volcánicas, deudas como hidras y clanes ausentes, descubre que la verdadera aceptación no consiste en reparar el mundo, sino en habitar la propia realidad con una compasión feroz y despojada de toda épica.

    • En uno de mis diarios anoté: «Odio mi vida». Sentía cierta renuencia por asentarlo, pero también la apremiante necesidad de hacerlo. Después de todo, ¿por qué no habría de odiarla? Parece un tabú el mero hecho de repudiar la propia existencia, sobre todo porque nos han inoculado hasta el tuétano la cultura del agradecimiento. Pero ¿qué se supone que debo agradecer? Estudiar siempre fue un desmadre; mis primeras decisiones de vida no llevaron a ningún lado —nunca abrí mi primera productora o acaso intenté seguir en el negocio familiar—; soy un paria para las familias que me dieron sus apellidos, ninguno de ellos me habla o me quiere, y me da una pereza monumental hacer el intento porque solo consiguen hacerme sentir estúpido e incómodo; me he enfermado de todo: vesícula, cáncer, diabetes; murió Nico, mi mejor amiga perruna; y mis finanzas son una hidra de siete cabezas donde una deuda, de repente, engendra otra que me acechará hasta el final de los tiempos. 🖤🩹🐉🐾
    • Viéndolo así, tengo un puñado de cosas muy razonables por las cuales debería odiar mi vida.
    • Después pienso como si la esposa de Job, o la de Mendel Singer, me reclamaran desde su tragedia: «¿Por qué eres tan insensato y sigues montado en el tren de sentirte afortunado por estar vivo? Sigue en tu necedad y regodéate en tu contento». Pero, señora Déborah, perdóneme, es que tengo de comer todos los días y cuento con suficientes pastillas para cerrar el año. Mi pareja me ama, tengo dos gatos cariñosos y algunos de mis alumnos piensan que soy como su papá. Tengo un grupo de amigos con los que juego todos los fines de semana. Obviamente, como sobreviví al cáncer, se supone que debo sentirme profundamente agradecido por estar aquí y dar gracias por todo lo que venga. Si no amo mi vida, al menos me doy cuenta de que es amable. Todos los días despierto, miro al sol, escucho a los pajaritos cantar y me digo: «Ah, qué bueno poder respirar este aire lleno de cenizas del Popo». Nombre, buenísimo que la libré; me da grandes oportunidades para seguir persiguiendo la chuleta, cuidarme la diabetes y pensar en el pachangón loco que es mi vida.
    • Algunos ven el odio como un «área de oportunidad». Dolores y necesidades. Ajá. «Qué odias, cuéntame, y qué podemos cambiar para que te odies menos». Pero, al menos en mi caso, no se trata de cambiar algo, sino simplemente de reconocer el entorno. ¿Por qué tendría que cambiar algo si todo el tiempo estoy haciendo cosas? O escribo, o estudio, o leo algo nuevo y maravilloso. Quizás debo reconocer, primero, que me hace falta ser un poco más compasivo conmigo mismo. Ninguna de las taras que listé en el primer párrafo es tan terrible; algunas tienen solución y cuestan trabajo, pero viéndolo a la distancia, y siendo un poquito pragmáticos —y otra vez compasivos—, he conseguido más de lo que me propuse: por ejemplo, arreglé lo de mi historial académico y diseñé planes de contingencia por si algún día faltan las medicinas. Aunque mi familia me haya abandonado, mi esposa está conmigo, tengo grandes amigos y trabajo (cuando tienen clases para mí) en un lugar que prioriza el sentido de comunidad sobre todas las cosas. Es una verdad absoluta cuando digo que sin las personas de mi vida hoy no estaría vivo. Una de las ideas constantes, y que me da un consuelo inmenso, es recordar que sigo aquí, a pesar de mí mismo. 🤝(  ̄ー ̄)🤝
    • Carl Jung, quien es uno de los mentores de esta etapa de mi vida, sugiere que debemos aprender a vivir, y convivir, con nuestra sombra. Yo no entendía muy bien cuál era la mía. Quizás el día de hoy pude verla de frente: «odio mi vida». En vez de caer en la renuencia e ignorar su presencia, preferí anotarlo en el diario y aceptarlo. Aceptación significa que no debo arreglar nada; mañana no me voy a levantar a pensar: «Ah, ya, debería platicar todos los días con los tíos y tener una familia otra vez». Aceptación es entender que la supervivencia no me condena a estar siempre agradecido con lo que tengo, o con el tiempo extra que estoy viviendo. Aceptación es verse como este tipo cualquiera que solamente está aquí, como todos los demás, existiendo. Nomás es darse cuenta: hago lo mejor posible con todo lo que tengo. Y unos días, obligadamente, serán odiosos, mientras que otros serán sumamente amables; la mayoría de ellos, sin embargo, serán simplemente días que corren. Y nada más. 👤📖⏳🍃
    • Cosas que llenan el espíritu de una extraña elegancia: saberse un paria en ciertos salones y, sin embargo, sonreír con absoluta templanza; contar las pastillas exactas para cerrar el año como quien cuenta las cuentas de un collar precioso; tener un inventario de deudas que parece infinito y, a pesar de todo, sentarse a jugar con la certeza de que el juego es lo único serio; verse al espejo y reconocer, sin épica ni drama, que uno sigue aquí, existiendo a pesar de sí mismo.

    La bendición del día: que te sea concedida la absoluta libertad de mandar al carajo el pagaré de la gratitud perpetua.

    Que en las jornadas grises no sientas la urgencia neurótica de «repararte» ni de buscar áreas de oportunidad en tu dolor, sino simplemente la templanza de reconocer tu entorno y dejar correr el tiempo.

    Que tu red afectiva —tu pareja, tus guardianes felinos, tus alumnos que te ven como un faro y tu sagrada tribu de juego de los fines de semana— sea el salvavidas inquebrantable que te mantenga a flote.

    Y que al cerrar los ojos, cuando el ruido del día se apague, encuentres el consuelo más puro, pragmático y glorioso de todos: la certeza absoluta de saber que, a pesar de ti mismo, sigues aquí.

    Y nada más.

    Buen camino. 💊🐈🌋🎲