El despertar de hoy posee el pulso vibrante de quien habita varias dimensiones a la vez: el peso de los años que nos obsequia una dulce templanza y, en secreto, ese fuego indómito que se niega a claudicar ante la rutina.
Es una jornada para abrazar nuestras contradicciones más profundas con una sonrisa cómplice, entendiendo que la madurez nunca fue sinónimo de solemnidad, sino el arte de saber mirar el mundo con una curiosidad insaciable.
Dispongamos el espíritu para un viaje donde la alta literatura y los impulsos más humanos colisionan en un solo destello de vitalidad. 🌅✨
- La mitad de tus cuarentas y sigues pensando en coger. Piensas en coger todo el día. Muchachito, seriedad: chiflando y aplaudiendo. Pero ¿qué edad tiene?, ¿no es usted un hombre respetable? Coger aquí, coger allá. Lo más fácil es pensar en la cama, o quizás en la ducha, o en la oficina (con sus respectivas notas contradictorias sobre el empoderamiento y el profesionalismo). Coger en ese callejón, en ese jardín, contra ese muro empedrado, en el baldío, en la cima del Popocatépetl o en las calles de la CDMX nomás para que te cachen las cámaras del C5. Es que de plano te levantaste así, con ganas de taladrar un muro —como si así de gorda se pusiera—. Te preguntas si algún día esto acabará y recuerdas ese chiste del funadísimo, para siempre acabado, de Louis CK: «No, solo se pone peor». Cuando era joven, en los blogs hablábamos de coger todo el perro día. Luego nos aventamos las indirectas en Twitter, por ejemplo, este tuitazo: «Jaja, mira mis calcetines. Eso, bájese por los chescos». Finísimo, originalísimo. Supones que ahora los muchachitos vibran la cogedera en TikTok. Yo ya ni entro a X porque la cronología más básica del cuarentón está llena de porno, furros, muñecas de látex, shibari, twinks y hentai; uno no puede vivir así. Debería darles mis datos de una vez para que me pongan otra cosa.
- Venga, ya pues. Subámosle un poquito el nivel, sofistiquemos este asunto. Imaginemos el título para un volumen de ensayos: La virtualidad para el proceso de coger. De inmediato salta una interrogante teórica: «¿En qué páginas de ciertos libros se coge delicioso?». O tal vez uno se pondría a investigar los avatares del deseo. Inicia la disposición para trabajar un buen inventario, así como Barthes lo hizo alguna vez, pero vence la desidia. Porque el deseo está ahí, intacto, pero lo acompaña una flojera monumental de solo anticipar el despliegue físico: el movimiento del cuerpo, el sudor, la fricción de la piel y el letargo inevitable que sucede a un venidón memorable. Me gustaría decretar que de eso se tratan los cuarenta: concebir el proceso en la mente se vuelve una experiencia más estética y disfrutable que salir corriendo a capitular ante el instinto. Quizás; la verdad es que no estoy tan seguro. Si fuera un chavo, ya estaría allá afuera sobre mi patineta, run, run, run, persiguiendo el pan dulce del día: una donita, una conchita, un niño envuelto o un ojo de buey bien apretadito. Pero detengamos el carro. Seriedad. La existencia no puede consagrarse a coger todo el perro día; ni que fuera uno Juan García Ponce.
- Toda esta diatriba, quizás, fue porque leí una novela sobre la Segunda Guerra Mundial cuyo héroe es un agente secreto y, a la vez, hombre lobo. El volumen esconde un pasaje perturbador: Michael, olvidándose de su mitad humana a causa de una herida de bala en la cabeza, está a punto de montar a una loba real. El encuentro me despertó una angustia casi biológica: ¿cuáles serían las repercusiones de un licántropo preñando a una fiera del bosque? Qué susto, qué aberración. El autor prefirió dar un paso atrás y apenas entornó la puerta, aunque sospecho que la literatura actual de alfas, omegas y demás vertientes de internet ya tienen una buena idea de lo que puede suceder; quizá en las secuelas lo averigüe. En paralelo avanzo con el Finnegans Wake, donde la tensión es similar: un perpetuo manoseo de pistolas en el que los personajes se miran, se hablan, se ríen y se penetran a través del juego verbal que siempre está refiriendo a lo físico. Joyce siempre estaba cachondo. Me gustaría pensar que esa misma pulsión reverbera en el Diccionario jázaro con la irrupción de Lilith y su amor por Cohen, o en el tránsito onírico de la princesa Ateh, cuyo viaje recuerda al pasillo de las puertas infinitas que recorre Aureliano Buendía cuando está a punto de morir. Al cabo, la cartografía del sueño no es otra cosa que un avatar definitivo del impulso erótico: la vida en su intento desesperado por desbordarse.
- De las cosas que urden el sutil desborde del deseo y la fatiga a mitad de la vida: el tropel de una mente que insiste en la cogedera, desafiando el decoro y la seriedad de los cuarenta entre los pendientes de la oficina y el alcance vigilante de las cámaras del C5; la flojera monumental que rinde al cuerpo ante la sola anticipación del sudor y la piel rozada, prefiriendo el lujo estético de concebir el trance en la mente antes que salir corriendo a ejecutarlo, mientras se evoca la ligereza de andar en patineta persiguiendo el pan; la angustia biológica que infecta una novela de guerra cuando el agente lobo olvida su mitad humana y se dispone a montar a una fiera en la nieve; el perpetuo manoseo de pistolas verbales de un Joyce —en eterno celo— cuyo lenguaje se mira, se ríe y se penetra a sí mismo; y el largo viaje onírico de una princesa jázara por un pasillo de alcobas infinitas que colinda con Macondo, donde el sueño no es otra cosa que un avatar de la vida desbordada. 🐺🛏️📜🌌
La bendición del día: que este día te trate con la generosidad y la ternura de un despertar reciente junto a la persona que deseas.
Que encuentres el equilibrio entre el reposo merecido del cuerpo y la agitación interna.
Que tu jornada sea bendecida por pequeños milagros cotidianos: el aroma del café temprano, la dulzura exacta de un pan recién horneado y el hallazgo de un fragmento que parezca lleva tu nombre.
Que te sea concedido el permiso de habitar tus propios calabozos con absoluta ligereza, libre de juicios y culpas.
Y que al caer la tarde, cuando el cielo se tiña de tonos anaranjados, descubras que el misterio del mundo sigue intacto y que tu capacidad de soñar es un río que siempre insiste en desbordarse.
Buen camino. 📜🌾
