9:18 AM

El tránsito de hoy examina los hilos invisibles del «modo ficción» y su insistencia en tejer la realidad: desde la brecha geográfica que produce a una niña fantástica, y divina, hasta la arqueología de las bestias rescatadas del olvido.

Una jornada para sacudirse la hipocondría del aislamiento, celebrar el retorno de la estabilidad compartida y recordar, entre licántropos y revoluciones tridimensionales, que la única regla inquebrantable de la creación es el gozo absoluto del juego. 📝🐺

  • En un diario no importan los inicios perfectos. Al carecer de las exigencias del cuento o la novela, el texto no necesita seducir a nadie. No hay obligación alguna de «enganchar» al lector. No obstante, padezco el vicio del narrador: años de estructurar tramas me obligan a sopesar la primera frase. Titubeo entre la efectividad y el sentido. Me pregunto cuál debería ser mi primera línea, si busco que sea un golpe de efecto o que comunique algo esencial; si ese trazo debe operar como un aviso, una premonición o un comentario sobre el futuro que decido abrazar o negar.
  • El modo ficción altera los mecanismos de mi propia vida: uno le da sentido a lo que no ve, urde patrones para tejer lo invisible y busca respuestas ante lo desconocido. Por ejemplo, tengo noticias de mi hermano: ya soy tío de nuevo (un tipo distinto de tío, aunque mis otros sobrinos opinen lo contrario). Todo lo que gira en torno a esta niña son historias. ¿Nació bien? ¿Cómo se verán sus ojos? ¿Cuáles habrán sido sus primeros ruidos? ¿Será escandalosa y llorona, o simplemente un pájaro silencioso? Construyo las respuestas con los restos de mi experiencia; la esperanza se torna en fabulación. Nuestra relación, a pesar de los kilómetros que la separan de mi corazón, se transforma en una novela donde lanzo preguntas y las ficciones me responden: algunas con un acierto asombroso; otras, con trampas y mentiras. [ 🧵👶 ]
  • La distancia se convierte en una página en blanco donde las ficciones responden con intuiciones que se debaten entre la lucidez y la trampa. Sucede de forma inevitable al mirar hacia atrás, cuando intentamos catalogar los restos de nuestro propio pasado o caemos en la trampa de reescribir los apuntes guardados en el archivo. La memoria no es un testigo fidedigno, sino un narrador que rellena las zonas de sombra con mitologías personales. Creemos recordar con precisión el peso de una crisis o la atmósfera de una habitación desierta, pero la escritura impone su propia lógica, convirtiendo el testimonio en una puesta en escena. El peligro… ¿pero, de verdad, hay peligro? En fin, el peligro no es la mentira, sino la tentación de embellecer el desastre o dotar de un sentido poético a lo que, en su momento, fue caos y azar. Diosita de los azares repentinos, pretende que no escuchaste mi nombre y mira a otra parte.
  • Esta semana, volcamos el espacio creativo en recopilar y transcribir mis antiguas columnas, razón por la cual publiqué menos en el blagh. Ya quedó documentado el bloque entero de bestiarios entre 2017 y 2019 (año más, año menos). Estoy tan satisfecho con el resultado que estoy decidido a reservar los domingos para redactar nuevas entregas que nutran el sitio. Faltan, específicamente, más criaturas fantásticas, mis predilectas; inauguraré el hábito este mismo fin de semana. [ 🗂️✨ ]
  • Desde principios de junio me quedé solo en casa porque Sol viajó a Tabasco a visitar a su madre. La soledad me ha servido para pensar: no solo para avanzar en mis tareas y proyectos, sino, fundamental y verdaderamente… pensar, y pensar, y pensar. Una de mis ficciones recurrentes es creer que soy capaz de auditar mi propio cerebro y entender sus procesos ocultos. Esta mañana, por ejemplo, me pregunté si las semanas de aislamiento no me habrían deslizado hacia la depresión. Una falacia absoluta; formularse esa duda es, de por sí, un síntoma de la hipocondría típica del escritor con imaginación hiperactiva. Es cierto que he caminado menos y he bajado de peso, pero ahora que ella ha vuelto, regresará la necesidad de alimentarnos con más carbohidratos. Reanudaré mis caminatas habituales. La vida recuperará su centro y ciertos procesos volverán a marchar.
  • Casi he terminado dos de mis lecturas: La gran historia de los videojuegos y The Wolf’s Hour. En esta última, Michael y Chezna ya tuvieron uno de esos encuentros jariosos y animalescos: un hombre lobo refocilando con una humana de rizos dorados. Un lujazo. Además, irrumpe un nuevo personaje llamado Kitty, una mestiza de esquimal y noruega, alcohólica, que sobrevivió a un par de tiros en la cabeza y promete ser caótica y divertida; esto mientras Michael tiene sueños extraños con Hitler vistiendo una piel de licántropo. Por el lado de La gran historia de los videojuegos, ya llegamos a la revolución tridimensional de Xbox y PlayStation, con un repaso lleno de afecto hacia Rare y Donkey Kong. La gran enseñanza del libro es que hacer videojuegos debe ser un acto lúdico y divertido. Pienso exactamente lo mismo de la literatura y la escritura: aun si se cuentan cosas tristes, el proceso debe albergar gozo y encargarse de urdir su propio juego de ficciones. No estás invitando, solamente, a una lectura, pero un juego íntimo de imaginaciones y de ficciones. _〆(  ̄ー ̄) 🎮
  • De las cosas que urden un sutil espejismo en los días de reclusión: la vana insistencia en buscar presagios en la primera línea de un cuaderno que no le debe nada a nadie; esa niña lejana que ha nacido, y cuya historia se debate entre la lucidez y la trampa de imaginarla como un pájaro; el inventario de fieras rescatadas del olvido que aguarda el rito dominical de los nuevos mitos; la sospecha falaz del ermitaño que confunde el aislamiento con la melancolía hasta que el retorno del orden promete caminatas y carbohidratos; el deleite impúdico de licántropos que refocilan en la sombra mientras mundos tridimensionales emergen del silicio; y la certeza, oculta en el fondo de un libro aflictivo o un juego de simios, de que toda fábula es vana si el proceso carece de gozo, pues la escritura, a fin de cuentas, no es más que la prolongación de la infancia.

La bendición del día: que la primera línea de tu cuaderno no te pese como una exigencia, sino que te devuelva la libertad del trazo y revele la entrada al juego.

Que tu mente sepa distinguir la introspección lúcida de las trampas del encierro, y que el regreso de la rutina te traiga ligereza, pasos firmes y los carbos que restauran y engordan deliciosamente el cuerpo.

Que encuentres el espécimen fantástico que te falta para completar tu pokédex y que, sin importar la gravedad de lo que cuentes, la escritura te conceda siempre el deleite de la invención.

Recuerda: aun en las historias tristes, debe haber gozo. Hagamos ficciones. 🕹️✨