12:05 PM

En la entrada de hoy abro con la necedad de escribir en medio de los estragos pesados de una gripe tardía. De ahí paso al proyecto familiar de configurar una mini PC china con mi madre, donde descubrí que la fabulación que compartimos no es un defecto de comunicación, sino la verdadera raíz de nuestro oficio como contadores de historias.

Cierro contrastando la prudencia estéril del Odiseo de Nolan con el humor gamberro australiano, la manósfera y la capacidad imaginativa con la que los jóvenes reinventan el placer y el deseo en tiempos enrarecidos.

I. 🪰📜 ( ˘─˘)っ🤧

Cosas que vuelven pesado el ánimo y entorpecen los días:

Ver partir una enfermedad feroz solo para descubrir que ha dejado tras de sí a su hermana menor, una indisposición pequeña pero impertinente. La sucesión interminable de estornudos que interrumpen el pensamiento; la secreción constante que obliga a buscar pañuelos; esa bruma pesada en la cabeza (brain fog) que convierte la mente en un estanque de agua turbia donde las ideas se niegan a salir a la superficie.

Resulta deprimente comprobar cómo, apenas el cuerpo flaquea en sus funciones más elementales, todo el engranaje del intelecto y la voluntad se desploma con facilidad. La casa parece más ruidosa, la luz de la pantalla lastima los ojos y la jornada se arrastra sin gracia. En medio de tal abatimiento, lo más sensato habría sido abandonar el lapiz y dejarse llevar por la indolencia. Sin embargo, por una terquedad absurda que no sabría explicar, termino sentándome frente a la página en blanco. Trazar apenas un puñado de líneas, registrar la incomodidad del momento y dejar constancia de que se sigue con vida: eso es, al final, lo único que verdaderamente importa.

II. 💻🏛️ ( ゚Д゚)✨

Mi madre —la loca— está de visita en la casa por su cumpleaños. Trajo una computadora diminuta que se compró en una tienda china (creo que Alibaba), en línea. Prometí que la veríamos juntos para tratar de configurarla: proyecto familiar. Ella pensaba ponerle Linux. No me parecía mala idea; la computadora que uso para la escuela tiene Ubuntu y es un equipo altamente funcional así como está, pero después de evaluar sus necesidades pensé que era mejor dejarle Windows. La computadora chiquita de mi madre parece un buen equipo, de esos que pueden usarse del diario, o de oficina. En el hogar, creo que podría utilizarse como media center o como un equipo para jugar emuladores retro.

La otra vez, platicando con ella, descubrí —dolorosamente— uno de esos rasgos que compartimos. Cuando le pregunté de dónde había sacado una conclusión (realmente no importa de qué), construyó una historia como si ella la hubiera vivido. Indagando, eventualmente confesó que lo había visto en un video. Desde que tengo memoria, creo que esa ha sido una de las grandes dificultades que ha tenido para relacionarse con sus hermanos, con su familia.

Ya estaba en modo hijo aleccionador, diciéndole que esconder información de esa manera o dármela incompleta solamente detenía procesos; pero luego tomé un respiro y, haciendo memoria, me percaté de que yo hago lo mismo porque soy hijo de mi madre. La única diferencia es que yo uso esta habilidad para escribir cosas, principalmente ficción, pero también puedo colocarme en estos espacios y recrearme con cierta facilidad.

Dejé de regañar a mi mamá porque ella, de alguna manera, me enseñó que también es escritora. Que lo había sido siempre. Y que yo había tomado estas mil vidas de ella.

Mi madre es Odiseo; a sus ojos yo debo ser un simple Telémaco.

III. 🎭⚓ ( ˘─˘)っ🔥

Durante estos días de ligera enfermedad me he dedicado a maratonear la versión australiana de Taskmaster (disponible, completo y gratuito, en YouTube). En contraste con ese humorcito británico, el tono australiano destaca por ser abiertamente escatológico y cachondo, muy emparentado con la picaresca mexicana. Su irreverencia me llevó a cavilar sobre las tensiones del entretenimiento contemporáneo. Recordaba la reciente adaptación de La Odisea por Nolan y las críticas que la señalan como un ejercicio profundamente conservador: nos entregaron a un Odiseo castrado, estéril, incapaz de ejercer la picardía o de bromear sobre cómo Poseidón lo embiste contra el oleaje.

La propia traductora Emily Wilson observa con agudeza que hasta los banquetes en la cinta de Nolan lucen tristes e inapetentes. Es verdad, la comida es asquerosa, incluso el placer de la comida nos es vetado en su cinta.

El semestre pasado, expuse cierta inquietud al aula y cuestioné a mis estudiantes sobre si no se percibían a sí mismos más conservadores que las generaciones previas, indagando su postura frente a fenómenos como el de las tradwives. No obstante, la realidad es más compleja: en paralelo, ellos despliegan capas de un erotismo latente y bizarro mediante la cultura furry, el hentai o las relecturas del anime contemporáneo.

En el extremo opuesto del espectro aparece la sombra de Andrew Tate, tras las rejas pero revelado en chats con el hijo de Trump; el retoño del poder tradicional en complicidad directa con los profetas de la manósfera, cristalizando la deriva de una ultraderecha identitaria.

Transitamos épocas enrarecidas donde el futuro se percibe a la deriva.

Solemos asumir que la realidad dará un vuelco dramático, cuando lo cierto es que la existencia tiende a perpetuarse en su inercia cotidiana. Reconozco que tengo una especie de rigidez. Debo confiar, ser un poco más flexible. La juventud actual —si utilizan su imaginación—, posee la facultad de desdoblarse en múltiples avatares para gestionar sus afectos y deseos por vías que se me escapan. Y mientras exista algo de creatividad empeñada en la búsqueda del placer y el deseo, puedo confiar en que el mañana puede ser un lugar más amable.

La bendición del día

Que aunque el cuerpo flaquee y la neblina mental amenace con apagar las ganas, mantengas siempre la necedad sagrada de sentarte a escribir (o dibujar, o cantar, o estudiar, o aprender, o jugar) y dejar constancia de que sigues aquí.

Que en los proyectos sencillos con la familia encuentres el espejo para perdonar los defectos heredados, reconociendo con ternura que hasta las mentiras más pequeñas son, en el fondo, el germen de la ficción que nos salva.

Que nunca te falte el humor escatológico y cachondo para reírte del puritanismo y de las olas que te sacudan la vida; que te mantengas a salvo del veneno de las cavernas conservadoras de la manósfera y que conserves la flexibilidad suficiente para no juzgar lo que no entiendes.

Y que, finalmente, donde quiera que encuentres un atisbo de imaginación puesta al servicio del placer, el deseo y la creación, tengas la certeza de que el futuro aún guarda la promesa de ser un lugar mucho mejor.