Un recorrido nocturno por Cholula, un trámite burocrático y los mundos de una simulación bastan para encarar la brevedad. Esta bitácora registra el intento de interpretar el presente con la urgencia de una última novela, mientras los animales custodian el orden desde su oasis. 🚶♂️⏳🌌
- Anoche, de camino a una partida de Magic en casa de un amigo, crucé la vida nocturna de Cholula. Las calles estaban llenas de personas buscando cena o distracción. Disfruto vivir aquí, Cholula makes me happy, aunque el gozo suele traer el recordatorio de la brevedad. Atribuyo este humor mórbido al trámite de hace unos días, cuando actualicé mi AFORE y designé a mi beneficiario. El papeleo detona las preguntas de siempre: qué pasará si no concluyo mis proyectos, qué ocurrirá si el tiempo se corta. Frente a esa inercia por controlar el progreso, hacerse la ilusión de controlar algo, lo que sea, noto una certeza: si una bala perdida me cruza el cerebro, se acabó. Ni una sola preocupación, nomás pulpa de cerebro. Son inquietudes pasajeras. Si la enfermedad regresara, por ejemplo, la mente se ocupará en resolver la supervivencia, en buscar otra oportunidad; no habrá espacio para otras angustias, ni tendré el tiempo para pensar que debí haber hecho esto o aquello. Ante la incertidumbre, la opción es ejecutar el presente de la mejor manera. Escribir esta entrada hoy equivale, por ejemplo, a redactar mi última novela, la que busca la perfección. Recuerdo a Huizinga: el juego exige seriedad, pero contiene su propia ligereza. Tomarse el tablero en serio es vital, pero obsesionarse con el juego es perder. Jugar es jugarse la vida, y este texto de blagh es mi obra mayor. 📄 ☠️ 🎯
- Interrumpí la escritura diaria de mi blagh para dedicarme a No Man’s Sky. Ignoro cuánto durará la estancia, pero disfruto la ilusión del explorador cósmico. Uso a la IA para documentar los viajes: discuto con ella nombres de especies y planetas, le pido estrategias para catalogar animales, plantas, minerales y cielos. Ante los dieciocho trillones de mundos, la tarea es imposible. Hace poco descifré el trasfondo del juego y encontré un eco que conmueve: somos Viajeros en un entorno construido por una inteligencia artificial moribunda. Le restan dieciséis minutos de existencia que, en el simulador, se transforman en millones de años. La máquina ejecuta el proceso para responder una pregunta: cuál es el significado de estar vivo. Recuerdito de Joseph Campbell: todos los dioses y todos los infiernos habitan dentro de uno. 💻 ⏳ 🤖 🪐
- Cambié la lectura por el juego, pero llegó una grata confirmación desde los pasillos de la Ibero: fui aceptado en la maestría con una beca. Sin embargo, he dedicado unas pocas horas a continuar mi lectura de La gran historia de los videojuegos, donde topé con una línea cínica sobre la posguerra en Japón: «Aunque fuimos unos conquistadores generosos». Ignoro si el autor omitió deliberadamente que arrojaron dos bombas atómicas, aniquilaron a miles de personas y quebraron el espíritu de una cultura ancestral. Me dio un poco de asco. En fin, durante dos años desarrollaré un proyecto literario vinculado a La feria del cerdo. Tendría que estar revisando los dieciséis libros de la bibliografía de referencia, aunque ya conozco varios. No lo niego, disfruto alimentar a mi persona juego. Quizás es momento de ponerla a leer también.
- La vida transcurre en la línea que divide el desperdicio y el acto de interpretar esos dieciséis minutos previos al apagón. Surge el lugar común: «Vi mi vida pasar ante mis ojos». Viene a la mente El Aleph de Borges, testimonio del tiempo y la realidad simultánea. Pensar en la muerte fatiga, pero es inevitable; tomarse el juego en serio condena a la derrota. Ocurre una serendipia mientras escucho a Kurt Cobain: la escopeta en la boca, la vista en el cañón antes de jalar el gatillo. Por ello, la certeza del desenlace me regresa al presente: hago lo mejor posible con lo que tengo. Esta entrada no es solo mi última novela, sino mi obra mayor. Ser explorador en No Man’s Sky o cumplir como adulto responsable apuntan al mismo centro: custodiar el descanso de mis animales dormidos. Ellos sueñan el sueño del mundo. Sus horas en su oasis onírico son una eternidad para la imaginación de los hombres. Morir es despertar del sueño. Vivir es habitar el sueño. ⏳ 🌀 👁️
- De las cosas que miden el tiempo antes de cerrar los ojos (por última vez): hombres y mujeres que caminan por las calles de Cholula en busca de cena. El trámite de un formulario de retiro que trae el pensamiento de una bala perdida. Una nave que desciende en planetas de código mientras una voz de silicio inventa nombres para las plantas. La inteligencia artificial que fabrica galaxias porque le quedan dieciséis minutos de vida. La frase de un libro que justifica a los conquistadores frente a las cenizas de una nación ancestral. Montones de libros que aguardan en un escritorio el inicio de una maestría. Una melodía que coincide con la imagen de un cañón de escopeta. El parpadeo de una pantalla donde se escribe una bitácora con la seriedad de una última novela. Dos gatos que duermen en el sillón de atrás, ajenos al ruido del mundo. Y la sospecha de que vivir no es otra cosa que interpretar el simulador antes de que ocurra el despertar.
La bendición del día: que la certeza del desenlace te devuelva siempre al presente, disipando las conjeturas del futuro con la velocidad de una bala perdida.
Que poseas la soltura para tomarte el juego en serio sin quedar atrapado en la derrota.
Que mientras la simulación consume sus minutos, ejecutes tu obra con rigor y resguardes el descanso de tus animales dormidos, quienes sostienen la eternidad del mundo.
Nos leemos en el próximo despertar del sueño. ⏳🌀👁️