El tránsito de hoy va de las galaxias calculadas por una IA moribunda a la carne congelada que amenaza con silbar en la cocina.
Entre la deconstrucción de un parque temático nostálgico y las paredes amarillas de un VHS que espanta a los jóvenes, esta bitácora constata nuestra única tarea certera: estamos aquí para interpretar el sueño. 🤖🥩🎮🟨
- Mantengo la obsesión con No Man’s Sky. A dieciséis minutos de morir, una IA busca descifrar el significado de lo vivo a través de sus Viajeros. Plantea interrogantes sobre el propósito: ¿recolectar, explorar, alcanzar el centro de la galaxia, hallar una verdad última? ¿La última curiosidad verdadera? Hace poco encontré una simetría en la película The Life of Chuck, que narra la muerte de un hombre y las multitudes que lo habitan. Su estructura de tres actos avanza desde el misterio y la euforia hasta la resolución: Chuck es un universo que se apaga y cuya certeza final —la gran respuesta— radica en el baile. El contraste es claro: la máquina indaga el porqué de la existencia mientras el hombre ignora esa pregunta vana: uno existe y ya, hacemos con nuestra existencia lo que podemos, lo que mejor nos toca. Quizás, si alguien me preguntara el propósito, diría la verdad que he descubierto a lo largo de estos años: mejorar la vida de los otros, alivianar su carga. La deidad informática del juego padece una ingenuidad infantil que la obliga a fabricar un cosmos entero solo para aplazar su desenlace; un reflejo de la degradación universal. El ser humano no necesita cuestionar su presencia en la tierra. Otra cosa: sabemos que nuestra tarea es soñar. 🤖 ⏳ 🎬 🕺
- La máquina calcula porque carece de carne; el hombre sueña y rememora porque sabe que su tiempo es breve. Justo cuando todo termina, surge el último pensamiento de Chuck: dos de las personas que habitan en su interior se toman de la mano y se dicen que se aman. Ese registro final va sobre el amor y el deseo.
- Por la tarde registré la advertencia de un paquete congelado: «Una vez descongelado no volverá a descongelarse». La frase suena ominosa. Imaginé personajes (y personas de las cuales escuché en alguno de mis podcasts de True Crime); vino a la mente la pareja de rusos que asesinaba personas para canibalizarlas. Eso puede ser un cuento: un hombre abre el congelador y rotula las bolsas con Sharpie usando esa misma sentencia. El interés radica en el matiz sobrenatural. ¿Qué ocurre con la materia que se descongela? ¿Mueve la piel? ¿Abre los ojos? ¿Echa un silbidito? Conjeturaba este horror orgánico mientras cocinaba la arrachera de cerdo del 3B. Me quedaron buenos los tacos. ( 👁️.👁️ ) 🎵
- La reseña de tres horas de Action Button sobre Final Fantasy VII Remake me condujo a la taxonomía de jugadores de Magic (mapa psicográfico v3). Tim Rogers menciona que en un juego multiplayer online, el 95% de las mecánicas las construyen la psicología de los jugadores. Eso me voló la cabeza. En fin, el texto del mapa psicográfico asemeja un documento oficial; restaría investigar su origen y relevancia real. Su existencia confirma que el diseño de las cartas responde a perfiles previamente calculados. El mapa clasifica a quienes construyen historias, a los que arman mazos confiando en el milagro de coordinar pocas cartas, y a los orientados al poder (the killers, en la línea de Bartle). Añade también a los estrategas del combo y aquellos que disfrutan moverle a los tornillos. La lectura me dejó analizando mi propia persona juego.
- La reflexión previa surgió al ver la reseña de tres horas de Action Button sobre Final Fantasy VII Remake. Me cuesta regresar a este juego porque no lo disfruto. Recuerdo mi afecto por el original; en su momento fue una aventura. Sin embargo, en esta entrega ni siquiera hemos llegado a los pasajes de la historia que prefiero. Algunos personajes tienen destellos: Barret y su aliado en el desierto —con una atmósfera cercana a Trigun—, el trasfondo de Vincent, la templanza de Red XIII o Cid ante el abandono de un sueño. Cloud me disgusta como protagonista. Creo que el desarrollo de Aeris mejora aquí y admito que Tifa es una trampa en la que es fácil caer. El relato está ahí, pero me incomoda la pérdida de libertad. Carezco del grinding, de las batallas aleatorias y de lo divertido que era usar las materias para diseñar cómo los personajes reaccionan al entorno. Tim Rogers reveló lo que me distancia del título: está diseñado con la lógica de los e-sports. El juego aspira a ser una experiencia de acción. Entender este sistema —que parece obvio, pero no lo es— me anima un poco más a concluirlo. El valor del remake se reduce a la trama; el objetivo es captar nuevo público y ofrecer a los cuarentones un parque temático para regodearse en la nostalgia. Me considero regodeado.
- En el siguiente capítulo de la serie de Agustín Fest se siente viejo, acudí el sábado a una proyección de los Backrooms. El impacto fue menor del esperado. Me desconcertó el grito de los adolescentes ante una habitación con un árbol de Navidad rojo, entre otras escenas de espanto que ponía a los morritos a platicarse cosas y anticipar los sustos. Me doy cuenta que su miedo habita en un ecosistema de YouTube que codifica el origen de los escenarios. Al ligar este fenómeno con el de los animatrónicos, asoma un síntoma social: el pánico juvenil ante la simulación de una nostalgia muy gringa. Asombra que el público actual tema a unas paredes amarillas registradas en cinta VHS. Paradójicamente, esa estática y ese fondo decoraban el porno que consumían nuestros padres. El verdadero espacio liminal soy yo. (  ̄ー ̄) 🍿
- De las cosas que revelan la ilusión del simulador: una deidad de silicio que inventa dieciocho trillones de mundos para retrasar su muerte por dieciséis minutos, frente a la gracia de un hombre que se despide de la tierra bailando. Dos de las personas internas tomándose de la mano en el parpadeo definitivo de la memoria. El letrero en el paquete del supermercado que prohíbe repetir el deshielo, desatando la sospecha de una piel que se mueve o emite un silbido en la sombra. Un mapa psicográfico que clasifica a las personas entre quienes persiguen milagros en un trozo de cartón y aquellos orientados a la destrucción del adversario. Una aventura de la infancia transformada en un parque temático de acción para el regocijo de los cuarentones. Los gritos de horror de unos jóvenes en el cine ante una habitación vacía con un árbol de Navidad rojo grabado en una cinta de video. Y la ironía de descubrir que las mismas paredes amarillas que hoy perturban a los hijos decoraban los escenarios donde los padres consumían la carne analógica de su tiempo.
La bendición del día: que ante la urgencia de los minutos contados poseas la soltura del oráculo para elegir el baile y el afecto sobre el cálculo frío de las máquinas.
Que los límites de los nuevos sistemas no te despojen de la libertad del explorador ni transformen tu memoria en un parque temático ajeno.
Y que, cuando el entorno se vuelva liminal y las paredes se tiñan de amarillo, conserves la madurez para reconocer la materia real y mundana donde las nuevas generaciones solo descubren fantasmas.
⏳🌀👁️
Nos leemos en el próximo parpadeo de la cinta.
