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El tránsito de hoy versa sobre la extraña velocidad del silicio, donde una IA levanta en horas el inventario de nuestras bestias, y la lentitud con la que el cuerpo procesa sus batallas.

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Entre la fantasía de un imperio juvenil y el peso de un bestiario clínico escrito bajo el asedio de la enfermedad, esta bitácora traza dos coordenadas esenciales: la aceptación de la larga despedida y la pregunta vital: ¿a dónde nos llevará ese sendero bordeado de árboles?

Por último, el gozo no está en la corrección impecable, sino en el vértigo de arruinar el lenguaje para fundar un espacio laberíntico, rebosante de misterios y revelaciones.

  • La herramienta de IA de Dreamhost (Remixr) aceleró la construcción de un nuevo proyecto literario: el archivo digital de mis columnas en LJA escritas como “bestiarios”. Dedico un par de horas diarias a ajustar el diseño y la lógica del sitio tras bambalinas. La automatización contrae los plazos; una tarea de programación que antes demandaba meses de esfuerzo técnico ahora se resuelve en jornadas breves mediante instrucciones directas. 🌐 🤖 ✍️ 💻
  • Ignoro la infraestructura técnica detrás de Dreamhost para levantar páginas y bases de datos, pero su velocidad es muy superior a la de WordPress. Dejé de utilizar este último gestor porque la personalización milimétrica del diseño y la acumulación de procesos entorpecían la administración del contenido. Mi blog sigue estando en WordPress porque le tengo cariño, pero no niego que las esperas son enfadosas. La IA (Remixr), en cambio, genera arquitecturas ligeras y optimizadas que ejecutan tareas específicas; prescinde por completo de los complementos y las tablas complejas que suelen ralentizar los sistemas tradicionales.
  • Cuando era joven, me la pasaba vendiendo estos pequeños servicios de diseño y código a pie de calle. Si tuviera esa edad hoy en día, con este arsenal informático a la mano, estaría vendiendo páginas individualizadas al por mayor y dándome la gran vida. Estaría forrado en pasta, cobrando fajos de billetes por proyectos resueltos en minutos. Pasaría los días en un retiro sibarita: comprando ediciones raras de literatura sin mirar el precio, financiando colecciones enteras de arte pop y manteniendo la alacena llena de insumos artesanales, libre por completo del estrés financiero y dejando que el silicio pague mis caprichos. ¿Cáncer? ¿Diabetes? ¿Deudas? Todo eso me la pela. Tengo seis bitcoins en mi cartera. 💸 💰 💻 🥂
  • El uso de la IA no carece de fricciones. Su comportamiento inconsistente obliga a una revisión minuciosa tras cada ajuste; la máquina suele desbordar la orden original y alterar secciones ajenas debido a un exceso de iniciativa. Es un trabajo a ciegas: al no acceder al código fuente, solo queda intuir la lógica de su desarrollo.
  • Diseño este espacio como antesala de la maestría: un archivo de los bestiarios que escribí durante el cáncer. Esas páginas agrupan individuos, afectos y tumores benignos o malignos. Mientras el cuerpo lidiaba con la enfermedad, mi mente recurría a animales y dioses, buscando refugio en fábulas y alegorías para capear un entorno trastornado por el sufrimiento físico y emocional. Transcribir más de la mitad de las columnas ha sido un desdoblamiento revelador. Confirmo que estoy lejos del ideal de un escritor consagrado; siempre habrá grietas que reparar. Sin embargo, la relectura reafirma mi verdadera devoción: amo el vértigo de la escritura por encima del orden de la revisión. Prefiero descubrir palabras, arruinar el lenguaje, pensar rápido y pensar mucho.
  • La relectura como un acto de desdoblamiento, reflejo y contrarreflejo, el náufrago en un valle de espejismos: el Agustín del presente edita las bestias que el Agustín del pasado creó para tratar de explicarse los entornos alumbrados por su angustia. 🫀 🐺 🏛️ ✍️
  • En esta temporada surgieron dos conceptos a los que regreso con frecuencia: «La larga despedida» —atestiguar cómo envejeces o enfermas mientras el otro asimila que debe decirte adiós— y «A dónde me llevará ese camino bordeado de árboles», que evoca un sentido de exploración y aventura; el dejar de señalar secretos con el dedo cuando el enigma mayor reside, precisamente, en el propósito de la fuerza que nos empuja.
  • Dividí el archivo en dos categorías: «taxonomías», que conserva el título original de la columna, y «temas», que opera como el etiquetado conceptual real. Esta estructura transforma a cada criatura en una pieza modular, un ladrillo o un lego, un fragmento capaz de construir contextos distintos a su origen. Mi afinidad por las arquitecturas complejas de lectura y escritura encuentra un gozo particular en la expansión de este índice de temas, un inventario que gestiono de manera un tanto descuidada, fortuita, exploratoria. [ 🧩🗂️ ]
  • Visualizar el alcance del sitio reactiva el impulso de expandir el bestiario. Aunque ese deseo pertenezca a los planes futuros, la prioridad actual exige, primero, terminar la transcripción. Esta labor de arqueología y edición digital demanda un esfuerzo diario que alterno con mis otras ocupaciones, mis otras vidas. El espacio seguirá poblándose durante los próximos días; los invito a revisarlo y compartir sus impresiones: https://bestiarios.agustinfest.com/index/
  • De las cosas que cobran una nueva sintaxis entre el silicio y el cuerpo: una herramienta de automatización que levanta arquitecturas web en minutos, reduciendo a cenizas el recuerdo de los sistemas arcaicos y sus aglomeradas bases de datos. La fantasía de haber poseído este arsenal informático en la juventud para montar un imperio de páginas individualizadas, forrarse en plata y retirarse a una vida sibarita de café premium, libros raros y ocio absoluto. Una inteligencia artificial que decide ponerse creativa tras un velo de código invisible, obligando al ojo humano a revisar el sitio de forma obsesiva para confirmar que la máquina no haya desarreglado la casa por cuenta propia. Un inventario de monstruos, divinidades y tumores redactado bajo el asedio del dolor físico y emocional, donde la fábula y la alegoría fueron el único refugio para nombrar la fragilidad de la carne. La gozosa certeza: el amor al vértigo de descubrir palabras, pensar rápido y arruinar deliberadamente el lenguaje, muy por encima del tedio de la revisión impecable. Dos brújulas conceptuales para capear el tiempo: la larga despedida que prepara al entorno ante el desgaste del cuerpo, y un camino bordeado de árboles que nos invita a continuar la exploración sin exigir respuestas al enigma. Y un rompecabezas modular de taxonomías y etiquetas que reconfigura las criaturas del pasado, abriendo las puertas de su propio dominio digital para quien decida detenerse a mirar.

La bendición del día: que ante la velocidad ciega de la automatización operando tras el velo, conserves la paciencia del artesano para vigilar la lógica de tu propia casa.

Que cuando te toque desdoblarte y releer los dolores de tus otras vidas, descubras en los monstruos y las deidades del pasado el refugio exacto que te mantuvo a salvo.

Y que, suspendido entre la lucidez de la larga despedida y el enigma de lo que puedes encontrar al final del camino, poseas siempre la audacia para pensar rápido, descubrir palabras y defender el hermoso caos de la escritura sobre el tedio de la perfección.

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Nos leemos un poco más adelante, quizás en un camino bordeado de árboles.