Autor: arbolfest

  • Tiranosaurio

    Tiranosaurio

    Miro a Morgana, la gatita, y pienso que le dio vida a la casa: juega con sus puñitos de boxeadora —tiranosaurio rex— para tirar las cosas y se esconde en los recovecos. Nunca estoy solo, porque ella está ahí, agazapada, en la oscuridad, vigilándome. Por otra parte, mis libros se mueven de lugar, y mis juguetes de señor cuarentón también y pienso que en el futuro alguna de esas cosas se caerán, o se perderán, o simplemente morirán, pero hace mucho acepté que nada de esto es mío y que el tiempo es un dios misericordioso cuando lo aceptas. Morgana es inesperada, curiosa, brillante. Tiene unos ojos luminosos. Nico, mientras tanto, ya vieja, viejísima, su carita más blanca que la nieve de los guerreros, la vigila con interés pero a veces le gana el sueño y ni siquiera tiene deseos de pretender que puede jugar. Pero cuando despierta, lo intenta, la persigue, y Morgana llora e imagino que piensa: “a dónde me trajeron, a este lugar con un perro orejón, gordo y peligroso que me va a comer”. Y pensé que así sería siempre porque olvido continuamente la mutabilidad de los gatos, quisiera imaginarla con una neurosis de gente, entonces ella me calla la boca y en un momento de debilidad, Morgana juega con la cola de Nico. Morgana persigue la cola de Nico. Morgana agarra con sus puñitos de boxeadora —tiranosaurio rex— la colita de Nico. Sus garritas ametrallan la cola y la perra, gorda y sorda, en lo suyo, bosteza, y supongo que piensa en cosas muy sencillas que los perros piensan. Entonces me dije: “todo lo que se dice de los gatos es verdad y es mentira”. Y ahí se acabó el asunto, y mi corazón de perro está dispuesto a andar los pasos del gato para aprender una vida nueva.

  • Oni

    Oni

    Publicas tu foto, veo que lees y frente a ti hay un bosque, o es una selva. Miro los árboles para tratar de saber qué son. Estás en un lugar donde un chavo que usa una máscara de diablo japonés (Oni) amarra muchachas, les toma fotos, las exhibe en instagram como arte y erotismo. Y me pregunto, con tus dedos largos, tus uñas limpias y brillantes, si se conocerán, si casualmente se toparon en alguno de esos espacios artísticos y el Oni, sin perder tiempo, te preguntó si te dejabas amarrar. Supongo que le dijiste que no, pero como eres muy bonita, él preguntó otra vez. Y otra vez. “Es algo padre”, habrá dicho, “porque los nervios, y la estimulación de las cuerdas, y estás volando pero sumergida en la euforia, la iluminación ayuda mucho para el trance, la suspensión es totalmente profesional, sentirás que eres otra persona, es un performance más que nada”. Yo haría una mueca, pensaría que en reddit, en el foro de conversaciones, todos quieren coger todo el tiempo, hablan de sexo y de sexo y de sexo, un contraste muy marcado con mis otras comunidades, las de DnD, las de Magic, las de Books, donde el deseo se traduce en tratar de entender cómo funcionan las reglas, los dados, los monstruos. Porque en reddit español, la comunidad de libros, incluso ellos dicen cosas como: “recomiéndenme libros donde cogen mucho, que sean eroticazos, puercazos, por favor, me urge coger”. El deseo persistente, patético, podrido. El oni te enseña alguna de sus fotos profesionales. Si yo estuviera ahí, diría algo así como: “ah, sí, recuerdo esa, esa sesión estuvo muy padre”. Pero lo diría sin ganas verdaderas de que te lleve, o te siga invitando, sino como este ladrillo para tirar una casa de naipes. Y tú querrás regresar a tu libro, pensando: “un bruto más de tantos que me invita a lo mismo porque —precisamente— soy muy bonita”. Seguirás con tu libro de poesía que no me animo a ver mientras escuchamos la lluvia en este lugar inexistente. Yo tomo mi café, servido en una taza roja, y pienso en tus fotografías, y sin querer pienso que no te verías mal suspendida, amarrada. Pero el Oni se ha ido a otro lugar, ha desaparecido en una nube de azufre, quizás ya se quitó la máscara y es un hombre común, o una mujer cansada, quizás ya se encuentra cargando costales de papas y fumando un cigarrillo bajo uno de los postes de su pueblo mientras llueve, llueve, y sigue lloviendo.

  • Recetario

    Recetario

    Algo que me da mucha tristeza, es cuando compro de comer y no sabe tan rico. De unos años a la fecha, creo que la comida es uno de los placeres primordiales, un placer que no debería evitarse. Y no tiene que ser muy complejo; un licuado de plátano, chocolate y un poco de almendras, consigue mejorar mi día porque es la comida dulce de la infancia, el desayuno que me recuerda a los míos.

    Y así como tengo este desayuno sencillo, creo que los otros tienen el suyo y uno de mis ejercicios habituales es imaginar lo que comen, lo que los hace felices, lo que les recuerda los sabores de la infancia, de su comunidad, del hogar. Creo que todos tenemos eso en común, aunque los sabores sean muy distintos. Y podemos empezar a aceptar al otro a través de sus sabores.

    Lo demás puede dejarse atrás, suspenderse en el tiempo hasta que sea posible construir o adquirir uno de complejidad añorable. El juego, la literatura, el amor, el sexo. Pero no la comida.

    Por eso, después de curarme, cuando estuve en el estado de euforia máximo (todavía me desdoblo para vigilarme en el pasado y miro a ese Agustín Fest extraño), recordaba con tristeza mis tacos de suadero, los que comía afuera de la Maren. Y solo de recordar el sabor, verme parado a las dos de la mañana con una coca-cola en una mano y mi plato de plástico en el otro, y darme cuenta lo lejos que estaban, lloraba fácilmente por este sentimiento mezclado de melancolía y abandono. Hice muchos berrinches absurdos por eso. Todavía los hago.

    Me asombra cómo escribimos recetas detalladas para tratar de conservar los sabores. Por otra parte, en la cocina aprendemos un camino silencioso, intuitivo, para cocinarnos a nosotros mismos. Si no anotaste la receta de la abuela, posiblemente la acompañaste dentro de la cocina (a no ser que seas uno de esos tarados que nunca se han metido a una), y cuando la perdiste, usas tu memoria como puedes para reinterpretarla. El juego, la interpretación, asumir el papel del ancestro.

    El mismo esfuerzo de cocinar como otros es invocarlo, traerlo a tu lado para, nuevamente, la comida como celebración, consumir su presencia y hacerlo parte de ti.

    La escritura es un ejercicio similar. He tratado de asimilar a mi persona que disfruta de comer y, por asociación, ama la vida (quizás) y mientras escribo, pienso en mis recetas personales. No serán muy complejas, exóticas. Algunas podrían ser lamentables de lo sencillas que son. Otras solo pueden hablarme desde el recuerdo, la infancia, una experiencia personalísima. Pero es a través de la comida que otros aspectos de mi vida han mejorado: el juego, la literatura, el amor (el sexo no tanto, le tengo miedo al éxito).

    Siempre que podamos comer en compañía, me gusta pensar así, todo está muy bien.

  • Lectura de junio, 2024

    Lectura de junio, 2024

    Hace mucho que no hago una lectura de tarot general. He tirado unas tres cartas para ver qué tal. Puede que estas cartas te digan algo, o puede que no. Recuerda que no leo el tarot como mensajes del destino, sino como un divertimento o como las palabras que nos pueden dar eso que necesitábamos escuchar, justo en el momento indicado.

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    OCHO DE BASTOS

    El ocho de bastos, también conocido como el amo de la agilidad, es la carta del mensajero, o la carta del dios Hermes. Es la carta del despertar, de ahuecarle el ala, de tronar los deditos porque se nos hace tarde, mi rey. Hay que moverse para conseguir los grandes objetivos, los sueños sabrosos y significativos. Como son bastos, son una carta de fuego y conocimiento. La gran experiencia que nos ha impulsado a conseguirlo todo, a ser mejores.

    Su primera posición indica que está en el origen, o en el pasado. Si son tiempos donde nos sentimos un poquito desconchinflados, conviene recordar cuando la vida nos entusiasmaba y agarrarnos a ese sentimiento para desear de nuevo, y emparejarnos con ese deseo. Sí, es hora de buscar ese sentimiento porque probablemente es tiempo de subir el tren para seguir andando.

    Aunque también puede significar añoranza, melancolía. Esos tiempos que eran mejores porque estábamos al tiro. Es la carta de las grandes esperanzas, y esto queda muy bien con la siguiente, que nos recuerda al pequeño Pip y el amor que nunca lo reconocerá o lo aceptará por lo que es, sino por lo que nunca será.

    ERMITAÑO INVERTIDO

    En la carta del presente, o del núcleo, tenemos a un grande: el ermitaño, pero de cabeza. Mago de la voz luminosa, solo puede conseguir el estado de conocimiento cuando está solo, en su cueva, rumiando sus grandes ideas que son incompatibles con la sociedad pero parecen estar conectadas con las entidades superiores.

    Si somos animalitos de soledad, esta es nuestra carta. También es la carta de los introspectivos y los tímidos. Aquellos que consiguen el conocimiento a través de aislarse y entender, en soledad, a sus propios dioses.

    Cuando está al revés, igual que nuestra primera carta, puede ser una señal de melancolía, una apuesta encaminada para revivir tiempos mejores. Pero también puede ser un periodo de inseguridad, un momento en que nos hemos desconectado con el propósito superior, o quizás hemos olvidado alguno de nuestros objetivos primordiales.

    También es una carta de insolencia, de moverle demasiado al arroz. Déjalo al fuego, pues.

    REY DE BASTOS

    Por último, tenemos al fabuloso rey de bastos. Príncipe del carruaje de fuego, es el aristócrata de fuego que utiliza el poder del aire. Fuego = conocimiento, destrucción masiva, renacimiento; aire = estrategia, destrucción pasiva, el arma paciente. Cuando juntas estos dos atributos, no es de extrañarse que este señor sea iracundo, astuto y sumamente creativo.

    En el tarot clásico, este es el aristócrata que mejor representa cuando las viejas adivinas decían: “vendrá un extraño oscuro y apasionado a darte amor hasta por las orejas”. No es team Edward, es team Jacob. ¿Te acuerdas del duque de la primera temporada de Bridgerton? Pues es este cabrón.

    En otros significados más internos, que no hablan de figuras pero de ánimos, también es la creatividad y la fortaleza. La necedad de hacer que ocurran las cosas. Hablando de nuestras primeras dos cartas: puede ser que nos convenga salir de nuestra madriguera para descubrir un pedazo de mundo y hacer nuestra voluntad, y si nos empuja más un deseo del pasado, una extraña melancolía, mejor aún.

    Esa fue la lectura de cartas de este mes. ¡Espero que les haya gustado! Si quieres una lectura de carta mensual, chécale por acá:

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    ¡Buen domingo!

  • Focus

    Focus

    Tengo años tratando de entender una de las plantitas que tengo en mi oficina. Nos ha costado trabajo entendernos porque no hablo planta. Esta mañana hice un ejercicio de mirarla sin despegar la vista, tres minutos después, llegué a la conclusión de que me gusta su sombra pero no aprendí nada más.

    Eso sí, su sombra se pone toda lúgubre, retorcida y siniestra, justo como mis pensamientos después de las 4:32 de la tarde. Al menos eso compartimos en común.

    Creo que es una frustración de señores, y señoras: aprender cómo cuidar una maldita planta. Últimamente se seca fácil o algunas hojas verdes se le caen. Se supone que es de fácil mantenimiento, pero también mi neurosis lo es.

    Sé que sus hojas caen porque, cuando estoy en mi oficina, de repente escucho un pequeño plaf. Y miro al piso, y descubro que se le cayó otra hoja sobre otro puñado de hojas que cayeron durante el día. Y me siento inútil, me siento el asesino de los árboles, pero también creo que es un reto. Y quiero ser siempre el mejor, mejor que nadie más.

    Gugleando, lo seco es por falta de agua y lo verde es por exceso de agua. Creo que se entiende por qué estoy confundido.

    Cuando me acerco a mirarla, no me siento tan mal, porque veo ramas nuevas, reverdecidas, y también veo nuevas hojitas que están creciendo. Percibo un proceso de crecimiento de la planta, y entonces mi neurosis se calma un poco, y abandono el pensamiento de transformarla en una ceiba.

    Pero pasa cuando me alejo, y me siento a leer o revisar algunos asuntos que plaf.

    Otro plaf.

    Y otro más.

    Plaf, plaf, plaf.

  • Premio

    Premio

    Anoche escuché la frase: “damos premios a los niños por las madres. Eso parece tranquilizarlas”. Como docente, después recordé un caso lamentable que tuve el semestre pasado, y del cual no hablaré hasta que se abran los archivos.

    Pero tenía que ver con madres.

    Después de pensar en los trofeos invisibles que algunas organizaciones preparan a sus empleados, o a sus hijos, pensé en aquellos dos polacos que se pelearon en uno de los videojuegos que manejo.

    Se odiaban tanto, que habían gastado miles de euros cada fin de semana para atacarse con sus países de cartón. Es un juego de ejércitos increíblemente grandes, y entre más dinero gastes, más poderoso te vuelves.

    Y también más deuda adquieres.

    Eventualmente todo país en ese juego pienso que se vuelve caótico, insostenible, pero algunos lo intentan tenazmente. Supongo que es un pasatiempo.

    Uno de ellos, después de haber gastado veinte mil euros y cayendo en cuenta de que no podía gastar otros veinte mil más, decidió mejor gastarse un pedazo de su alma. Envió un último mensaje muy elocuente, pero lleno de odio: “ojalá a tu abuelo lo hubieran hecho jabón”.

    A menudo pienso en esa frase porque me parece negra, graciosa y corrupta, es una frase cargada de odio y me dio risa involuntaria porque me pareció imposible que alguien pudiera escribir eso en su teclado para mandárselo a otro.

    Pienso largamente en esa frase: “ojalá a tu abuelo lo hubieran hecho jabón”. Y luego pienso en mi abuelo, esta figura imaginaria que se escapó de Alemania, mientras muerdo mi taco y doy gracias de que me apellido Fest, y no Zest.

  • Paternidad

    Paternidad

    Mientras sacaba a pasear a la Nico, una vieja basset hound de trece años, mi vecina se detuvo para felicitarme: “por ser un papá perruno”.

    Me agarró de sorpresa, me reí y nos despedimos.

    Pero me quedé pensando en mi perra vieja y cómo puedo ser su padre, si es tan anciana que ya no escucha nada y su cabecita de huevo está desbordando las canas.

    —Una genuina angustia de que su alma derramará su vida antes que la mía, que la historia de sus olores es más rica y absurda y hermosa que la mía—.

    Ya no persigue juguetes, roba los sándwiches de mi esposa o hace necedades como cavar caminos laberínticos subterráneos hacia el infierno con sus patas de boxeadora.

    Está muy cansada para eso.

    Estos últimos días, duerme tan profundamente que nos vamos durante horas de la casa y ella no se da cuenta hasta el último momento.

    Nico ha iniciado el descenso, ya tiene rato que así es, pero mientras eso ocurre, duerme y duerme muy bien.

    Me cuesta trabajo pensar que soy su padre. Ella también ha sabido cuidar de mí. A veces pienso divertido que somos colegas del cuidado, no hay jerarquías entre nosotros. Somos compadres.

    Dejando a la Nico de lado (reitero: no, no soy padre de una perra vieja, y creo que ella estará contenta con ello: humano es humano, perro es perro, wof, wof), en este día del padre, otro más de tanto colmado de redes sociales y fotografías de padres orgullosos, y nerviosos, finalmente he aceptado que la paternidad es un delirio ajeno que alegra y arruina la vida de otras personas, y que jamás sabré nada de ello.

    Cuando era joven, me costaba trabajo imaginarme como el padre de alguien, aún cuando durante algunos años tuve a mi cuidado a un hermano (con cada año que pasa, me doy cuenta que no hice el mejor trabajo siquiera, hice lo que pude hacer. Es un milagro que mi hermano sea un hombre de bien).

    Ahora que soy adulto, me declaro adulto —aunque a veces me siento muy viejo—, décadas de matrimonio y conversaciones serias, hemos concluído que no tenemos el deseo de tener hijos.

    Después de un cáncer, una que otra serendipia, y mi labor como docente, he pensado traviesa y patéticamente que a veces uno termina siendo el padre de todos, incluso de las piedras.

    Tampoco rechazo la idea de que algún día aparecerá algún ente extraño, quizás alienígena o metafísico, que me diga que soy su padre, o se comporte como si yo lo fuera, y yo diré que sí, aceptaré el contrato, todavía no determino si por aburrimiento o por algún deseo de redención.

    Después de ver una feria de padres, fotografía tras fotografía, algunos de ellos haciendo la sonrisa masculina de catálogo, decidí dejarlo por la paz. Aunque no lo voy a negar, me cuesta trabajo.

    Muchos de ellos se ven genuinamente angustiados, la educación sentimental de una masculinidad construída como una casa de cerillos.

    Algunas novelas, francamente aburridas, tratan de estos narradores neuróticos que arreglan sus daddy issues a través de la violencia, de matar al padre, de confrontarlo y decirle que es un imbécil.

    Novelas que son confesiones: descubrir al padre, esa figura ideal, espantada de ser persona como cualquier otra, y sin una perra idea de lo que guarda el futuro en todas las capas, desde lo individual, lo global, lo humano.

    El padre, igual que muchas otras cosas, es un constructo de ficción que es necesario resolver. Porque los hombres resuelven. Me han dicho.

    Pero también soy testigo de algunos padres amorosos que, durante años, han hecho el trabajo de destruir esta figura de legos para revelarse como lo que son a sus hijos.

    Eso es lindo de ver.

    Si yo tuviera que ser un padre, me gustaría poder ser uno así.

    Pero no lo voy a ser y es la aceptación de que no seré ese padre, y si algún día, por accidente, lo fuera, sería lo mismo que fui hace unos años: lo mejor que puedo ser y ya.

    (La aceptación: soy lo que soy, y nada más).

    Sin embargo, como un pequeño manifiesto, una revelación del día de hoy, algo que pensaba mientras caminaba por la vieja Cholula: crecí sin padre y no estuvo nada mal, no soy el mejor ejemplo, pero tampoco vivo bajo un puente.

    Supongo que ese es el pensamiento de cajón que me gustaría sacar el día de hoy: ningún padre es necesario y entender eso, quizás para los que más están angustiados por una paternidad escabrosa, deficiente o insegura, les podría dar un asomo de paz y de libertad.

    Dejarían de sonreír como maniquís en las fotos, mientras los niños y las niñas sonríen como si abrazaran a un dios pequeño y desvelado. El peor dios que puede tener uno, pero como es tuyo, lo aceptas, lo amas. Simplemente lo amas.

    Sabiendo que ningún padre es necesario, la libertad es apabullante: reino de la imaginación, todo lo que puedes hacer por un niño que no espera absolutamente nada de ti.

    Qué miedo, quizás por eso algunos no duermen: saben que son una piltrafa absolutamente desechable, y lo único que tienen es el amor de ese niño, o de esa niña, que sonríe en las fotografías.

    Les dije que me cuesta trabajo, conste que lo intenté.

    Feliz día del padre, especialmente a los que se sienten competentes, y algunos incompetentes también.