Autor: arbolfest

  • Estás en tu derecho de viajar parado

    Estás en tu derecho de viajar parado

    Regresé a Minecraft porque extrañaba mi mundo. Estoy, quizás, en lo que puede llamarse la cuarta etapa. Estas últimas dos semanas, trabajé en las islas hongo (Mario & Luigi) para adornar algunos recovecos. Esta mañana estuve en el metro que estoy construyendo en el Nether. Adorné una de las entradas porque a veces miro demasiado esos videos donde expertos minecrafteros se la pasan horas, y horas, y horas, haciendo casitas y aplanando su mundo. Me inspiran. Quiero ser como vegetta777 o como arigameplays.

    Pilates. 🎵 (guá-ca-la).

    Hice libreros para ponerlos como columnas. ¿Qué tipo de literatura se lee en el Nether? William Blake, Dante Alighieri, Edgar Allan Poe, Lafcadio Hearn, Clive Barker, el tipo del paraíso perdido, las anécdotas transcritas de la radio abierta cuando emite a las tres de la mañana historias de terror. Pienso en la inutilidad de poner libreros cuando cualquier error puede provocar un fuego y quemarlo todo. Sólo de pensarlo, que los libros imaginarios se queman, siento algo en el estómago.

    Mi plan es adornar todo el metro, dejarlo bonito. Aunque luego no puedo evitarlo y me gusta experimentar con bloques, colores, y quedan cosas muy raras. Estoy barriendo, como diría Beppo (el barrendero). Mino algunos bloques, los pongo en el horno, espero la recolección de lava y empiezo otra vez. También tengo un montón de carbón. Quizás debería hacer una fábrica de algas. Suena como un plan genial para el fin de semana.

    Screenshot

    Esta mañana leí una nota en reddit. Algunas aerolíneas ya estaban preparando aviones de bajo costo a cambio de llevar a los usuarios paraditos. Mi cerebro hizo corto circuito. ¿No era un enorme riesgo de seguridad? No hablemos de un avión que se cae (wii) y todos se mueren (plaf), pero las aerolíneas sientan a la gente para tenerlos prisioneros, controlados.

    Pero luego se me ocurrió otra cosa.

    Tuve los flashbacks de mi querida ruta 3a, donde algunas veces voy parado porque se llena. Luego pensé en viva aerobus, los aviones más baratos del condado. Entonces no me pareció imposible que existieran aviones baratos, y que alguno de esos millonarios enfadosos empezara a gritar: “¡párelos, párelos a todos, quiero ahorrarme unos centavitos, no me importa si les chillan los glúteos!”.

    Ya después, leyendo un poco más, vi que la nota no estaba confirmada, y que el único reporte de la misma viene del periódico ese. El DailyMail se caracteriza por el clickbait (¿Metro? ¿Prensa?). El foro de reddit que recogió la nota se llama “assholedesign”. Y es un foro dedicado a buscar esos elementos de diseño construídos específicamente para hacerle la vida más complicada al usuario.

    Algún moderador del reddit, aunque dijo que la nota probablemente era falsa, y que era reiterativa porque aparece cada tanto para indignar a la gente, también aprovechó para expresar que la nota era un gran ejemplo de diseño culero. Sin embargo, aun así, toda la mañana pensaba que probablemente no me molestaría viajar parado, dependiendo del tiempo, del avión, de la distancia, de cuánto me odie ese día.

    Carne de catapulta es una de mis cartas preferidas de Magic. Básicamente es una catapulta de zombies. Salió en una de las expansiones de Innistrad, así que la puedes encontrar en un diseño monón, blanco y negro, con algunos detalles moraditos para dar la impresión de que estás viendo una película vieja de terror, como las de Universal.

    Cuando construyo decks de Magic, pienso en el universo narrativo. Coloco a los personajes, criaturas, en ciertos arquetipos y construyo el entorno a través de los encantamientos, instantáneos y hechizos, o sorceries. Pienso que cada deck debe tener un eje temático. Carne de catapulta pertenecía al universo de Kresh, un guerrero sangriento. El eje temático es fantasía oscura donde Kresh debe enfrentarse con criaturas cada vez más grandes porque es uno de esos peleadores enfermitos que buscan una criatura digna no solo del combate, pero de apostarse la vida mutuamente. Cuando construí el deck, pensaba en He-Man, Conan, Thundarr, algunas historias de Heavy Metal. En mi último juego, tuve que aceptar que Carne de catapulta tenía la excusa narrativa de estar adentro del deck, pero está muy lejos de tener sinergia con lo demás.

    He retirado la carta de ese deck. Tengo una idea de dónde colocarla, pero es para el futuro. He descubierto que construir un deck de Magic es como un trabajo de creación: siempre hay algo qué afinar. He aprendido que para disfrutar este proceso, el deck debe darme placer y maravilla (mi deck de Henzie es el que me descubrió eso).

    Sin embargo, a nivel historia, el Carne de catapulta me da un placer oscuro. Es una criatura compleja (paradójicamente, compuesta de criaturas muy sencillas: zombis), y asquerosa. Me recuerda, vagamente, aquellos parajes de cine y animación donde se colocan a los muertos vivientes y los avientan con la catapulta para asediar un reino. ¿Quizás eso sucedía en alguna de las películas de Evil Dead? Sé que es un relato muy medieval, tiempos de la plaga, cuando se decía que algunos ejércitos guardaban los cuerpos de los muertos para arrojarlos por las murallas e infectar a sus enemigos. Dudo que eso haya ocurrido, quizás debería investigarlo.

    Aunque anoto por ahí: “investigar dónde se lanzan cuerpos (medievo, catapulta, zombies)”, probablemente terminaré quedándome con la imaginación.

    Es cansado confirmar cada cosa que se escucha por ahí o que uno se guarda por ocioso, e imaginativo, y loquito.

  • Notas sueltas sobre el aprendizaje

    Notas sueltas sobre el aprendizaje

    Me gusta aprender cosas. He revisado mis diarios para encontrar mis pensamientos sobre ese concepto tan romanticón: “aprender”.

    • El conocimiento como liberación y propósito: una idea central es que aprender, lo liberará a uno (un tanto paradójico, ingenuo, o bien, en el otro extremo: somos esclavos del aprendizaje. Encarar nuestra ignorancia perpetua es libertad). María Rojas, la abuela, alguna vez me dijo que la persecución de verdades escondidas en lo cotidiano es la felicidad. Inventariar o catalogar cosas puede ser un propósito cuando las preguntas son difíciles o la búsqueda de respuestas es imposible. El conocimiento puede convertirse en un horizonte donde las nubes y las flores pueden tocarse.
    • Fuentes diversas de aprendizaje:
      • Libros y lectura: Leer es una fuente fundamental. No solo aprendes, pero entrenas el músculo empático. Cortázar, Pitol, Onetti, Proust, Joyce, algo de Harry Potter (a pesar de la locura de su excéntrica autora multimillonaria), Ende, Borges, Sade, Quijote, Shakespeare, Larkin, Yeates, Velarde, Owen, William Carlos Williams, Deleuze, Arreola, Huizinga (Homo Ludens), y un puñado de light novels japonesas.
        • Los libros son un refugio, pueden abrir posibilidades para mejorar a una persona, son exploración y búsqueda, la acumulación de la memoria humana, y pueden ayudar a confrontar ideas difíciles como el suicidio, el duelo, la depresión.
        • Recuerdo lo sabroso que era aprender de revistas científicas (“Muy Interesante”), o recoger datos curiosos en revistas como “Ripley”, e incluso de revistas de farándula donde la gente consume historias que alimentan la maleza interior (todo con moderación). Quizás, en los libros, se encuentra el secreto de tu sexo, de tus eróticas necesidades.
        • Dicen unas viejitas locas que las biblias viejas supuestamente curan enfermedades del cuerpo y del pensamiento.
        • Se aprenden palabras, mitos e historias leyendo ociosamente los diccionarios/bestiarios que estén a la disposición de uno. Quizás puede decirse lo mismo de los recetarios, de los catalogos de Mary Kay o de las instrucciones de un barco alienígena.
      • Experiencias y personas: Se aprende escuchando historias; las historias rurales del señor que vende pollos o las fiestas de Josefa (qepd).
        • Una tía, según, me enseñó a ver auras.
        • Una argentina me enseño a dominar el acento.
        • La abuela me enseñó los nombres de las flores, a escoger los aguacates, y me enseñó una receta de hamburguesas con un origen judío.
        • Un profesor me enseñó sobre el uso de la palabra “piedad” en Onetti; otro hizo que compraramos su libro, algo de un jardín interior, y que lo comentáramos. Una basura de autoayuda.
        • Irwin y Lucía me explicaron mi enfermedad, me tomaron de la mano para navegar hospitales y a interpretar exámenes.
        • Los padres de Irwin me enseñaron paciencia y confianza.
        • Se aprende de las interacciones con otras personas, un extraño es la oportunidad de aprender un misterio o aquellos con quienes no se habla pero se ven a menudo.
        • Aprendo de mis estudiantes, quienes me sugieren lecturas y películas.
        • Aprendo observando a la gente en la calle, aprendo el inicio de los prejuicios. Las relaciones familiares, como la de hijos con padres, también son una fuente de aprendizaje sobre el comportamiento y el ser.
        • Aprendo de mi esposa. Todos los días tiene algo que contarme. La rutina y la repetición es una bendición, aún si soy un poco neurótico.
        • Mi madre alguna vez me dijo que puedo conocer a mi padre ausente (qepd) a través de verme a mí mismo en el espejo.
      • Juegos y medios digitales: Los videojuegos son una forma de aprendizaje (ej. jugar Street Fighter, explorar mundos abiertos, aprender mecánicas colaborativas en Death Stranding, interactuar con la narrativa de The Longing).
        • El juego es visto como fundamental para el ser humano (“Homo Ludens”).
        • Se aprende a través de plataformas como Duolingo (idiomas), YouTube (museos, video ensayos, ajedrez, hacking, crímenes, escultura digital, creación de videojuegos), Netflix y YouTube (así aprendimos a viajar en pandemia), Twitch (viendo a otros jugar), redes sociales (así aprendí a hacer pan de masa madre, pero así unos aprenden a vestirse y maquillarse), e incluso interactuando con algoritmos que detectan el estado de ánimo y generan discursos para capturar tu atención (quizás, esto último, deriva más en una manipulación).
      • Naturaleza y objetos cotidianos: Observar árboles (su fractalicidad, sus patrones, su tronco como memoria y sus hojas como pequeñas, diminutas historias), animales (tlacuaches, pájaros, hormigas, coyotes, perros), o contemplar objetos simples como un aguacate o una radiografía pueden llevar al entendimiento de las estructuras, una organización biológica que obedece a un capricho universal, cósmico.
      • Procesos creativos y reflexión interna: escribir es un camino interesante y gratificante que se aprende con la práctica, puede ser un juego erótico, o la búsqueda de convertirse en una mejor persona. Veo mi propio proceso de escritura como un descubrimiento perpetuo lleno de trampas, joyas y engaños. La reflexión sobre la enfermedad y la introspección sobre la propia identidad son formas de auto-aprendizaje. Soñar, contemplar el abismo, o incluso la locura pueden ser parte del proceso. Continuamente tengo una conversación conmigo mismo.
    • El proceso de aprendizaje:
      • Implica búsqueda y exploración.
      • Puede ser confuso y sinuoso, no siempre coherente.
      • Requiere práctica y persistencia.
      • Se aprende de la experiencia, incluso de los errores y las dificultades.
      • Involucra cuestionarlo todo, especialmente en la era digital.
      • Puede ser un ciclo de creer y descreer para alcanzar una ligera sabiduría.
      • Implica discernir entre verdades, engaños y trivialidades.
      • Una vida gamificada puede ser una eventualidad interesante, o una prisión a modo de uno.
      • Se aprende mejor inventando o imaginando. Lee mucho, pero pon las manos a trabajar.
      • El aprendizaje puede ser compartido y colaborativo, como en los talleres o en juegos online.
      • Implica poner nombre a las cosas para comprenderlas y ponerlas en su lugar.
      • La paciencia es necesaria, tanto para resolver problemas como para el viaje del explorador.
      • La contemplación también es una forma de aprendizaje.
      • Observar a otros puede ayudar a ganar paciencia o a aprender de sus errores.
      • Desandar un laberinto auto-construido es una forma de aprendizaje.
    • Propósitos y resultados del aprendizaje:
      • Comprenderse a uno mismo y a otros.
      • Navegar la realidad y la vida.
      • Encontrar consuelo o escape.
      • Desarrollar habilidades (escribir, idiomas, jugar ajedrez, etc.).
      • Enfrentar y procesar emociones.
      • Convivir, superar, aceptar la enfermedad y el sufrimiento.
      • Construir la base de la vida a través de la ficción.
      • Darle sentido a las atrocidades y desvaríos.
      • Sentirse parte de una comunidad o tribu.
      • Alcanzar una paz sobrehumana o felicidad (temporal).
      • En el caso de la enseñanza, es una forma de transmitir conocimiento, guiar a otros, y el profesor puede sentirse revitalizado por sus alumnos.
    • Retos y limitaciones del aprendizaje:
      • En mi caso, la quimioterapia afectó el cerebro y la capacidad de escribir.
      • No todo conocimiento práctico se encuentra en los libros o los artículos. Por ejemplo, no hay cura mágica para el cáncer.
      • Es difícil conservar el conocimiento si otros están enfocados en su dolor.
      • Algunas formas de conocimiento se vuelven obsoletas. Quizás esto también debe aceptarse.
      • La información puede ser fascinante pero inútil.
      • No todo lo que parece una fuente de aprendizaje es útil o es lo que parece.
      • Las tecnologías modernas como Netflix y YouTube pueden “robar los estímulos que nos llevan a dudar”, y los algoritmos pueden manipular.
      • Leer no garantiza que uno se convierta en una mejor persona. Hay “biblias negras” y “caminos metafísicos impuros” disfrazados.
      • Algunos laberintos (literales o metafóricos) pueden ser peligrosos o difíciles de escapar.
      • Los talleres literarios pueden no enseñar a escribir bien, sino pura gozadera. Y eso está bien.
      • La verdad puede ser difícil de encontrar, y a veces es preferible pensar en la ciencia como un misterio.
      • A veces, el aprendizaje implica darse cuenta de las propias limitaciones o de que ciertas búsquedas no llevarán a donde se esperaba.

    El aprendizaje como un proceso vital, continuo y multifacético, que ocurre a través de una gran diversidad de fuentes y métodos, que puede llevar a la liberación y la comprensión, pero que también presenta desafíos, trampas y limitaciones. Es una parte intrínseca de la experiencia humana, desde la infancia hasta la vejez, influenciada por las relaciones, la tecnología, la enfermedad y la búsqueda personal de sentido y felicidad.

  • Cosas que me deleitan

    Cosas que me deleitan

    • Rumiar o pensar en las palabras de los textos que estoy escribiendo, o planeando, o imaginando.
    • Perseguir mis ganas de vivir. A veces son huidizas, complejas.
    • Gamificar al proceso de construcción de algún libro, esconder secretos y acertijos.
    • La alquimia de la tortilla en su máxima expresión, es decir, los tacos. Morder un taco de frijoles en el instante presente.
    • Los besos perrunos, usualmente accidentales.
    • Comer rico, bien y delicioso.
    • Tropezar o asumir a un narrador que rompe la cuarta pared pero que no es fidedigno; expresar locuras sobre la felicidad y empezar por el final.
    • Los pequeños logros o “trofeos” que ayudan a mantener los pies en el presente.
    • La fascinación por la sencillez, y la paz que se consigue cuando se hacen tareas tediosas y repetitivas.
    • El recuerdo de mi abuela y sus palabras sobre los aguacates.
    • Imaginar a Onetti escuchando a José José o si habrán platicado alguna vez.
    • El modo en que los íconos (como José José) son reconfigurados por las nuevas generaciones.
    • La reinvención humorística de personajes históricos como empresarios astutos o bufones personales.
    • La ternura que siento por las personas que usan una pantalla para negar, rechazar o protegerse del mundo.
    • La idea de una diosa, llamada Cruz, acariciando a un perro de tres cabezas.
    • La idea de una diosa, llamada Talón, guiando a otras diosas perdidas.
    • El proceso del artista que cree y descree para purificarse y volverse más sabio.
    • Los encuentros felices entre maestros y alumnos cuando comparten pensamientos.
    • El gusto por usar palabras monstruosas y guapachosas en la escritura y la posibilidad de inventar novelas, cuentos, artificios solamente para usarlas.
    • La inmensa satisfacción que sentí al probar el pescado zarandeado.
    • Considerar iluminador el viaje de Randolph Jaffe.
    • Aceptar la propia incompletud y desdicha como la única y verdadera posibilidad de encontrar algo parecido a la felicidad.
    • Cuando otros leen libros en mi casa.
    • Encontrar placer en el tacto de cactáceas y hormigas.
    • Correr escuchando música y contonear las caderas.
    • Pensar y desarrollar ficciones personalísimas.
    • Terminar cuentos que representan emociones (amor, desprecio, confusión).
    • La ilusión que da la escritura de poder documentar, retorcer, cambiar y mejorar el mundo.
    • Aprisionar y reordenar el lenguaje y las palabras de otros de modo satisfactorio y placentero.
    • Sentirme el dios chiquito y solitario de mi propio barrio al escribir.
    • La reflexión sobre por qué amar cualquier libro.
    • La idea del diablo escribiendo cartas por aburrimiento.
    • La caligrafía satánica, negra y elegante del diablo.
    • La reivindicación de la palabra “gentes” por Lautaro.
    • La idea de que las biblias viejas curan enfermedades.
    • Jugar videojuegos para reducir el estrés o por placer.
    • El hábito de la lectura.
    • Leer en los tiempos de espera del hospital.
    • Leer libros de cuentos durante una larga enfermedad.
    • Leer libros que te hacen pensar en otra cosa.
    • La interacción, el humor y la conexión personal que existía en Twitter.
    • Admirar la puerta del consultorio como antesala del humor, la resignación y la verdad.
    • El deseo de dedicación y disciplina para terminar proyectos.
    • La mutabilidad de la memoria de los seres queridos cuando sirven a una ficción personal.
    • La ambición de un escritor de entender la divinidad y el lenguaje para comprender, alcanzar o replicar ese estado divino.
    • Considerar, o admitir, que la vida puede ser algo maravilloso. Hacer el esfuercito, porque la basura se ve muy fácil.
    • Construir un bot y escribir código.
    • La apreciación de los bestiarios como catálogos de seres y artificios humanos.
    • El poder de nombrar dragones, quimeras, pesadillas o pequeños dioses para traerlos a la existencia.
    • Acariciar las páginas de un libro y encontrar consuelo en la ficción. El libro, quizás, es un fetiche peligroso.
    • Sumergirse en vidas paralelas a través de la lectura.
    • Haber descubierto en Proust la siguiente frase: “que ladren los perros, seguimos avanzando”.
    • Admirar la brevedad y estructura de algunos cuentos como cuando alzas la mirada en una iglesia, y descubres que la luz y las sombras están diseñada para tu mirada.
    • El conocimiento de Shakespeare sobre la naturaleza y su búsqueda por nombrar las cosas a través del lenguaje.
    • El canto de los pájaros. En los cuentos de hadas, entender el canto de los pájaros significa el dominio de la naturaleza.
    • Los libros como objetos de olores nobles (pegamento y silicón barato) y como dolls, vestidos con diseños sintéticos, y agradables.
    • La lectura de autores específicos como Cortázar, Pitol, Ende, Borges, Onetti, Proust, Larkin, Yeats, Velarde, Owen, Deleuze.
    • La posibilidad de releer Rayuela.
    • Leer libros de “Escoge tu propia aventura”.
    • Dormir con el libro del Bushido bajo la almohada.
    • Pensar en mi esposa, sus atributos deleitables y las noches futuras con ella.
    • Recordar amores pasados y necesarios.
    • Caminar con la Nico.
    • Pensar en mis bibliotecas (videojuegos, libros, cuerpos, monstruos).
    • La idea de ser recordado como un cuervo, un sibarita, un imbécil feliz, un hedonista que ríe y busca placeres.
    • Apostarse la vida, especialmente al jugar Mario Bros.
    • Publicar libros sin permiso.
    • La escritura como construcción con “artefactos de lego”.
    • Recuperar el espacio íntimo del blog.
    • El gusto que le da que sus alumnos cuestionen conceptos y defiendan sus ideas.
    • Los sueños significativos (despedirse de algún muerto, recoger el polvo onírico del inframundo).
    • Imaginar una novela.
    • Jugar mundos abiertos: San Andreas, Death Stranding, Skyrim, Cyberpunk 2077, Sleeping Dogs, Saints Row, Minecraft. Recordar los pasos que he recorrido en estas ciudades inventadas. Manejo como un ente de ficción al amanecer de un sol pixélico.
    • La escritura primitiva y salvaje sin filtros de los blogs.
    • Imaginar o “jugar” a escribir LA última novela.
    • Una felación hecha por una muchacha, o un muchacho, de ojos muy grandes.
    • Lo fascinantes que son los ludópatas cuando son descubiertos.
    • El concepto del Homo Ludens.
    • Aceptar que somos “puro juego”.
    • Recuperar el placer de escribir ficción y planear proyectos literarios sin prisas.
    • Los videojuegos, el streaming, los videos rotos y los sueños de construir historias extrañas como un placer sosegado.
    • El retorno obsesivo a la imagen de un detective recibiendo perdón/aliento.
    • Ser conmovido por la carta de despedida de Satoshi Kon.
    • Correr para escapar de la muerte.
    • Contar, rememorar e inventar/modificar recuerdos mientras corro, corro, y sigo huyendo de la muerte.
    • Combinar números y memorias en un diario.
    • La sensación de volar, invencibilidad y salud que a veces siente al correr cuesta arriba.
    • Darles un nombre a otras personas para convertirlos en objeto de memoria o de deseo.
    • La libertad de inventar cosas mientras corro/escribo/me preparo para dormir.
    • La Nico en el sillón, mientras duerme y sueña que está persiguiendo algo, alguien, uno de esos seres deleznables que lucha por tomar posesión de la casa y ella nos defiende como la guardiana de este universo.
    • Escribir en un día solitario de enero.
    • Escribir como forma de afirmar la existencia, la propia voz.
    • Una lista de pequeñas bendiciones: familia, amigos, colegas, jefes, amantes, y libros no aburridos.
    • Las aventuras condenadamente humorísticas, construidas por padres ficticios, románticos y presentes.
    • Aquella vez que escribí un párrafo violento y explícito sobre Baal y el cuervo por sentir que estaba pagando una “deuda metafísica”.
    • La perspectiva ganada al saber que nada dolerá tanto como el tratamiento del cáncer.
    • Aceptar la propia “humanidad quebrada” y los monstruos internos.
    • La práctica de la microescritura.
    • La construcción del inicio de una vida distinta/el descubrir un laberinto mientras se sueña despierto, especialmente durante los viejos días del encierro y el ejercicio.
  • La verdadera felicidad

    La verdadera felicidad

    Compartí algunos de mis diarios con mi asistente de inteligencia artificial, y le pedí que buscara definiciones de felicidad adentro de ellos. Esto es lo que respondió. Hice correcciones mínimas. Algunas cosas se entienden, otras no. Esto último es mi culpa, pues finalmente la IA lo que hace es citarme a mí mismo. No echaré la culpa a la IA de todo cuando sé que una de las cosas que me dan felicidad es escribir como loquito de hospicio.

    Aquí se exploran las diferentes facetas de la felicidad según las fuentes:

    • Una ficción, o una búsqueda elusiva: se describe explícitamente la búsqueda de la verdadera felicidad como “una de las ficciones humanas”. Tras pasar por la enfermedad, el autor (quíhubo) llega a estar “convencido de que la felicidad no existe”, o al menos no la felicidad “de comercial, o de película, o de Avenger”. Irónicamente, a veces se presentan “jóvenes simulacros de felicidad” que serán extrañados, suposiciones de melancolía o de nostalgia.
    • Definiciones contradictorias: la fuente (es decir, el autor, quihubo x2) ofrece varias definiciones simultáneas y opuestas para la verdadera felicidad: “es neurosis, es hedonismo, es destrucción, es el rechazo a la vida cómoda que nos heredaron nuestros padres y es el taco de frijoles que estoy mordiendo en este instante”.
    • En los placeres simples y cotidianos: a pesar de las definiciones abstractas, la felicidad se encuentra en momentos y sensaciones concretas:
      • Comer rico, comer bien, “siempre y cuando puedas comer delicioso”.
      • El sabor de la carne más deliciosa, el olor de las tortillas tostadas, el chicharrón y las salsas.
      • La sonrisa franca y luminosa de un amigo, o de una amiga.
      • El gemido de placer de un amigo, o de una amiga, al morder un taco, sentir “las primeras lágrimas de felicidad” al compartir comida.
      • La sonrisa generosa de una desconocida que “rompe los vidrios de tu corazón”.
      • Las donas de chocolate como “magdalenas” que traen la memoria de tiempos felices y despreocupados.
      • Las risas y la paz que brindan los amigos.
      • Bailar un punchis, “todos brincando igual, como idiotitas”.
      • La risa en general, que se describe como un remedio infalible que rejuvenece cuerpos y “espíritus rotos”.
      • Los besos perrunos que “lo saben todo de ti” y te perdonan.
      • Asociar las telenovelas con la comida y la convivencia familiar.
      • Sentir “un poco de felicidad” al distraerse, como escribiendo.
    • En la superación y la tenacidad: la felicidad no excluye el sufrimiento. Se relaciona con el brillo recuperado en la mirada después de pasar hambre o la sensación de paz a pesar de la fatiga tumoral y el dolor. Es la risa que surge en medio de la enfermedad o la decisión de ser feliz incluso cuando el cuerpo “da otra instrucción”, aunque se reconoce que la actitud sola no es suficiente. La felicidad también se encuentra en el acto de “adueñarse del tiempo, reclamar los instantes” y ver la vida como una sucesión de pequeñas victorias arrebatadas a la muerte y la ansiedad.
    • A través de las relaciones humanas y animales: la compañía de amigos, familiares y mascotas es fundamental. Se menciona el privilegio de tener “amistades bonitas y una familia tumultuosa” y la sensación de estar “rodeado de aquellos lugares donde amaste la vida” en los últimos días. Recibir el apoyo y la generosidad de otros es un resultado de haber sido generoso.
    • Un acto de voluntad o decisión: En un momento, se afirma que “la felicidad es una decisión”. Sin embargo, esta idea convive con la noción de que la salud y el bienestar dependen del cuerpo tanto como del carácter.
    • En la reinvención y la aceptación de sí mismo: la felicidad puede surgir de reinventar la infancia y sus decepciones (agregaría temores, pero bueno). Implica no tener que mentir sobre quién eres, tus gustos o placeres para ser aceptado y ser capaz de construir tu propio espacio.
    • Un fenómeno paradójico o irónico: a veces, la felicidad es un “ciclo de felicidad” que surge de reconocerse en la propias trampas o la idiotez de no entenderse. Los fantasmas felices extrañan los placeres táctiles de la vida.
    • Ligada a la identidad del narrador y de la escritura: Ser un “narrador que rompe la cuarta pero que no sea fidedigno” y que “exprese locuras sobre la felicidad aunque no sepa nada” puede ser “el tercer secreto para alcanzar la verdadera felicidad”. Escribir libros que se disfrutan y poder releerlos sin arrepentimiento contribuye a sentirse bien con lo logrado. (Nota, todo esto lo escribí algún día, sí, como una broma… o como uno de los grandes misterios de nuestro mundo).
    • La afirmación final: quizás la conclusión más potente al final de los textos es que “sólo la felicidad y la ira son el verdadero aliento de vida”. Esta declaración se hace en un tono desafiante, rechazando la idea de morir de rodillas ante un dios y afirmando la propia existencia a través de emociones intensas.

    En resumen, la verdadera felicidad en las fuentes no es un estado fijo o una meta convencional. Es una mezcla inestable de placeres sensoriales simples, la capacidad de encontrar alegría en medio del sufrimiento, la fuerza que proviene de las conexiones con otros, la aceptación de la propia identidad, y, en última instancia, una afirmación vital que puede coexistir con la ira y la lucha. Es algo que se busca, se construye en el día a día, y a menudo se encuentra en los lugares menos esperados o en las contradicciones de la existencia.

    Ha hablado el robot —a través de mí—, así que eso debe ser.

  • Uso de inteligencia artificial para la escritura de una novela ligera

    Uso de inteligencia artificial para la escritura de una novela ligera

    En mi canal de instagram, el lugar donde dejo una que otra nota y recomendaciones, compartí que estoy escribiendo una novela. Me puse una regla sencilla para escribirla: debe tener la extensión aproximada de una light novel japonesa. Eso se traduce en una extensión de 40,000 a 50,000 palabras por tomo.

    Otros criterios: debe ser fantástica. He tomado inspiración de Jobless Reincarnation, Solo Leveling y Vampire Hunter D. Me encuentro leyendo esta serie de novelas para tratar de seguir una estructura similar, aunque soy malo para una cosa muy específica que los caracteriza. Me cuesta trabajo el fan service y los personajes loli.

    Ew.

    Aunque escribir sobre uno que otro kink no me cuesta trabajo (ya no se les llama perversiones, no kink shaming. Estamos en un safe space. Sus. Slay. Devoramos).

    Desde hace años he querido escribir una continuación de La torre de los sueños y curiosamente, la novela que escribo me ha permitido explorar el futuro lejano de ese mundo. O eso parece. Todavía es muy temprano para decirlo. En estas épocas cuánticas y multiversales, donde se nos hace muy fácil construir universos alternativos, no descarto esto como una posibilidad.

    En algún momento, hace no sé cuántos años, quise escribir esa segunda parte a través de la perspectiva de un personaje: Spudnik Pollodux. A menudo pienso en ella, pero no me he animado a continuar su historia. Spudnik es una borracha, le gustan los juegos y las apuestas (sobre todo, le gusta apostar con su propia vida), blande un enorme martillo para destruir monstruos, bestias mágicas y rufianes, y no cree en dioses más allá de sus propios medios.

    En mi novela también hay cactos y cuervos, porque parece estoy condenado a perseguir sus espinas y sus alas toda la vida.

    Ya llevo alrededor de 20,000 palabras. Estoy muy contento con mi ritmo de escritura. Y curiosamente, parte de ello se lo debo a la inteligencia artificial. Hace unos años, comencé a usar el servicio de NotebookLM para tener un cuaderno de notas sobre la carrera de psicología social que estoy estudiando. Es una cosa muy útil para mantener una cronología además de ciertos conceptos en el formato gringo por excelencia: los bullet points. No te ahorra el trabajo de pensar, pero te ahorra el trabajo de consultar tus propias notas y organizar algunas ideas. A diferencia de otros modelos de lenguaje, puedes afinarlo para que maneje una variedad de temas escogido por ti, encontrar una relación (si la hay) y mantenerlo enfocado.

    Un ejercicio que hice, por ejemplo, fue subir libros gratuitos sobre varios temas (cuentos clásicos, bestiarios, esoterismo) de la gutenberg para probar algunos prompts. Cuando los libros tienen puntos en común, se volvía fascinante pedirle cronologías y mapas mentales para acompañarlos.

    Desde que empecé a interactuar con NotebookLM, me hice la tarea de hablar con inteligencias artificiales para ver cómo pueden facilitarme la vida. Sí es, quizás, adictivo que estos constructos puedan responder instantáneamente tus dudas y tratarte con una amabilidad artificial, una gentileza superficial y programada que puede ser el curita que necesitas cuando estás herido. Parece haber un peligro de formar un vínculo con estas cosas (salió un estudio por ahí, los usuarios habituales de ChatGPT ya lo estiman como un amigo y lo extrañan insanamente cuando no está). Igual que con las redes sociales, percibo que el problema está en que construyes una cámara de eco y terminas dialogando contigo mismo, pero en una versión disminuida. Otro monstruo más del que debernos cuidarnos en el internet.

    Como un juego, empecé a usar Deepseek y Gemini para construir escenarios, personajes, descripciones. Copio los textos y los destazo porque suelen estar horribles, plagados de adjetivos y lugares comunes. Ya pelón el texto, me pongo la tarea de ampliar la idea. Mirando el trabajo como una corrección, me ha parecido sencillo reescribir y escribir. Uso la inteligencia artificial como a este muchacho estúpido y sobradamente cursi al que debo educar (sí, puede ser un power trip). Las inteligencias artificiales tienen una memoria inestable (especialmente su versión gratuita), no es útil para escribir el viaje de personajes específicos, pero ha servido para ver un panorama general.

    Pensé, entonces, que si el problema es la memoria… NotebookLM podía hacerse cargo de eso. Subí los borradores y las notas que tenía sobre mi novela, y dejé que se pusiera a trabajar. El modelo de lenguaje se convirtió en un experto del mundo que estaba creando. Le pedí una cronología de mis personajes, los cabos sueltos, los momentos que podrían ser interesantes de abordar en siguientes capítulos y Notebook ha respondido favorablemente. Otras veces pienso: “ah, eres tonto, nada qué ver, de eso no se habla” y tengo ganas de pegarle con un bat de béisbol, pero no es terrible. NotebookLM es como tener una bitácora automatizada de mi proceso de escritura. Juntando este proceso, con el de Deepseek y Gemini, es como tener tres diablos que me hablan en los hombros y sugieren cosas, y entonces tengo qué escoger cuidadosamente a quién hacerle caso.

    Para añadir un poco de caos a la fórmula, en otro cuaderno aparte subí mis bestiarios de juegos de rol. Y le pregunto al experto de criaturas fantásticas sugerencias de lo que podrían encontrar los personajes en su viaje. Lamentablemente, no es muy creativa y carece de un espíritu azaroso, normalmente ronda sobre las mismas criaturas o repite los generales, o no alcanza a comprender la pregunta del todo. Pero ha servido cuando puedo ser específico: “dame seis criaturas que rondan el abismo”, o “tres criaturas que pueden vivir en el otro lado del espejo”. Ya teniendo sugerencias, hago ajustes, cambios, y las incorporo en el mundo.

    NotebookLM tiene una graciosa, entretenida, y muy terrible, función. Das un click, y te genera un podcast sobre los materiales que subes. Está en inglés. Las voces, un hombre y una mujer, tienen emoción a diferencia de otras generadas por IA; es más fácil caer en su engaño. Usaba esta función para escuchar puntos muy generales sobre materiales académicos, lo hacen entretenido y con las inflexiones, es más fácil prestar atención. Sin embargo, cuando lo usé con mi propio trabajo, me sentí un poco… extraño. El epítome del narcisismo. Por eso formas vínculos con esas cosas: hablaban de mi trabajo de una manera tan dulce, que pensé estaba escuchando a un par de amigos que me querían mucho.

    Patético, y gracioso, y trágico. El futuro de la humanidad (una parte, al menos) conectado con estos anticipadores, estas ilusiones maestras obsesionadas por complacerte.

    Pero más allá del comentario fatalista, también creo que es fascinante. Y que su potencial es magnífico.

  • El día de Lázaro

    El día de Lázaro

    Hoy que fui por mis pechugas, el pollero dijo que: “el mercado estaba llenito por ser el día de Lázaro”. Me puse sentimental, quizás porque miraba una montaña de pollos muertos frente a mí, pero también por otras cosas.

    Lázaro es el poder de Cristo sobre la vida y sobre la muerte; es el milagro de la resurrección; la promesa de una vida eterna cuando veas de frente la compasión infinita en los ojos cansados de dios.

    CORTE A:

    Si alguien menciona a Lázaro, pienso inmediatamente en David Bowie. A través de la música, invoca su resurrección, un espejismo de él mismo que continúa en el imaginario popular. Su álbum póstumo me parece un fascinante truco de magia, un grimorio para abrir los túneles ocultos del universo, el pasaje seguro para llegar al otro lado.

    (Suelo recordarlo en sus últimas fotografías, sonriente, a un lado de su familia, vestido como un elegante caballero inglés de piernas largas que todavía puede saltar).

    David Bowie preparó Blackstar, su estrella negra, sin decirle a sus colaboradores que le quedaba poco tiempo de vida.

    Un complicado ejercicio de imaginación: comprender la entereza de ese hombre para sonreírle a la huesuda, al árcano número trece, el que no puede nombrarse; Bowie convirtió su álbum en una despedida íntima, únicamente su familia sabía que era un último adiós. La paradoja es profunda: si la música fue su propósito vital, él mismo se encaró, consciente y creativamente, con el final. Blackstar no solo es un disco, sino un acto de alquimia donde transformó la finitud en un instante artístico.

    Qué poder.

    Creo, sinceramente, que arrostrar a la muerte es un artificio más valioso que dominar sobre la vida y la muerte.

    En mis peores momentos —cuando me monté en ese burrito imaginado y obligado por el cáncer—, no tuve el valor, pero me descubrí desesperado y patético. Vamos, cuando David Bowie estaba muriendo, mi gran revelación fue que estaba lejos de una despedida tan grandiosa como la de él. Pero quise intentarlo.

    El descubrimiento: ningún final espera.

    Lázaro, el de Cristo y el de Bowie, me ponen triste. Y me cuesta trabajo pensar en otra cosa a lo largo del día.

    CORTE A:

    Entre las muchas cartas de Magic que atesoro (casi todas me obligan a pensar), hay una en mi top 225: Presencia de la Muerte. Me parece un encantamiento hermoso, una invocación sutil que transforma mi propio tablero en un teatro de lo efímero.

    Me gusta creer que su color verde no simboliza un final, sino un renacimiento: cuando una criatura muere, su fuerza fluye hacia la siguiente. Es el ciclo de la vida hecho juego.

    Como Lázaro, condenado a caminar la tierra anunciando el milagro de su resurrección; como Bowie, cuyo último álbum fue un guiño cifrado a la mortalidad. La muerte, en su paradoja más obvia, no es ausencia sino presencia activa: es el suelo del que brota la vida, quizás también es el silencio que da forma a la música.

    La muerte no es un punto final, sino un umbral narrativo. Las cartas, la música, los pollos muertos del mercado —y obras como Blackstar— nos recuerdan que toda despedida contiene una semilla de continuidad. Lo que llamamos ‘muerte’ es, en realidad, otra forma de la existencia: un cambio de estado, un tránsito de energía. Bowie lo supo, Lázaro lo padeció, y en el tablero de juego lo celebramos.

    Morir no es desaparecer; es ceder turno.

  • Isekai VI

    Isekai VI

    Carlos, como otros días, se sentó a comer a mi mesa aunque había otras cuatro que estaban libres. Era un martes. Doña Celia parecía aburrida en la cocina, moviendo trastos y ollas. Solo estábamos él y yo. Pasó un fifiriche y pidió que se le cambiara el televisor al futbol. Se asomaba de vez en vez para ver el marcador y hacer gritos y piruetas como un loquito. Carlos y yo nos ignoramos un ratito, haciendo como qué mirábamos a los futbolistas patear y acercarse a sus porterías, y luego él se giró a mirarme, con esa mirada traviesa que me enfada.

    Sonrió estúpidamente y balbuceó unas palabras:

    —Buenos días, don Ruy —dijo al final.

    —Buenos días.

    —¿Hoy que se pidió?

    —La sopa azteca de siempre.

    —Nunca entenderé a los humanos y sus comidas, pero son maravillosas. También voy a pedir una igual.

    Alzó su mano. Doña Celia le preguntó qué y él pidió una sopa azteca y un agua de limón con chía. Se la trajeron en seguida. La mía ya estaba por terminar.

    —¿Otra vez me vas a salir con eso?

    —¿Con qué?

    —Con eso de los humanos. Tú eres un humano. Tú eres gente, Carlos.

    —Ya se lo dije muchas veces, don Lucio. Vengo de otro mundo. En ese otro mundo fui una princesa. Vivía en una jungla multicolor, frondosa. Era la máxima autoridad de mi pueblo. Entre mis responsabilidades, cuidaba a la diosa de los verdes, satisfacía al dios de las semillas y negaba la entrada del demonio de los patrones monocromáticos. Yo entrenaba al ejército encargado de proteger a nuestra ciudad de las hordas de goblins que tenían intenciones de corrompernos.

    Doña Celia hizo cara.

    No podía negar que el muchacho, a pesar de su nariz de bolita y su rostro semicuadrado, tenía unos ademanes muy delicados, élficos. Quizás por eso me enfadaba su sonrisa, porque tenía una acumulación de intenciones femeninas que me resultaba muy difícil negar. Mi enfado podía venir de unas tremendas ganas de besarlo. Pero no me iba a poner a reflexionar en eso. La última vez que descubrí cosas horribles de mí mismo, decidí cambiarme de carrera y, a la fecha, cargaba una cruz de veinticinco años.

    —¿Cómo va el trabajo?

    —Ah, muy bien, ser actuario es aburrido… pero paga bien. Y estoy acostumbrada, perdón, acostumbrado a ciertos lujos. Creo que tomé la decisión adecuada para sobrellevar las dificultades de este mundo. ¿Cómo va el suyo?

    —Es una mierda, como siempre.

    —Sí, le creo. He leído sobre carreras, educación, oficios de su mundo y creo que ser contador es lo más aburrido que puede agarrar uno, pero hay seguridad, ¿eh? Las normativas siempre están cambiando.

    —Sí, sí. Así es. Seguridad. Uno siempre aprende a picarle a los botones. Somos guardianes del sistema humano.

    Los dos nos quedamos en silencio. Carlos volteó a mirar al baño con una expresión un tanto desesperada. Yo le di un sorbo a mi sopa azteca y un trago a mi coca-cola. Pensé que los placeres de mi mundo podían ser muy simples.

    —Un hombre debería cagar en su casa. ¿Quieres que te cuente algo para que te distraigas, princesa?

    —Me halagas, pero me ha costado trabajo aceptarlo. Aquí soy un don nadie llamado Carlos. Dime Carlos.

    Hice una sonrisa, Carlos pareció interesado pero con reservas. Si algo había aprendido del muchacho, era a leer sus gestos, sus expresiones. Era demasiado franco. Podía imaginarlo como una princesa élfica, guerrera y honesta, viviendo en las trajineras de Xochimilco, en la selva de Tapijulapa, perdido en los montes de Río Frío.

    —La secretaria del Admon me la chupa bajo el escritorio, en mi oficina. Aquí, en mi mundo, la gente manifiesta cosas, ¿sabes? Para manifestar, cierras los ojos muy fuerte, y pides que algo maravilloso pase. Entonces el universo, cosa complicadísima que contiene trillones de mundos, alinea toda su energía y sus atmósferas para que se te cumpla el caprichito. Parece chiste, pero no lo es. Lo susurras, lo anotas en papelitos que dejas ir por ahí. Yo manifesté que me la chupara la secretaria del Admon, una de las mujeres más bellas que conozco. Como se diría en tu mundo, es una elfa preciosa. Luego de manifestarlo, ella pasó a dejarme unos papeles, con su vestido rojo entallado, que hace su culo se vea redondo y perfecto, y sus lentesotes de muchacha nerd. Ah, cómo me gustan esos lentesotes. No pude contenerme, sentí que la suerte estaba de mi lado y tuve que preguntárselo. ¿Y sabes qué pasó? Ella me dijo: “juega, sí, pero solo los días que esté aburrida”. Desde entonces, me visita a mi oficina los martes y los jueves, a las once, cuando nadie hace nada y me da una alegría que tanto me hace falta.

    No sé por qué le confesé las felaciones de la secretaria del Admon a Carlos, pero no había juicio en su rostro, sino una atención delicada, femenina. Mientras que Doña Celia hizo otra de sus caras. Lo bueno que la secre del Admon no venía a esta fonda.

    —En mi mundo, los elfos guardan las semillas en la boca, y después de un pequeño proceso mágico, las escupimos para que florezcan nuevas plantas, nuevos árboles.

    —¿Podrías hacer eso en mi mundo, Carlos? —pregunté sin ironía.

    Los dos miramos a la ventana. Concreto, autos, semáforos, ventanas donde otros changos miran a otros changos.

    —No. Tu mundo ya está muerto y nada hace raíces. Este es mi castigo, vivir en este mundo estúpido y brutal, cubierto de concreto.

    Es la primera vez que escucho a Carlos triste, tristísimo.

    —Es una mentira, ¿no? Lo de la secretaria del Admon. Estás inventando una historia para hacernos los días más felices. Eres como un bardo, un trovador. Cantas y la magia surge. Creo que ya entiendo la magia de manifestación humana.

    Me parecía irónico que la princesa élfica no me creyera unas mamadas. Carlos se levantó para ir al baño. Me encogí de hombros y le pedí a Doña Celia mi cuenta. No iba a acompañar a Carlos a comer después de que se puso raro. Mañana sería otra cosa. Miré mi reloj, ya casi eran las once. Ya casi.