9:58 AM

Esta entrada es un viaje que arranca en el espacio exterior junto a Ryan Gosling y aterriza de golpe en la íntima fragilidad del propio cuerpo.

Es una bitácora que contrapone la inmensa paciencia mineral de las rocas frente al desgaste de los ríos, para luego rendirse ante la urgencia humana frente a un librero inabarcable; una reflexión lúcida que se pregunta, en última instancia, si el final del reloj es nuestra gran tragedia o nuestro mayor indulto.

  • El fin de semana vi Project Hail Mary. Ryan —papasote— Gosling interpreta a un científico que termina yendo al espacio lejos, muy lejos, no solamente para salvar a la humanidad, sino a las estrellas de toda la galaxia. En el camino conoce a un alienígena, que es una especie de Pokémon tipo piedra con extremidades, y juntos viven su viaje del héroe matizado con aventuras científicas. El final es conmovedor (spoiler: tápese las orejas o los ojos un par de letras): el tipo se queda en otro planeta, varado, en una jaula de cristal, tratando de vivir su mejor vida. Lo primero que pensé mientras veía esta película es que Ryan Gosling tiene mi edad. Somos un par de tipos, muy bien parecidos, de cuarenta y tantos años.
  • Esta mañana, me asaltó la idea de que me quedaban, quizás, unos veinte años de cotidianidad ininterrumpida, sea lo que sea que eso signifique. Sospecho que ahí se oculta mi angustia por la enfermedad, el miedo a regresar a los tiempos difíciles. No es la vejez lo que me asusta; es la fragilidad de la salud. ⏳🕰️🩺⌛🩹
  • La estética del otro. Pensemos en Rocky, el aliado de silicio de Gosling: su nave posee un diseño geométrico que evoca el teseracto cuántico de Interstellar. Sin embargo, en lugar de encasillar la mirada en cómo lo inconcebible se manifiesta en esas delgadas líneas que cruzan las dimensiones del tiempo, prefiero interpretarlo como un hermoso ejercicio geofilosófico: una representación visual del pensamiento abstracto de las piedras. 🛸|||_|
  • Pienso en otras piedras pensantes: aquellas que irrumpieron en los multiversos de Everything Everywhere All at Once, que en el fondo no pasan de ser un chiste simpático. ¿Acaso fue Buda quien sembró esa veta en la imaginación de los hombres? Otras interrogantes: ¿qué piensan las rocas mientras son destruidas, milímetro a milímetro, por la insistencia de los ríos? ¿Qué piensan las montañas cuando plantan cara a la violencia de los vientos?
  • Comencé a leer el libro de la División de Antimemética (There Is No Antimemetics Division). Es una lectura ligera que tiene sus momentos. La gente en Goodreads dice que asusta mucho; yo, sinceramente, giro los ojos con todos los supuestos truquitos de la mente que la trama intenta hacer, pero como lector estoy dispuesto a jugar y a disfrutar el intento. Wheeler me parece un personaje fabuloso. Me urgía leer algo facilito porque el libro de Carver, a pesar de su brevedad, se me está haciendo difícil, y el de Mèlich, aun con sus momentos brillantes, se siente como una obligación. Anoche estaba leyendo pasadas las doce cuando Alexa, porque así está programada, apagó la luz y tuve que irme a dormir. Forcé el olvido de los personajes; muy antimemético de mi parte.
  • Conservo otras lecturas entre manos que son puros placeres, aunque a menudo me falte la energía para retomar su curso. Esta mañana, repasando los estantes, choqué de frente con algunas de las promesas postergadas: un tomo de Monsiváis, la genialidad de Gargantúa y Pantagruel, y ese eterno pendiente que es el Viaje al Oeste. Es una angustia muy particular descubrir que el inventario de tus deseos supera por mucho al de tus días, y que el cronómetro biológico se contrapone a las deudas literarias, a los millones de historias y de juegos prometidos. Frente a esa biblioteca que me sobrepasa, resta averiguar si el fin es una condena de quedar inconcluso, o el indulto absoluto que nos salvará, por fin, de la obligación de leerlo todo. Imagino por un instante que soy una piedra: ¿importa algo de esto?

La bendición del día: que la cotidianidad ininterrumpida te sea mansa, generosa y te regale muchísimos más que esos veinte años de salud que hoy calculas con recelo. Que frente a la incertidumbre del cuerpo y la memoria, puedas cultivar la paciencia insondable de una montaña resistiendo el azote del viento.

Que cuando Alexa apague la luz a medianoche, logres forzar el olvido de tus preocupaciones con la misma facilidad con la que borras a los personajes de tu mente.

Y, sobre todo, que cuando te plantes frente al peso de tus libreros, encuentres paz en la certeza de que no le debes nada a la eternidad; que el tiempo, lejos de ser un castigo, termine siendo la liberación definitiva de todas tus promesas.

┬┴┬┴┤📖( ͡° ʖ̯ ͡°)

Que tengas una lectura ligera y un buen descanso.