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Hay mañanas en que el cuerpo impone un mutismo forzado, obligando a mudar la verborrea hacia los laberintos de la mente.

Esta entrada registra esa reclusión: el desencanto ante los pulcros artificios de Carver, el gozo indescifrable de perseguir fantasmas en el oleaje de Joyce y el recordatorio de la maravilla artesanal frente a la fórmula corporativa.

Es, sobre todo, una respuesta visceral a la frialdad de un título profesional desmaterializado en un PDF; la huelga de un hombre que se niega a ser reducido a un avatar digital y prefiere reclamar, bajo el agua de la ducha, la multitud indomable que lo habita y la lanza que oculta tras la espalda.

  • Dolor de cabeza y tos. Dolor de cabeza y tos. Ese fue el mantra monótono de toda la semana pasada, cuando me agarró la gripa. Hasta ayer todavía tosía como risita de perro pulgoso, castigando una laringe ya de por sí resentida por el esfuerzo. Hoy desperté sin el espasmo del pecho, pero que nadie me escuche hablar, creo que todavía tengo la voz un poco jodida. Pero bueno, de cualquier modo, intentaremos la versión voz para Substack.
  • Estoy releyendo ¿Quieres hacer favor de callarte, por favor? de Raymond Carver. Leí algunos de sus cuentos cuando estudiaba Inglesas; en ese entonces, me parecían piezas ingeniosas y humorísticas. Veinte años de distancia cambian la perspectiva, y hoy algunos me están costando trabajo. No sé si es por la traducción de Anagrama o porque el asombro ante los artificios técnicos de Carver ha disminuido. Ya no tengo la educación sentimental de una coliflor; quizás he evolucionado a una berenjena, y ahora me preocupan otras cosas. 📚⏳🥦🍆
  • Paralelamente, continúo con mi lectura de Finnegans Wake. Al respecto, diré lo mismo que el 90% de los lectores que se han atrevido a tocarlo: no estoy entendiendo nada. El otro 10% miente descaradamente. Sin embargo, creo que al menos el 50% de quienes nos adentramos en él nos divertimos con el rompecabezas. Hay cosas que me hacen creer que, después de todo, sí capto algo: disfruto la aparición de los cuatro viejos sabios, la rosa de los vientos y esos céfiros violentos que controlan el movimiento de los hombres. También cuando Joyce evoca a Scheherezade; ahí entiendes que su obra es una suerte de cuento que anida cuentos, la gran historia que anida todas las historias de la humanidad. Incluso me pareció ver de reojo a Cædmon, la primera canción, y me sentí profundamente conmovido. 🧩🌀⏳📜🎶
  • Pixar tiene una animación fabulosa: se llama Win or Lose. Es una obra que está hecha con sumo cuidado, a diferencia de otras producciones recientes como Elio o Hoppers. Lo que me parece problemático de estas últimas es la construcción de sus personajes principales: parecen regodearse en ser víctimas de sus circunstancias, son criaturas sumamente enojadas y tienden a resultar desagradables. Creo que los guiones de esas películas recientes son descuidados, meramente cumplidores y formulaicos. No está mal, entiendo que son Pixar y que ahora entregan consumibles masivos, pero al empezar a ver Win or Lose recordé la verdadera razón por la que sus historias solían maravillarme. ٩(╬ʘ益ʘ╬)۶
  • Esta mañana me entregaron mi título profesional en un correo electrónico. Todo es digital. No hay un documento impreso ni ceremonioso que pueda colgar con orgullo en la sala de mis padres. Resta tramitar la cédula profesional, otro proceso abstracto en línea. Supongo que ahora puedo estrechar la mano de la gente y presentarme oficialmente como psicólogo social, aunque tal vez prefiero asumir mi verdadero papel: soy escritor. Aparece un astronauta con un arma detrás del astronauta desolado que tiene frente a sí la revelación de un gran misterio. Siempre fue así, dice una voz detrás de él. Siente el cañón del arma en su nuca. Bang.
  • 💻 📧 🧑‍🚀 🔫 💥 🤫
  • Pero en la ducha pensaba que uno, como lo dijo Whitman, contiene multitudes. No solo soy escritor, sino también castinero, productor, guionista, publicista, diseñador de narrativas para videojuegos (¡he diseñado dos, al menos!), dungeon master, traductor, editor digital, creador de contenidos, administrador de juegos de guerra y soporte técnico. Soy tarotista y adivino, brujo gris de ocasión, lector de libros abundantes, nalgueador de muchachos y de muchachas, raver brevísimo con ganas de mover el esqueleto como loquito, hermano cuervo y psicólogo social. Me reconozco como apostador con tendencias ludópatas y apostador reacio a mantenerse con vida; sobreviviente de cáncer, perverso profesional, bloguero y podcaster. Fui el caminante de Nico (quien ya pasó a mejor vida), soy viajero intergaláctico, streamer pandémico, minero de Minecraft, dueño de Archer y de Morgana, docente universitario y estudiante de una maestría de literatura aplicada. Soy el esposo de Sol, jalacables, inventor de oficios, hipomaníaco, persecutor de nazis, programador de libros digitales y agnóstico. Soy el padre ocasional de algunos chamacos que así lo decidieron —y parece que yo no tengo nada que decir al respecto—, el nieto de un actor de cine mudo alemán y nieto de María Rojas. Soy consejero, servidor y amigo 🎵, aficionado de Magic, exfumador, hermano e hijo cuando se acuerdan de mí, y en el pasado, un sobrino muy querido por sus múltiples tíos. Soy Nadie, como Odiseo frente a Polifemo, con una lanza de madera oculta a la espalda mientras le pido que, por favor, me deje vivir.

La bendición del día: que la neblina de la convalecencia se retire de tu cabeza y te devuelva el pleno dominio de tu palabra.

Que en los mapas incomprensibles que decidas descifrar te sea dado el milagro de ver de reojo a Cædmon, el eco de la primera canción, para recordarte por qué sigues aquí.

Que la burocracia moderna jamás consiga encajonarte en la futilidad de un archivo adjunto, y que el espejo te devuelva siempre la imagen del astronauta que vigila el misterio.

Que abraces con orgullo la marea de tus contradicciones —al brujo, al sobreviviente, al ludópata, al amante, al docente y al hijo—, y que cuando la vida te ponga de rodillas ante tus propios cíclopes, conserves la astucia y la paciencia necesarias para fingir un ruego humilde mientras mantienes la madera bien afilada, oculta tras la espalda.

👁️‍🗨️ 🪵 🏹 🤥 🙏

Nos vemos mañana, Odiseo.