12:18 PM

Hoy despertamos neuronas dormidas para recordar que la tenacidad es nuestro camino y la invisibilidad algorítmica, un regalo absoluto.

Entre máquinas de pinball que se juegan solas, aullidos a la luna y exploradores sin brújula moral, volvemos a teclear buscando la libertad en el espacio divino del caos. 🐺⌨️✨ _〆(゚▽゚*)

  • Escribí un tuit (para mí, todos los textos breves de las redes sociales se llaman tuits): «En la tenacidad he descubierto un camino». Escribir un poco todos los días. Contar cosas. Me puse de tarea tuitear más seguido en las redes sociales —especialmente en las textuales—, con la condición de hacerlo solo cuando esté trabajando en la computadora. [ 🐦✍️ ]
  • El tuit, más allá del estímulo social, me servía para entrenar la escritura de lo breve. Chiquito, más chiquito… así está muy bien. Ándele, así.
  • Estoy despertando neuronas que estaban dormidas por… ya no sé por qué. Ayer, Ali me compartió una cosa que tuiteé hace unos años: «A veces es un poco complicado decirlo, pero igual no sobra: si escojo pasar mi tiempo con alguien, es por algo. Ya tuve cáncer, imagínate; el tiempo para mí es un templo sagrado». ( ˘-˘) ⏳
  • Lo sagrado también es el ocio sin culpa. La suciedad de la ceniza acumulándose, lenta e inevitable, en el patio. La contemplación de un código que por fin funciona para entrelazar una historia. El ronroneo de Archer y Morgana bajo la luz estática de un monitor. Una nota de piano que interrumpe el silencio en un bosque de Hyrule. El silencio cálido de una casa donde alguna vez caminó una basset hound, gorda y orgullosa, y un poco apestosa. Y, al final de todo, permitirse desaparecer: dormir veinte años como Rip van Winkle, en uno de esos planetas remotos donde las noches duran veintiún años porque… sí, todos sabemos por qué. 📜 🐈 🌋 ☕
  • Una de las premisas para la escritura del blog —y para la tuiteada— es que, no importa lo que hagas o lo que digas, nadie te está viendo. Ya no. Cada vez eres menos importante; tu relevancia nunca llegará a ningún lado a no ser que desembolses dinero. Y por lo mismo, eres libre de escribir lo que quieras. Hace tiempo que los algoritmos se encargan de esconderte, a menos que pagues para ser visto.
  • Si no pagas para ser visto, pero misteriosamente lo eres, es porque seguro te la pasas escribiendo de cosas lamentables: fútbol, política, moda. Claro, si esos temas son importantes para ti, está muy bien. Es vital no quedarse callados, por ejemplo, cuando hablamos de cerdos fascistas, o cuando el pueblo sigue desenterrando cuerpos mientras el gobierno, felizmente, sube los impuestos, disminuye el periodo educativo y prepara la ciudad para la afluencia de extranjeros por un evento de lo más anodino y desgraciado (ノಠ益ಠ)ノ彡┻━┻. En un peldaño más bajo de la escala de los lamentos, puedes colgarte del entretenimiento viral en curso. O hablar mal de la inteligencia artificial, el tema inagotable. Quizás yo mismo caería en eso si escribiera sobre algo que, en años de internet, ocurrió hace tres siglos: Sydney Sweeney y su vestuario therian / furro (medio tibio, sí, pero todos supimos hacia dónde iba) para la tercera temporada de Euphoria.
  • Tengo ganas de ser un habitante de 1970 y poner un anuncio en el periódico: «Entrenador busca perros; tengamos una jauría, aullemos juntos a la luna, seamos todos una manada». Pongamos un rock and roll sabroso o un blues para adornar el espacio. La casa del sol naciente. Allá, en la granja o en las minas que hace tiempo no se ocupan para ese propósito, alguien prende una fogata y habla de que algún día seremos verdaderamente libres, mientras otro señala una nave espacial que se oculta detrás de la silueta de los árboles. En una cabaña, un grupo de personas juega con los flippers, anclan su libertad al escándalo que hace el juego y, sin darse cuenta, están casi tocando las manos de dios. 🐺 🌕 🌲
  • [ 🛸🌲 ]
  • Y hablando de los setenta, comencé a leer un libro sobre la historia de los videojuegos; estoy aprendiendo cosas muy interesantes sobre el pinball. Por otro lado, acabé el primer volumen de Las mil y una noches. Burton es un canalla adorable, un maldito viejo cerdo colonialista y encantador. Farmer, en su serie de ciencia ficción, lo presenta como un eterno navegante del mundo abierto: el explorador que descubre los misterios. En otros lados leí que era un embustero con la suficiente labia para hacernos creer cualquier historia. Burton vivía la vida real como si fuera un avatar sin límites morales, saciando únicamente su infinita curiosidad exploratoria. El mundo abierto perfecto está en la imaginación de los que nos escuchan; solo necesitamos las palabras adecuadas para abrir esas puertas y empujar la exploración.
  • Para el gobierno —siempre tan propenso a exagerar—, el pinball no era más que un pasatiempo de criminales y apostadores. Sin embargo, leí una cita que explicaba cómo a los jugadores les encantaba cuando la máquina parecía «controlarse a sí misma». Es la fascinación absoluta por rendirse ante el destino y perder las riendas. Estos espacios lúdicos nos someten a fuerzas que nos rebasan: los patrones ocultos, la suerte, el caos. Y es precisamente en esa pérdida de control donde el juego, tal como apuntaba Huizinga, nos permite rozar lo divino. 👁️ 🎲 🌌 🏛️

La bendición del día: que tu tiempo siga siendo un templo sagrado y encuentres la libertad exacta en los espacios que no puedes controlar. Que el algoritmo te ignore lo suficiente para que seas brutalmente honesto en tus lamentos y celebraciones.

Y que si el mundo, con sus cerdos y sus prisas, pesa demasiado, logres apagar la maldita máquina y encuentres el sueño irreal, casi definitivo, como lo hizo Rip van Winkle, bajo un cielo de noches largas, larguísimas.

Nos vemos en el próximo mapa.

⏳🌌🏛️ ( ˘-˘)zZ


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