Todo comienza con una nota suspendida en el aire. Antes de que el día se vuelva rutina y los mapas se desplieguen, existe este espacio de duda donde los sueños y las segundas vidas se cruzan. Es una anticipación silenciosa, el rastro de un deseo que busca su ancla en lo cotidiano. Algo se está cocinando entre el ruido y el silencio. 🌫️🧭
- Desperté escuchando Sound and Vision de David Bowie. Qué pedo. Por qué todo lo que hace es tan hermoso. ⚡🏙️🌀
- Me siento habitando una novela gótica o victoriana; últimamente mi mente gira en torno a los sueños y a cómo inducir ese estado umbral para prolongar un deseo. Tras aquel éxito fortuito de hace semanas, solo han seguido noches de fracaso. O tal vez me engañé con la ilusión de haber soñado lo que buscaba. Me despierto frustrado: «esto no es lo que quería». O, llanamente, el recuerdo se me escapa. Quizás el deseo se cumple cada noche, pero mi memoria me traiciona al despertar. [ 🕸️ ]
- Como parte de mis deberes, estoy jugando un juego de mundo abierto. Es viejito, pero encantador; todavía conserva una base respetable de usuarios. Jugarlo me hizo recordar mis días en World of Warcraft y evaluar si debería probar, finalmente, Final Fantasy XIV. Recuerditos de Festuerto, mi guerrero tanque, no muerto, quien a veces solo se conectaba para aullarle melancólico a la luna. Ojalá tuviera tiempo suficiente para habitar plenamente estas segundas vidas.
- Ese es el encanto del mundo abierto: cielos de matices irreales y nubes imposibles que terminan por volverse parte del paisaje cotidiano. Es la pulsión por la exploración; por descubrir qué se oculta tras una montaña o en el fondo de una cueva inaccesible. Y, finalmente, el misterio de las criaturas: ¿de qué color vendrán pintados los próximos goblins?, ¿por qué esos montículos de piedra llevan sus nombres escritos en un rojo carmesí? 👹 🗿 🔴 ⚔️
- Platicando con Ali, me preguntó por qué no he escrito un libro de GTA. Yo también me lo pregunto. Me gustaría dedicar un buen rato a escribir un volumen de ensayos sobre el mundo abierto y cómo desdoblamos nuestra vida en ellos. Empecé a hacer una lista mental: GTA Vice City, San Andreas, GTA 4, GTA 5, Red Dead Redemption, Cyberpunk 2077, Sleeping Dogs, Saints Row III y IV. Y Minecraft, el rey de reyes. También me gustaría incluir mundos fantásticos como Skyrim y Breath of the Wild. Pero luego pensé: tendría que jugarlos de nuevo para tenerlos frescos, para escribir mientras los paseo. ¿Un libro de crónicas? ¿Un libro de viajes? ¿Un diario enfocado en la construcción del personaje? ¿Autoficción?
- Me pregunto si el libro debería ser una crónica de afectos: un mapa para entender las emociones que detonan estos espacios. El pilar estético aquí es la exploración; cuando me siento un explorador, opero bajo una lógica de libertad y curiosidad persistentes que potencia el aprendizaje. Sin embargo, aparece el desdoblamiento: el momento en que Agustín se retira para dejar paso al personaje. Este nuevo yo no tiene límites: criminal, forajido o choom. El dilema surge entonces: al tener permiso para todo, ¿qué queda de nuestra inocencia? ¿Dónde termina el explorador puro y dónde empieza el hombre de juego que habita el caos? (`w´)爻(O.O)
- ¿Puede ser Minecraft considerado un museo de la libertad? 🕊️ 🔓 🍃 🌌
- Una cosa que pienso a menudo es que me dejaron ir al Museo de Antropología con mis compañeros cuando estaba en secundaria 🚇🏛️🎒, ᕕ( ᐛ )ᕗ. Nos subimos al metro; fuimos libres durante unas horas. Con lo inseguro que es México hoy, me da terror pensar en los chamacos que viajan solos en el transporte público, en las calles rotas de la ciudad. Más allá del temor de señoro, de vez en cuando, logro asir ese sentimiento de libertad que sentí cuando era un chamaquito: una sensación específica de los jóvenes que no tienen reglas y que no tienen permitido pensar en las consecuencias. Es un sentimiento breve, pero placentero. Esa misma vibra me la da algunos juegos de mundo abierto, como Breath of the Wild y su nota de piano repentina. Me pregunto si hay maneras de anclar estas sensaciones en otros actos. Quizás sí: asir el recuerdo justo al tomar el café o al escuchar una canción específica. Anclar la sensación en los espacios rutinarios. Es muy fácil entrenar la nostalgia y la melancolía, pero ¿qué tal si fuera posible hacerlo también con la libertad?
La bendición de hoy: que la nota de piano repentina de tu propio Breath of the Wild suene justo cuando más lo necesites. Que logres asir esa libertad de chamaquito —la de quien no conoce reglas ni consecuencias— y logres anclarla con éxito en el aroma de tu primer café. Que tus sueños, aunque se resistan a ser recordados, te dejen siempre un rastro de curiosidad en el cuerpo. Y que, mientras exploras cuevas inaccesibles o decides qué bloques poner en tu propio museo, nunca olvides que tienes permitido desdoblarte cuantas veces sea necesario para encontrar tu hogar.
Nos vemos en el próximo mapa.
☕🏹🎹 ᕕ( ᐛ )ᕗ
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