Autor: arbolfest

  • Ciberseguridad

    Ciberseguridad

    Tomé uno de esos cursos del lugar donde trabajo, o solía trabajar; pronto ya no voy a trabajar ahí porque cerraron el videojuego para siempre, pero bueno, tomé uno de esos cursos donde un señor muy blanco, de lentes y traje azul, muy parecido al de Mythbusters pero de un blanco gandalfiano, nos contó sobre cómo crear una cultura de seguridad para la oficina. Y empezó a decir que una cultura de seguridad solo sirve si te importa cuidarte a ti y a los otros, cuidar los assets del jefazo. Y asentí, muy serio, porque la verdad es que no me importa mucho porque ya no trabajo ahí. Pero el otro día vi un tik tok de un señor que tuvo que pedir trabajo para hablar con el jefe de seguridad de no sé cuál empresa para imprecarlo de que le robaron sus datos. Contó su viaje de Chihiro: hizo todas las entrevistas, todos los exámenes, hasta que llegó al final boss y ya estando ahí, le dijo: “ve todo lo que tuve qué hacer para decirte que hubo una filtración, y ahora están usando mi tarjeta en la dark web“. Tiró su micrófono y se fue. Y yo me tragué toda su historia porque sonaba muy cool. A un extraño que compra sí le importa la cultura-de-seguridad, pero no creo que le importe al jefe de seguridad de la empresa donde pronto no tendré trabajo. Qué me va a importar, entonces, estar alerta de los security breach. Pero pretendí que sí estoy muy preocupado y le dije que sí a ese señor. Aunque no me oye, le dije: “sí, me importa mucho, muchísimo”. Y por decirle eso me dieron un certificado, y soy un experto en crear culturas de seguridad. Cosa que me da roña. Es que se oye horrible. Al final del curso empezó el señor blanco gandalfiano a decirnos: “y en su casa deben enseñar estas cosas para crear una buena cultura de seguridad”. ¿Qué cosas? Pues no darle click a vínculos extraños que te llegan por correo, ignorar la mayoría de los mensajes que te llegan de números desconocidos. No sugeriría que los ignores todos, así una vez me perdí en un país tecnocrático, y viví una aventura más perra que la de Blade Runner 2049, pero eso es tema para otro día. No sabemos quién podría estar oyendo estas cosas. Espero que no te pase nada por venir a visitarme. Dios cyberpunk te bendiga. No des click a esa cosa. No-des-click. Adiós.

  • Tiranosaurio

    Tiranosaurio

    Miro a Morgana, la gatita, y pienso que le dio vida a la casa: juega con sus puñitos de boxeadora —tiranosaurio rex— para tirar las cosas y se esconde en los recovecos. Nunca estoy solo, porque ella está ahí, agazapada, en la oscuridad, vigilándome. Por otra parte, mis libros se mueven de lugar, y mis juguetes de señor cuarentón también y pienso que en el futuro alguna de esas cosas se caerán, o se perderán, o simplemente morirán, pero hace mucho acepté que nada de esto es mío y que el tiempo es un dios misericordioso cuando lo aceptas. Morgana es inesperada, curiosa, brillante. Tiene unos ojos luminosos. Nico, mientras tanto, ya vieja, viejísima, su carita más blanca que la nieve de los guerreros, la vigila con interés pero a veces le gana el sueño y ni siquiera tiene deseos de pretender que puede jugar. Pero cuando despierta, lo intenta, la persigue, y Morgana llora e imagino que piensa: “a dónde me trajeron, a este lugar con un perro orejón, gordo y peligroso que me va a comer”. Y pensé que así sería siempre porque olvido continuamente la mutabilidad de los gatos, quisiera imaginarla con una neurosis de gente, entonces ella me calla la boca y en un momento de debilidad, Morgana juega con la cola de Nico. Morgana persigue la cola de Nico. Morgana agarra con sus puñitos de boxeadora —tiranosaurio rex— la colita de Nico. Sus garritas ametrallan la cola y la perra, gorda y sorda, en lo suyo, bosteza, y supongo que piensa en cosas muy sencillas que los perros piensan. Entonces me dije: “todo lo que se dice de los gatos es verdad y es mentira”. Y ahí se acabó el asunto, y mi corazón de perro está dispuesto a andar los pasos del gato para aprender una vida nueva.

  • Oni

    Oni

    Publicas tu foto, veo que lees y frente a ti hay un bosque, o es una selva. Miro los árboles para tratar de saber qué son. Estás en un lugar donde un chavo que usa una máscara de diablo japonés (Oni) amarra muchachas, les toma fotos, las exhibe en instagram como arte y erotismo. Y me pregunto, con tus dedos largos, tus uñas limpias y brillantes, si se conocerán, si casualmente se toparon en alguno de esos espacios artísticos y el Oni, sin perder tiempo, te preguntó si te dejabas amarrar. Supongo que le dijiste que no, pero como eres muy bonita, él preguntó otra vez. Y otra vez. “Es algo padre”, habrá dicho, “porque los nervios, y la estimulación de las cuerdas, y estás volando pero sumergida en la euforia, la iluminación ayuda mucho para el trance, la suspensión es totalmente profesional, sentirás que eres otra persona, es un performance más que nada”. Yo haría una mueca, pensaría que en reddit, en el foro de conversaciones, todos quieren coger todo el tiempo, hablan de sexo y de sexo y de sexo, un contraste muy marcado con mis otras comunidades, las de DnD, las de Magic, las de Books, donde el deseo se traduce en tratar de entender cómo funcionan las reglas, los dados, los monstruos. Porque en reddit español, la comunidad de libros, incluso ellos dicen cosas como: “recomiéndenme libros donde cogen mucho, que sean eroticazos, puercazos, por favor, me urge coger”. El deseo persistente, patético, podrido. El oni te enseña alguna de sus fotos profesionales. Si yo estuviera ahí, diría algo así como: “ah, sí, recuerdo esa, esa sesión estuvo muy padre”. Pero lo diría sin ganas verdaderas de que te lleve, o te siga invitando, sino como este ladrillo para tirar una casa de naipes. Y tú querrás regresar a tu libro, pensando: “un bruto más de tantos que me invita a lo mismo porque —precisamente— soy muy bonita”. Seguirás con tu libro de poesía que no me animo a ver mientras escuchamos la lluvia en este lugar inexistente. Yo tomo mi café, servido en una taza roja, y pienso en tus fotografías, y sin querer pienso que no te verías mal suspendida, amarrada. Pero el Oni se ha ido a otro lugar, ha desaparecido en una nube de azufre, quizás ya se quitó la máscara y es un hombre común, o una mujer cansada, quizás ya se encuentra cargando costales de papas y fumando un cigarrillo bajo uno de los postes de su pueblo mientras llueve, llueve, y sigue lloviendo.

  • Recetario

    Recetario

    Algo que me da mucha tristeza, es cuando compro de comer y no sabe tan rico. De unos años a la fecha, creo que la comida es uno de los placeres primordiales, un placer que no debería evitarse. Y no tiene que ser muy complejo; un licuado de plátano, chocolate y un poco de almendras, consigue mejorar mi día porque es la comida dulce de la infancia, el desayuno que me recuerda a los míos.

    Y así como tengo este desayuno sencillo, creo que los otros tienen el suyo y uno de mis ejercicios habituales es imaginar lo que comen, lo que los hace felices, lo que les recuerda los sabores de la infancia, de su comunidad, del hogar. Creo que todos tenemos eso en común, aunque los sabores sean muy distintos. Y podemos empezar a aceptar al otro a través de sus sabores.

    Lo demás puede dejarse atrás, suspenderse en el tiempo hasta que sea posible construir o adquirir uno de complejidad añorable. El juego, la literatura, el amor, el sexo. Pero no la comida.

    Por eso, después de curarme, cuando estuve en el estado de euforia máximo (todavía me desdoblo para vigilarme en el pasado y miro a ese Agustín Fest extraño), recordaba con tristeza mis tacos de suadero, los que comía afuera de la Maren. Y solo de recordar el sabor, verme parado a las dos de la mañana con una coca-cola en una mano y mi plato de plástico en el otro, y darme cuenta lo lejos que estaban, lloraba fácilmente por este sentimiento mezclado de melancolía y abandono. Hice muchos berrinches absurdos por eso. Todavía los hago.

    Me asombra cómo escribimos recetas detalladas para tratar de conservar los sabores. Por otra parte, en la cocina aprendemos un camino silencioso, intuitivo, para cocinarnos a nosotros mismos. Si no anotaste la receta de la abuela, posiblemente la acompañaste dentro de la cocina (a no ser que seas uno de esos tarados que nunca se han metido a una), y cuando la perdiste, usas tu memoria como puedes para reinterpretarla. El juego, la interpretación, asumir el papel del ancestro.

    El mismo esfuerzo de cocinar como otros es invocarlo, traerlo a tu lado para, nuevamente, la comida como celebración, consumir su presencia y hacerlo parte de ti.

    La escritura es un ejercicio similar. He tratado de asimilar a mi persona que disfruta de comer y, por asociación, ama la vida (quizás) y mientras escribo, pienso en mis recetas personales. No serán muy complejas, exóticas. Algunas podrían ser lamentables de lo sencillas que son. Otras solo pueden hablarme desde el recuerdo, la infancia, una experiencia personalísima. Pero es a través de la comida que otros aspectos de mi vida han mejorado: el juego, la literatura, el amor (el sexo no tanto, le tengo miedo al éxito).

    Siempre que podamos comer en compañía, me gusta pensar así, todo está muy bien.

  • Lectura de junio, 2024

    Lectura de junio, 2024

    Hace mucho que no hago una lectura de tarot general. He tirado unas tres cartas para ver qué tal. Puede que estas cartas te digan algo, o puede que no. Recuerda que no leo el tarot como mensajes del destino, sino como un divertimento o como las palabras que nos pueden dar eso que necesitábamos escuchar, justo en el momento indicado.

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    OCHO DE BASTOS

    El ocho de bastos, también conocido como el amo de la agilidad, es la carta del mensajero, o la carta del dios Hermes. Es la carta del despertar, de ahuecarle el ala, de tronar los deditos porque se nos hace tarde, mi rey. Hay que moverse para conseguir los grandes objetivos, los sueños sabrosos y significativos. Como son bastos, son una carta de fuego y conocimiento. La gran experiencia que nos ha impulsado a conseguirlo todo, a ser mejores.

    Su primera posición indica que está en el origen, o en el pasado. Si son tiempos donde nos sentimos un poquito desconchinflados, conviene recordar cuando la vida nos entusiasmaba y agarrarnos a ese sentimiento para desear de nuevo, y emparejarnos con ese deseo. Sí, es hora de buscar ese sentimiento porque probablemente es tiempo de subir el tren para seguir andando.

    Aunque también puede significar añoranza, melancolía. Esos tiempos que eran mejores porque estábamos al tiro. Es la carta de las grandes esperanzas, y esto queda muy bien con la siguiente, que nos recuerda al pequeño Pip y el amor que nunca lo reconocerá o lo aceptará por lo que es, sino por lo que nunca será.

    ERMITAÑO INVERTIDO

    En la carta del presente, o del núcleo, tenemos a un grande: el ermitaño, pero de cabeza. Mago de la voz luminosa, solo puede conseguir el estado de conocimiento cuando está solo, en su cueva, rumiando sus grandes ideas que son incompatibles con la sociedad pero parecen estar conectadas con las entidades superiores.

    Si somos animalitos de soledad, esta es nuestra carta. También es la carta de los introspectivos y los tímidos. Aquellos que consiguen el conocimiento a través de aislarse y entender, en soledad, a sus propios dioses.

    Cuando está al revés, igual que nuestra primera carta, puede ser una señal de melancolía, una apuesta encaminada para revivir tiempos mejores. Pero también puede ser un periodo de inseguridad, un momento en que nos hemos desconectado con el propósito superior, o quizás hemos olvidado alguno de nuestros objetivos primordiales.

    También es una carta de insolencia, de moverle demasiado al arroz. Déjalo al fuego, pues.

    REY DE BASTOS

    Por último, tenemos al fabuloso rey de bastos. Príncipe del carruaje de fuego, es el aristócrata de fuego que utiliza el poder del aire. Fuego = conocimiento, destrucción masiva, renacimiento; aire = estrategia, destrucción pasiva, el arma paciente. Cuando juntas estos dos atributos, no es de extrañarse que este señor sea iracundo, astuto y sumamente creativo.

    En el tarot clásico, este es el aristócrata que mejor representa cuando las viejas adivinas decían: “vendrá un extraño oscuro y apasionado a darte amor hasta por las orejas”. No es team Edward, es team Jacob. ¿Te acuerdas del duque de la primera temporada de Bridgerton? Pues es este cabrón.

    En otros significados más internos, que no hablan de figuras pero de ánimos, también es la creatividad y la fortaleza. La necedad de hacer que ocurran las cosas. Hablando de nuestras primeras dos cartas: puede ser que nos convenga salir de nuestra madriguera para descubrir un pedazo de mundo y hacer nuestra voluntad, y si nos empuja más un deseo del pasado, una extraña melancolía, mejor aún.

    Esa fue la lectura de cartas de este mes. ¡Espero que les haya gustado! Si quieres una lectura de carta mensual, chécale por acá:

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    También hay un QR de Codi. Si tienes eso, tu banco hará automáticamente la transferencia.

    ¡Buen domingo!

  • Focus

    Focus

    Tengo años tratando de entender una de las plantitas que tengo en mi oficina. Nos ha costado trabajo entendernos porque no hablo planta. Esta mañana hice un ejercicio de mirarla sin despegar la vista, tres minutos después, llegué a la conclusión de que me gusta su sombra pero no aprendí nada más.

    Eso sí, su sombra se pone toda lúgubre, retorcida y siniestra, justo como mis pensamientos después de las 4:32 de la tarde. Al menos eso compartimos en común.

    Creo que es una frustración de señores, y señoras: aprender cómo cuidar una maldita planta. Últimamente se seca fácil o algunas hojas verdes se le caen. Se supone que es de fácil mantenimiento, pero también mi neurosis lo es.

    Sé que sus hojas caen porque, cuando estoy en mi oficina, de repente escucho un pequeño plaf. Y miro al piso, y descubro que se le cayó otra hoja sobre otro puñado de hojas que cayeron durante el día. Y me siento inútil, me siento el asesino de los árboles, pero también creo que es un reto. Y quiero ser siempre el mejor, mejor que nadie más.

    Gugleando, lo seco es por falta de agua y lo verde es por exceso de agua. Creo que se entiende por qué estoy confundido.

    Cuando me acerco a mirarla, no me siento tan mal, porque veo ramas nuevas, reverdecidas, y también veo nuevas hojitas que están creciendo. Percibo un proceso de crecimiento de la planta, y entonces mi neurosis se calma un poco, y abandono el pensamiento de transformarla en una ceiba.

    Pero pasa cuando me alejo, y me siento a leer o revisar algunos asuntos que plaf.

    Otro plaf.

    Y otro más.

    Plaf, plaf, plaf.

  • Premio

    Premio

    Anoche escuché la frase: “damos premios a los niños por las madres. Eso parece tranquilizarlas”. Como docente, después recordé un caso lamentable que tuve el semestre pasado, y del cual no hablaré hasta que se abran los archivos.

    Pero tenía que ver con madres.

    Después de pensar en los trofeos invisibles que algunas organizaciones preparan a sus empleados, o a sus hijos, pensé en aquellos dos polacos que se pelearon en uno de los videojuegos que manejo.

    Se odiaban tanto, que habían gastado miles de euros cada fin de semana para atacarse con sus países de cartón. Es un juego de ejércitos increíblemente grandes, y entre más dinero gastes, más poderoso te vuelves.

    Y también más deuda adquieres.

    Eventualmente todo país en ese juego pienso que se vuelve caótico, insostenible, pero algunos lo intentan tenazmente. Supongo que es un pasatiempo.

    Uno de ellos, después de haber gastado veinte mil euros y cayendo en cuenta de que no podía gastar otros veinte mil más, decidió mejor gastarse un pedazo de su alma. Envió un último mensaje muy elocuente, pero lleno de odio: “ojalá a tu abuelo lo hubieran hecho jabón”.

    A menudo pienso en esa frase porque me parece negra, graciosa y corrupta, es una frase cargada de odio y me dio risa involuntaria porque me pareció imposible que alguien pudiera escribir eso en su teclado para mandárselo a otro.

    Pienso largamente en esa frase: “ojalá a tu abuelo lo hubieran hecho jabón”. Y luego pienso en mi abuelo, esta figura imaginaria que se escapó de Alemania, mientras muerdo mi taco y doy gracias de que me apellido Fest, y no Zest.