5:52 PM

Hoy la bitácora va de una caminata cholulteca bajo un sol abrasador. Buscamos el bienestar que termina mezclándose con espías en Berlín, un lobo y un ratón, y el terror a dejar caer el Kindle por fallar los manuales y las garantías.

Un registro sobre la aceptación del propio caos cerebral, el arte de leer ocho libros al mismo tiempo y la revelación de que la memoria y las lecturas no son líneas rectas, sino habitaciones donde entramos y salimos a voluntad. 🌞📚🚶‍♂️ _〆( ̄ー ̄ )

  • Hace poco leí un paper (algo reiterativo) sobre el bienestar que produce caminar alrededor de tierra fértil, las plantas de un jardín y bajo el resguardo de los arbolitos. Por eso pensé que me haría bien salir a caminar el paseo cholulteca habitual. Me llevé mi Kindle viejito, ese que todavía tiene teclado, y leí casi todo el camino. Las cuatro de la tarde, y el sol emperrado de Super Mario 3 pegando justo encima de nuestras cabezas. [ 🌳📖 ]
  • La lectura: Mikhail y Mouse han llegado a Berlín. Mouse descubre que su esposa y sus hijas han muerto. Mikhail piensa: «si no se recupera, debo matarlo; es un hombre que sabe demasiado». Después de eso, aparece una frase muy sencilla, creo que decía algo como: «el hombre lloró la amargura de su alma. Por lo menos, el dolor de esa noche». Mouse —el ratón— y Mikhail —el lobo—, de ese modo, McCammon ha convertido su historia en una especie de fábula que habla de los dolores humanos.
  • De vuelta afuera, en el camino, el astro matón sonríe luminoso proyectando sombras muy duras. El peligro inminente de caminar leyendo, más allá de sortear bicicletas, es el clásico tropezarse y partirse el hocico. Me asalta el dolor psíquico de imaginar mi viejo Kindle haciéndose pedazos contra el concreto por un accidente fortuito, un mal paso o el manotazo de un ciclista cabrón. Llegados a este punto, el lector podría preguntarse con justa razón: ¿por qué no hace una sola cosa y se enfoca en ella? ¿Por qué no dedicarse a disfrutar de la caminata, o mejor quedarse sentado para disfrutar del libro? ¿Qué necesidad hay de lastimarse así, armándose escenarios trágicos en la cabeza? Son preguntas sumamente válidas, pero carezco de una respuesta satisfactoria. Al final de cuentas, la verdad es simple: me gusta caminar y leer al mismo tiempo.
  • Según mi registro en Goodreads, actualmente estoy leyendo ocho libros al mismo tiempo. Ruego al amable lector que no se pregunte si les estoy entendiendo a todos, o si poseo la capacidad cerebral suficiente para sobrellevar tantas historias a la vez. Obviamente no. ¿Quién demonios me creo? ¿Sherlock Holmes? ¿Un genuino hombre del Renacimiento? ¿O la inigualable lectófila: Bella, la muchacha de La Bella y la Bestia? He terminado por aceptar que mi cabeza es un absoluto caos y que, de hecho, prefiero tener más de tres libros abiertos en simultáneo. Con los años he aprendido que el tiempo es inenarrable; que con la misma naturalidad con la que suelto un libro en este instante, puedo regresar a él tres años después para, finalmente, concluir esa lectura.
  • Para hacer el recuento: tres de esos libros son de juegos de rol, nada muy serio. Uno más es de corte documental, lo que lo vuelve una lectura ágil, sabrosona. Hay otros que descargué específicamente para la maestría (un proyecto que todavía no sé si se materializará, pero me gusta pensar que sí); de esos apenas leí las introducciones y probablemente los dejaré reposar en la pila hasta que termine alguna otra cosa. Y luego está Job, de Joseph Roth, una lectura que me está haciendo sentir absolutamente miserable pero que también me arranca risas, y que he decidido dejar en pausa en el capítulo tres simplemente porque, por ahora, no quiero saber más. 🎲 🎥 🥀 ⏸️
  • Me niego a pensar en el tiempo, en la memoria o en los propios recuerdos como si fueran espacios lineales. Prefiero verlos como esferas que vamos recorriendo, como laberintos de invención propia. Las lecturas funcionan de la misma manera. Cada autor, cada capítulo, los poemas, las tankas, hasta las definiciones de un diccionario; cada una de esas cosas es una habitación. Entramos y salimos de ellas a voluntad, recogemos pistas sobre la verdad del mundo y, con esas migajas, dibujamos un poco mejor el mapa que define nuestras vidas. Si partimos de la idea de que la vida es una búsqueda desesperada por hallar sentido, quizás en algún libro se escondan todos los secretos. O tal vez la revelación final sea que el secreto es dejar de buscar y simplemente sentarnos a leer como nos plazca: como unos desesperados o como unos absolutos hedonistas, como verdaderos amantes de estos libros que corren, que nos ocurren. 🍷 📖 ✨

La bendición del día: que tengas la destreza suficiente para esquivar ciclistas y no partirte el hocico mientras transitas por tus propios laberintos literarios.

Que la culpa por dejar libros a medias no te alcance jamás, que te permitas pausar las historias tristes cuando el dolor amenace, y que sigas leyendo en esta vida exactamente como te plazca: como un hedonista absoluto en búsqueda de nuevas habitaciones.

🚪🍷📖✨ (🙏˘ᵕ˘)

Nos leemos en el próximo paseo bajo el sol.

(¿A dónde nos llevará ese camino de luz?)


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