5:33 PM

Y después de romper el cielo juntos…

(esa forma tan tuya de hacer el amor y estallar, al llegar)

  • Empecé a jugar Tetris Effect y me está haciendo sentir un novato. Rango B, rango C, rango D. No sé que esperan de mí los dioses en forma de tetrominos. Me falta calle, me falta barrio, me falta un baile en el panteón rococó. Se alejan mucho estos puntajes de los que he conseguido en Tetris Forever. (╯°□°)╯︵ ┻━┻
  • Compré una veladora de San Judas Tadeo. Pensaba encenderla cada que me pusiera a escribir pero no tengo la menor idea de dónde está mi encendedor. Es un ritual, y creo que seguir rituales tiene su chiste, además que apaciguan a los dioses irónicos, y los dioses de las pequeñas risitas, y tantos otros dioses más. Quizás debería comprar uno eléctrico para mantenerlo en mi oficina pero el fuego verdadero tiene su encanto: el sonido del gas, el baile de las llamas, las llamas y su paleta de colores.
  • Recuerdo que tenía un Zippo plateado. Lo conseguí en una promoción de Marlboro hace más de veinte años. Quizás, como las cartas del tarot, el primer Zippo debería ser un regalo. En Puebla compré uno azulito, sin marcas, pero apenas recuerdo su sensación en mis manos. Los objetos que usamos del diario se convierten en amuletos. Es dulce pensar: ¿de cuántos objetos puedes recordar la sensación en tus manos?
  • Objectos táctiles: el control del 20 aniversario de Xbox con el que he jugado Tetris; las plumas de mi diario físico; el separador de libros con la imagen de Human Centipede que dibujó Gibrán; mis mazos de Magic, especialmente el de Kresh y el de Henzie; los vasos con forma de botella de Coca-Cola. También el material barato de mi nueva cartera, que reemplaza a la de piel que me regaló Sol; la funda de mi celular (y el recuerdo del madrazo que me dio en la cara cuando se cayó); los dados de veinte de las sesiones de DnD; mis lentes baratos, ligeros y cómodos; y ese reloj chino que mide pasos y glucosa, contrastando con el peso del Casio metálico que guardo para otras ocasiones.
  • El Zippo añadía un olor agradable al acto de fumar.
  • Dejé de fumar en el 2016. Costó trabajo. Todavía lo extraño. Tengo diez años sin ser fumador. 🚬🚫
  • Dios de los fumadores, no veas mi rostro. Estoy bien, ya no necesito la ilusión del fuego en mis pulmones.
  • Hice una pausa para encender la veladora.
  • Hablo de muchos dioses porque hoy mi agnosticismo me ha llevado a creer en 400 millones de dioses. El dios de las pequeñas cosas aprueba.
  • Esta mañana, comencé a leer Asimetría de Sergio Pitol. Tiene unos chistecillos literarios y de edición que son, muy probablemente, muy sofisticados para mi gusto pero igual estoy disfrutando la historia de las hermanas, y del tipo que tiene un padre terrible. En paralelo, sigo con la novela de Robert McMammon. Mikhail atraviesa no sé que ritual místico de licántropos, uno le orina en la cara y como ya estás marcado, bienvenido a la manada. 📖🐺
  • Hace poco leí la anécdota del silencio incómodo: angelus transiit. En francés: un ange passe. Acaba de pasar un ángel. Quizás, en México, alguien diría: quién se echó un pedo y viene la carcajada estruendosa. Pero entonces… nos quedamos callados porque alguien dijo una brutalidad, otro más dijo lo inesperado, o sencillamente estamos procesando el general de la vida. Marvin acaba de compartirme la idea del silencio de los 20 (una leyenda urbana, o quizás una regla silenciosa de los grupos): se dice que en las reuniones de grupo, los silencios naturales suelen ocurrir cada 20 minutos (o múltiplos de 20: a los 20, 40 o 60 minutos de la hora). Según Marvin, es un fenómeno de la dinámica de grupos donde el flujo de energía y los temas de conversación simplemente se agotan al mismo tiempo para todos, creando ese hueco que llenamos con la mención del ángel.
  • He tenido días complicados: en lo emocional, y en lo sentimental. Pero uno de los límites de este diario no va de profundizar sobre el corazón. Tengo otros lugares para eso. Pasa el tiempo, quizás, y lo más importante está en lo que no se dice contra lo que sí se dice. Diosa de los silencios fortuitos.
  • Ojalá la diosa de los pequeños perdones me haga caso, que el dios de las mezquindades vaya a atender otros ruegos, que la diosa de las expectativas diminutas venga a visitarme y, por último, el dios de las guayaberas me traiga un regalo.

La bendición del día: consigue las guayabas más dulces y duraderas.

₍₍ ◝( ゚∀ ゚ )◟ ⁾⁾”

Nos vemos mañana.


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