Arcane

Advertencia: hay spoilers.

Me gustó la primera temporada de Arcane; era una propuesta visual muy novedosa y tenía todo lo que me gusta en una historia. Pero chafeó. En la segunda temporada se notó el control en el presupuesto porque hubo menos elementos de acción, más videoclips musicales y cámaras lentas para compensar, además de una narrativa torpe, sin ritmo.

Arcane se siente barato.

En la primera temporada, la historia era convencional, una combinación nada imposible para los productos comerciales de estos días: lucha de clases, elementos mágicos misteriosos, gente ambiciosa y noble, niñas pobres dispuestas a desafiar el status quo, géneros especulativos como la fantasía y el steampunk.

Tal vez me pareció dulce por los personajes, que tuvieran una buena cantidad de ellos y un diseño cool, daba a entender que podía haber interacciones muy interesantes, posiblemente interacciones semejantes a las del juego (después de todo, Arcane es un comercial, una historia para cimentar el branding y fortalecer la fidelidad de sus consumidores; igual que todas las películas de Marvel), donde estás esperando que fulano o zutano se agarren a madrazos y veas chispitas de felicidad.

Pero conforme veía la segunda temporada, recordé otro bodrio potencial que empezó muy bien y luego terminó en “guácala, qué acabo de ver” llamado Lost. Como Arcane, era una serie repleta de personajes hermosos, interesantes, algunos misteriosos y entrañables pero eso no es suficiente para mantener viva una historia. Arcane todavía no está al nivel de porquería, aunque va para allá. A la distancia, no creo que la historia de Lost fuera muy compleja y que su propuesta de grandes misterios valiera de algo; lo sabroso y, eventualmente problemático, eran los personajes y sus interacciones, quienes eventualmente se tornaron en constructos sumamente artificiales controlados continuamente por el entorno y las circunstancias.

Comparando a Lost y Arcane podemos aprender dos lecciones fundamentales para escribir mejores personajes.

La primera: es ridículo que los personajes cambien alianzas tan rápido, también es agotador para la audiencia. Cambios de alianzas, sin un buen desarrollo, solamente lo escriben guionistas con la educación sentimental de una papa o que desean aprovecharse de las personas que creen el mundo es un espacio de traición y decepciones. Creo que los guionistas tienen un buen background en publicidad; la historia parece tener intenciones de manipular al target, darle de piquetes con un bastón de choques para que se emocione o se emperre.

El ejemplo más obvio (aunque hay varios) son Silco y Vander, en el multiverso alterno a donde viaja Ekko, deciden no matarse porque “todo está perdonado, así la vida es más fácil, uwu”.

La segunda: es imposible que los personajes no aprendan. Una audiencia sí aprende, entiende rápidamente los patrones que se repiten en los personajes y entre más fallos tengan los personajes para aprender de sus errores o asimilar las experiencias que tienen dentro de la historia, más propensos están en perder a la audiencia porque ellos descubren el engaño, la artificialidad.

Esto último es algo muy cerebral: el cerebro asimila conocimiento a través de experiencias, una historia es una manera de adquirir experiencias rápidamente y evaluar “qué haría uno sí…”.

También es una cosa de videojuegos: aprendes a jugar a través de los patrones y la experiencia; practicas, asimilas, mejoras hasta que puedes contarte tu propia historia.

Es una de esas cosas que luego no nos permite disfrutar una película (especialmente una película, por su duración), una serie, un libro de porquería. Arcane tuvo suficiente tiempo para evitar este problema con sus 50 minutos o más por capítulo, pero cada capítulo empezaba con un videoclip de música nefasto, entre otros dislates y digresiones mal planeados, tiempo que bien pudo aprovecharse para mejorar el desarrollo de los personajes.

El ejemplo más obvio (también hay muchos): al final, el último encuentro entre Vi, Jinx y Vander.

Finalmente, hay un elemento que rompía con el ritmo de la historia porque obligadamente buscaban como metérselo. A partir de cierto punto, intuyes que habrá OTRO sacrificio MÁS de tantos en la historia para darle profundidad a otro personaje. Quizás soy un poco anticuado, pero el sacrificio debe ser único, heroico incluso. Se vale un sacrificio por historia, mae, a no ser que seas Odiseo y sacrifiques a toda la banda.

(por cierto, no es lo mismo sacrificarse que la muerte del personaje reclamado por un entorno).

El sacrificio más notable es el del chavito sin-nombre (solo los fanáticos saben quién es ese güey) que “salva a Jinx” de Vander. Igual que en los Súper Campeones, corre diez kilómetros de un lado de la cancha al otro, en medio de un conflicto bélico, para cumplir su propósito (debidamente anunciado cuando se roba una bolita que brilla). Probablemente lo peor de este momento es el desarrollo torpe para empujar a un niño creado específicamente para sacrificarse; por decir una cosa: la experiencia de vida nos indica, por ejemplo, que lo más lógico sería huir. El sacrificio no debe ser cool, se supone que duele.

Fue una mafufada.

En ningún momento pensé imposible que el chavito salvara a Jinx y salieran ambos con vida. Pero bueno, no es el único. A partir de ahí, se convierte en el bingo de ver quién se mata.

Dentro de las cosas malas, tiene sus bondades y caminos interesantes. Arcane es disfrutable si uno está dispuesto a, nuevamente, apagar los focos rojos (bip-bip-bip) en la cabeza que dicen: “mira, otra pendejada”.

Creo que algunas relaciones son interesantes y conmovedoras, con una complejidad justa y que difícilmente pudieron arruinar: Jinx y Vi, Vander y sus hijas, Sevika y Jinx, Mel y Ambessa y Dr. Freeze (de Batman, Animated Series, el doctor ese malo, malote). Lamentablemente, de estos elementos vemos solamente algunos dulces, a favor de otras tonterías que tuvieron un desarrollo pobretón pero estelar, como Jayce y Victor, o Ekko y Heimerdinger.

Al final, creo que Arcane siendo una gozada y un entretenimiento sabroso, pero estos productos culturales de consumo deben ser criticados o creen que te pueden vender lo que sea. Netflix sabe muy bien que prefiero ver Arcane que cualquier otra cosa que hagan ellos o los otros por unos pesos. Sin embargo, si ves que está chafeando, está bien exigir mejores productos, productos de calidad y de buen consumo, antes de que los chafeen irremediablemente. SITATYR.

Postdata: Caitlyn fue un personaje sumamente desperdiciado y con gran potencial. Un ejemplo de cajón que nos muestra cuando alguien no sabe qué hacer con un personaje. La escritora de Caitlyn la odia, la odia muchísimo. O el escritor, seguramente la escribió un machito retrograda. Creo que Caitlyn la escribe un perro, un maldito pug. No, el perro no tiene la culpa. Creo que la escribía ChatGPT.

Sí, eso fue lo que pasó.