6:04 PM

Hay días en los que mantener el control es una ilusión que sudamos bajo el sol, y otros donde la verdadera magia ocurre justo en el segundo en que decidimos dejar de mirar.

La bitácora de hoy es un trayecto extraño que comienza en la imaginación desbordada de las aulas, atraviesa la burocracia de los pasillos médicos y termina sobre el asfalto de mediodía.

Hoy entiendo que, a veces, el universo funciona mucho mejor si cerramos los ojos y aceptamos nuestro verdadero lugar en el mundo. 🌬️🍃✨ _〆( ̄ー ̄ )

  • Durante la mañana, a la par de mi trabajo con los juegos, me dediqué a revisar las entregas finales de mis alumnos. Al escuchar sus radiodramas me encontré de todo: libros que reescriben la historia, piratas espaciales, fauna de otros planetas y gatitos que cocinan estrellas. Un verdadero festival de ficción especulativa y fantástica. Me encantan los temas, aunque en el fondo sigo deseando que se atrevan a buscarle un ángulo más documental a sus historias. Con todo y eso, los productos finales quedaron bastante bien. No tengo ni la más remota idea de cómo llegamos a este resultado, pero la mayoría de los alumnos resultó sumamente proactiva para resolver el problema que les puse enfrente: algunos integraron fotografías, otros descubrieron por su cuenta herramientas de animación. Incluso limitaron el uso de la inteligencia artificial (cosa que les reconozco, aunque no culpo que la hayan utilizado; prácticamente es imposible rechazarla hoy en día). Estoy satisfecho con casi todos los trabajos, pero soy consciente de que no podré replicar esta fórmula tan fácilmente en los próximos semestres. Intuyo que este éxito fue una anomalía hermosa, un conjunto irrepetible de ideas y decisiones.
  • Quizás simplemente deba aceptar que la verdadera magia ocurre justo cuando dejo de mirar. Al final, eres ese bebé que, al cerrar los ojos, jura que el mundo entero desaparece y siente un alivio divino cuando ve el rostro de su madre. Es el clásico «caras vemos, corazones no sabemos». Me gusta pensar continuamente que el mundo interior de los otros es un paraíso de mil rostros, o tal vez un conjunto de infiernos diseñados a la medida de cada persona, pero admito que mi análisis es bastante superficial. Lo repito en mi cabeza como si fuera el estribillo pegajoso de una canción y ahí lo dejo morir. Sin embargo, esta vez el acto de respirar y soltar, de permitir que el resultado reposara por su cuenta, me entregó sorpresas maravillosas. Quizás, a fin de cuentas, la gran enseñanza sea que debo cerrar los ojos con mayor frecuencia y, simplemente, dejar que el mundo ocurra. (  ̄ー ̄) 🙈
  • Llegado el último parcial de Narrativa para Medios, confieso que me cuesta muchísimo trabajo soltar las riendas; mi verdadera lucha es que logren internalizar los principios de la autonomía. Por un lado, siento la urgencia de estar continuamente revisando sus avances para garantizar que haya buenos resultados; pero, por otra parte, justo porque esta vez no estuve sobre ellos, creo que la gran mayoría logró llegar a conclusiones sumamente interesantes sobre cómo debían solucionar la entrega. Me limitaré a suponer que, sencillamente, ocurrió la magia. Doy gracias al dios pedagógico de las cuatrocientas voces. 🧑‍🏫 📝 🕊️ 📻
  • En la tarde, tuve que ir al Seguro Social por mis medicinas y mi siguiente cita. Mis estudios salieron muy bien. Parece que mi control de la diabetes es óptimo. Y cómo no lo sería; soy un bastardo testarudo y obcecado por mis ganas de vivir setecientos años. Le pregunté a la doctora si debía cambiar algo en mi alimentación y se negó, dijo que los estudios estaban perfectos. También rechazó la posibilidad de hacer cambios en las medicinas y las dosis. Victoria. Gané diez vidas. Siguiente nivel.
  • Últimamente ando haciendo malabares porque el seguro corre a cuenta de la universidad, lo que implica sobrevivir a los típicos periodos de contratación y recontratación. Básicamente, hago trucos de magia para asegurarme de tener la dosis adecuada de medicinas durante los huecos en los que no estoy contratado. Por un momento llegué a creer que no daría clases este verano por falta de cuórum. Ya me estaba preparando psicológicamente para ello, reorganizando mis horarios para aprovechar estos meses única y exclusivamente para leer y dedicarme a los juegos (el trabajo, y el de la vida). Unas soft holidays at home (quíhubo). Y justo cuando me estaba enamorando perdidamente de la idea de no dar clases, recibí un mensaje del coordinador preguntando si estaba disponible para la materia. Como —I AM THE YES MAN—, evidentemente le dije que sí. Todavía no sé si habrá suficientes alumnos inscritos para abrir el grupo, pero me mantengo tranquilo. Si sucede, tendré que ajustar mi estrategia y procurar diseñar una clase lo bastante relajada como para que se adapte a los planes de paz que ya me había inventado.
  • Después fuimos a rellenar los garrafones de agua. Allá afuera el calor es un bastardo obstinado, exactamente igual que yo. Mientras esperábamos por nuestros cinco garrafones, llegó una jovencita usando la falda más pequeña del universo. Se le asomaban las nalgas redonditas; muy tabasqueño el asunto. Miré a Sol y le alcé las cejas; ella simplemente se encogió de hombros con una elocuente cara de órale. Sonreí, bajé la vista hacia el celular y, en cuestión de segundos, el local se llenó de puros señores que, de la nada, también querían sus garrafones. Todos, por supuesto, disimulando para mirar a la muchacha. Yo le di un trago a mi termo del Tren Maya (Tsíimin K’áak, bendito seas para siempre), justo cuando el chavo que atiende nos avisó que lo nuestro ya estaba listo. Al lado de mis garrafones reposaba el de la joven. Sol intentaba pagarle al niño, pero él ya nos había borrado de su plano existencial.
    • —Oye, ¿te ayudo a subirlo a tu auto? —le ofreció a ella.
    • —Sí, porfa, qué lindo.
  • Había tanta atención hipermasculina concentrada en un solo punto que, pensándolo bien, el muchachito le hizo un gran favor rescatándola de los señores que ya estaban salivando a su alrededor. Sol logró recibir el cambio antes de que el gran héroe de la tarde saliera a cargar el garrafón ajeno, mientras yo, de pobre mulo, tuve que aventarme cinco viajes para cargar los nuestros a la cajuela. Definitivamente, Dios no solo te favorece cuando cierras los ojos, sino cuando eres ciego. El universo entero siempre estará dispuesto a detenerse con tal de cargarle un garrafón a los justos y a los hermosos, a los jóvenes, a los nalgoncitos, a los valientes, y a todos los que decimos siempre que sí, y a los que nos gusta soñar con la vida de los conejos, y a los que tenemos sed.

La bendición del día: que tus estudios de laboratorio salgan siempre inmejorables y que tu terquedad te alcance para vivir exactamente los setecientos años que deseas.

Que encuentres la sabiduría para soltar el control en el momento preciso para que ocurra la magia, que sepas decir que no a las clases de verano cuando tu cuerpo pida vacaciones suaves, y que, si alguna vez te toca ser el mulo que carga cinco garrafones hacia la cajuela, tu termo de agua fresca nunca te abandone.

🐴🩺🌅✨ (🙏˘ᵕ˘)

Nos leemos en el próximo viaje a la purificadora.


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