9:28 AM

Contengo multitudes y, al parecer, todas están atrapadas en un sueño de tres puertas metálicas. Mayo llegó sin derribar mi biblioteca de curiosidades, pero trayendo consigo esa melancolía por lo que no existe y el vértigo de los nuevos comienzos.

Entre el “happy punk” de mis recuerdos y el algoritmo capital de Instagram, trato de caminar despacio, como el hombre que baila en la película de Flanagan, entendiendo que mi verdadera felicidad no está en la visibilidad pagada, sino en el rescate silencioso de las historias que aún me quedan por contar.

  • Soñé con los edificios de ladrillo rojo de mi antigua unidad. Subí un par de pisos y, para salir, tuve que atravesar tres puertas metálicas; un mecanismo engorroso que no permitía echar el seguro desde fuera a menos que alguien permaneciera en el interior. Era una estructura laberíntica, propia de un calabozo de RPG. Como se nos hacía tarde para tomar un Uber y el viaje era largo, resolví el acertijo de la única forma posible: dejando las puertas abiertas.
  • Después de eso, desperté.
  • Me quedé un rato pensando en ello. En todas las puertas de mi vieja unidad colgaban letreros: «Mantenga la puerta cerrada». El robo de inmuebles y los paracaidistas eran amenazas comunes; si alguien se enteraba de que un departamento estaba vacío, cualquier cosa podía pasar. Dejar las puertas abiertas, por tanto, era una temeridad. Me pregunté: ¿a qué venía ese mecanismo de las tres puertas?, ¿cómo podíamos estar seguros de salir del edificio sin poner en peligro la propiedad ajena? Quizás existía un genio maravilloso, un mecanismo automático o un portero invisible que se ocupaba de cerrarlo todo a nuestras espaldas.
  • También soñé con una antigua compañera, L. En el sueño estaba comprometida y lo platicábamos por videollamada; ella parecía menos alegre de lo esperado, pero no indagué: fingí estar contento por ella y seguimos las reglas del juego social. Fue entonces cuando me fijé en mí mismo y noté que no tenía cuarenta años. Aunque mis responsabilidades se sentían tan ligeras como las de un niño, concluí que andaba por los treinta. Al final, solo era un sueño; desperté conmovido por una escena que no era real. Esta clase de sueños solo sirven para marcar la melancolía por lo que ya no existe —o lo que nunca fue—. 🕒🌀 ( ◡‿◡ *)
  • Se dice que los sueños «resetean» nuestra edad para rescatar una lógica que ya no conocemos. A los treinta, mi lógica era la de la inmortalidad. No entiendo por qué necesité esa versión de mí para enfrentar el compromiso de L, pero me deja pensando: ¿operaba bajo reglas distintas? ¿Cuáles? Me gusta más la idea de la escritura como el eje de todo: a los veinte escribía sin descanso, igual que ahora a los cuarenta. Ese es el plan definitivo: escribir siempre, envejecer entre palabras.
  • Hace unos meses empecé mi más reciente novela (la ÚLTIMA novela), pero ha dejado de gustarme. Haré una relectura para salvar los materiales que funcionen y empezaré de nuevo. Me debato con el deseo de escribir sobre mundos fantásticos y maravillosos, pero también sobre realidades terroríficas y siniestras. Lo quiero todo, pero el tiempo escasea. Esta mañana, mientras bebía mi café, me advertía a mí mismo: «Vas a empezar la maestría y no tendrás tiempo para jugar, escribir ni leer». Antes de que eso ocurra, debo terminar de rescatar La fiesta perpetua y preparar la edición en HTML y ePub de Los cuervos. He descubierto que mi felicidad actual reside, precisamente, en estos pequeños proyectos de rescate. 🖋️💀
  • Ayer vi La vida de Chuck (The Life of Chuck), basada en un relato de Stephen King. Es un retelling clásico sobre el oráculo que contempla su propia muerte, con elementos sobrenaturales sutiles y encantadores. Sol me comentaba su sorpresa ante la desaparición de Marte; y aunque la escena donde las estrellas se apagan puede resultar perturbadora, yo me perdí en la belleza de su fotografía nocturna: un auténtico deleite. En el fondo resuena la voz amable y profética de Walt Whitman: «Contengo multitudes». Me fascinó ver a los actores fetiche de Mike Flanagan y descubrir la historia de un hombre que baila. La relación del muchacho con su abuela me conmovió profundamente, así como reconocer la voz de Nick Offerman en la narración. Es una película para gozarse cuando uno decide, simplemente, caminar despacio.
  • He contratado el mes de prueba de Instagram Plus por pura curiosidad. No es solo un ejercicio onanista, sino que empuja tu presencia hacia la vida de amigos, conocidos y seguidores. Quizás sea un placebo, pero mis historias ganaron visibilidad y las conversaciones empezaron a fluir: el algoritmo capital en su máxima expresión. Hubo más votos en las encuestas que puse de prueba, un éxito numérico que me genera sentimientos encontrados. Ahora también existen los «super likes» para saturar de corazones las historias ajenas; una intensidad sobrada que, probablemente, sirve para forzar el algoritmo hacia quienes admiramos. Vivimos tiempos raros y oscuros. Post-it: «Suscríbete a mi vida, por favor». (-‸ლ)
  • Mi biblioteca de curiosidades ya cambió de mes. Como es un sitio que construí mediante vibe coding, no estaba del todo seguro de qué pasaría al llegar mayo, pero el sistema resistió. Esta biblioteca es mi antídoto contra las redes sociales: un espacio de resguardo donde las ideas permanecen y no se extravían en el ruido. Pueden visitarla aquí: (https://biblios.agustinfest.com). Mientras tanto, continúo con la lectura de Las mil y una noches. He ido guardando algunas citas en este refugio; Sir Richard Burton me parece un traductor fascinante, especialmente por su destreza al abordar los encuentros eróticos y las tentaciones. 🌙📜 ( ͡° ͜ʖ ͡°)

La bendición del día: que tus multitudes nunca se pongan de acuerdo para que siempre tengas algo nuevo que escribir; que cuando las estrellas decidan apagarse, te encuentren bailando con un café en la mano, y que el oráculo de tu propia vida siempre te hable con la voz amable de quien ya se perdonó el pasado.

┐( ̄∀ ̄)┌ 📱

Nos vemos mañana.


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